Capítulo 19

 

I & II Pedro y Hebreos

 

¿

Debemos de ver primero Hebreos o 1 Pedro? Es interesante saber que la epístola de Pedro fue escrita antes que la epístola a los hebreos.  

 

Comencemos, por tanto con la primera carta de Pedro. Pero antes de comenzar a citar nada de esta carta relacionado con los ancianos, sería muy sabio conocer las circunstancias en las que fueron escritas las cartas, I Pedro y Hebreos.

La última carta de Pablo – II Timoteo – y las cartas de Pedro, tienen bastante en común respecto a que en ellas se refleja un presentimiento entre los cristianos por todo el Imperio Romano. Un sentido de temor, sobre un desastre próximo ensombrecía la obra de Dios por todo el imperio.

Esta carta fue escrita por Pedro alrededor del año 65. La segunda carta a Timoteo fue escrita probablemente en el año 67. Eran años difíciles, problemáticos. Ninguno de los dos hombres viviría muchos años más.

Por otro lado, es difícil conocer el escenario del libro de Hebreos. Es probable que haya sido escrito por el año 69, no mucho antes de la caída y destrucción de Jerusalén.

Es suficiente decir que una avalancha de persecuciones espera a las iglesias por todo el imperio. Nubarrones se ciernen sobre la iglesia. Los miedos y las aprensiones están empezando a justificarse.

Crecía la turbulencia en Jerusalén y en todo Israel. A través de todo Israel, surgían mensajes de rebelión contra Roma. Crece entre los judíos una enseñanza que dice: “Si nos rebelamos contra Roma, el Mesías vendrá. Nos rescatará del emperador. Destruirá el Imperio Romano. Sólo está esperando que actuemos

Pedro sabía que si Roma invadía Israel por la fuerza, los cristianos huirían. Las enseñanzas de Jesús sobre lo que hacer cuando el ejército de Roma les invadiera, estaban muy claras en sus mentes. La pregunta clave era ¿huirían los judíos cristianos también? Pedro se hubiera sonreído ante el pensamiento, o se hubiera avergonzado, pero no había duda que sabía la contestación a la pregunta.

Los judíos cristianos, en Jerusalén, Judea y Galilea huirían hacia ciudades al norte con iglesias gentiles. De hecho, estos judíos terminarían en iglesias plantadas por Pablo.

¡Qué ironía!

Esto es, Pablo – o el octavo hombre a quién él entrenó para tomar su lugar – había plantado las iglesias donde los judíos huirían. En casi todas las zonas, los judíos que marchaban al norte, acabarían siendo parte de las reuniones plantadas por el siempre controversial Pablo. Hasta en Roma, si huían tan lejos como Roma, ¡o en Creta!

Después de la caída y destrucción de Jerusalén, la mayor parte de los judíos huyeron hacia el norte y terminaron formando parte de las iglesias paulinas.

¿No es esto increíble?  ¡Ganó el exilado!

Cualquiera que escribiera el libro de Hebreos, lo hizo con este decorado en el escenario. Estaba anticipando lo que se avecinaba en forma de múltiple problemas. Existe la posibilidad que Hebreos se haya escrito al mismo tiempo que los ejércitos de Roma  ponían rumbo contra Israel para dejar arrasada Jerusalén.

Con esta escena en mente – judíos cristianos huyendo de la invasión romana y próximos a convertirse en parte del mundo gentil – leamos el pasaje que Pedro escribe sobre los ancianos. Pedro está hablando como un anciano y hablando a aquellos que solían ser ancianos en Judea.

Yo soy un anciano, ustedes son ancianos; les estoy hablando a ustedes como iguales.

Pedro, entonces, hace una apasionada súplica hacia los hermanos para que no se enseñoreen del pueblo de Dios. Puesto de otra manera, Pedro les pide que den ejemplo: No sean dictadores. Esto significaría marcar un ejemplo de paciencia, compasión, y tolerancia.

¿Está el ojo de Pedro sobre los ancianos judíos, o los gentiles  ancianos? ¿En ambos?

¿A quién Pedro pone por ejemplo de imitación a los ancianos? Para todos los ancianos, Pedro presenta a Jesucristo. Él dice a todos esos ancianos, pensad en el Gran Maestro. El anciano llamado Pedro continúa diciendo:

Tan seguro como que compartiré la gloria con el Señor a su retorno, igual vosotros si tuvisteis cuidado del rebaño de Dios. Si habéis sido buenos vigilantes y si habéis vigilado gustosamente y no porque erais pagados por vigilar. Puesto que no estáis sirviendo a los hombres, estáis sirviendo a Dios. Tened esto presente.

Lo que Pedro está diciendo a estos hermanos puede resumirse en esto: Conducid con el ejemplo. Tened cuidado y compasión por la iglesia de Jesucristo. Imitar a Jesucristo y no olvidéis que Dios os está observando.

Pedro habla luego a aquellos que no son ancianos especialmente a los jóvenes. Les pide tener deferencia con el anciano.

Pedro se detiene, sopesa sus palabras y decide balancear lo que ha dicho. Rompe en una de las defensas por la humildad más fuertes que se pueden encontrar en el Nuevo Testamento. Le dice a la iglesia, ustedes deben ser lo que son los ancianos. Estad vigilantes y cuidaros unos a otros en sus necesidades.

¡Querido lector! Queridos hermanos y hermanas, ¡que pasaje para ser leído por la iglesia!

Las iglesias a las que Pedro escribía en Galilea y en Judea ya eran iglesias maduras. Habían pasado 34 desde el día de Pentecostés. No obstante, esas iglesias – y esos ancianos – aún corrían el riesgo de la tradición y el de mantenerse en su pequeño mundo, es decir, conservar lo que es y no cambiar lo que tiene que ser cambiado.

El peligro del estancamiento es otra buena razón de por qué una iglesia debe hacer todo lo posible de renovar a los ancianos. También pedirle a alguno de los ancianos que abandone el cargo. De igual manera muestra la desesperada necesidad de tener una fuerte hermandad. Cada iglesia necesita tener en reserva gran cantidad de líderes, más grande, que el pequeño universo de ancianos. Pero el enfoque actual de liderazgo de la iglesia, llevado a cabo por ancianos, previene el desarrollo de un mayor grupo de líderes.

Finalmente, el estancamiento del anciano, solamente destaca el hecho de que necesitamos trabajadores incansables; se necesita tener, siempre se necesitará tener, una tensión entre el conservacionismo local y el trabajador foráneo, bajo un punto de vista global.

El hombre que escribió esta carta era un plantador de iglesias itinerante y cabía perfectamente dentro de esta categoría.

Pedro, el apóstol principal, está dibujando las condiciones y poniendo los parámetros en su lugar. El no es su maestro de la Biblia, no es su pastor ni tampoco un súper-anciano local. Pedro es un anciano que ha viajado por el Imperio Romano. Es un plantador de iglesias. Es un obrero foráneo que ha tomado parte en la selección y ordenación de cada uno de los ancianos que leerán esta carta.

Si Pedro personalmente, no participó en la selección de alguno de los ancianos de Jerusalén, Juan lo hizo. O Santiago, o Tomás o Mateo.

Cuando citen al Nuevo Testamento, tengan mucho cuidado. Las probabilidades son de 25 a 2 que está citando a un plantador de iglesias – si quieren lo puede hacer 26 a 2 puesto que Hechos si bien no está escrito por un plantador de iglesias, sí narra lo que estos hacen.

Esto quiere decir que todos esos versículos que tienen en sus manos y que pueden ser utilizados para probar un puesto de anciano en gran escala, les han sido quitados... por plantadores de iglesia que seleccionan a los ancianos y que ¡escribieron esas cartas que están citando!

Las palabras de Pedro son muy fuertes. Son firmes. Uno de los mayores problemas de la forma de enseñar el anciano en el día de hoy, es que los ancianos no son responsables ante nadie, excepto Dios (o un pastor). Si es usted un anciano y tiene que responder a alguien, lo más probable es que el hombre al que tiene que responder haya, probablemente, inventado una estructura de iglesia en la él está a cargo y le hace a usted responsable ante él.

Miren a su alrededor. ¿Tienen un trabajador viajero? ¿De dónde vino y cuáles son sus calificaciones? De nuevo le pido que lea el libro Overlooked Christianity, para encontrar preguntas y respuestas a esto. 

Todo anciano encontrado en el Nuevo Testamento tiene que reportar a un plantador de iglesias. Los vigilantes, son vigilados por (1) hombres con gran compasión y humillados que no son locales y (2) por el Pueblo de Dios... que forman parte de una fortísima hermandad.

Una vez más nos enfrentamos a una unión inexorable.

Parafraseando al chino de la lavandería que dijo: “No tié recibo, no tié ropa”: “No tienen plantador de iglesias, no tienen ancianos”

Esperemos que los ancianos judíos y gentiles, lean la carta de Pedro. En ambos tienen que recordar las palabras de Pedro después que los judíos huyeron de Israel. ¡De manera que aquellos jóvenes circuncidados probablemente se encontrarían en iglesias con ancianos no circuncisos!

Y ahora llegamos al libro de Hebreos.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1