En la escuela decían que en París se
guardaba el metro-patrón, una barra de aleación de platino e
iridio, y más tarde decían que 1 metro era 1.650.763,73 longitudes
de onda de la luz anaranjada-rojiza emitida por el isótopo criptón
86. En cualquier caso 1 metro es 1 metro.
En los mercados
financieros, en cambio, 1 metro cambia de tamaño, se dilata y
contrae al frío o al calor de las dos macro-variables: la
inflación y el crecimiento económico. En los mercados financieros
"grande", "pequeño", "alto", "bajo", "cerca", "lejos"... a veces
es así y a veces es asao.
La rentabilidad libre de
riesgo (Rf), la rentabilidad exigida y esperada del mercado
bursátil (km) y la rentabilidad exigida a las acciones (ke)
constituyen el nivel general de precios o sistema de medidas
vigente: un kilo, un metro, una arroba, un quintal, una
hectárea...
En concreto el
metro-patrón de las bolsas no se guarda en París, sino que de 1800
a 1920 fue determinado por los mercados financieros del
Imperio Británico, que alcanzó su máximo poderío económico y
militar en 1897 según la opinión de los mercados, al alcanzar la
deuda pública perpetua un mínimo de rentabilidad exigida, 2,21%,
batiendo la lejana marca, 4%, del Imperio Romano en el siglo I y
II.
Desde 1920 es el Mercado
bursátil del Imperio Norteamericano el que determina cuánto mide
un metro. Así que de forma recurrente Revista de Bolsa le
toma las medidas a la bolsa de Nueva York.