


El edificio, por lo innovador, es una típica obra gaudiana en la que existen muy pocas líneas o planos rectos, y en cambio numerosas curvas y redondas. Toda su fachada está realizada en piedra natural, salvo la parte superior que está cubierta de azulejos blancos. La combinación de la piedra y de estos azulejos blancos evoca una montaña nevada. En la azotea se encuentran grandes salidas de escalera y chimeneas, estas últimas recubiertas de fragmentos de botellas y con la apariencia de cabezas de guerreros cubiertas por yelmos. Es de destacar la belleza del hierro forjado de sus balcones.
En la actualidad el edificio es propiedad de una caja de ahorros, cuya ha efectuado continuadas obras de conservación y restauración. La Casa Milá puede visitarse.
En 1984 la UNESCO declaró la Casa Milà Patrimonio de la Humanidad.