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1.
Naturaleza del cambio en las organizaciones
2.
Categorías de cambio en la institución. tecnología ambiente físico y
personas
3.
Resistencia al cambio y sus fuentes. fuentes individuales y
organizacionales
4.
Estrategias para vencer la resistencia al cambio
EL
CONCEPTO DE CAMBIO ORGANIZACIONAL
El
rediseño total o parcial de la estructura organizacional, variables
macroeconómicas, fusiones, adquisiciones, incorporación de nuevas tecnologías,
creación de nuevas unidades de negocios, o la implementación de nuevos procesos,
son sólo algunas de las tantas causas que generan en una organización, o en
determinados sectores de la misma, una situación de cambio.
Cambio
que la mayoría de las veces no está ni completa ni eficientemente planificado, y
mucho menos facilitado.
Facilitar
el cambio implica apoyar a las personas para que primero visualicen, luego
internalicen, y posteriormente se involucren voluntariamente en el logro del
objetivo resultante de la situación emergente.
Muy
lejos de esto, muchos aún creen que el involucramiento y el alineamiento al
nuevo estado de cosas se logra entregando un “kit” reseñando Misión, Visión y
Valores de la empresa o unidad de negocios en cuestión, una actividad outdoor y,
en la buenas épocas... dos días de “reflexión” o capacitación en Punta del Este,
y a la vuelta... nuevamente cada uno a lo suyo... pero eso sí, “ya pasamos lo
peor”, comentan.
En
realidad, a facilitar se aprende dialogando, caminando la planta o los pisos,
escuchando, participando, capitalizando los errores y, sobre todo, sabiendo
“leer” los mensajes subyacentes de las personas involucradas y obrar en
referencia, no en consecuencia.
Para
empezar a comprender el proceso de facilitación del cambio, y lograr que el
mismo genere valor, sin dejar de reconocer las pérdidas que todo cambio supone,
habrá que reconocer la existencia de al menos tres elementos:
a)
Una situación actual, la que por algún motivo necesitamos abandonar
b)
Una situación deseada, a la que queremos, o nos dicen que tenemos que
arribar
c)
Un momento difuso, crítico, muchas veces gris, difícil de mensurar y más
aún de facilitar: la transición.
LA
TRANSICIÓN
Es el
proceso psicológico por el que las personas deben pasar para encontrarse en
sintonía con la nueva situación.
El
cambio no sucede sin este proceso. Es ese momento intermedio entre la situación
actual y la deseada durante el cual, por un lado, escuchamos los beneficios que
nos generará trabajar de acuerdo a la situación deseada. Pero por otro lado, no
nos queda otra alternativa que seguir operando a la “vieja usanza” porque aún no
contamos con los medios, los procesos, las personas, las estrategias, la
información o la tecnología necesaria para operar de acuerdo a la nueva
situación.
Es en
esta etapa donde los actores involucrados no ven totalmente claro el norte de la
situación y emergen las trabas, las dudas, los costos del cambio, las
desventajas del mismo y los perjuicios personales que esta nueva situación les
podría traer aparejados a cada uno: pérdida de poder, de status, duplicidad o
sobrecarga de tareas, posibles nuevos jefes, auto cuestionamientos acerca de su
capacidad, e interrogantes acerca de su futuro inmediato, de la más diversa y en
muchos casos justificada índole.
Lo que
caracteriza a este momento es la incertidumbre; y la misma tiene un
impacto directo en el desempeño y la motivación de las personas afectadas y
genera, como consecuencia primaria, reacciones de la más variada magnitud, que
si no son escuchadas y “acompañadas”, pueden dificultar de manera extrema el
camino hacia el objetivo deseado.
Como
queda de manifiesto, es el momento en que el cambio tiene más posibilidades de
fracaso, aunque el mismo logre implementarse.
Recuerde
que cambio implementado no es sinónimo de cambio internalizado.
Para
recorrer la transición, sugiero que todo facilitador o responsable de un proceso
de cambio comience por:
Entender
el por qué del cambio y asumir su propia transición.
Visualizar
la situación sistémica mente, entendiendo el todo, sus partes, las
interrelaciones existentes entre dichas partes involucradas, y el impacto que
una decisión puede generar en el resto del “sistema” objeto de cambio.
Reconocer
que la resistencia al cambio es una verdad a medias: muchas empresas se
aferran al paradigma de la resistencia para justificar de antemano el fracaso
del cambio. La resistencia es una reacción natural, predecible y humana. Si
hay resistencia, la Dirección no manejó adecuadamente el proceso.
Aceptar
reacciones de toda índole, al menos en una primera etapa. Si no hay reacción
en un proceso de cambio, no hay cambio. La gente reacciona cuando percibe que
algo está cambiando. La resistencia, adecuadamente canalizada, siempre suma.
Minimizar
–no ignorar– el impacto emocional que toda situación de cambio genera, sin por
ello resignar la profundidad y el tomar decisiones, a veces no deseadas, que
todo proceso de cambio supone.
Acortar
al máximo posible el período de transición, suministrando información acerca
de la marcha del proceso, generando coaching y compartiendo, por qué no, la
incertidumbre. El líder no tiene por qué saber todo.
Comprender
que las personas no son artefactos que cambian en una fracción de segundo de
un estado al otro (ON/OFF y viceversa), sino que requieren su tiempo y habrá
que acompañarlas en ese camino, a través de capacitación formal o informal,
workshops, foros de discusión, sesiones de coaching, creación de una
estructura de mentores, etc.
Comunicar,
comunicar y comunicar.
LOS COSTOS DE UNA INADECUADA FACILITACIÓN DEL CAMBIO
Si bien es difícil medir los costos de un ineficiente manejo de la transición y además las organizaciones no registran en sus balances este tipo de pérdidas, sabemos que los riesgos que se corren por un mal manejo de la transición son muy altos y permanecen por mucho tiempo en la memoria colectiva de la organización:
·
Resultados
finales peores que los existentes antes del cambio.
·
Esfuerzos
duplicados y costos elevados.
·
Fijación
de objetivos más complejos pero con menor cantidad de personas para alcanzarlos.
·
Retorno
a las viejas prácticas luego de haber intentado algo nuevo, lo que implica
pérdida de credibilidad y confianza hacia la organización a la hora de encarar
futuros procesos de cambio.
·
Efectos
desfavorables en el clima de la organización.
·
Pérdida
de legitimidad en la cadena de liderazgo, desvinculaciones “poco claras”,
privilegios, promociones “de apuro”, etc.
En
1998 la Consultora Arthur Andersen, efectuó una encuesta entre empresas que
atravesaron por grandes y perdurables procesos de cambio, que sirvió para
revelar cuál ha sido su propia percepción en cuanto a sus niveles de éxito.
LOS RESULTADOS DEL CAMBIO:
33% =
No está seguro de cómo resultó el cambio
27% =
No muy exitoso
27% =
Demasiado pronto para saber
9% =
Muy exitoso
4% =
Moderadamente exitoso
Como
verá, los resultados no son muy alentadores. Sólo el 13% muestra niveles
aceptables de conformidad; el resto, ambiguo. Adicionalmente la encuesta arroja
que la mayoría de las empresas que declararon estar conformes con los resultados
del cambio (13%) dedicaron una gran cantidad de recursos (tiempo y dinero) a
atender la problemática de la transición. A la hora de indicar cuáles son las
causas de los fracasos en los procesos de cambio, los resultados de otra
encuesta diseñada y procesada por la misma consultora convergen en ciertos
aspectos:
|
FACTOR |
% |
|
Resistencia
al cambio |
60 |
|
Limitaciones
de los sistemas en uso |
42 |
|
Falta
de compromiso de los ejecutivos |
39 |
|
Falta
de un sponsor de nivel ejecutivo |
37 |
|
Expectativas
no realistas |
35 |
|
Falta
de equipo interfuncional |
33 |
|
Equipo
y habilidades inadecuados |
31 |
|
Falta
de involucramiento del personal |
19 |
|
Alcance
del proyecto demasiado limitado |
17 |
Nótese que la mayoría de las causas expuestas tienen que ver con aspectos humanos del cambio y que, de entre todas ellas, sólo las “limitaciones de los sistemas en uso” parecieran estar relacionadas con aspectos técnicos.
EN SÍNTESIS
Para
que un cambio sea efectivo no basta con tener buenas ideas y contar con
tecnología adecuada, a pesar de que sobre estos componentes las empresas
invierten un 87 por ciento de sus recursos para implementar un cambio.
LA
FACILITACIÓN DE LA TRANSICIÓN Y LOS FACTORES DE RESISTENCIA AL CAMBIO
En el
punto anterior hicimos especial hincapié en la importancia de reconocer que las
personas no internalizan por completo una situación de cambio si no se les ayuda
a recorrer el período de transición; esto es, el tiempo que transcurre entre el
abandono de la zona de “confort” y el alineamiento a la nueva situación.
La
transición consta de una serie bien diferenciada de etapas, cada una de las cuales
supone cambios en la performance y motivación de los individuos, que constituyen
indicadores muy claros –o como decimos en consultoría, semáforos– que todo responsable de
un proceso de cambio debiera interpretar para facilitar el
involucramiento gradual hacia la situación proyectada.
Estas
etapas de la transición, por las que las personas involucradas en procesos de
cambio inevitablemente transitan son:

La
zona de finalización o “duelo”
La
zona neutral
La
zona de inicio
PRINCIPALES
INDICADORES DE DESEMPEÑO DURANTE CADA ETAPA Y RECOMENDACIONES PARA
IMPLEMENTAR
1.-La zona de finalización o “duelo”
a)
La sensación de que unos pierden y otros
ganan:

Para minimizar esta percepción resultará imprescindible que la organización explique claramente el por qué y los beneficios del cambio, detallando especialmente la visión ("hacia dónde pretendemos ir con este cambio"), y asimismo anticipar los procedimientos y las posible
Es
imperioso, como primer paso,
definir el “puerto de destino” de manera clara, sencilla y entendible
para todos.
Olvídese de la complacencia, genere sentido de urgencia. Esto, según John Kotter en su libro Leading Change, es crucial ya que por naturaleza las personas se resisten a racionalizar cualquier situación que suponga cambios, por lo que con baja urgencia se le tornará muy complejo conformar grupos que a su vez sean los propagadores internos de la situación deseada.
“En esta etapa hay que operar al paciente en sala de guardia, si lo llevamos al quirófano, es tarde”, me ejemplificaba un alto directivo, líder de un proceso de cambio en una línea aérea con sede en Buenos Aires.
Constituya un sólido, fuerte y creíble equipo de facilitación del cambio. Mientras más heterogéneo e interdisciplinario, mejor. Agregue visiones y “cabezas” críticas, de manera de poder tener una perspectiva amplia y sistémica de la marcha del proceso. Le será de gran utilidad a la hora de tomar decisiones.
Recuerde
que es inevitable que las personas sientan que “pierden” algo. Encuentre la
forma de compensación; genere canales de contención, forme a los miembros de su
equipo de facilitación en técnicas de coaching, propicie la figura del mentor,
capacite a la gente para afrontar la nueva situación... pero involúcrese,
recuerde que el cambio lo hacen las personas, y para ello es clave que todos
conozcan los beneficios que les deparará dicho cambio.
B)
Paralización, angustia y dificultades para entender sistémica mente el cambio.
La pérdida es mayor al beneficio:
Brinde
información sobre lo que se hizo, lo que se está haciendo y lo que se hará. No
se canse de informar; sistematice reuniones, desayunos de trabajo, e incluso
encuentros fuera de la oficina, pero INFORME; es la mejor estrategia para
neutralizar rumores, y es la oportunidad para que todos pregunten.
Evite
que la gente se sienta “culpable” de su pasado; no debiera instalarse la idea
de que ahora se hará algo distinto porque lo hecho hasta aquí no sirvió. Las
personas deben tener orgullo de su pasado, lo deben guardar en su lugar más
preciado. Recuerde que la dialéctica del aprendizaje es espiralaza; por más
que hagamos algo nuevo, transportamos siempre nuestro conocimiento y nuestras
“mejores prácticas” personales.
2.- La zona
neutral
a)
Las personas no tienen idea de dónde están, ni hacia dónde van y no saben
con quién compartir sus dudas y temores:
No
permita que se pierda el modelo de referencia. Proporcione los elementos y la
información necesarios para implementar la nueva forma de operar. Dedíquese
personalmente, escuche, instruya, dialogue, apoye y, fundamentalmente, genere
confianza. Un error muy común que observo es que a menudo los referentes de un
proceso de cambio se encierran en su “torre de marfil”, alejándose del proceso
y perdiendo foco de lo que sucede fuera de ella.
b)
La gente percibe sus limitaciones para ejecutar. No tienen la información
precisa. La sensación generalizada es que “cuando subimos un escalón, bajamos
tres”:
Aquí se torna fundamental el rol de su equipo de facilitación del cambio. Dispérselo por toda la compañía, con el principal fin de identificar problemas, informar e instruir a los actores involucrados. Instale la idea de privilegiar y reconocer los avances, a pesar de los lógicos errores cometidos. Permítase el análisis tipo “prueba y error”. La gente, en este momento, debe aprender haciendo.
c)
El dique se agrieta, hacemos agua por todos lados, todo es urgente y el
clima es de tensión:
Defina
claramente los objetivos; recuerde que éstos deben ser simples, mensurables,
alcanzables y realistas. Establezca puntos de control. Sea claro en
diferenciar lo urgente de lo importante. Haga reuniones de seguimiento e
identifique las brechas de desempeño, entre lo deseado y lo obtenido. En esta
etapa el coaching se torna
imprescindible: acuerde expectativas con las personas, revise gradualmente su
desempeño y establezca continuas sesiones de feedback.
Recuerde
que si bien es esperable y razonable que esta etapa esté colmada de dudas,
incertidumbre e improductividad, usted debe lograr que éstas sean lo más
acotadas posible.
3.- La zona de
inicio
a)
Hay
cierto entendimiento, pero aún prevalecen las dudas. Si las personas no obtienen
respuestas, prevalecen el desaliento y el sentimiento generalizado de “antes
estábamos mejor”:
Muestre
logros, aunque sean insignificantes. Recuerde que el éxito es la resultante de
pequeños y cotidianos triunfos. No tenga miedo de celebrar, pero con mesura.
Propicie
la organización de encuentros cuyo objetivo sea compartir “mejores prácticas”
acerca de lo que se viene haciendo, contar experiencias y manifestar
dificultades.
Sea
claro en la delimitación de funciones; no sobrecargue ni duplique tareas o
funciones. Defina quién está a cargo de qué.
Involúcrese,
especialmente en esta etapa. Recuerde que usted y su equipo son los
referentes. Sea el ejemplo.
Un
trabajo de investigación realizado por el Business Consulting Institute de
Arthur Andersen identificó cuáles eran las mejores prácticas del proceso de
cambio, a través de investigaciones realizadas en empresas de todo el mundo,
determinando cuáles eran los elementos comunes en todos los procesos exitosos de
cambio:
·
Evaluar
la disposición al cambio de la organización
·
Articular
una clara visión del cambio
·
Construir
una arquitectura del cambio apropiada
·
Implementar
planes de comunicación para audiencias múltiples
·
Crear
capacidad de liderazgo y apoyo
·
Coordinar
la situación de cambio y los valores culturales
·
Generar
capacidades de cambio individuales y por equipos
·
Articular
los sistemas de performance
management
El
cambio no es un momento; es un largo proceso que implica facilitar una etapa
tremendamente compleja como lo es la transición, período durante el cual tiene
lugar una vasta gama de expresiones, comportamientos y manifestaciones que si
son soslayados pueden generar el más rotundo fracaso y la dilatación innecesaria
de objetivos corporativos prioritarios para la estrategia del negocio.
Según
encuestas, las organizaciones no prestan la debida atención a los llamados “aspectos humanos” que toda
situación de cambio supone, haciendo foco exclusivamente en cuestiones
“técnicas”, que naturalmente son condición necesaria, pero no suficiente, para
que el cambio sea internalizado exitosamente.
En
medio de la “tempestad” del cambio (ya que normalmente las organizaciones no
actúan anticipadamente), éstas deben pensar sistémicamente y promover acciones
concretas que permitan consolidar la integración imprescindible entre
estrategias, procesos y personas: ésa es precisamente la misión profesional del
Facilitador de procesos de cambio.
I.
Facilitadores se buscan...
Su tarea fundamental consistirá en
ayudar a las personas y a los equipos a reconvertirse gradualmente hacia la
situación de cambio deseada, analizando su propio marco de referencia,
desarrollando sus capacidades con arreglo a la nueva situación y convirtiendo
dichas capacidades en acciones exitosas.
De
esta manera creará y desarrollará lo que yo llamo las tres
“comunidades” fundacionales de toda situación de cambio:
1.
Comunidades de Compromiso
2.
Comunidades de Conocimiento
3.
Comunidades de Integración o Trabajo en Equipo.
El
Facilitador será, entonces, quien acompañe a las personas a recorrer la
transición por un camino con tres “detenciones obligadas”
Aprendizaje,
Superación y Alineamiento, en
el menor tiempo y con el menor costo tanto emocional como económico
posible.
RESPONSABILIDADES
DEL FACILITADOR
·
Aconsejar,
a nivel individual, a través del ejercicio de un efectivo coaching
·
Comunicar
en distintas direcciones
·
Relevar
necesidades, problemas y éxitos
·
Co-ayudar
a la toma de decisiones de la Dirección
·
Generar
espacios de participación e integración
·
Aportar
inputs para la medición y evaluación de la marcha del proceso de cambio, y el
impacto que éste genera.
Naturalmente,
también la función deberá incluir ciertos requisitos tendientes a su
efectividad:
·
Recibir
apoyo y respaldo de: la Alta Dirección, el Área de Recursos Humanos
·
Interactuar
constantemente con la Dirección y el resto de los Facilitadores del cambio
seleccionados
·
Disponer
de tiempo
·
Tener
un impacto en su evaluación personal de desempeño
·
Internalizar
y aceptar su rol
II.
Las competencias requeridas
Luego
de varios años de experiencia en haber observado y trabajado situaciones de
cambio organizacional y considerando las diferencias de alcance y profundidad de
dichos procesos de cambio, el tipo de negocio de la organización, los objetivos,
la cultura, la misión y los valores de cada empresa, el que sigue bien puede ser
el conjunto de competencias “genéricas” con que todo facilitador de procesos de
esta naturaleza debería contar:
Liderazgo
Habilidad
para crear y compartir propósitos, visión y dirección hacia el equipo, generando
entendimiento acerca de las razones del cambio y creando un gradual
compromiso.
Pensamiento
y visión estratégica del negocio
Habilidad
para pensar y planificar, alineando acciones actuales
con
futuras estrategias de cambio.
Capacidad
de generar el desarrollo de las personas
Constante
compromiso y dedicación al aprendizaje de las personas,
a través de prácticas como coaching,
mentoring, y generación de
oportunidades
de aprendizaje.
Colaboración
y actitud para el trabajo en equipo
Habilidad
para interactuar con personas y grupos tanto internos
como
externos a la organización.
Innovación
para la resolución de problemas inherentes a la situación de cambio
Habilidad
para buscar alternativas creativas de solución y de potenciar la innovación
propia y la de las personas involucradas en la situación de cambio.
Identificación
de posibles “sucesores” en el rol de Facilitador
Habilidad
para diagnosticar y capacitar personas con perfiles acordes al rol,
como medio para formar “masa crítica” de
cambio.
III.
La creación del rol
Para
la creación y desarrollo del rol del Facilitador, sugiero la implementación de
una serie de intervenciones muy concretas, en función de sus objetivos, alcance
e impacto, que podemos resumir
en
tres etapas:
Etapa 1- Relevamiento de la
situación actual:
Principales
objetivos:
·
Compilar
información sobre la situación actual de la organización (grado de
predisposición al cambio, marcha del proceso, dificultades, oportunidades,
logros, etc.).
·
Definir/validar
el rol que desempeñará el Área de Recursos Humanos como “socio” de la gestión de
los Facilitadores.
·
Entender
la percepción que las áreas y personas directamente involucradas poseen de la
situación actual, e identificar principales brechas entre el estado actual y lo
que se pretende de dichas áreas/personas en el futuro inmediato.
Etapa
2 - Validación del rol de los Facilitadores
Principales
objetivos
·
Convalidar
la misión, los objetivos, atributos y responsabilidades del rol de los
Facilitadores.
·
Unificar
los mensajes para los Facilitadores y los que ellos deberán transmitir.
·
Definir
las competencias requeridas para el desempeño del rol, y diseñar una herramienta
de medición del desempeño de los Facilitadores, en función con esas
competencias.
Etapa
3 – Desarrollo de los Facilitadores
La
formación de los futuros Facilitadores debiera estar sustentada sobre tres
objetivos, a saber:
·
Compartir
un esquema conceptual del proceso de cambio organizacional e individual.
·
Analizar
las etapas de un proceso de cambio y su impacto en el desempeño y la motivación
de las personas.
·
Consensuar
y comprender su función como Facilitadores en el actual contexto de su sector/
empresa.
La
figura del facilitador como decodificador de estrategias y como guía para su
implementación, se torna indispensable para forjar cambios exitosos y
perdurables, basados en el compromiso, el aprendizaje continuo y el trabajo en
equipo: tres componentes indispensables y a su vez indivisibles, para transitar
de una manera relativamente armónica y medianamente previsible el ya de por sí
dramático período de transición
.
Exige
sin embargo, la existencia de una fuerte y estratégica asociación “Alta
Dirección – Área de Recursos Humanos”, cuya misión debiera estar orientada
a
:
·
Transmitir
y experimentar los valores corporativos, a fin de convertirlos en principios de
acción de la organización.
·
Fijar
las normas, las conductas, los comportamientos y las habilidades requeridas para
la nueva situación.
La
facilitación de procesos de cambio organizacional va mucho más allá de la
entrega de un manual, de ir a un curso de capacitación, de incorporar
tecnologías o reducir estructuras. Tales acciones constituyen intervenciones
necesarias y en muchos casos justificadas, pero no son el cambio en sí mismo. En
todo caso, representan la parte visible de un proceso en el que intervienen
personas.
“Lo
esencial para nosotros son nuestros recursos humanos...”,
frases de este tenor son con frecuencia escuchadas o leídas en el manifiesto de
valores de muchas organizaciones.
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