Capítulo 2
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B |
asta de
versos y “textos probados” . Al ver el modelo
del siglo primero, surge la revolución y la liberación .
Encontraremos
a los ancianos tal como eran hace 2000 años. ¿Cómo? Mirando la historia... toda
la historia... la historia completa.
Viajaremos a través de la historia en forma cronológica. Miraremos a las circunstancias que acompañan la historia. En la medida que miramos lo que está ocurriendo, mantendremos un ojo en el reloj, vigilantes cómo va marcando el paso del tiempo. Observaremos los espacios de tiempo que ocurrieron entre los libros que cuentan la historia del Nuevo Testamento – y, por supuesto, veremos las epístolas en ese orden – y el tiempo y las circunstancias que ocurrieron, no solamente en las epístolas, sino en todos aquellos versos que en un tiempo nos fueron arrojados.
Haremos notar en forma especial los eventos que ocurrieron entre esas epístolas y, al así hacerlo, los versículos perderán la interpretación que se les es dada en el día de hoy.
Quizá la pregunta más explosiva que contestaremos cuando veamos a los ancianos, será: ¿Quién ordenaba los ancianos? Parece que nos hemos olvidado mirar no solamente a quién escribió esos versos, sino quién era aquel que ordenaba a los ancianos. Este probablemente es el más claro y posible ejemplo de cómo aquellos que claman estar enseñando “solamente la palabra de Dios”... no lo están haciendo.
Cuando se utilizan aislados versos y enseñanzas por medio de un método que es como un rompecabezas... y luego cuando este método es puesto a un lado y se deja a la historia que surja por sí misma, algo completamente nuevo surge perfectamente enfocado y claro. No es improbable encontrarse con un completamente nuevo Nuevo Testamento.
Si las enseñanzas de nuestros días, acerca de los ancianos, fueran correctas, entonces los hechos surgirían de la historia por sí mismos. La historia contendría un anciano similar a la práctica actual del oficio de anciano. Pero esto no sucede.
Donde vemos a la historia luchar contra la mezcolanza de versos aislados, la historia gana y la doctrina construida sobre versos se desmorona como un castillo de cartas. Los versos y la lógica no tienen más remedio que echarse a un lado para dejar pasar a la historia. Podrás pensar que tienes versos que prueban tu punto de vista sobre los ancianos. Probablemente los tienes. Pero la historia nunca va a estar de acuerdo contigo. Amigos, no están ahí, no existen. No hay ninguno. No en la historia.
Si, en el día de hoy, el anciano estuviera basado en la historia del Nuevo Testamento, en lugar de versos, entonces podríamos esperar surgir de la historia a un anciano que no estuviera en control de la vida espiritual de todos los demás. (Y mucho menos en control de la vida entera).
Por otro lado, si situamos la práctica y los ancianos sobre la historia del Nuevo Testamento, encontraríamos a los ancianos, a los ancianos del siglo primero, ordenando las vidas de los demás y totalmente en control de la iglesia. (Hombres con versos a menudo enseñan que es el derecho de los ancianos. Si alguna vez escuchas eso, ponte a cubierto.)
Ancianos, pastores... sumisión a la autoridad... esas enseñanzas las vas a encontrar en versos fragmentados. Pero no los vas a encontrar en la historia.
Sin la historia, solamente utilizando los versos, podemos ser enseñados que los ancianos deberán estar en control de las reuniones de la iglesia. Veríamos al resto del pueblo de Dios en un puesto muy secundario de la iglesia y en ningún momento en puestos de liderazgo. Pero la historia nunca nos muestra este escenario.
También esperaríamos que la historia nos revelara que virtualmente, todos los problemas de la iglesia eran manejados por los ancianos y solamente por los ancianos. Veríamos a los ancianos marcando la agenda y la dirección de la iglesia. Pero no está ahí, no está en la historia.
También esperaríamos ver, en la historia del primer siglo, ancianos ser grandemente respetados, con todo el resto (los laicos), teniendo gran deferencia con ellos.
En cada gran crisis encontrada en el Nuevo Testamento, esperaríamos encontrar a los ancianos al frente y en el centro y en control. Esperaríamos que esos apóstoles que ordenaron a esos ancianos, hablaran directamente a los ancianos sobre los problemas de su iglesia. Y las cartas de los apóstoles hablarían a los ancianos acerca de cómo manejar las crisis en las que las iglesias se encontraban.
La historia se rehúsa a darnos esas escenas.
En cualquier crisis mayor, esperaríamos que los protagonistas serían los ancianos. Tampoco sucede. No en la historia.
Lo que vas a leer es a los ancianos tal como los encontramos en el drama de la historia. Para ser exactos, comenzaremos el domingo, 29 de Mayo del año...