|
CAPITULO V
Las Claves de la Longevidad
Corrieron los días íbamos acostumbrándonos, lentamente, a la nueva vida en ese lejano rincón del mundo, perdido entre las solitarias cumbres de los Himalayas. Era todo tan distinto a lo que hasta entonces conociéramos, a lo que nos había rodeado, tantos años, en medio de una humanidad a la que, ahora, sólo nos comunicaba, parcialmente, las noticias de la radio instalada en el hall central del "Hogar", como llamaban nuestros compañeros a la casa en que vivía nuestro reducido grupo.
En verdad, Janlitpur era algo inconcebible para quienes estuvieron acostumbrados a la turbulenta vida de la civilización occidental. Mientras en ese mundo que dejáramos reinaba la premura, la agitación y la intranquilidad; la angustiosa lucha del diario bregar por los diferentes intereses; el tormentoso torrente de las pasiones en pugna y las turbulentas corrientes encontradas que llevan a los hombres a perseguirse y matarse como fieras... aquí, en el suave silencio de este paisaje idílico, entre las frondas con perfumes de flores y de hierba fresca, o ante la mansedumbre de las cristalinas aguas de la fronteriza laguna, o en la penumbra de los claustros conventuales y las salas de estudio del viejo monasterio, reinaban una paz y una tranquilidad hasta entonces no encontradas en ninguna parte.
Era una comunidad en la que la confianza, la amistad sencilla y desinteresada, la camaradería franca y espontánea, se hacían presente en los menores detalles de la diaria convivencia. ¡Qué distintas las noticias que a veces, escuchábamos por radio, de todo lo que, ahora, estábamos viviendo!... Al otro lado de las imponentes murallas de roca y de nieves que nos circundaban, se debatía una humanidad enloquecida, torturada por sus mismas pasiones, perseguida por su propia avaricia y crueldad, por su insano egoísmo y su falaz hipocresía... Guerras y traiciones, persecución y muerte...
En cambio, entre nosotros, comprobaba a cada paso el deseo de una mutua y recíproca cooperación; de un afectuoso alternar de los unos y tos otros; de un olvido, al parecer ya sincero y efectivo, de las comunes preocupaciones y de los comunes prejuicios que tanto hacen sufrir en todas partes. No podría referirme, aún, a los miembros orientales de esa comunidad monástica, por no estar yo en condiciones, todavía, de penetrar en la vida íntima del monasterio. Pero me basta observar al pequeño grupo de los que habitábamos en el "Hogar". Y siendo tan diferentes unos de otros, encontraba en todos un verdadero deseo de agradar, de cooperar y de comunicarse mutuamente la alegría que cada uno parecía experimentar. El inglés, que me pareciera brusco al conocerlo, era un hombre franco, sencillo, campechano; servicial y pronto a prestar ayuda en lo que fuese menester. La española, jovial, alegre y bulliciosa como una castañuela de su patria, se había convertido en la inseparable compañera de mi mujer a la que estaba iniciando en lo secretos culinarios de la dieta vegetariana que a todos nos servían. Y Nancy, la antigua dama de la Reina Victoria, de quien nos contara Dumpbahar que en esos tiempos había sido sumamente orgullosa y que había estado a punto de suicidarse, en su juventud, por dramáticos sucesos y traición de su marido, era, también, simpatiquísima. Muy medida y cuidadosa en su trato; pero el tiempo y las lecciones del Maestro la habían transformado. Ella misma lo decía sin entrar en pormenores de su vida pasada, que también nosotros respetamos, narraba a menudo interesantes anécdotas y buscaba, siempre, temas alegres y conversaciones amables, como si estuviese deseando, en todo instante, alejar posibles recuerdos pesarosos.
–Quiero gozar del perfume de mis flores, y que ellas nos halaguen, por igual a todo el grupo, sin que nunca, puedan hincarnos sus espinas... –decía, con frecuencia, al discurrir por los jardines.
En cuanto al egipcio y el judío, siendo relativamente nuevos aquí, se les notaba como niños recién ingresados a una casa extraña. Ambos hablaban inglés correctamente y en esa forma nos comunicábamos; sólo Maruja, que hablaba poco inglés, tenía dificultad de entenderse con ellos. Pero su bondad y cariño se los demostraba en toda forma. Rahmojan les estaba dando clases de castellano, y me había pedido ayudarlo en tal sentido. Por ello, procurando enseñarles nuestro idioma, me estaba familiarizando día a día con los dos. Se trataba de magníficos muchachos. Uno de 30 y el otro de 38 años, resultaban acá la prueba viva de la falsedad de nuestras convicciones políticas y religiosas que, al otro lado del mundo, arrastraban a la masa de sus pueblos a perseguirse y matarse a cada instante... En cambio, en Janlitpur, esos dos hombres trabajaban como hermanos y se sentían hermanos... Así me lo dijeron muchas veces. Y la prueba era que habían sido traídos, como nosotros, por un OVNI para ser adiestrados, también, para Ganímedes...
Así estaban las cosas, cuando una mañana, el Maestro me invitó a dar un paseo .por el campo. Rosita y los muchachos se entretenían, con la española, en arreglar y asear la casa, y los demás estaban en sus respectivas ocupaciones. Fuimos bordeando la laguna, y continuamos junto al riachuelo en dirección hacia el extremo del valle por donde descendían de las cumbres los hilos de plata de los arroyuelos que alimentaban ese curso de agua. Llegados al lugar, Rahmojan se detuvo ante los matorrales de un pequeño bosquecillo a cuyo fondo se divisaba una gran oquedad en la pared rocosa del elevado farallón.
–Todo este tiempo –me dijo– te he instruido sobre la necesidad de gobernar nuestras pasiones, de transformar nuestros instintos y deseos, de controlar todos los impulsos de nuestra psiquis para convertirnos en los dueños y señores de nosotros mismos; para no ser títeres de las circunstancias ni del prójimo; para vencer todas las tendencias hacia el mal, y practicar el bien... Hemos ido analizando cómo destruye el mal y cómo construye el bien, porque el BIEN y el MAL son fuerzas ciegas que coexisten en el Universo y que pueden influir sobre nosotros según nosotros estemos preparados para recibirlas. .. Les he enseñado, también a ustedes, que todas las fuerzas del Cosmos nos afectan, en una u otra forma, según como nosotros nos encontremos en esa "escala" simbólica del sueño de Jacob, que va ustedes conocen, que significa el Camino de la Evolución... Por tanto, las fuerzas del BIEN o del MAL influirán sobre cada uno en la medida en que cada ser se encuentre más o menos cerca o más o menos lejos de los peldaños inferiores de la mencionada "escala". Esto significa –ya ustedes también lo conocen,– que cada –escalón o nivel representa un grado menor o mayor de adelanto o atraso en la milenaria marcha hacia el Progreso... La fórmula sapientísima de Hermes Trismegisto: "Como es Arriba es Abajo" se cumple en todo el Universo, o sea que lo más ínfimo es como lo más grande, y que todo en el Universo y en el Cosmos marcha desde lo más pequeño y primitivo, hasta lo más grandioso y supremo...
Y siendo las fuerzas del MAL el resultado de la imperfección primita va en sus más amplios alcances, y siendo las fuerzas del BIEN, la resultante de la sublimación de valores en el otro extremo del Cosmos y de la Vida, o sea el simbolismo de la Escala de Jacob", el problema se reduce a ir subiendo los peldaños de la escalera, esforzándonos por alcanzar los niveles superiores que cada uno, paso a paso, nos aleja de las fuerzas inferiores, o del MAL, y nos acerca a las fuerzas superiores, o del BIEN... Pero en este trabajo, que alegóricamente parece tan sencillo, entra el juego de todas las fuerzas del Cosmos, o sea las infinitas influencias de todo orden que nos rodean, constantemente, en el curso de la Vida, tanto material, como psíquica y espiritual. Por eso es necesario cuidar, prolijamente, cuanto se relacione con nuestra evolución. No podemos llegar con rapidez a la Perfección, si no estamos debidamente preparados, si no contamos con las armas e instrumentos adecuados a la eterna lucha hacia el progreso; si no sabemos cuates son esas armas y cómo usarlas. Tú, al ser miembro de Nuestra Antigua Orden, sabes ya cuanto se relaciona con la marcha de la Evolución, los niveles o Planos de la Vida y la Ley de Pluralidad de Existencias o de la reencarnación... Pero te falta mucho, todavía, para conocer los secretos de la Naturaleza y los medios de que Esta se vale para ayudamos a subir en la simbólica escalera... Y muchos de esos secretos se refieren a la mejor conservación y cuidado de nuestro cuerpo físico, porque no hay que olvidar que somos un todo integral, un conjunto homogéneo y maravilloso de cuyo mejor o peor funcionamiento somos íntegramente responsables.
la mayoría de la gente, el hombre común de las ciudades y los campos, en mundos atrasados, aún como es el nuestro, ignora en su totalidad, cómo somos, cómo estamos formados, de dónde venimos y a dónde vamos... Cómo debemos portarnos y tratarnos si queremos vivir bien y ser felices... Si queremos avanzar en la escala del progreso, y si deseamos alcanzar las cumbres luminosas de la FELICIDAD y de la SUPERACIÓN... Y por esa ignorancia, desde los más remotos tiempos nuestra humanidad ha sufrido y sufre, muchas veces inútilmente... porque muchos sufrimientos son útiles cuando se conoce la verdad oculta de ellos... pero el que está ciego y sordo todavía, ni puede ver el abismo que lo acecha ni puede oír las voces de alarma que lo prevengan contra el mismo...
Y entre los muchos elementos que nos sirven de prevención, de ayuda y protección en nuestra marcha, está la forma como alimentamos y cuidamos nuestro cuerpo. Pues esta máquina maravillosa, como toda máquina material, requiere de cuidados y necesita combustibles adecuados. Si a cualquier máquina de acero la tratamos mal, no le damos el combustible adecuado, ni nos preocupamos por el lubricante que requiere, esa máquina marchará mal, se descompondrá y terminará por destruirse o malograrse... ¿Nos extraña que nuestro cuerpo, una máquina finísima, responda mal si la tratamos mal y no la alimentamos con los elementos adecuados para su normal funcionamiento...?
Mientras él hablaba habíamos ido avanzando, paso entre paso, por el bosquecillo. Ahora estábamos frente al gran boquerón que se adentraba en la pared rocosa del farallón. El Lama hizo una pausa, y mostrándome aquella oquedad me dijo que lo siguiera. Penetramos en una especie de túnel que se anchaba hasta formar una espaciosa caverna. Rahmojan prendió una linterna que trajera consigo y el recinto apareció enteramente cubierto de estalactitas y estalagmitas que brillaban con diferentes coloraciones al ser iluminadas. El espectáculo era bello en verdad. Las formas cristalinas se adentraban en el corazón de la montaña perdiéndose en la obscuridad del fondo. El ambiente estaba saturado de humedad y un frío intenso me obligó a arroparme nuevamente con la gruesa túnica que me quitara en el trayecto por los templados rayos del sol.
–Sólo estaremos un rato –me dijo el Maestro–. He querido mostrarte este lugar para que veas algo que te va a interesar. Mira...
Y dirigió la luz de la linterna hacia un rincón. Allí se veía un pequeño charco de agua en medio de unas peñas cubiertas por un musgo negro, y en todo el terreno aledaño a esos pedruscos crecían unas plantas raquíticas, de hojas carnosas de color azul obscuro, parecidas a los cactus.
–No las toques –me advirtió–; son venenosas. Aun al tacto pueden irritar la piel en forma grave... De esta planta sale el elixir que viste hace un tiempo en nuestro laboratorio. Aunque parezca absurdo: su jugó venenoso es transformado en un extracto que ayuda a conservar y prolongar la lozanía y juventud de los tejidos de todo nuestro cuerpo... Para cosecharlas hay que trabajar con pinzas, hasta el momento de su neutralización... Pero si esto tiene especial importancia como coadyuvante en todo el proceso, lo principal consiste en el género de vida, costumbres y alimentos que se empleen. Las claves de la longevidad podrían ser aplicadas por todos los seres. Pero en este mundo son muy pocos los que saben lograrlas, pues implican sacrificios, disciplinas y fortaleza de espíritu y de voluntad que no todos llegan a aceptar. Salgamos, y por el camino seguiré hablándote de este secreto milenario...
Los rayos del sol volvieron a confortarme. La cueva, con toda la bellezade sus estalactitas, me había causado una impresión penosa. Y la explicación acerca de esas plantas me había intrigado.
Mi estado de ánimo no pasó inadvertido para el Lama, Con una sonrisaburlona y su acostumbrado tono paternal, me recomendó activar mis esfuerzos por sobreponerme a las emociones.
–Quien no pueda dominar sus emociones, jamás podrá avanzar en los terrenos de la superación personal y de la transmutación del YO SUPREMO. Y quien no logre ser el dueño absoluto de su ser interno, de su psiquis, no puede pretender el triunfo en la conquista dé la perpetua juventud... Mucho pueden hacer ciertos alimentos, ciertas dietas y esa esencia de la planta que le acabo de mostrar... Pero la clave principal de este proceso está en nuestra alma...Aunque pueda parecerte exagerado, según el alma de cada uno, según e1 estado y funcionamiento de nuestro "Cuerpo Astral" oAlma, así será la marcha y los resultados posteriores en la evolución del cuerpo físico. Todos los metafísicos, los conocedores de los planos superiores de la vida, saben cómo y por qué las partes espirituales y fluídicas de todo el conjunto de nuestro YO, Influyen, actúan y modifican en las partes materiales, por la misma razón que en los mundos invisibles a partir de la Cuarta Dimensión, se planifican, dirigen y vivifican todos los hecho y las cosas del mundo material... Si tenemos en cuenta esta verdad esotérica, no nos será difícil comprender que nuestros pensamientos y acciones puedan influir decisivamente en la fisiología y desarrollo de toda nuestra vida orgánica. Las emociones, ideas y pasiones actúan directamente sobre todos y cada uno de los órganos de nuestro cuerpo físico. Este es un hecho ampliamente conocido. Todos sabemos que, por ejemplo: un violento acceso de ira o de terror puede producir un colapso cardíaco. Y es común el caso en que un gran temor o un gran susto devengan en trastornos del aparato digestivo y urinario. Muchas personas delicadas del hígado, acusan síntomas comunes de excitabilidad nerviosa y hasta caracteres irascibles coincidentes con crisis hepáticas y reversiblemente, determinadas emociones fuertes pueden motivar trastornos en dicho órgano... La gama de relaciones entre lo visible y lo invisible es infinita. Por eso, la base de un adiestramiento hacia la longevidad radica en nuestra parte psíquica... Si dejamos que nuestros pensamientos, nuestras formas de idear y de actuar, sean violentos, depravados, venenosos, estamos cargando de venenos mentales y fluídicos nuestro organismo. Es como si echáramos limaduras de hierro en el lubricante de un motor, o si mezcláramos el combustible con substancias neutralizantes y ajenas a la combustión. Malograríamos por completo ese motor... Así también, malogramos, a cada instante, el normal funcionamiento de todos los órganos de nuestro cuerpo, según introduzcamos en él elementos físicos o psíquicos inapropiados. Y esto es lo que hace, cada día, la generalidad de los humanos...
Caminábamos, otra vez, junto al riachuelo. El Lama se detuvo, contempló un rato las vertientes iluminadas por el Sol y dijo, como si hablara consigo mismo: –Qué lindo espectáculo... tenemos el agua más pura que se podría desear... Miles de años han sido lavadas esas rocas por las aguas de deshielo de las cumbres, y acá no hay nada ni nadie que enturbie o contamine esta corriente.
–Permítame, Maestro; ¿cómo es posible que vivan esas plantas en la obscuridad de la caverna?
–Es una especie que no pertenece a este mundo. Fue traída por Hermanos Superiores de aquel otro astro que tuvieron comunicación con Nuestra Orden desde hace más de tres siglos. Ya tú sabes, y lo has dicho en tu libro, que los habitantes de Ganímedes vinieron muchas veces, en distintas épocas, a visitar y ayudar a determinadas personas o pueblos. Sabes también, que Nuestra Orden es muy antigua... Mi Maestro me explicó lo mismo, y me enseñó lo que yo les enseño a Uds... Esas plantas fueron traídas en envase hermético, pues la luz del sol las malogra por completo. Así también, tenemos que sacarlas de la cueva cuando se necesita cosechar una parte. Bastan pequeñas cantidades de los carnosos tallos para la producción del elíxir, porque éste, a su vez, es empleado sólo por gotas. Más adelante irás conociendo todo cuanto sea necesario; pero debes tener presente que el uso de tal fármaco requiere conocimientos y preparación especiales: no todos lo pueden emplear, pues si lo usaran quienes no observen simultáneamente el régimen de vida y alimentación que nosotros seguimos, podría tener resultados fatales...
|