MI PREPARACION PARA GANIMIDES

JOSIP IBRAHIM

EPILOGO

 

Han pasado ya dos años desde el día en qué llegáramos a Janlitpur; y ayer, el Maestro nos convocó en su despacho a los cuatro, junto con el Hermano israelita y el Hermano egipcio. El anuncio de tal reunión, enteramente fuera de lo acostumbrado hasta ahora, no dejó de sorprendernos, y esperamos ansiosos qué sería lo que nos iba a decir.
Después del desayuno, estuvimos todos puntuales a la cita. Dumpbahar nos esperaba de pie en el centro de la sala y, tras abrazarnos a cada uno, nos miró un rato en silencio con aire paternal y en tono suave y lento, comenzó a hablar:
–Ha llegado la hora en que debo anunciaros que vuestra prepararon acá, toca ya a su fin... EL YO INTERNO de cada uno de vosotros se ha ido transformando, superándose día a día, mes a mes, hasta alcanzar el nivel de purificación requerido por nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes... En vuestras almas ya no existe ni el egoísmo ni la envidia. Se ha eliminado de ellas el odio y el rencor, tan comunes en este mundo... Y habéis aprendido a ser verdaderos hermanos entre vosotros y con todos los demás seres de la Creación, probándolo y ratificando vuestras nuevas cualidades, porque sabéis ahora que no es posible apartarse de las demás criaturas del Universo, como los animales y las plantas, a quienes se debe amar y cuidar con esmero, si queremos ser merecedores de la amorosa consideración de nuestros Hermanos Mayores de otros Mundos y de otros Planos de la Naturaleza, como las Divinas Entidades que dirigen y controlan todos los aspectos de la VIDA en el COSMOS...
La pureza de vuestras almas ha eliminado, también, la avaricia y la ambición desmedida y malsana que lleva a la generalidad de los hombres a cometer los más crasos errores, posponiendo los deberes de humanidad ante tos dictados mezquinos de intereses mucha veces inconfesables, como los que hoy día están impulsando a los líderes del mundo hacia una nueva y. terrible conflagración...
Porque el panorama mundial no puede ser, ya más lóbrego y amenazador, con una serie de focos de discordia capaces, cada uno, de servir como detonantes de la terrible explosión de una tercera guerra mundial... Basta mirar lo que sucede en el Medio Oriente, o lo que se realiza en Vietnam o en Camboya; o la aguda crisis del petróleo que no tardará en producir fricciones y choques entre las grandes potencias empeñadas en lograr su hegemonía... Todavía no aprende la humanidad a posponer los intereses pequeños de grupo o de nación en bien de los intereses generales de todo un mundo... Aún no aprenden los hombres la necesidad de cooperar los unos con los otros por el bienestar general, posponiendo los regionalismos, los anticuados conceptos de nacionalismos chauvinistas y los grandes bloques financieros y económicos que dominan a los pueblos; llegando a un acuerdo en favor de la cooperación mundial, que aprovechase los recursos naturales en beneficio de toda la humanidad, como nos lo demuestran nuestros Hermanos de Ganímedes en un mundo sin fronteras y con un gobierno mundial que elimine, para siempre, el espectro de las guerras, como ahora vemos en la Tierra, extenderse por doquier el fantasma de una horrenda hecatombe...
Yo he podido comprobar, satisfecho, cómo ha crecido en todos y cada; uno de vosotros la fuerza del verdadero AMOR, de ese amor universal y cósmico, elevado y puro, que sublimiza a todos los seres del Universo, acercándolos a DIOS... Y por eso, al haber vencido, igualmente, la frívola vanidad, el nefasto orgullo y la soberbia que emponzoña las almas, podéis ahora recibir este anuncio de una final aprobación de vuestros esfuerzos, disciplina y estudios, para disfrutar, dentro de poco, el premio de ser conducidos a un mundo superior al nuestro... Ya no anidan en vosotros las bajas pasiones que enturbian la conciencia humana, y tenéis la fortaleza de espíritu y de voluntad que os han permitido triunfar de todas las pruebas necesarias para vuestra integral transformación... Hoy sois puros en alma y cuerpo, y esa pureza está reflejada en la brillantez de vuestras auras, que han sido contempladas por nuestros Hermanos Mayores del gran satélite de Júpiter, mientras vosotros descansabais plácida y serenamente en el sueño. Sin que lo supierais, hemos sido visitados por una nave de aquellas que ya conocéis, que, en la noche, hace pocos días, observó nuestra humilde morada y pudo comprobar el estado de las auras de cada uno...
Rahmojan hizo una pausa y nos miró detenida y profundamente, como lo hiciera siempre que nos daba algunas de sus lecciones. Luego, con medida lentitud, prosiguió:
–Ayer se comunicó telepáticamente conmigo nuestro Muy Amado Hermano Pepe... Me dijo que habéis sido aceptados y que, dentro de siete días a contar de hoy, vendrán a conduciros a Ganímedes...              –
Todos nos miramos sorprendidos. El auto–control que ya tenemos nos mantuvo serenos, ante tal noticia; pero la alegría del grupo se manifestó en una sonrisa general que intercambiamos, sin alterar en nada nuestra posición, ni dejarnos arrastrar por demostraciones que, en otros, habrían sido ruidosas y exageradas. El Maestro sonrió, a su vez, y cambiando de tono, continuó:
–Los Tiempos han llegado... Las viejas profecías se cumplen y la locura desatada entre los hombres que gobiernan al mundo, por la soberbia, la ambición y el odio, los va acercando, ciegamente, a la realización del horrendo sacrificio... El Apocalipsis está en su pleno desarrollo, y pronto vamos a presenciar el comienzo de las tristes consecuencias que una terrible ceguera moral y espiritual ha de acarrear a esta pobre humanidad... Un entendimiento mundial evitaría la catástrofe, pero, ¿dónde están, quiénes son los que pueden lograrlo?... ¿No vemos que, día a día, se agravan y complican las relaciones entre unos y otros pueblos, desoyendo las prudentes y dramáticas advertencias del Supremo Pontífice Pablo VI, y acrecentando hora tras hora los motivos del odio entre los unos y los otros, como un presagio sangriento del apocalíptico holocausto?...
Por eso, en todo el mundo, se multiplican las misteriosas visitas de los Hermanos de Ganímedes, que, a despecho de quienes tratan aún, de negarlos y ridiculizarlos, siguen cumpliendo su amorosa misión de sacar de la Tierra a los que se han capacitado para ello. No sois los únicos que ahora van a dejar este mundo amenazado por la locura y el odio: en diferentes lugares del planeta, con distintos Maestros y en variadas formas, se preparan muchos seres cuyas auras están alcanzando la luminosidad requerida. Y por eso bajan, cada vez 'con más frecuencia, las máquinas extraterrestres que vienen a recoger, de los lugares marcados y previamente conocidos por ellos, a las personas que completaron y siguen completando su purificación y adiestramiento. En otros lagares en donde no se cuenta con tas condiciones especiales que nosotros tenemos aquí, se ven forzados a hacer sus visitas de noche, cuando los demás duermen y no se exponen a situaciones desagradables por la intromisión de seres todavía no aptos para su contacto con ellos,.. Vosotros conocéis, muy bien, la ceguera y los trastornos que ocasiona la falta de preparación adecuada en estos casos...Y nuestros Hermanos Mayores no tienen ningún interés de perder su precioso tiempo con seres atrasados o malévolos... Pero todo el que sea puro y sincero en su propósito de alcanzar la perfección, podrá lograrlo trabajando dentro de sí mismo, como vosotros y los demás en otros pueblos, ya lo han hecho...
El Maestro calló. Nos miró profundamente, y nos recomendó estar listos para la próxima semana. No necesitaríamos llevar ningún equipaje. Nos explicó la inutilidad de ello, pues, desde el momento de subir a la astronave, seríamos provistos de todo lo necesario para el viaje. Y en ese nuevo mundo se nos proporcionaría cuanto pudiésemos requerir para nuestra vida diaria. Así, pues, sólo teníamos que esperar y distribuir entre nuestros amigos del Hogar, las pocas pertenencias que aún nos quedaban en la Tierra.
Cuando retornamos a nuestro alojamiento, estábamos aún confusos y sorprendidos. No creímos que fuera tan pronta nuestra conversión. Pensábamos que hubiera sido preciso mayor tiempo; y lo mismo nos dijeron el israelita y el egipcio. Todavía no éramos clarividentes. Sólo habíamos podido llegar a realizar viajes astrales, como se explicó en capítulos pasados. Pero Rahmojan, en conversaciones posteriores, nos explicó ampliamente que este punto no era indispensable, en absoluto.
–En el nuevo mundo al que vais a ser llevados, se os dará eso y mucho más. La mayoría de las gentes cree que .deben ser clarividentes y tener poderes extrasensoriales para alcanzar la perfección. Y están equivocadas. La PERFECCIÓN se logra con la pureza del alma cómo base; sin ésta no hay PERFECCIÓN. La clarividencia y los demás poderes, que muchos ambicionan frívolamente y no con elevado anhelo, son consecuencias posteriores de la verdadera purificación del Alma. Pueden venir espontáneamente cuando el YO SUPREMO haya triunfado en su elevación total sobre la Materia; pero no antes... Y en seres como ustedes, serán despertados en cuanto lleguéis a ese mundo superior. Pero la entrada a ese mundo ya la habéis obtenido con la total pureza lograda en vuestras almas. Esperad que se haga la Voluntad de Nuestro Padre Celestial...
Y en tal estado, aguardando el ansiado momento, repartimos lo que aún poseíamos; mi esposa le obsequió a Maruja, la española, un juego de objetos de tocador que la había acompañado muchos años, y su reloj pulsera de oro. A Nancy le entregó un medallón de oro que siempre había llevado, consigo. Yo le di a Charly varios libros que había traído conmigo del Perú, mi lapicero de oro y mi portafolios de cuero. Estábamos ya listos para el viaje...

***

(Nota final proporcionada por el Ingeniero Mr. Charles O'Connor).

 

Son las 12:00 del día 15 de Octubre de 1974.
En la explanada central del Monasterio de Janlitpur nos hemos reunido todos los miembros de nuestra comunidad fraternal. Los monjes y discípulos del Monasterio se encuentran a las puertas del mismo, y los Hermanos del Hogar, en compañía del Maestro Rahmojan Dumpbahar, esperamos a la puerta de nuestra mansión. En el claro y límpido cielo azul que se extiende sobre las cumbres nevadas que circundan nuestro valle, se puede apreciar, ya, una pequeña mancha redonda y brillante, como una minúscula gota de plata resplandeciente, que se mueve en raudo vuelo en dirección a nosotros. En pocos segundos se ha ido agrandando hasta poder ver que se trata de una maquina en forma de plato, que refleja los rayos del sol de manera irresistible. Se encuentra, muy alto, sobre las cumbres, y parece disminuir su velocidad. Todos estamos profundamente impresionados. La astronave, que ya se ve con perfecta claridad, se ha detenido a una altura de más o menos mil metros. El Hermano Yosip estrecha una mano a su esposa, que con el otro brazo retiene junto a sí a los dos niños. Los otros dos futuros viajeros cambian una sonrisa y algunas palabras, mientras miran hacia arriba.                                  '
La máquina ha comenzado a descender, lentamente. Ya está en nivel de los picos nevados y penetra dentro del perímetro del valle. Debo confesar que experimento una rara emoción. La astronave se acerca al suelo con gran suavidad... Ya se ha posado en Tierra. Es un aparato enorme, de unos treinta a cuarenta metros de diámetro, y en las ventanas que circundan su cúpula central vemos varias personas que nos observan. Una escalerilla de metal se está proyectando hacia el suelo, y se abre una especie de puerta corrediza en la cúpula sobre la escalera. En el marco de la abertura aparece un hombre vestido con una ajustada escafandra o buzo, brillante. Nos saluda con la mano. Es nuestro Hermano Pepe, que ahora baja y viene hasta nosotros.
Salimos a su encuentro, tras nuestro Maestro. Pepe se abraza con él. Lo mismo hacen el Hermano Yosip, su señora y los niños. Luego, los otros dos Hermanos que van a viajar estrechan sus manos con él. Los monjes y discípulos se mantienen, respetuosamente, en la puerta del Monasterio. La conversación es breve. E1 recién llegado nos explica que tienen todo listo para recibir a los viajeros. Que han venido ahora en una astronave de mayor tamaño, con capacidad para mayor número de personas, y que puede realizar su viaje hasta el "REINO DE MUNT" en sólo tres días de los nuestros... Nos dice, también, que en el trayecto serán preparados los viajeros para acondicionarlos mejor a su nuevo mundo, sin que puedan temer trastornos de ninguna clase, porque en esos tres días recibirán cuidados especiales como sucedió con él mismo en su primera oportunidad.
Ha llegado el momento supremo de la partida. Pese a nuestra disciplina acostumbrada, todos estamos emocionados. El Maestro se despide, paternalmente, de cada uno de los viajeros. La esposa de Yosip está llorando pese a sus esfuerzos por dominarse. Ibrahim se contiene a duras penas. Al abrazarnos a cada uno, su emoción es tan grande que no puede articular palabras. Nos besamos todos en la frente, y nos encaminamos hacia la máquina que resplandece a los rayos del sol. Es un platón gigantesco, de un metal bruñido parecido a la plata o al acero inoxidable, que se ha posado en el suelo sobre cuatro bases a manera de patas, que sobresalen de la estructura central, que tiene forma de cúpula o cabina rodeada de ventanas. Varias personas nos observan desde adentro y nos hacen señales amistosas con las manos.
Acompañamos a nuestros Hermanos hasta la escalera metálica. Los primeros en subir son el médico egipcio y el botánico judío. En seguida, los dos hijos de Yosip, su esposa, él y Pepe. Nos apartamos todos de la astronave, regresando a nuestro lugar de antes, y esperamos. Una emoción más fuerte que nuestra voluntad nos embarga, y en los ojos de Manija tiemblan dos lágrimas. El Maestro está sereno; pero se le nota triste...
Se cierra la puerta metálica corrediza. La escalerilla se retrae dentro del aparato. Vemos que nuestros Hermanos nos saludan desde las ventanas, y un leve zumbido llega hasta nosotros en momentos en que la máquina comienza a levantarse del suelo. Me sorprende no ver niego ni ningún efecto que pueda anunciar un proceso de retropropulsión. Simplemente, la astronave se va elevando con lentitud, como si flotara en el aire... Cuando la altura ha alcanzado unos doscientos metros, mas o menos, vemos que las cuatro patas metálicas se retrae», desapareciendo bajo el centro del platón; toda la estructura de éste en su parte exterior cambia de color, apareciendo una tonalidad dorado–carmesí, y el aparato se eleva a velocidad cada vez más acentuada... Contemplamos cómo se aleja en el espacio, hasta perderlo de vista, y retornamos a nuestro Hogar con la mente fija en los queridos Hermanos que, en esos momentos, se dirigen a un lejano mundo de nuestro sistema solar en donde reinan la VERDAD, la JUSTICIA y el AMOR.

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