“Chat” es una
abreviatura popularizada de la sigla IRC (Internet Relay
Chat), una de las aplicaciones de Internet que permite
"charlar" (chat en inglés significa charlar) con otros
usuarios en tiempo real desde cualquier lugar del mundo. Se
puede entablar una conversación con numerosos usuarios
simultáneamente. En términos técnicos, “en un chat lo que el
usuario escribe es enviado al servidor y leído por los demás
usuarios cada vez que se pulsa la tecla de retorno. De esta
forma cualquier usuario envía y recibe intervenciones y frases
más o menos cortas, instantáneamente, a todos y de todos
aquellos que están conectados al mismo servidor y están en la
misma subsección de éste. Normalmente, los servidores que
hospedan los chats organizan a sus usuarios en un número
indeterminado de subsecciones llamadas canales”. (Mayans,
2002: 24)
Breve historia
del chat
Los
inicios del IRC se remontan a 1988, cuando Jarkko Oikarinen,
por aquel entonces responsable del servidor SUN del
departamento de procesamiento de información de la Universidad
de Uolu, Finlandia, escribió el código original. Según Joan
Mayans, la idea motora de Oikarinen “era diseñar un sistema
que sirviera para añadir a las listas de discusión
asincrónicas (entiéndase listas de correo electrónico) un
servicio de mensajería en tiempo real que permitiera la
conversación entre más de dos usuarios”. Mayans señala que el
sistema diseñado por Oikarinen se puso en marcha sobre la base
técnica de una red de IRC que unió varias universidades, sin
embargo, “a la vez se estaba creando otro tipo de red social
que unía al personal universitario de estos centros” (Mayans,
2002: 19).
Uno de los hitos
en la breve historia del chat fue el año 1991: durante la
Guerra del
Golfo, esta forma de comunicación se utilizaba
continuamente para reflejar paso a paso lo que pasaba en la
contienda entre EE.UU. e Irak. Precisamente a partir de ese
momento, el IRC se popularizó y comenzó a ser utilizado en
actividades diversas. Hoy es posible encontrar "salas de chat"
de los temas más variados: desde temas de interés como cine,
café literario, música, hasta temas como sexo, encuentros,
fanáticos, etc. Numerosos canales de chat se encuentran
organizados por edad (30 y pico, 30+, 40+). Muchos de los
servicios incluyen un chat por voz, y si se dispone de una
webcam (cámara digital que se conecta a la PC) se puede
chatear cara a cara a través de la pantalla del
ordenador.
Más allá de los
canales abiertos de chat, en los que el usuario se encuentra
con todos los que estén conectados a ese canal en ese momento,
sin ningún tipo de filtro y por eso es elegido para conocer
gente. En los últimos años se desarrollaron diversos programas
de mensajería que permiten chatear solamente con “contactos”
predeterminados por el usuario. El primero de estos programas
fue el ICQ
(www.icq.com), que
rápidamente se impuso como el programa más completo, porque
también avisa cuando un contacto está conectado a Internet, y
en su momento tenía más de 50 millones de usuarios. Luego,
otro programa que ocupó en cierta forma el lugar del ICQ fue
el MSN, Microsoft Messenger, con la ventaja de que su interfaz
está en español, lo que -a diferencia del ICQ- lo hace más
fácil de utilizar. Tanto el ICQ como el MSN (http://www.msnmessenger-download.com), cambiaron
sustancialmente la forma de chatear, ya que muchos prefieren
chatear con contactos conocidos más que entrar a salas
abiertas. Lejos de lo que se piensa comúnmente, el ICQ y el
MSN fomentan relaciones que ya existen en la vida real, y en
el caso de los adolescentes, ellos prefieren chatear con
amigos y compañeros del colegio antes que hacerlo con
extraños. (1)
Finalmente, el último hito que hay que señalar en la
historia del chat es el uso de los mensajes de texto en los
teléfonos móviles (SMS: Short Messsages Service), lo cual ha
convertido al teléfono en un medio de comunicación potente y
versátil, y ha llevado al extremo la simplificación del idioma
para comunicarse, dadas las limitaciones del teclado
telefónico para escribir mensajes de texto. Según Paulino
Castells e Ignasi de Bofarull, en España se mandaban en el año
2002 más de 20 millones de mensajes cortos por día. Este
fenómeno, luego de explotar en España llegó en el 2003 a
Argentina, acompañado por un crecimiento monstruoso de la
venta de teléfonos celulares, que –según estimaciones
oficiales- creció un 45,5% en 2004, y un 33,2% en 2005, lo
cual hizo que al terminar el año pasado, 1 de cada 2
argentinos tenga su celular. Asimismo, según un artículo
publicado en diario La Nación el 8 de mayo de 2005, en
Argentina se envían 18 millones de mensajes de texto diarios,
y el mercado de los SMS creció un 800% entre 2003 y 2004.
El
chat: un lugar para la
socialización
En su libro Género chat. O cómo la
etnografía puso pie en el ciberespacio, Joan Mayans ofrece
una mirada antropológica sobre la conducta de los usuarios de
las salas de chat, y realiza un trabajo de investigación sobre
dos canales de chat españoles. El autor sostiene que un canal
de chat, si bien no tiene una existencia física, crea y define
un espacio: “se asigna un carácter, un estilo, unas fronteras
y unos lugareños más o menos prototípicos de algo (...)
es perfectamente imaginable que un canal de chat sea algo así
como una formación grupal o incluso un modelo de comunidad”
(Mayans, 2002: 35). En este sentido, el chat se da en un
lugar, en un espacio
y esta noción de espacio se cimenta sobre una metáfora
en la cual se desenvuelven todas las comunicaciones mediadas
por ordenador: la metáfora espacial. Como dice Mayans, “se
habla por teléfono”, pero “se está en IRC”. De hecho, la misma
idea del escritorio de una Mac o una PC parte de la base de
esta misma metáfora espacial, y hasta la noción de
“ciberespacio” se construye sobre la misma metáfora. Para el
autor, esta definición del ciberespacio, que apareció por
primera vez en la novela de William Gibson, Neuromante, publicada
en 1984, “es revolucionaria y novedosa en muchos aspectos,
quizá el primero de ellos por su calidad espacial, habitable,
ocupable, pero inmaterial” (Mayans, 2002: 52). Carlos Scolari
coincide en que esta metáfora espacial es la más adecuada para
describir las interacciones digitales que se establecen con
las computadoras, ya que en este espacio definido se incluye
tanto la superficie a través de la cual se produce esa
interacción, como el tiempo en el que un usuario determinado
está conectado y se comunica con los demás (Scolari,
2004).
En este espacio es donde se dan las interacciones
sociales, que desarrollan sus propias reglas, diferentes de
las propias de la denominada “vida real”. Eso es así, a tal
punto que en el chat, los usuarios generalmente esconden su
personalidad detrás de un nombre ficticio (nick) para mantener
las diferencias con el mundo real. El “nick” o “nickname”
significa, en inglés, nombre de guerra, es
decir, pseudónimo o apodo.
En
cuanto a la naturaleza de las interacciones sociales que se
producen en el chat, el investigador Mexicano Luis Arango
Pinto sostiene que lo virtual no necesariamente se opone a lo
real, y que “el espacio físico ya no es una condición
necesaria para hacer posibles las experiencias”. El autor
señala que al espacio virtual se le cuestiona que, gracias a
la no presencia física de sus participantes, la calidad de las
relaciones sociales es dudosa. Sin embargo, en la realidad
cotidiana, fuera de Internet, señala Arango Pinto, también
mentimos y jugamos con nuestra identidad (Arango Pinto, 2005).
A esta misma conclusión llega Joan Mayans, cuando sostiene que
en el chat, gracias a la serie de recursos narrativos que se
despliegan, los usuarios desarrollan una expresión
verdaderamente teatral, confirmando el concepto de Erving
Goffman, desde las ciencias sociales, quien definía a la
personalidad pública como una máscara o un juego de máscaras
(Mayans, 2002: 55).
Para
Arango Pinto, lejos de reemplazar las relaciones sociales, el
chat las complementa, y, siguiendo a Goffman, la gente actúa
diferente de acuerdo a contextos diferentes, es por eso que en
el chat actúa de otra forma que en la vida real. En este
sentido, Arango Pinto afirma que en el chat la falta de
indicios acerca del contexto (la no presencia física) estimula
la deshinibición, tanto positiva como negativa y en este
sentido los usuarios de los chats tienden a revelarse a sí
mismos y a discutir problemas serios con sus amigos en línea.
El lenguaje del
chat: ¿empobrecimiento del idioma?
Uno
de los aspectos que más llama la atención sobre el chat es su
lenguaje, y éste es justamente uno de los temas de mayor
preocupación por parte de quienes velan por nuestro idioma. En
una nota publicada en el diario La Nación el 25 de julio del
2004, el Presidente de la Academia Argentina de Letras, el Dr.
Pedro Luis Barcia, denunció que el chat supone un
empobrecimiento del lenguaje: “en tanto nuestros docentes se
afanan por enriquecer y matizar el léxico de sus alumnos, la
moda del chat estimula el movimiento contrario. Uno de los
grandes problemas de nuestra educación es lograr que los
jóvenes se expresen con precisión, claridad y expeditivamente;
a la inversa, el lenguaje usual del chat los lleva, con paso
de cangrejo, a la pobreza expresiva de la que partieron”. En
ese sentido, Barcia señala que “los diccionarios de chat y SMS
en uso no superan los 200 vocablos”. Para el académico, las
razones de este empobrecimiento son varias: “el precio del tiempo en red, la tendencia a
la rapidez de acción y de estímulo sensorial en los muchachos,
cierta idea de liberación de lo estatuido y el cultivo de una
forma de diferenciación respecto de los adultos”.
Por
su parte, Joan Mayans sostiene que el chat es un “género
confuso” que viene a romper con la vieja dicotomía entre
lenguaje escrito (caracterizado como formal, reflexivo y
distante) y lenguaje oral (definido como próximo, espontáneo y
no formal). Mayans considera que el denominado “género chat”,
no es una fusión directa de estos dos registros, sino que
considera que “las características externas e internas del
género chat nos empujan
a considerarlo un género en sí mismo, que podemos
analizar a la luz de los registros oral y escrito, pero que
sólo podremos comprender si lo utilizamos durante un tiempo
determinado” (Mayans, 2002: 41). De esta manera, el autor
propone dejar de pensar en el chat como un sustituto de otros
medios (la conversación telefónica, la charla cara a cara) y
verlo como un medio que tiene un estilo y unas peculiaridades
propias y singulares. Y esta singularidad es determinada
claramente por el soporte: de hecho, se puede decir que
algunas de las causas que señala Barcia como generadoras de
este empobrecimiento del lenguaje, tiene que ver con las
características intrínsecas del medio Internet; la rapidez, la
no presencia física del otro y el acceso mayoritario de los
jóvenes a este medio por su mayor familiaridad con las nuevas
tecnologías. Mayans define esta característica del medio como
“estrechez de banda”, porque en el chat sólo se transmite
texto y esto claramente influye sobre su lenguaje. Y esta
cuestión del medio en el que tiene lugar el chat no es menor,
porque si comprendemos que un lenguaje es condicionado por el
canal sobre el que tiene lugar, podemos aceptar el hecho de
que cada lenguaje tiene sus particularidades. De ahí la
preocupación de los académicos y docentes por el hecho de que
el lenguaje del chat se traslade a otros medios
tradicionalmente escritos, como los carteles o hasta los
exámenes, lo cual lleva a Barcia a llamar la atención sobre el
tema, “porque sus deformaciones ya
asoman las orejas en los exámenes escritos
universitarios”.
Esta
dependencia del canal se incorpora de tal manera a los
contenidos del chat que muchos investigadores, además de
Mayans, señalan que hay un predominio de la función fática del
contacto, es decir, los usuarios necesitan constantemente
reasegurarse de que están ahí. De allí la sobreabundancia de
saludos de bienvenida a lo largo de las sesiones de chat, para
indicarle al otro “estoy acá”. Esto tiene que ver también con
otra de las condicionantes del medio: se chatea mientras se
están haciendo otras cosas en la misma computadora (leer el
correo electrónico, escribir un documento, navegar por
Internet, etc.), por eso es común que un usuario entre y salga
del chat constantemente, y al hacerlo necesita saludar para
entrar en contacto con los otros usuarios que están conectados
en ese momento. Finalmente, un último ejemplo de esta
dependencia del soporte en el cual se vehiculizan los mensajes
lo representan los SMS, ya que al independizarse de la
computadora, el chat se traslada a los teléfonos móviles, y,
si bien es muy pronto para saberlo, es posible considerar,
citando nuevamente a Mayans que se trata de un nuevo “género”,
diferente al del chat “tradicional”, con sus propias
reglas.
Por
otra parte, y de acuerdo a los resultados de una investigación
realizada por Joan Mayans, que consistió en una serie de
entrevistas a 30 usuarios de chat españoles, hay una
alteración deliberada del código lingüístico, que se traduce
en una falta de respeto hacia el código normativo. En ese
sentido, Mayans señala que “más de la mitad de los
entrevistados (54%) afirman pensar que han ido, de forma
voluntaria, adoptando un registro mucho más laxo en cuanto a
la observancia de las normas ortográficas y gramaticales (...)
Quiere todo esto decir que la deformación del código
normativo escrito que se produce, ostensiblemente, en los
chats, no se debe a algo accidental, ni tampoco depende por
las prisas de teclear rápido, al contrario, se trata de un
proceso consciente y creciente por parte de los usuarios, que
pasan a utilizar un registro repleto de aparentes
incorrecciones, con una finalidad, bajo nuestro punto de
vista, básicamente expresiva”. Entre las razones que dieron
los propios entrevistados acerca del por qué esta falta de
respeto a las normas gramaticales, Mayans señala,
principalmente, dos: la primera, que los usuarios buscan de
esa manera comunicarse lo más rápido posible, y la segunda,
que ellos procuran “escribir como hablan”, es decir, una
búsqueda de “oralización de la expresión”, lo cual lleva a un
predominio del coloquialismo y a una deformación de las
palabras acercándolas a su forma fonética” (Mayans, 2002:
84).
Las
caras del chat: los
emoticones
De
acuerdo a Mayans, este “género confuso” representa el “más
inorgánico y espontáneo de los registros escritos” y “resulta
próximo, desprovisto de convenciones y reglas gramaticales o,
al menos, de la obligación de su cumplimiento”. Sin embargo,
“tampoco cabe considerarlo una mera transcripción del lenguaje
oral”, ya que “el mero hecho de escribir –más que escribir,
teclear las intervenciones, les confiere una reflexividad,
distanciamiento y estructuración muy superiores a la del
registro oral”. Asimismo, “la característica que más lo aleja
de las interacciones orales es la ausencia de información
extralingüística o paralingüística” (Mayans, 2002:
43).
Esta
ausencia de lo paralingüístico (los gestos, las entonaciones,
la cadencia de voz, el acento, etc.) que son características
de la comunicación oral y/o cara a cara, se ha visto en parte
compensada por unos elementos de comunicación que acompañan al
texto en el chat: los emoticones. Éstos son caracteres
especiales que se generan con el teclado (ASCII) y que
intentan reemplazar la ausencia del rostro durante el chateo.
Es por eso que se utilizan signos de puntuación o letras para
denotar alegría, tristeza u otra emoción que acompañe lo que
se está diciendo. El uso de emoticones también se trasladó a
otras formas de comunicarse por Internet, como el correo
electrónico y los foros de discusión. A continuación se
incluyen algunos de ellos (2). Para verlos bien, es necesario
inclinar la cabeza 90º.
:-)
Sonriendo
:-D
Riendo
:-(
Triste
:-P
Sacando la lengua
:-0
Asombrado
:-I
Apatía
:´-(
Llorando
En
los programas de mensajería instantánea (como el MSN) estos
emoticones aparecen predeterminados en forma de gráficos más
desarrollados y el usuario debe solamente seleccionar cuál de
ellos usar para acompañar sus mensajes. En la última versión
del MSN, además se agregaron animaciones (pequeños dibujos que
se mueven en la pantalla en forma bidimensional), lo cual
confiere a la comunicación por chat una característica
particular.
Mayans señala que los emoticones, al igual que lo que
ocurre con los gestos faciales reales, pueden contener
múltiples significados y su interpretación depende del
contexto, pero a diferencia de los primeros, la información
que transmiten implica un acto de voluntad por parte de quien
los produce o envía. En este sentido, Mayans sostiene que “el
emoticono cumple perfectamente con la definición conceptual de
un simulacro, al eliminar su dependencia de un referente
exterior/real, sustituyéndolo, ocupando su lugar y desalojando
ese referente previo de su contenido inicial”. Finalmente, el
emoticón no es un ícono (aunque busca semejarse a un gesto
facial), sino que es un signo: “a pesar de su vaga raíz
iconográfica, su contenido y funcionamiento es el de una
abstracción arbitraria” (Mayans, 2002:
71)
Conclusiones
Luego de este recorrido por la naturaleza y las
características del chat, podemos concluir que estamos ante un
nuevo género, “confuso”, como lo denomina Mayans, con sus propias
reglas. El hecho de que implique una falta de respeto a las
normas gramaticales, y que sirva para estimular la fantasía en
las relaciones sociales a las que da lugar, no son razones
suficientes para condenarlo como forma de expresión. Sí es
necesario llamar la atención sobre la trasposición de sus
formas a otros soportes, el examen escrito, por ejemplo, lo
cual implicaría una mala utilización de los medios de
expresión. Resulta imprescindible comprender la naturaleza de
los lenguajes a partir de los medios que los vehiculizan, y en
este sentido, el chat, tanto en una computadora como a través
de un móvil, tiene características particulares, dadas
principalmente por la velocidad de la interacción. Estos
rasgos, que se pueden sintetizar en: reducción importante del
léxico, trasgresión de normas gramaticales y fragmentación de
las palabras, deben ser entendidos en este contexto
particular, por eso es fundamental, para quienes tienen la
tarea de enseñar en tiempos de nuevas tecnologías, defender la
riqueza del idioma y enseñar a utilizarlo apropiadamente de
acuerdo al contexto en que se produce la interacción.
NOTAS
1-
La afirmación
parte de un trabajo de campo que el autor se encuentra
realizando actualmente sobre el uso que los adolescentes hacen
de Internet. Entre dichos usos, el que más sobresale es el
chat, particularmente a través de programas de mensajería como
el MSN o el ICQ.
2-
En
el libro "Creciendo en un entorno digital" Don Tapscott
reproduce una larga lista de emoticones que colecciona una
niña de 11 años.
Tapscott, Don, Creciendo en un entorno
digital. La generación net, (Bogotá), McGRaw-Hill, 1998,
pág.59.
FUENTES
Mayans i Planells, Joan, Género
chat. O cómo la etnografía puso un pie en
el ciberespacio,
(Barcelona), Gedisa, 2002.
Gibson, William,
Neuromante, (Barcelona) Ediciones Minotauro, 1989.
1984
Scolari, Carlos, Hacer clic. Hacia una
sociosemiótica de las interacciones digitales,
(Barcelona), Gedisa, 2004.
Arango Pinto, Luis Gabriel, La calidad de las
relaciones sociales virtuales: un ejemplo en el uso afectivo
de los chats, Ponencia presentada en el III Congreso
Panamericano de Comunicación, 12 al 16 de julio de 2005,
Buenos Aires.
Castells, Paulino, de Bofarull, Ignasi, Enganchados
a las pantallas. Televisión, videojuegos, Internet y
móviles, (Barcelona), Planeta, 2002.
“Los adolescentes crearon
un extraño lenguaje para chatear”, publicado en: diario La Nación, 25 de julio de
2004
http://www.lanacion.com.ar/621736
Barcia, Pedro Luis, “Un
regresivo camino al balbuceo”, publicado
en: diario La Nación, 25 de julio de
2004
http://www.lanacion.com.ar/621685
“Por
los celulares se envían cada día 18.000.000 de mensajes de
texto”, publicado en : diario La Nación, 8 de mayo de
2005
http://www.lanacion.com.ar/702486