Capítulo 14

 

¡Al fin! ¡¡Filipos tiene ancianos!!

 

H

an pasado seis meses desde que Pablo escribió sus dos cartas a Colosas y cuando escribió su carta a la iglesia en Filipos. Esto fue lo que ocurrió. 

 

Cuando Tíquico partió de Roma y llegó a Filipos, él contó a la iglesia en Filipos que Epafras estaba muy enfermo. La iglesia entera se contristó debido al gran amor que habían sentido por él a su paso de Colosos a Roma. Los filipenses entonces, enviaron a un hermano a Roma, llevando un regalo a Pablo y para averiguar, al mismo tiempo, si Epafras seguía con vida. Este hermano planeaba regresar a su casa en Filipos con las noticias de Pablo y Epafras. Pero Pablo tuvo una mejor idea.

Epafras se encontraba plenamente recuperado. Pablo tomó esta oportunidad para escribir una carta a la iglesia en Filipos y enviar esta carta por medio de Epafras.

Marquen esta fecha: es el año 63. Pablo había levantado la iglesia en Filipos en el verano del año50. Esto nos indica que habían pasado trece años desde el nacimiento de la iglesia en Filipos y es el momento en que Pablo escribe la carta. En esta carta dirigida a los hermanos y hermanas de Filipos hay, por primera y única vez, el uso de la palabra anciano. Una y solamente una, a las iglesias.

No sabemos cuando la iglesia de Filipos recibió los ancianos. Pablo estuvo allí, al menos tres veces. Probablemente los nombró en su tercera visita. Eso significa que la iglesia en Filipos tenía, al menos, nueve años antes de tener un anciano.

Hay una cosa que es absolutamente cierta. Antes de la llegada de los ancianos, una hermandad sumamente fuerte había crecido entre los hermanos y hermanas. Y ¿dónde se encontraban antes los ancianos? ¡Entre los hermanos y las hermanas! Ellos eran los que lideraban la iglesia. Siempre, en el escenario de la iglesia del primer siglo, había dos actores principales: (1) los apóstoles y (2) el pueblo de Dios. Los ancianos simplemente no pueden tomar un lugar prominente en ese escenario.

¡Participación! Participación por tanta gente, por tanto tiempo, no permitía dejarse arrasar por un seudo clericalismo como el que hoy día conocemos bajo el nombre del rol de los ancianos.

Si el pueblo era el que participa en la iglesia, los ancianos no son una amenaza. Es solamente cuando somos pasivos recipientes, cuando cualquier tipo de clero se vuelve fuerte. El tipo de ancianos dictatoriales no es probable que se tomen el poder si existe una larga y fuerte hermandad, no al menos, sin un esfuerzo organizado. Aquellos ancianos de Filipos, venían precisamente de esa hermandad. Aquellos ancianos eran también parte de la hermandad, de ella habían salido. Quienes eran y qué eran lo que podían hacer como ancianos en esa iglesia, era determinado por la completa participación de los santos.

No puedes esperar que la gente que habla en cada reunión y se encuentre metida en medio de cualquier decisión importante, de pronto, deleguen en un grupo de hombres que van a enseñorearse de ellos, cuando antes de llegar a ser ancianos, no eran más ni menos que ellos dentro de la hermandad de la iglesia.

En realidad hemos olvidado reconocer la verdadera procedencia y origen de los ancianos. Ese es un error fatal.

En nuestros días, cuando en una clase de Biblia habla uno solamente y el resto escucha, no va a existir ni nunca llegará a crecer la hermandad. Y el día que el maestro empieza a enseñar que “tenemos que tener ancianos”, los que le escuchan asienten moviendo la cabeza pasivamente, puesto que pasivo ha sido siempre su estado general. Poco después, va a haber dos hombres más – además del maestro de la Biblia – que van a ser ancianos. Ahora ya tienes tres personas que son llamadas ancianos, logrando hacer un gran impacto en las vidas del resto (o arruinando las vidas del resto. En el plazo de dos o tres años, alguien está encaminado a sufrir un gran daño)

Este puede ser el método utilizado hoy día, pero no era el método utilizado en el siglo primero. En el primer siglo cristiano existía la participación de todos en todo. En el primer siglo no existía la mentalidad de “siéntate y escucha”. Por tanto, las decisiones recaían en los apóstoles, el pueblo de Dios y el Espíritu Santo. La función pertenecía a todos.

Regresando al libro de Filipenses, existió un gran período de tiempo en que la iglesia de Filipos tenía solamente estos tres elementos. Creciendo de esta mezcla, surgieron los hermanos, muy bien conocidos por todos, los cuales nunca hubieran llegado a ser ancianos si no tuvieran el amor y la confianza de todos los demás. Esos eran los hombres que llegaron a ser ancianos en la iglesia de Filipos. Su inferencia en la vida de los demás era extremadamente limitada, por la naturaleza, composición, historia y experiencia del cuerpo de Cristo en Filipos.

Los hombres que llegan a ser ancianos – si en verdad el pueblo de Dios tiene algo que decir – son aquellos que menos van a tratar de controlar la vida de los demás.

En todo grupo de Cristianos, siempre habran hombres que desearán dirigir la vida de los demás. (Esto también fue verdad en el siglo primero.) Pero en un período largo de tiempo, la iglesia llega a darse cuenta de la naturaleza dictatorial de tales hombres. ¡Esperemos ahora, que ellos discutan esta realidad antes de ser nombrados ancianos!

Un cuerpo de personas, fuerte en funcionamiento y hermandad nunca permitirá que tales personas se conviertan en ancianos.

Lo que en realidad sacamos de esto es: El amable, preocupado, amoroso, callado, humilde, o al menos... el sano, son generalmente los hombres que terminan siendo ancianos. ¡Pero solamente si se les da el debido tiempo! El período de incubación precede a la selección de ancianos. Hay un ingrediente desesperadamente necesario en esta receta. Se llama tiempo. Tiempo en el que no hay ancianos locales.

Además...

El ingrediente de un plantador de iglesias itinerante.

Un período largo de vida en la iglesia – un período de tiempo lo suficientemente largo para lograr una fuerte hermandad en la iglesia y el obrero itinerante como parte de la receta.

Contéstense ustedes mismos: ¿Acaso piensan que los ancianos en Filipos se habían tomado la dirección de la iglesia? Notemos el espacio que Pablo otorga a los ancianos en la carta que escribió a la iglesia en Filipos. ¡Los ancianos recibieron un cuarto de una frase! ¿En realidad están de acuerdo que ellos estaban llevando a cabo todo el funcionamiento y el pueblo de Dios estaba sentado escuchando?

El pueblo de Dios, llegando a una reunión, sentándose, siendo ministrado por ancianos y luego marchándose, no es el estilo de la iglesia del siglo primero. No hay un documento de aquella fecha que lo indique. Por el contrario, toda la evidencia apunta hacia la hermandad, la unión de hermanos y hermanas en forma de iglesia como cuerpo de Cristo, más el plantador de iglesias itinerante.

Pablo escribió un total de cinco cartas, a iglesias durante períodos de grandes crisis (seis se describen en cinco cartas) Todas la seis iglesias se encontraban en medio de crisis enormes – sin embargo, en ellas, no encontramos mención a los ancianos. La única carta que Pablo escribió a una iglesia en la cual menciona a los ancianos ¡era la única que esta en paz!

¿Irónico? ¡Y revelador!

Si leen los últimos versos de Filipenses encontrarán que esta hermosa iglesia tiene algunos problemas. ¿Quién se encarga de ellos? Pablo no llama a los ancianos para que lo hagan; Pablo lo hace él mismo.

Qué bendición es cuando una iglesia tiene un problema interno y ese problema, es resuelto, con misericordia, por alguien de fuera. 

Una vez más, Pablo resuelve las crisis de las iglesias, no los ancianos.

¿Alguien viene de fuera, un extranjero, alguien que no conoce a la iglesia? ¡No! El hombre quién personalmente hizo crecer la iglesia. ¡El plantador de iglesias!

¿Qué ocurre cuando el plantador de iglesias se hace viejo y muere? Si realmente era un verdadero plantador de iglesias, él habrá dejado a alguien que tome su lugar.

Ahora llegamos a lo que ha dado en llamar, las epístolas pastorales. Estas no son, como veremos, epístolas pastorales. Esto son cartas del Nuevo Testamento que fueron escritas por un plantador de iglesias a otros plantadores de iglesias.

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