Gayangos de Montija (Burgos)

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LOS SEPULCROS DE GAYANGOS

De "APUNTES HISTÓRICOS SOBRE LA CIUDAD DE MEDINA DE POMAR", obra de Julián García Sainz de Baranda - Juez de 1º Instancia de Marquina. Editado por Centro de Iniciativas Turísticas de Medina de Pomar. La 1ª edición es de 1917 efectuada por Imprenta Adúriz de Burgos.

Por referirse a la población de este territorio y a sus costumbres, pongo aquí por vía de apéndice, el estudio de los Sepulcros de Gayangos.

Pensamiento constante ha sido en el hombre, conservar sus restos mortales en sepulcros preparados por él al efecto, como consecuencia, sin duda, de la aspiración a la inmortalidad, que nuestro pensamiento quisiera realizar y como costumbre universal del humano linaje.

Las tribus o habitantes de este territorio en su época primitiva, no habían de ser menos que el resto de los hombres, en la guarda y honores de los muertos. Ya desde el principio, se nota en sus costumbres, esa ley del afecto mutuo que llevan consigo las relaciones de familia, construyendo junto a sus habitaciones ordinarias el cementerio.

Dos de estos lugares, se encuentran en este territorio de las Merindades de Castilla la Vieja, que llaman la atención del arqueólogo: los sepulcros de Gayangos y los de Arroyuelo. Sólo el primero por su conjunto, es digno de estudio, aunque de antemano confieso lo insuficientes que son mis conocimientos, para efectuar tan difícil labor.

Los de Arroyuelo son de la misma forma que los de Gayangos. Se descubrieron aislados al verificar la cava de las viñas y no creo que quede ya resto alguno de su existencia.

Descripción                                                      

Entre la villa de Gayangos y el lugar de Fresnedo, y a legua y media de esta ciudad de Medina de Pomar, se encuentra un promontorio de roca viva de unos 125 metros de elevación por 600 de largo. Se halla cortado por todos sus lados casi perpendicularmente, haciéndose por este motivo de difícil y costoso acceso.

La corona del promontorio presenta diversas alturas; en su parte mas baja se encuentran los sepulcros en número de unos treinta e indicios de haber desaparecido algunos de sus sitios: se hallan abiertos en la roca con tal perfección, que aparecen con toda exactitud las formas del cuerpo que en él descansa.

Todos los sepulcros se hallan cubiertos con su lápida, que ajusta a los mismos en virtud de una media canal abierta en sus bordes. Hoy, la generalidad aparecen descubiertos, tal vez por curiosos, que en sus excursiones han hecho tales destrozos, o por gentes sencillas que creían encontrar en sus senos alguna riqueza oculta.

Los cadáveres aparecían colocados en su posición natural, en el hueco que le contenía, y seguía el contorno del cuerpo humano, adaptándose a él perfectamente la cabeza, ensanchándose por los hombros y yendo en disminución hasta los pies.

Todos los enterramientos miran hacia el Oriente y sus dimensiones oscilan entre uno y dos metros veinte.

En una excursión que hizo mi inolvidable tío D. Antolín Sainz de Baranda[1], en compañía del médico director del establecimiento balneario Fuensanta de Gayangos descubrieron tres de estos sepulcros, encontrándose los esqueletos enteros en todos ellos y al mismo tiempo perfectamente conservados.

Reconocidos por el citado médico, llamó mucho su atención tanto su ángulo facial como el occipital, pero muy especialmente su dentadura, que además de conservarse íntegra, tenían todos su extremo enteramente plano, como seres que se alimentaban de hierbas, sin duda ocasionado por la trituración.

Mas no sólo se reduce este promontorio a cementerio, debió servir también de habitación a la tribu o familia que tenía allí sepultados a sus deudos.

 En un plano mas elevado que el de los sepulcros y subiendo por una escalinata tallada en la roca, se entra en una especie de plazoleta casi circular, de unos 7 metros de diámetro, defendida por un tosco pretil como de medio metro de altura, parecido al de los antiguos castros, y en cuya circunferencia aparecen escalonados, una especie de bancos o gradas. Todo parece indicar que éste fue el lugar de defensa y reunión de la tribu.

Aún mas arriba se halla otra pequeña plaza, que sin duda fue el lugar destinado a habitación o vivienda. En su superficie y paredes se ven especia de bancos, graderías, estantes, abiertos y tallados en la roca y que indican haberse podido utilizar en los usos domésticos. Es más, hallándose este lugar, como en el fondo de dos pequeñas eminencias, desde la cumbre de la una a la otra, debieron, para evitar los agentes atmosféricos, cubrirlo con algo que formara tejado e impidiera su acción, porque aún se muestran a la simple vista agujeros y huecos hechos en el peñasco, en que seguramente descansarían las vigas destinadas a sostener la techumbre.

A poca distancia de ésta, aparece abierto en la peña un pozo, como de una profundidad de 2 metros y al pie del peñasco una cueva que hoy esta casi cegada, pero que según las gentes de la tierra antes se internaba mucho más.

Esta es la descripción somera del sitio ocupado por los sepulcros de Gayangos y el lugar donde residió la tribu o familia a la que pertenecen los despojos que ellos encerraban.

Antiguos pobladores                                        

Difícil es poder precisar a quienes pudieron pertenecer estos sepulcros y más, señalar la fecha aproximada de construcción. ¿Pertenecerán acaso a la época prehistórica? No creo haya uno de ir tan allá, para juzgar de su verdadera pertenencia. Por lo menos no existe dato alguno para juzgarlo así. No parecen pertenecer sus moradores a las razas de Cromagnon, Canstand y Furfooz, porque de la descripción anterior se ve que no habitaban como los de estas razas en cavernas. Ni aún siquiera en dólmenes se han encontrado sus restos, como dice Altamira[2] haberse hallado cerca de aquí, en el Valle de Mena, indicios de estas razas en su época neólica. Tampoco se infiere pertenezcan a la edad de los metales, porque ninguno de ellos ha aparecido en las investigaciones hechas, ni en los sepulcros, ni en sus contornos, por lo menos yo no lo he logrado averiguar y poder deducir de sus resultas, en cual de ellas pudieron ser hechos.

De las razas históricas primitivas, a la que más me inclino a creer pudiera pertenecer es a la de los celtas. Estos vinieron a España, según los historiadores, hacia el siglo X antes de Jesucristo, y aún antes, según algunos, y hallándose asentados al sur de la Galia, pasaron a España, derramándose por ella, no sin la oposición de los íberos, y extendieron su población por el NO de España, ocupando y asentándose en Portugal, Galicia, Asturias, Santander y el norte de la actual provincia de Burgos, lindante con la última.

 Este territorio debió de estar sujeto a su población, pues los indicios externos así parecen demostrarlo. La descripción del promontorio citado, algo rebela, de lo que pudiéramos llamar su constitución política. Él sería probablemente el lugar donde residiría y se reunía la tribu. Construyeron su habitación en sitios escarpados y escondidos, porque pudieran defenderse con su fortaleza natural de los ataques de sus vecinos. Enterraban a sus deudos en lugar cercano a sus viviendas, en sepulcros labrados en la piedra y colocando sus cuerpos mirando hacia el oriente, costumbres gentilicias muy de los brumosos tiempos de la proto-historia, han llegado hasta nosotros e inducen a creer fueran estos sepulcros de esta raza primitiva pobladora de la península. Su población debió ser muy reducida, pues si de ellos fueran los sepulcros que estudiamos, sólo en los dos lugares mencionados, se encuentran restos de esta clase en este territorio.

¿Pudieron ser cántabros? Creo que no. De ese pueblo ya hay noticias más ciertas, deducidas a través de las obras de los geógrafos e historiadores antiguos, que de este pueblo escribieron, y de ellas no resulta tuvieran la costumbre de enterrar a sus muertos en tal forma y posición. Es más, si así fuera, formarían estos enterramientos una costumbre general, que en todo el territorio cántabro produjera una manera uniforme de practicar los enterramientos, y aquí sucede lo contrario, pues no se tiene en él otra noticia de sepulcros de esta clase, que los citados, hecho indicativo de pertenecer o a un pueblo extraño, o a uno anterior al cántabro, habitador de este territorio.

¿Serán por ventura de godos? Esto parece indicar Gutiérrez Coronel, en la obra citada, al decir que “en el año 552 parece que los Godos y Suevos pelearon contra los Cántabros en la montaña alta, como a legua y media de Espinosa de los Monteros, en que se hallan vestigios de sepulcros cubiertos con lápidas”. Pero respecto a esta opinión, tenemos que hacer las mismas observaciones que del anterior. Si así practicaban sus sepulturas los godos, por cualquier sitio de los que éstos dominaron se encontrarían sepulcros análogos, porque es de suponer, que seguirían al hacerlo la costumbre general que usaban las gentes de ese pueblo, y por ese territorio, ni aún por el resto de España, se nota fueran tan corrientes esa manera de practicar enterramientos.

Réstanos, para terminar, determinar si estos sepulcros guardan analogía con los sepulcros que existen junto a varias ermitas del territorio vizcaíno. Cerca de la villa de Elorrio, en la ermita de San Adrián de Arguiñeta y delante de la misma, existen varias sepulturas, todas de piedra, cubiertas de losas muy grandes y con inscripciones ilegibles. En Irure, en San Bartolomé de Miota, en Ntra. Sra. de Gaceta, en Santo Tomás de Mendraca, en Santa María de Sarriá, Santiago de Aldape, San Esteban de Berrio, San Juan de Morga y San Juan de Cengotita, en algunas de ellas aún se conservan algunos sepulcros parecidos a los de Arguiñeta. ¿Son estos sepulcros de la misma forma que los de Gayangos, y pertenecen a la misma raza o pueblo que al de estos pudieron pertenecer? De los datos que de los mismos se deducen, parecen muy posteriores. Primeramente porque éstos no aparecen tallados como aquellos en la roca misma, sino colocados sobre campos o lomas, porque de las inscripciones que en Arguiñeta existen alrededor de la ermita citada, se deduce pertenecen a tiempos posteriores. Las inscripciones, éstas son: “Nariates de Ibater – Kalend – Augusti – Era DXDXXI” y otra “In die Domine – Mumus in corpore vivens fecit – In era DCCCCXXXI – Hic dormit”. Además, en una y otra losa tienen cruces con Alpha y Omega, costumbre que se guardó en España, desde que los godos trajeron el arrianismo y que después la siguieron los católicos. Gonzalo de Otarola en la “Micrología Geográfica de Durango”, folios 6 y 7, copia otra de Yrure que es la siguiente: “Hic iaceo in nomine Dei Venturi”. De todo esto parece deducirse, ser muy posteriores a los de Gayangos y pertenecer a cristianos estas sepulturas, al mismo tiempo que constituye una costumbre algo general por ser de uso corriente  en aquella época, el practicar los enterramientos junto a las ermitas.

De todas maneras, los sepulcros de Gayangos son antiguos y curiosos, y dignos de un estudio más concienzudo que el mío. Demasiado comprendo, que no cuento con conocimientos suficientes para desentrañar su origen. Quizás algunos datos que para mí han podido pasar desapercibidos, hubieran tal vez dado solución al problema de la raza y tribu a que pertenecieron. Como lo veo desde estas líneas, animo a los entendidos en materias arqueológicas, a que vengan a estudiar detenidamente estos túmulos funerarios y el lugar de su emplazamiento, que tal vez con sus descubrimientos y observaciones, contribuyan a esclarecer la población primitiva de este territorio.

Agradezco a Goretti González la remisión de este artículo

Visita su web http://www.terra.es/personal3/alber27/fotos.htm


[1] D. Antolín Sainz de Baranda.- Antigüedades prehistóricas de Gayangos.- Boletín de la Academia de Historia.- Tomo X, pags. 215 a 221.

[2] Historia de España, Tomo 1, párrafo XIII

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