MI PREPARACION PARA GANIMIDES

JOSIP IBRAHIM

CAPITULO XVI


MI Viaje Astral a la Luna

Pasaron varias semanas desde mi primer desdoblamiento y la visita que, en compañía del Maestro, hiciéramos al Perú. Durante ese lapso, practiqué dos veces más la salida consciente de mi cuerpo, siempre vigilado por él, y me sentí muy feliz cuando me dijo que me preparara para hacer un viaje de ensayo a nuestro satélite, la Luna. Esto era ya un notable progreso. Todas mis reservas anteriores habían sido superadas, y esperaba con verdadera ansia el momento de poder salir de la Tierra y aventurarme en el espacio a conocer nuevos mundos.
Dumpbahar me explicó el motivo de tal viaje, manifestando que deseaba asegurarse de mi satisfactorio estado y preparación, a fin de intentar, con toda seguridad, una visita a Ganímedes en próxima oportunidad. Así pues, recibí con alegría su orden de estar listo para ir a la Luna, con él, a la noche siguiente. Esta vez había escogido un horario nocturno para disponer de todo el tiempo necesario en una prueba tan importante como interesante. De tal suerte, al llegar el momento propicio, me encontraba como el escolar cuando su profesor le anuncia un premio...                                                           
Eran las nueve de la noche escogida. Acabábamos de reposar la cena con un rato de amena charla en el''grupo de compañeros del Hogar cuando Rahmojan me hizo seña de salir. Ya tenía las cosas dispuestas y todo preparado en la Cripta. Me despedí de mi mujer, mis hijos y los demás, que ya estaban enterados del plan, y salimos juntos para el Templo.
–Vas á conocer nuevas experiencias, de gran valor –me dijo, mientras ingresábamos en el Monasterio–. La Luna, contra lo que todos los profanos creen, está habitada; pero por seres astrales invisibles para el ojo y los instrumentos humanos de hoy. Tú lo vas a comprobar y no debes atemorizarte con lo que veas y escuches, pues estarás protegido por mí en todo momento. Además, ya tu aura posee rayos muy hermosos y la potencia lumínica suficiente para protegerte de aquéllos, y esta experiencia te servirá de ensayo para realizar, con mayor seguridad, una próxima visita al mundo en donde se encuentra nuestro Hermano Pepe...
Una vez en la Cripta, "nos tendimos en nuestros respectivos camastros de mármol, a los que ya había llevado las mantas y almohadas en la tarde. Oramos como de costumbre, y relajando todo el cuerpo me dispuse a ejecutar el ejercicio ya conocido. Pocos minutos después me separaba lentamente del cuerpo físico que ahora reposaba en profundo letargo. El Maestro me esperaba ya, flotando en el aire a los pies de su cuerpo, y me invitó a seguirlo. Igual que la vez anterior, pasamos a través de los muros de la Cripta y del Templo y nos encontramos volando por encima del valle. Dumpbahar había esperado para este viaje una noche de plenilunio, magnífica. El astro iluminaba bellamente las cumbres plateadas de las montañas, y parecía como si nos llamara, sonriente y bondadoso. Con nuestro pensamiento iniciamos la gira raudamente; pero el Lama me dijo que controlara ese mandato mental para no realizar un vuelo instantáneo. Quería que gozara de la maravillosa experiencia y me fuera compenetrando en la asombrosa pero común facultad de viajar astralmente fuera de nuestro mundo. Y yo gozaba, como un niño en paseo de vacaciones, de aquellos momentos de inefable plenitud y de absoluta libertad de todas las trabas de la Tierra. Nuestro planeta se veía ahora, como una enorme bola azul plateada en la negrura del cielo tachonado de estrellas, y la Luna se iba agigantando a nuestra vista igual que un disco o un reflector que, cada minuto crecía y crecía hasta volverse mucho más grande que la Tierra ya lejana. Veíamos marcarse los relieves, las montañas y los cráteres, cada vez con mayor nitidez, y poco después volábamos en torno de ella como podríamos haberlo hecho dentro de una nave espacial. Pero en nuestro estado fluídico, la visión era completa y libre de todo obstáculo. Pensé que nuestros astronautas emplean casi tres días en ese viaje, que nosotros estábamos realizando en minutos. Rahmojan captó mi pensamiento y me sonrió. Dimos una vuelta completa en tomo al satélite y descendimos sobre uno de los extensos cráteres que nuestros astrónomos denominan "mares". No me llamó demasiado la atención, porque recordaba haber visto algo igual en la televisión cuando los astronautas llegaron a la Luna. No se veía a nadie, pero pude percibir claramente, alo lejos, como un rumor de torrentes, marejada embravecida o el rugir del viento huracanado. Naturalmente, allí no había ni agua ni aire. Dumpbahar leyó mi mente y me dio la respuesta:
–Esos rumores provienen de la otra parte, la obscura, que está a espaldas nuestras. Son los habitantes de quienes te hablé cuya multitud se agolpa en la cara del astro que no recibe la luz solar. No podrían soportarla aquellos seres, como ya te expliqué en mis clases anteriores. Ahora vamos a ir para allá y te prevengo de no atemorizarte. Ya sabes que nada debe causarte miedo, pues, aunque vas a contemplar escenas terroríficas nada podrán hacerte estando yo contigo...
Con la rapidez del pensamiento volamos a la otra parte del astro. Era, verdaderamente, horrible cuanto allí se veía. Un enjambre gigantesco de seres de formas a cual más grotescas y repugnantes, se debatía en toda la superficie de la Luna desconocida por los hombres. Era cual una muchedumbre de animales fantásticos, engendros caricaturescos de humanoides mezclados con las más variadas formas zoológicas. Entidades repugnantes, mezcla de reptiles y de pájaros, volaban sobre la masa de bestias que se arrastraba o saltaba sobre el suelo... Grandes murciélagos que, al desplazarse, cambiaban de forma, como si se diluyeran en el espacio, espectrales figuras con rostros deformes y cuerpos alargados como serpientes, que se enroscaban unos en otros y producían una infernal algarabía... Las más espantables descripciones del Dante, y las figuras fantásticas más repulsivas de los dibujos de Alberto Durero, el gran pintor del Medioevo, serían pálidos reflejos ante la muchedumbre de seres heterogéneos y terroríficos ahora contemplados por nosotros. Todas las formas de reptiles de la Tierra; infinidad de engendros mezcla de animal y de humanoide, y figuras espectrales que se desvanecían y volvían a formarse, nos rodeaban y muchas de ellas se acercaban haciendo muecas y ademanes amenazadores; pero el aura del Maestro resplandecía con rayos intercambiantes de hermosas tonalidades entre blanco celeste y dorado, y aquella multitud de seres se alejaba de nosotros huyendo del radio de acción de la luz de nuestras auras, a medida que avanzábamos. Al acercarnos, aullaban, silbaban y rugían con todas las formas de estridencias que sería imposible interpretar por no tener parangón en nuestro mundo...
–Ya estás comprobando, por ti mismo, lo que te había prometido. Esta es la población limar que nuestros astronautas ni siquiera han podido imaginar. Hubiera sido necesario que se tratara de clarividentes y clariaudientes, para poder saber que la Luna tiene esta clase de habitantes. Pero sólo en la Cuarta Dimensión podemos conocerlo... Ahora bien; esto tiene una influencia tremenda en las relaciones astrales de uno y otro mundo. Voy a mencionarte cómo, en verdad, estos seres, en sus infinitas variedades y formas, llegan a tener contacto con nuestro mundo y pueden influir sobre los hombres. Mas, ahora que ya sabes de su existencia, volvamos a la Tierra, con calma, sin apresurarnos, porque en el trayecto voy a darte esas lecciones que de esta manera, se grabarán mejor en tu conciencia...

***

Sabemos bien que la Luna influye, notablemente, en diferentes aspectos de la vida en nuestro planeta. Su atracción determina las mareas en los océanos, y su magnetismo se deja sentir en los fenómenos climáticos. La agricultura conoce, muy bien la influencia selenita en los movimientos de la savia en los vegetales, y sirve de ayuda para normar las siembras y las cosechas, lo cual ha sido de conocimiento general desde antaño. También la Luna actúa como reguladora de muchos procesos vitales, como los ciclos periódicos de la mujer, y por tanto, entra en relación con las fechas propicias o ineficaces de la procreación. Y, lógicamente, esa influencia alcanza, también, a la gestación y fecha de nacimiento de los fetos. En cirugía, se ha podido comprobar que ciertos períodos en las fases limares, favorecen la cicatrización de las heridas, y otros la alargan. El cabello, la barba y las uñas crecen con mayor rapidez cuando fueron cortados en las fases dé cuarto creciente y plenilunio, y muchos aspectos de procesos quirúrgicos o de ciertos tratamientos médicos son afectados directamente por nuestro satélite. Esto era conocido por los astrólogos desde la más remota antigüedad, y algunos galenos actuales –muy pocos en verdad– lo saben y lo observan, aunque no se lo digan al paciente, pues es preciso que ambos lo sepan, o de lo contrario se expondría el médico a caer en el ridículo de la profana ignorancia...
Pero k> que es muy poco conocido: mejor dicho, conocido por aquellos que participan de la sabiduría cósmica de los iniciados, es la influencia que ejercen en los seres de este mundo esos otros seres invisibles que habitan el lado obscuro de nuestro satélite. A muchas personas se les llama "lunáticas" en el lenguaje popular, por la manera de comportarse en determinadas ocasiones. Y el apodo, común en todos los pueblos de acuerdo a las modalidades de lenguaje de cada país, no es otra cosa que el fruto de la experiencia milenaria, a pesar de que nadie sepa explicar el "porqué". Y, sin embargo, todos conocemos que la Luna puede afectarnos, más o menos, según sea la sensibilidad y la mayor o menor fuerza nerviosa y volitiva de cada uno. Nadie segará que hay personas que, en ciertos períodos mensuales se sienten deprimidos, a diferencia de otros días del mes en que están más eufóricos y animados. La psiquiatría conoce, también, cómo determinados enfermos se 'manifiestan de diferente manera en unas semanas o en otras, y yo puedo asegurar, por experiencia propia y de varios de mis hermanos de la Orden, cómo observé, desde hace muchos años, la influencia lunar en el desarrollo de mi diaria vida y actividad.
Pude apreciar, y ahora lo comprendo, perfectamente, cómo en los catorce días de las fases de menguante y luna nueva, o luna negra, iban disminuyendo para mí las probabilidades de éxito en cualquiera gestión. Se me dificultaban los negocios; se entorpecían las relaciones con ciertas personas, se alteraba mi normal serenidad y me veía, muchas veces, enfrentado a situaciones capaces de hacer perder la ecuanimidad a la generalidad de las personas. Yo mismo, antes de lograr los frutos de este adiestramiento, caí, a menudo en esos equivocados accesos de cólera, de descontrol y de abatimiento. Y siempre coincidían los períodos mencionados negativos, con las susodichas fases de la Luna: el cuarto menguante y la Luna negra. En cambio, al comenzar el cuarto creciente y llegar al plenilunio, o Luna llena, su carácter cambiaba y mis asuntos se iban arreglando, hasta lograr éxitos que antes desconfiara obtener. Tales observaciones, repetidas durante largos años, en conexión con mis estudios en la Orden, me llevaron a conclusiones que determinaron el hecho de repartir mi tiempo y mis ocupaciones en conformidad con las fases del satélite. Desde entonces, todo se fue modificando y pude comprobar cómo, en verdad, dichas fases influían notablemente en la marcha de mi vida diaria.
Pero la verdadera causa; la forma en que esa influencia era ejercida sobre mí, igual que sobre todos los humanos, no me había sido revelada, aún, sino de manera muy subrepticia. Sabía, ya, adecuarme a las influencias lunares para sacar el mejor partido en mi diaria lucha por la vida. Pero sólo ahora llegaba para mí la verdadera causa, el motivo intrínseco y real de aquellas influencias tan notables, al conocer la población lunar y el mecanismo de su acción sobre la Tierra.
Varias de las otras interferencias, en el campo de la física y del magnetismo, según lo anotado al principio, son lógicos resultados de las fuerzas físicas y magnéticas del satélite actuando sobre nuestro mundo. Pero ¿pueden influir estas fuerzas en los campos de vida espiritual, mental, intelectual, psíquica y moral?... ¿Es aceptable suponer que los hechos y las relaciones de seres vivos e inteligentes, en su vida íntima y en su comunicación con otros seres vivos e inteligentes, como los seres humanos, se vean modificados o alterados en su relación sustancial y en la manera de pensar o de actuar de consuno por causas meramente físicas? No es lógico. Es posible pensar que ciertos hechos de orden físico tales como alteraciones de la corteza terrestre, meteoros, fenómenos telúricos y otros, puedan alterar ciertas relaciones entre las personas con respecto a determinados planes. Pero no es aceptable que tales fenómenos lleguen a modificar maneras de pensar o de actuar a largos plazos, ni menos alterar de modo intrínseco las normas de la vida de un sujeto en plazos tan cortos como los que median entre las cuatro fases mensuales de la Luna. Ello sólo puede obedecer a causas igualmente de orden psíquico, a la intervención de fuerzas vivas actuando sobre las energías vivas de los seres... a fuerzas mentales influyendo en la voluntad y la mente de los otros seres... a organismos fluídicos introduciéndose en los otros cuerpos fluídicos del hombre... En fin, que efectos de orden moral, mental y psíquico no pueden ser modificados sino por otros agentes o causas de igual orden y entonces tenemos que aceptar que tales influencias de la Luna no pueden ser atribuidas a la masa inerte del astro, con su magnetismo y sus fuerzas de atracción y repulsión, sino que requieren la presencia y la acción de fuerzas vivas y con cierta dosis de inteligencia...
Tenemos, entonces, explicado el problema. Existiendo allá una población de seres como los que acabamos de describir, dicha influencia obedece a la acción directa de los mismos, actuando en los momentos en que mejor, pueden ejercerla, o sea en los períodos en que pueden ponerse en contacto, libremente, con la Tierra. Sabemos que por su condición de atraso en la evolución, permanecen confinados en la parte obscura durante los días en que la Luna recibe la luz solar que los afecta. A medida que esa luz va desapareciendo, se van diseminando hacia las partes obscuras del satélite, y pueden, como formas astrales que son, llegar hasta la Tierra y actuar, también, en las. horas y en los lugares mas propicios y desprovistos de luz del planeta, atacando a los humanos en relación directa con su mayor o menor sensibilidad yfalta de dominio, y entorpeciendo con su alocado entrometerse, todos los asuntos sujetos a la voluntad de los hombres, tales con» negocios, relaciones públicas, familiares e institucionales, etc., hasta que en su máximo desarrollo, cuando la luna negra les es más propicia, alcancen a su máximo poder de manifestación...                                                                 
Si meditamos bien en esto, tal ver logremos desentrañar el misterio de muchos de nuestros problemas, a través del largo peregrinaje por la vida en este mundo. Y también podremos hallar la manera de contrarrestar dichas influencias. Para ello, nuevamente, habremos de aprender a desarrollar nuestra voluntad y a dominar nuestro pensamiento y gobernar nuestros impulsos, única senda para lograr el triunfo en nuestra vida y en la evolución total...

 

 

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