La revista electrónica: los desafíos de autores, lectores y editoriales
Publicado en Revistas Científicas en América Latina (México, Fondo de Cultura Económica, 1999)
Dr. Gary J. Brown
Strategic Info-Solutions
La edición de las revistas científicas internacionales está sufriendo una transformación radical, debida en parte no insignificante a la crisis monetaria y presupuestal de las bibliotecas, pero debida en parte aún más relevante a los avances tecnológicos del acceso telemático en redes—el internet y la telaraña mundial, a los estándares de SGML y HTML para el texto impreso tanto como para el texto electrónico. (1)
Estamos presenciando una transformación profunda de la manera en que se provee acceso a los trabajos científicos. Por medio del desarrollo internacional de servidores de documentos electrónicos (e-print servers) cada investigador puede tener acceso inmediato a los trabajos científicos en estado anterior o posterior de la publicación en revistas impresas tradicionales. Quizá el primer ejemplo de estos archivos electrónicos, fue el de los estudios de la física de alta energía organizado por Paul Ginsparg de Los Alamos. Este archivo electrónico que está al servicio de más de 35 mil investigadores internacionales procesa diariamente alrededor de 70 mil transacciones. (2) La comunicación académica se hace al instante; el autor es a la misma vez editorial en comunicación directa con su lector. ¿Qué significa esta transformación radical para la revista tradicional?
Tenemos que confesar, si somos honestos, que a la larga no sabemos con toda claridad lo que significa esta transformación para la revista tradicional ni mucho menos el resultado que puede proporcionar. El futuro de la revista científica tradicional está en manos de muchos—tanto en manos de autores como editores, tanto en universidades como en las casas editoriales comerciales, y en parte no insignificante también en manos de las asociaciones profesionales y los comités editoriales privados. En esta etapa de transición, sólo podemos esbozar caminos por donde principiamos a tomar los pasos provisorios hacía una meta final de mejorar el acceso y la distribución de la información científica.
Si tomamos otro ejemplo de la transformación que presenciamos, esta vez por parte de las casas editoriales internacionales, podemos enfocar mejor los nuevos desafíos. Según el estudio anual de la Asociación de Bibliotecas de Investigación de los Estados Unidos (ARL-- Association of Research Libraries) que intenta recopilar todas las revistas electrónicas, en los últimos tres años, se ha incrementado enormemente el número de revistas electrónicas, empezando en 1991 con unas 110 revistas y terminando con más de 2,000 al inicio del año 1997.(3) Todo esto debido en gran parte al impacto que han tenido proyectos de "e-journals" en los Estados Unidos, en la Gran Bretaña y en otras partes del mundo. Me refiero en el caso de Inglaterra al proyecto de HEFC donde se promovía y se subvencionaba el acceso a las revistas electrónicas de editoriales como Academic Press, Blackwell Science, y el Institute of Physics por un período de dos años. En este proyecto el HEFC involucraba a ciento ochenta universidades de Inglaterra. En el caso de norteamérica sólo hay que pensar en uno de los primeros proyectos de revistas electrónicas, MUSA de Johns Hopkins University Press; en la América latina, el proyecto de once editoriales brasileños en cooperación con FAPESP y BIREME. Ultimamente se han agregado al movimiento de la revista electrónica las grandes casas editoriales de Europa como Elsevier, Springer-Verlag, Kluwer, Cambridge University Press, Oxford University Press, etc. A la misma vez los agentes de suscripciones y los consorcios de bibliotecas— Blackwell’s Electronic Journal Navigator, Swets, Ebsco, OCLC y el proyecto JSTOR-- han lanzado sus servicios de acceso a la revista electrónica por la telaraña mundial. (4)
El papel tradicional de la revista científica, sobre todo en las áreas de la física, las matemáticas, y las ciencias puras, ahora toma nueva conciencia de las necesidades primarias de la comunicación investigadora. Stevan Harnad lo sintetiza escuetamente:
"I don’t think any scholar or scientist would willingly collaborate in restricting access to his work. There is no longer any need to make that Faustian Bargain in the PostGutenberg galaxy where learned inquiry can at last be skywritten, free for one and all." (No creo que ningún investigador quisiera colaborar en limitar acceso a su trabajo. Ya no necesitamos hacer un arreglo Faustiano en esta época de la galaxia post-Gutenburg donde la investigación académica por fin se puede divulgar libremente para todos en el espacio virtual de la comunicación.") (5)
Obviamente el estado actual en que nos encontramos donde los investigadores pueden montar sus trabajos en los distintos servidores de documentos electrónicos, -- para sólo nombrar algunos, Los Alamos, Stanford (SLAC/HEP), AAS (American Astronomical Society) Urania Resource, Economics Working Paper Archive, Columbia International Affairs Online (CIAO), American Political Science Association Proceedings-- con esta realidad se presentan una serie de desafíos para los redactores de revistas tradicionales. (6)
Por la mayor parte las editoriales tradicionales no han acudido a este escenario; se han quedado a un lado no involucrándose en las actividades de investigadores que montan sus trabajos "pre-" y "post-print" en los servidores de institutos o de universidades.
Quizá con razón toman conciencia de que sus revistas tradicionales y recientemente sus revistas electrónicas también mantienen un valor único y principal, el de la aprobación de la comunidad intelectual por un proceso de revisión entre pares (peer review). Como agrega Stevan Harnad: "There is a safety net under the Ginsparg server, held in place by the ‘Invisible Hand’ of peer review, which is still being financed by the publishers whose paper journals are still the final resting place for virtually every e-print in [the Los Alamos server]." (El servidor de Ginsbarg tiene un salvavidas, la cual se mantiene por la mano invisible del proceso de la valoración entre pares, que está financiado por las editoriales y sus revistas impresas donde casi todos los artículos del servidor de Ginsparg se viene a reposar a fin de cuentas.) (7)
En lo que sigue, quisiera organizar mis comentarios sobre cuatro temas: (1) el desarrollo de la revista electrónica, (2) la revista electrónica, el lector y sus actos de lectura, (3) los esfuerzos para conservar y mantener acceso al texto electrónico, (4) el futuro de la revista tradicional.
El desarrollo de la revista electrónica
Como se indica por el estudio del ARL, al inicio del año 1997 había aproximadamente 2.000 revistas electrónicas. En realidad la cifra es inconsecuente, porque el número se incrementa diariamente, y también porque la presentación de la información científica en forma electrónica ya adquiere auge internacional con el compromiso de casas editoriales como Elsevier (más de 1,200 revistas), Kluwer (que ya es parte de Elsevier), Springer-Verlag, y otras casas grandes.
Con la aparición de la revista electrónica, pasamos por una etapa de ajuste que se basa en el modelo anterior de la versión impresa. En esta primera etapa, las revistas electrónicas copian el modelo de la versión impresa, reproduciendo los textos en la forma tradicional que se reconoce y se lee. Hasta ahora, por lo tanto, la revista electrónica sólo traslada una realidad impresa al marco de la pantalla (a excepción de la novedad del hipertexto que permite saltar de una parte a otra del texto u a otras fuentes del internet). La implementación del texto electrónico implica un concepto tradicional de la revista-- como se presenta, se recopila y se organiza la información científica. Por la mayor parte, sólo ha cambiado la manera de diseminarla—el texto electrónico se aproxima a los lectores en terminales de acceso, al contrario de la matriz tradicional en la cual la editorial envía los números individuales a la biblioteca y el lector tiene que aproximarse al texto almacenado en la sala de la hemeroteca. Con la realización y la masificación de textos electrónicos científicos, se agregan las capacidades de conectar y establecer "links" bibliográficas al cuerpo electrónico de textos sea en forma de revistas o en forma de servidores de documentos electrónicos.
Otras novedades van presentándose, sirviéndose de las nuevas capacidades tecnológicas del medio electrónico y a la vez marcando un paso hacia una segunda etapa de innovación, que rompe con el modelo tradicional del texto impreso. Se introducen las capacidades multimedias a la revista, y por lo tanto se cambia el concepto de lo que es y puede ser la revista, incorporando no sólo vídeos y sonido, sino también fórmulas matemáticas activas, la visualización de teoremas y datos coleccionados, la presentación visual de estructuras genéticas y simulaciones que invitan la participación interactiva del lector/vidente/ investigador. Esta etapa, como cualquier etapa innovadora, presenta desigualdades de diseminación y acceso-- o por la falta de estándares, o por la falta de anchura de banda de redes, o por problemas de incompatibilidad de equipos y software. (8)
Quizá la tercera etapa del desarrollo de la revista electrónica constará de las novedades que se presentarán según los enfoques y necesidades de las distintas disciplinas académicas. Como ejemplo, podemos tomar el caso de una "revista electrónica" dedicada a la música, o a la genética que podría servirse de las capacidades multimedias para desarrollar un nuevo tipo de intercambio interactivo ente investigadores no sólo basándose en la palabra electrónica.
La revista electrónica, el lector y sus actos de lectura
Entre los desafíos que se presentan con la introducción de la revista electrónica hay una realidad que solemos ignorar por ser tan íntegra a la naturaleza del medio en se presenta la revista misma; me refiero a la naturaleza del texto electrónico, a su modo de presentación, y consecuentemente a la manera en que lo usamos, lo manejamos, y lo leemos.
La "palabra electrónica" es distinta a la "palabra impresa," aunque en realidad en esta su primera etapa es una versión fidedigna de la palabra impresa, del texto impreso. Las palabras electrónicas, en cambio, tienen más parentesco con las palabras habladas, por la sencilla razón de que aparecen en la pantalla y luego desaparecen, parecidas a una conversación que aparece y desaparece. Nos presentamos y reaccionamos ante el texto electrónico como si fuera un texto impreso, pero en realidad hay una ambivalencia radical—es texto pero tiene características de lengua hablada, de la tradición oral más que de la tradición textual y por lo tanto nos engañamos al creer que el texto en pantalla es igual al texto impreso, fijo y permanente. El texto electrónico sólo tiene una vida momentánea y sucesiva. Quizá por eso queremos y solemos imprimir el texto electrónico que se nos presenta en la pantalla queriendo así fijar las palabras electrónicas en forma más permanente, en hojas predilectas para la lectura cómoda y conocida.
No cabe duda que la novedad tecnológica de los textos electrónicos es una transformación radical. Pero antes de aceptar los pronósticos de la muerte del libro y de la revista tradicional, conviene examinar a fondo la naturaleza de esta transformación y la manera en que se nos obliga a leer un texto electrónico. Tal como se presenta el texto en la telaraña mundial, aun considerando la capacidad hipertextual, lo que a fin de cuentas se nos presenta, es un salto atrás hacia el texto de los rollos pergaminos donde se requiere la lectura secuencial y lineal. Instintivamente no aceptamos esta antigua forma de lectura a la cual nos obliga la pantalla de un terminal con su chorro lineal de texto.
Si examinamos como leemos un artículo impreso, nos damos cuenta de los recursos y hábitos, a veces inconscientes, que usamos en nuestros actos de lectura. En algunos casos, se empieza la lectura por el título y el resumen, luego se salta a las notas al final del artículo, después a la conclusión, o revisamos los encabezamientos de los párrafos principales (en orden normal o al revés), quizá a veces se empieza a leer el artículo por orden inversa buscando trozos y párrafos significativos. En el caso del texto electrónico presentada en forma secuencial, no se permite la libertad absoluta de un lector omnipotente que puede dirigir y desarrollar su propio camino de lectura. Como lectores de textos impresos disfrutamos de un dominio completo sobre el texto, en que forjamos nuestros propios procesos para la comprensión del contenido. El texto electrónico en cambio obliga una lectura de parcelas, pantalla por pantalla, en forma estrictamente lineal desde el inicio hasta el fin. Aún en las oportunidades de cursar por las hiper-conexiones del texto electrónico, nos vemos obligados a seguir un camino hecho por mano ajena con perspectivas no necesariamente concordantes con la lectura inventiva, asociativa y siempre personal que hacemos.
Estas propiedades del texto electrónico tomadas con sus consecuentes corolarios presentan desafíos para editores y lectores. ¿Se debe invertir en recursos de software para facilitar la lectura en línea? ¿Con los avances tecnológicos—mejores telecomunicaciones para rapidez de acceso, mejores pantallas para presentar el texto con más claridad—debemos esperar la facilidad de lectura del texto electrónico? ¿Cambiaremos nuestros hábitos de lectura para poder leer cómodamente en pantalla?
Desafíos para conservar y mantener acceso al texto electrónico
Por muchos siglos guardamos el concepto tradicional de la biblioteca como almacén, y resulta difícil lanzarnos simple y completamente al lado de la biblioteca virtual con una colección digital. Resulta igualmente difícil comprometernos solamente a la suscripción de revistas electrónicas sin tener el salvavidas de una versión impresa. Pero no necesariamente debemos pensar en un modelo bipartido— la biblioteca tradicional y la biblioteca virtual/electrónica, el acervo en papel y el acervo electrónico-- o en el ultimátum de escoger entre uno o el otro. Tampoco debemos aceptar por consecuencia una solución obligatoria-- en el caso de las revistas-- de suscribirse a ambas formas guardando la revista impresa para archivar la información permanentemente.
Existen movimientos de buscar una nueva solución: la creación de bibliotecas digitales para conservar la información electrónica. En estado inicial de estudio e implementación existen varios intentos internacionales de coordinar la creación de bibliotecas digitales con orientación y capacidad de cumplir distintas misiones, entre las cuales la conservación de la información digital desempeña un papel importante.
Hay numerosos consorcios alrededor del mundo que coordinan la investigación, la programación, y la cooperación de proyectos para crear bibliotecas digitales. En Canadá
el CIDL (Canadian Initiative on Digital Libraries: http://www.nlc-bnc.ca/cidl/) coordina el desarrollo de colecciones digitales y presta atención igualmente a los problemas de la conservación. En Europa el ERCIM (European Research Consortium for Informatics and Mathematics: http://www.area.pi.cnr.it/ErcimDL/delos-partners.html) coordina el proyecto DELOS para promover la biblioteca digital. El grupo consta de colaboradores de la Gran Bretaña, Holanda, Italia, Grecia, Alemania, Francia, Portugal, Suecia, Noruega, Hungría y Finlandia. Este grupo colabora con el Digital Library Initiative de los Estados Unidos radicada en seis universidades: U. de California—Berkeley, U. de California—Santa Barbara, U. de Carnegie Mellon, U. de Illinois—Urbana-Champaign, U. de Michigan y Stanford. También en la Nueva Zelanda hay un sistema interactivo de bibliotecas que coordinan sus esfuerzos para compartir información y tecnología relacionada con el desarrollo del New Zealand Digital Library. (9)
Quizá el proyecto modelo es el caso de JSTOR (http://www.jstor.org) concebido por un grupo de administradores, bibliotecarios y técnicos de la Universidad de Michigan, becado inicialmente por la Fundación Carnegie Mellon, y lanzado después como un consorcio de bibliotecas. El fin de JSTOR es proveer acceso para sus miembros a los textos de unas cien revistas convertidas y conservadas en forma electrónica. JSTOR firmó contratos con varias editoriales de revistas para tener los derechos de escanear los textos seleccionados y conservarlos en forma digital. Escogieron cien revistas de distintas disciplinas con una vida establecida y prestigiosa. Todos los miembros tienen acceso a la colección electrónica por la telaraña mundial, y se piensa aumentar el programa—tanto por el número de revistas como por el número de miembros. Es quizá uno de los primeros ejemplos de una "biblioteca digital" especializada en las publicaciones periódicas que se formó por la colaboración de técnicos, bibliotecarios, editoriales, y bibliotecas, todos con vistas de desarrollar un paradigma nuevo y beneficioso tanto para los que mantienen los derechos del autor como para los que usan la información—los investigadores, lectores, y bibliotecarios.
El futuro de la revista tradicional
Los desafíos para la información científica—para autores, editoriales, y lectores—reflejan la transformación de la tradicional cadena de la información, el proceso por el cual creamos, adquirimos, y usamos la información. Los altos costos para adquirir la información, la fragmentación de disciplinas y sub-disciplinas que contribuyen al crecimiento vertiginoso de la información y al aumento del costo y número de revistas, los procesos de la digitación de textos y la consecuente alteración de los medios y recursos para tener acceso—redes, software, equipos-- todo esto contribuye a la creación de una nueva infraestructura para hacer la investigación. Una infraestructura en que el autor pueda montar sus trabajos en un servidor de documentos electrónicos y pueda entablar un diálogo casi simultáneo con sus colegas-lectores.
¿Presagian estas nuevas tecnologías la desaparición del libro o de la revista tradicional?
Aunque se escuchen declaraciones a la afirmativa, hay que mantener un equilibrio y sólo reflexionar sobre los ejemplos de nuevas tecnológicas anteriores: ¿La llegada de la televisión reemplazó a la radio? ¿El cine reemplazó al teatro? ¿El vídeo al cine? ¿La fotografía a la pintura? Al examinar, por ejemplo, el papel que desempeña la radio en nuestra vida diaria en comparación con la televisión, quizá podemos tomarlo de modelo para empezar a reflexionar sobre las nuevas funciones que el texto electrónico y el texto impreso desempeñarán en nuestra vida intelectual. La novedad funcional de la revista electrónica, tal como se presenta hoy, se centraliza en un hecho sencillo—el acceso directo e inmediato. Es el contacto libre con la palabra escrita. Es una realidad impresa transformada en una nueva realidad flexible, transmisible, y accesible para cada lector navegando por el cyber-espacio. La revista ya no es solamente un objeto físico almacenado y encarcelado en los estantes de una biblioteca de tal ciudad o de tal país.
¿Cuál será la función de la revista impresa para los años que vienen? Seguramente no desaparecerá. Posiblemente dejará de ser el vehículo por excelencia para establecer el primer contacto con sus lectores. Posiblemente en algunos casos, será más lógico que no se imprima y se encuaderne. En otros casos, ¿tomará el papel de ser el medio predilecto para archivar la información? Tendremos que esperar para que la cronología haga su trabajo. Mientras tanto, podemos disfrutar de las novedades que se despliegan de la galaxia-gutenberg que cada día vamos creando y desarrollando.
Notas
1. Consulte la bibliografía comprensiva y regularmente actualizada en la telaraña mundial de Charles W. Bailey, Jr. Scholarly Electronic Publishing Bibliography , http://infor.lib.uh.edu/sepb/espb.html.
2. La ponencia de P. Ginsparg en una reunión sobre la publicación electrónica científica organizada por el centro del UNESCO de París (19 a 23 de febrero de 1996) describe el desarrollo del servidor ubicado en Los Alamos, California: "Winners and Losers in the Global Research Village," cuyo texto es asequible en http://xxx.lanl.gov/blurb/ pg96unesco.html.
3. Véase ARL Directory of Electronic Journals, Newsletters and Academic Discussion Lists que está disponible en http://arl.cni.org. Se puede consultar un listado de otros directorios de revistas electrónicas en http://www.coalliance.org/other.html.
4. Como punto de partida para ponerse al corriente de estos y otros proyectos consulte el estudio, "A Survey of STM Online Journals 1990-95: The Calm before the Storm" de Steve Hitchcock, Leslie Carr y Wendy Hall publicado en la sexta edición del ARL Directory (en nota 3). Es útil también el resumen de George Machovec, "Electronic Journal Market Overview—1997" en http://coalliance.org/reports/ejournal.htm.
5. Stevan Harnad, "The Paper House of Cards (and why its taking so long to collapse),"
Ariadne, 8, marzo 1997 en http://www.ariadne.ac.uk/issue8harnad.
6. Para información sobre SLAC/HEP (Stanford Linear Accelarator Center/High Energy Physics) consulte http://www-spires.slca.stanford.edu:80/FIND/spires.html. La AAS presenta una descripción de "Urania Resource" en http://www./aas.org/ y el archivo del
Economics Working Paper Archive se puede consultar en http://econwpa.wustl.edu. La editorial de Columbia University creó una base de documentos electrónicos de ponencias y trabajos sobre las relaciones internacionales. Para la ciencia política la biblioteca de Harvard ha lanzado acceso a un servidor de trabajos y ponencias referentes al tema:
http://pro.harvard.edu/.
7. Harnad, "The Paper House of Cards…"
8. Al respecto véase Ann Okerson, "Recent Trends in Scholarly Electronic Publishing" en
http://www.library.yale.edu/~okerson/recent-trends.html. Okerson ofrece ejemplos de revistas electrónicas que manifiestan experimentos con sonido: Journal of Postmodern Culture, http://jefferson.village.Virginia.EDU.80/pmc/contents.all.html; los artículos, "Ugly Beauty: John Zorn and the Politics of Postmodern Music," Kevin McNeilly en http://muse.jhu.edu/journals/postmodern_culture/v005/5.2mcneill.html; "A comparison of French and Italian Singing in the Seventeenth Century," Sally A. Stanford en http://
www.sscm.harvard.edu/jscm/v1no1.html. También Okerson ofrece el siguiente ejemplo del Journal of Artificial Intelligence Research que usa un vídeo QuickTime, http://www.cs.washington.edu/research/jair/volme1/schlimmer93a-html/schlimmer93-0.html. Alude Okerson igualmente al lanzamiento de una revista multimedia auspiciada por las asociaciones del American Geophysical Union (AGU), Association of American Geographers (AAG), American Meteorological Society (AMS), The Oceanography Society (TOS) y Ecological Society of America (ESA) en http://earth.agu.arg:80/ei/. Presenta la revista multimedia de Springer Verlag, Experimental Biology Online, que introduce archivos suplementarios, Vídeos QuickTime, y un clip en que se oye el latir del corazón de un escorpión. Finalmente hace mención del Journal of Image Guided Surgery
http://www.igs.wiley.com, y cita a Gene-Combis de Elsevier, y Science como otros ejemplos de revistas multimedias.
9. Para orientarse con el tema consulte la página del D-lib Magazine: The Magazine of Digital Library Research, http://www.dlib.org. El estudio del Task Force on Archiving of Digital Information es imprescindible como punto de partida. Véase el documento Preserving Digital Information el reporte de la Commission on Preservation and Access y The Research Libraries Group: http://ww.rl.org/ArchTF/tfadi.index.htm.