Capítulo 6

 

La historia de Galacia

 

L

os hermanos de Jerusalén vinieron a visitar la iglesia de Antioquia sin saber que, en el mismo momento, una crisis mucho mayor estaba ocurriendo en Galacia.

 

Los judaizantes que viajaron a Galacia intentaban circuncidar a los hermanos en las cuatro iglesias o destruirlas. Sí, es un momento muy indicado para los ancianos. Y aquellas iglesias tenían ancianos.

Aquellos judaizantes de Jerusalén, ahora en Galacia, no conocían de la decisión tomada en Jerusalén. Y en Antioquia ni en Jerusalén, ni Pablo, ni Bernabé, ni los Doce, tenían conocimiento alguno de aquellos judaizantes en Galacia. Cuando Pablo se enteró de su presencia y la destrucción que estaban causando, se sentó y escribió la primera pieza de literatura cristiana que jamás se había escrito. Nosotros lo conocemos como el libro de Gálatas.

La carta que nosotros llamamos el libro de Gálatas tiene seis páginas de largo.

Recordemos que esta carta está escrita a cuatro iglesias – todas jóvenes, gentiles. Estas iglesias están compuestas por ex-paganos; iglesia que tienen entre dos años y medio y cuatro años. Todas tienen ancianos (Hechos 14:23). ¡Oh! Pero aquellas cuatro iglesias también tenían hermanos y hermanos.

Antioquia maneja la crisis sin ancianos. Jerusalén maneja la crisis con plantadores de iglesias y ancianos. ¿Pero qué ocurre en Galacia? Galacia tiene ancianos (no hay presentes plantadores de iglesias). ¿Quién maneja la crisis en Galacia?

Recordemos, en tanto que Pablo está escribiendo para tratar de solucionar sus problemas, esas cuatro iglesias se hayan en crisis y caos. Algunos creyentes se han rendido y han sido circuncidados. Otros están guardando el sábado y siguiendo el calendario judío con lunas y festivales. Por otro lado, algunos han rehusado a circuncidarse. La confusión reina por doquier.

En medio de todo esto, ¿Pablo piensa en los ancianos? ¿Acaso piensa ponerse a escribir a los ancianos? Debería hacerlo. (¡Yo lo hubiera hecho!)

¿O piensa en hermanos y hermanas?

La carta que Pablo escribió a aquellas cuatro iglesias revela el trabajo interior de una iglesia en el primer siglo. Quizá revela la verdadera vida de la iglesia... un tipo de vida que no somos capaces de imaginar. Esa carta también nos ayuda a ver claramente el puesto vacante de un obrero itinerante.

Cada vez que Pablo piensa en términos de aquellos hermanos que deberían estar “a cargo” durante estos momentos de crisis, él solo piensa en hermanos y hermanas. Lean la carta. En medio de la masacre, ni uno de los ancianos pasa por la mente de Pablo. Nunca habrán visto una iglesia en crisis tan grande. Yo no la he visto. Nadie la podrá volver a ver. Sin embargo, Pablo no se vuelve hacia los ancianos como fuente de ayuda para resolver la crisis.

Aceptando la enseñanza de nuestros días acerca de los ancianos estaremos obligados a creer que si el anciano no saltó sobre la crisis para solucionarla, lo debería de haber hecho. Ellos deberían de, quizá, haberlo hecho de forma rápida, en forma calculada y yendo de frente hacia ella. Esta conducta se lleva a cabo en nuestros días en crisis mucho menores. ¿Quizá los ancianos deberían haber arrojado a algunos fuera de la iglesia?

¿Todo tipo de disciplinas? ¿Todo tipo de excomunicaciones? ¿Todo tipo de órdenes e instrucciones? ¿Autoridad de principio a fin?

¡No lo encontramos! No lo encontramos en la historia de los galateos. Tales prácticas e ideas ¡no existian! Solamente consideren este hecho; y estarán forzándose a reconsiderar la enseñanza tradicional acerca de los ancianos.

Esta es la realidad.

La única persona de cualquiera de las iglesias de galacia que se adentró en la crisis, fue un muchacho de Listra. Tenía entre diecisiete y veintiun años (un futuro plantador de iglesias en Galacia) No era un anciano al rescate, sino un simple muchacho.

Pablo envió su carta a Galacia.

Luego Pablo y Silas, partiendo de Antioquia, pusieron rumbo a Galacia.

Estos dos hombres, plantadores de iglesias, vinieron a las iglesias de Galacia para limpiar los restos de la crisis. Al escribir su historia, ni en Hechos ni en Gálatas, son mencionados los ancianos. Observemos, una vez más, que los únicos actores en escena son (1) los dos plantadores de iglesias y (2) los hermanos y hermanas, más un joven mestizo – mitad judío, mitad gentil – llamado Timoteo. Éste fue el único que saltó en medio de la crisis e hizo algo. No sabemos qué fue específicamente lo que hizo, pero cualquier cosa que hiciere, impresionó a todos, incluyendo a hombres mucho mayores que Timoteo.

¿Acaso leemos en Hechos 16:2 “los ancianos daban buen testimonio de él”? No. En Hechos 16:2, hablando del joven Timoteo, leemos: “De éste daban buen testimonio los hermanos...” De nuevo en este pasaje de nos da una ventana para poder ver el espíritu de la iglesia del Nuevo Testamento. Vemos su forma de pensar. Aquí no hay forma de pensar de los ancianos, sino la forma de pensar de los hermanos y hermanas.

La única otra persona que entra en el plano de la crisis es el plantador de iglesias.

Si tú eres uno que enseña la posición de anciano a la Lutero, Calvino y especialmente Darvy, por favor, explica la ausencia de cualquier referencia hecha sobre los ancianos o supervisores en la carta a los Gálatas.

Ahora tomemos una atención mayor a esta carta que Pablo escribió a los galateos. De cualquier manera y forma que hemos sido enseñados acerca de los ancianos, esta carta – flameante carta escrita con pasión e ira – tenía obligatoriamente que haber comenzado diciendo “...a los ancianos de Galacia...” o “... a los hermanos y hermanas, y a los ancianos...”

Lean la carta. Pónganla boca abajo, o si quieren, de lado. Léanla de arriba abajo. Léanla de atrás para adelante. Léanla en griego o en latín. Léanla de cualquier forma y manera que deseen puesto que no van a encontrar nada, ni idea, ni pensamiento, insinuación ni implicación de que los ancianos existían en esas cuatro iglesias.

Esas cuatro iglesias tenían ancianos. No obstante, en una situación tan caótica como esta, no existe idea alguna próxima a los ancianos. ¿Por qué? Porque nosotros hemos malentendido lo que eran los ancianos. En una crisis como esta, un joven de Listra, llamado Timoteo con las mismas iglesias, representados por sus hermanos y hermanas escaparon de la tormenta ¡y triunfaron! El centro de la iglesia no fue dominado por ancianos, pastores o diáconos. La actividad central de la iglesia surgía de su propio centro, los hermanos y hermanas. ¡Y triunfaron por sobre aquellos judaizantes provenientes de Jerusalén!

Aquellos de ustedes que demandan sumisión a los ancianos, aquellos de ustedes que han aplastado al pueblo de Dios en una mini-crisis, aquellos de ustedes que han dividido las iglesias, excomunicado a personas y han pontificado acerca de la importancia y santidad de un anciano... ¡traten de entender esto! Toda la evidencia nos demuestra que: Las iglesias del primer siglo eran conducidas por los hermanos y hermanas ¡y no los ancianos!

Pero si los ancianos no se enfrentan a la crisis ¿quién entonces se encarga de hacerlo?

La respuesta es simple y obvia.

El hombre más necesitado, pero el hombre nunca deseado: el plantador de iglesias.

¿Quién otro?

Un pueblo – el de Dios – los hermanos y hermanas, que anteriormente han conducido la iglesia.

El escenario aún no ha sucumbido. Los actores principales de la iglesia del siglo primero aún siguen siendo, el pueblo de Dios y el plantador de iglesias.

Nunca nos encontraremos en una crisis mayor que esas cuatro iglesias. No obstante ustedes traen a los ancianos al frente. Disciplinan al ya herido pueblo de Dios, le reprimen. Les ordenan regresar. ¿Por qué? Porque están teniendo algún pequeño problema, desavenencia o amenaza hacia su puesto, su título, su autoridad. Señor esto es cristianismo barato. Demasiado barato.

La única razón por la que pueden llevar a cabo este tipo de conducta es porque carecen de un plantador de iglesias. (Los plantadores de iglesias eran los héroes de los creyentes, no de los verdugos) Tales hombres detendrían sus conductas inmediatamente. La única razón por la que puede llevar a cabo estas conductas se debe, simplemente, a que tienen un título. Ese título carece de valor alguno a no ser que le haya sido dado por (1) un plantador de iglesias y (2) el pueblo de Dios. La posición de anciano, no tiene razón de existir a no ser que contenga estos dos ingredientes.

Si te atreves, sé un anciano, ocupa una posición y enarbola un título. Pero, entonces, deberás saber esto: esos títulos, cargos y posiciones no los has recibido por un medio conocido en la comunidad de creyentes del siglo primero.

Nos encontramos ahora al final del verano de año 50.

Han pasado ya 20 años de aquél día de Pentecostés. Ya hay en existencia un pedazo de literatura cristiana – la epístola Gálatas. Pablo y Silas están en Galacia, pero solamente por pocos días. Después de esto, los plantadores de iglesias abandonan Galacia. Los plantadores de iglesias itinerantes tiene el hábito de hacer esto. Las iglesias de Galacia estuvieron en crisis por varios meses, no obstante Pablo las visitó por quizá un par de semanas... y las abandonó de nuevo. Lo que es más, Pablo y Silas quitaron de esas iglesias la única ayuda decente que poseían. ¡Se llevaron a Timoteo! Luego abandonaron Galacia y fueron a Europa.

Tomen nota, por favor, que nos encontramos con viajes, itinerantes, foráneos, extranjeros hermanos que plantan iglesias y las abandonan cuando están en su infancia. Si alguna vez se ha preguntado cuan simplemente los hermanos y hermanas podían dirigir la iglesia, sin libros, edificios o Biblia, la respuesta es simple: se tiraron al agua y nadaron. Aprendieron a dirigir fácilmente. En la era protestante nunca nos hubiéramos atrevido a hacer esto y en consecuencia el pueblo de Dios nunca aprendió a dirigir.

Nos vamos ahora a Europa.

Pablo, Silas y Timoteo llegan a la ciudad de Filipo en el norte de Grecia. Estamos al final del verano del año 50. 

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