Capítulo 12

 

Los Ancianos de Éfeso

 

P

ablo estuvo en  Éfeso tres años. Como hemos visto, Pablo estuvo en Éfeso cuando escribió 1 y 2 de Corintios.

 

En algún momento, Pablo nombró ancianos en Éfeso. ¿Cuándo? ¿Durante esos tres años? Probablemente, al partir de Éfeso. No hay nada que decir sobre esto, solamente que Pablo en algún momento de su estancia en Éfeso nombró ancianos.

De nuevo, aquí, vemos una inconsistencia. No vemos una secuencia que indique si las iglesias deben o no tener ancianos. Antioquia parece no tener ancianos. Filipo parece no tener ancianos al principio. Tesalónica no tiene ancianos. En Berea no se escucha mencionar a los ancianos. Ciertamente, si Corinto hubiera tenido ancianos, hicieron un trabajo excelente escondiéndose, mucho mejor de lo que uno pudiera haberse imaginado.

Ahora encontramos una iglesia en Éfeso, con ancianos. Pero desconocemos cuándo exactamente estos fueron elegidos.

Sabemos que el tiempo de Pablo en Éfeso se terminó, debido a una revuelta. Justo antes de irse, parece que Pablo se reunió con los creyentes y los exhortó. Luego partió. Esto ocurría aproximadamente en marzo del año 58.

Su partida termina con la estadía más larga de Pablo en una iglesia: tres años. Después que Pablo partió de la ciudad de Éfeso, hizo un viaje de unos ciento sesenta kilómetros a través del Mar Egeo. Los eruditos en la materia están de acuerdo en que durante el tiempo que estuvo allí, visitó a las cuatro iglesias de Grecia. En primer lugar visitó la ekklesia del norte: Filipo, Tesalónica y Berea. Luego viajó al sur y visitó la iglesia de Corinto. Se quedó en Corinto aproxi­madamente unos tres meses. Durante su estadía escribió Romanos. Luego regresó al norte de Grecia. Abandonando Grecia por mar, llegó tan cerca de Éfeso como se atrevió a hacerlo.

¿Por qué no volvió a visitar Éfeso?

Pablo descubrió que un grupo de judíos zelotes, llamados “hombres del puñal”, habían hecho voto de matarlo. Era este un voto hasta la muerte, es decir, que no comerían o beberían hasta que hubieran matado a Pablo; solamente la muerte pondría fin al voto de matarlo. Un espíritu de aprehensión se ciñó sobre las iglesias, en el sentido de que Pablo no tenía mucho tiempo de vida.

Esto es lo que ocurrió. Abandonando Grecia por mar, Pablo decidió enviar a los jóvenes que estaban con él a la ciudad de Troas. Pablo abandonó en solitario el sur de Grecia, volviendo rápidamente al norte de Grecia, en tanto que sus amigos navegaban directamente rumbo a Troas en el Asia Menor. Pablo fue primero a Filipos, luego navegó hasta Troas.

Pablo había visitado tantas iglesias como había podido, antes de ir a Jerusalén.

Fue en Troas donde Pablo habló hasta tan tarde que alguien sentado en el quicio de una ventana, cayó de un tercer piso al quedarse dormido.

Abandonando Troas, Pablo se encaminó a una ciudad llamada Assos – sus amigos partieron en barco, probablemente para confundir a alguien que tratara de seguir a Pablo – En Assos, Pablo se reunió con sus amigos. Desde esta ciudad todos se embarcaron rumbo a Mitilene y de esta ciudad fueron a Samos y de Samos a Mileto. Al llegar a esta última ciudad, muy cercana a Éfeso, se quedó en ella no atreviéndose a ir allí. También estaba corto de tiempo. Estaba determinado a llegar a Jerusalén en tiempo de la Pascua.

Pablo esperaba que una vez en Jerusalén, podría disipar las dudas de los judíos de Jerusalén acerca de su reverencia por la Ley de Moisés.

Por todo el camino, los cristianos y las iglesias prevenían a Pablo diciéndole que su viaje a Jerusalén le costaría la vida. A pesar de todo, Pablo estaba firmemente decidido a ir, pues la iglesia en Jerusalén estaba de nuevo dividida acerca de él. Pablo estaba dispuesto a poner su vida en juego para preservar la unidad entre las iglesias judías y gentiles.

En medio del drama, Pablo – no pudiendo ir a Éfeso – envió un mensaje solicitando a los ancianos de la iglesia en Éfeso para que vinieran a verle a la ciudad de Mileto.

Lucas no narra lo sucedido. Leer el pasaje es como entender un poco sobre la tensión, el miedo, la crisis y el peligro que cargaba el ambiente. La narrativa sobre la reunión de Pablo con los ancianos de Éfeso es una de las más apasionados y conmovedores pasajes de la Escritura.

Aquellos que enseñan que el anciano ha de ser fuerte y envolvente, basan la mayor parte de su enseñanza en este pasaje.

Hechos 20

17  Y enviando desde Mileto á Efeso, hizo llamar á los ancianos de la iglesia.

18  Y cuando vinieron á él, les dijo: Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo,

19  Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos:

20  Cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,

21  Testificando á los Judíos y á los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo.

22  Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy á Jerusalem, sin saber lo que allá me ha de acontecer:

23  Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan.

24  Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

25  Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.

26  Por tanto, yo os protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos:

27  Porque no he rehuído de anunciaros todo el consejo de Dios.

28  Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre.

29  Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al ganado;

30  Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí.

31  Por tanto, velad, acordándoos que por tres años de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas á cada uno.

32  Y ahora, hermanos, os encomiendo á Dios, y á la palabra de su gracia: el cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los santificados.

33  La plata, ó el oro, ó el vestido de nadie he codiciado.

34  Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y á los que están conmigo, estas manos me han servido.

35  En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar á los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir.

Los versos 22 al 28 son una bella declaración de Pablo sobre su forma de vida en la medida que caminó por entre las iglesias. Específicamente habla a los ancianos de esta manera de vivir durante el tiempo que habitó en Éfeso por aquellos tres años. Parte el corazón de sus queridos hermanos oyéndole hablar así, diciéndoles que nunca más volverá a ver sus caras. (Pablo estaba equivocado, él pudo regresar a Éfeso).

En este pasaje, Pablo no esta discutiendo el rol de los ancianos. Lo que él esta diciendo es que ha vivido una vida sin reproches ante el pueblo de Dios y la iglesia. ¿Por qué esta diciendo estas cosas? Muy simple. Quería que aquellos ancianos fueran tan pacientes y compasivos como él lo había sido. Pablo estaba elevando los estándares de vida por los que los ancianos debían caminar. Les habla de su aguante, cómo trabajó entre ellos, cómo nunca tomó dinero – ni ninguna otra cosa – de ellos, ¡nunca! Les recordó de su ternura y paciencia. ( Trabajó entre ellos noche y día – él no era un ministro, a tiempo completo. Tenía su propio trabajo y no ganaba dinero de las iglesias)

Todo este pasaje está lleno de instrucciones sobre el camino que ha de recorrer un anciano. ¡Los estándares son muy altos!

Estos son cinco de los trece versos que estamos considerando, del 22 al 35. ¿qué ocurre con los otros ocho?

Solamente en cuatro versos – 28, 29, 30 y 31 – Pablo se dirige a los ancianos. Pero de todos los trece versos, su instrucción a ellos radica en sólo dos.

¿Qué es lo que Pablo les está diciendo, más allá de recordarles su propia compasión, su propio cuidado, su propia ternura, su despego por el dinero, su paciencia y su aguante?

Con todo el énfasis puesto en la conducta de los ancianos, por favor, ustedes que llegarán a ser ancianos, concéntrense, no tanto en esos dos instructivos versos, sino en el ejemplo de la misma vida de Pablo. Recuerden la forma que caminó por entremedio de la iglesia. Muy pocos hombres portadores del nombre de ancianos – y que han llevado a cabo ese trabajo en la forma que es enseñada en el día de hoy – han sido capaces de alcanzar tan increíble alto nivel, expresado en la vida de Pablo. De hecho, Pablo se puso frente a esos ancianos y lo que esencialmente les dijo fue: “Miren a mi propia vida”, vean mi ejemplo.

¿Quién escogió aquellos ancianos? Bien, asumimos que lo hicieron la iglesia y el Espíritu Santo. Sí hay algo que es cierto, y esto es que, cuando esto ocurrió, había presente en la iglesia de Éfeso un itinerante plantador de iglesias, y cuando él hablaba, los ancianos escuchaban. Este era el mismo que ahora les amonestaba y les pedía que siguieran el ejemplo que él les había dado, en su forma de vida, su manera y estándares.

Prestemos atención al hecho de que esos ancianos no eran nombrados por un pastor, puesto que el pastor, en la forma que le conocemos hoy día, no fue inventado hasta la época de Martín Lutero. Pablo no era un pastor. Como tampoco era un maestro de la Biblia que había reunido a un grupo de gente para estudiar la Biblia en la sala de una casa. Tampoco era uno de los ancianos de Éfeso. Era un viajero, al igual que lo fueron todos los plantadores de iglesias del siglo primero.

Una vez más estamos obligados a encarar el hecho de que no hay justificación por la existencia de los ancianos más allá de la relación que existe con el plantador de iglesias itinerante.

Ahora, veamos esas palabras de instrucción: “...mirad por vosotros...”

Para cualquiera que pueda llegar a ser un anciano, al estilo del siglo primero, la primera obligación de guardar es, a si mismo. Después guardas el rebaño.

“...mirad por vosotros...” ¿Cómo? Quizá no estando orgulloso de sus responsabilidades. Cuidado de no “echar tu peso” por tu alrededor. Cuidado de no herir a los demás.

Luego les dice “el Espíritu Santo os ha puesto para ser supervisores” (La palabra obispo significa supervisor, en el texto griego. N. del T.) El pastor supervisa el rebaño (supervisa significa “ver por encima” N. del T.) En la misma manera que el pastor ve por encima y está atento a su rebaño, igual hace el anciano en la iglesia de Dios.

Luego Pablo les recuerda que los ancianos son poca cosa dentro de un gran cuadro. Jesucristo derramó Su sangre por la iglesia de Dios. Se vació por ella.

“Tú la amas y tú pones tu vida y la das por ella” (No te conviertes en dictador sobre ella)

¿Por qué tienen que ser vigilados esos hombres? ¿qué es lo que hay que vigilar de ellos? Externamente, ellos vigilan al hombre que consistentemente ha seguido a Pablo por todo su ministerio. Este hombre está determinado a ir a cualquier iglesia gentil que Pablo levantó y, una de dos, o trata de ponerla bajo la ley mosaica o la destruye. Este es el hombre que Pablo llama “espina clavada en la carne”. Estén atentos por él.

En otras palabras, en el aspecto externo, estar atentos por...

¡Los legalistas!

Bueno, el hombre del que Pablo habla está muerto. Pero los legalistas y el legalismo continúa vivo.

Una vez más Pablo habla de su propia vida. A los hombres que Pablo está previniendo son hombres que no han sido ancianos por siempre. Ellos pudieron observar la vida de Pablo por espacio de tres años cuando ellos eran simplemente hermanos sin designación alguna. En este pasaje tampoco Pablo está hablando solamente a los ancianos. Sus palabras son válidas para todos los hermanos y hermanas de Éfeso. Le está recordando a toda la iglesia de Éfeso: “Recordad como yo viví entre vosotros”. Y luego les dice: “vigilad”.

Pablo de Tarso no actuó en la forma que actúan muchos de los ancianos de hoy. Él no vivió a costa de la iglesia. Él exhortaba, no ordenaba. Él prevenía, pero cuando lo hacía, lo hacía con su rostro cubierto de lágrimas. No tomaba dinero y tenía compasión. Trabajaba con sus propias manos. Pagaba por su comida y por su habitación. Y no tomaba dinero. Era un pasajero, deambulante, un trabajador itinerante. Y no tomaba dinero.

¡Dios, danos esos hombres!

Investiguen este “pasaje de ancianos” para un práctico aviso de “cómo” ser un anciano. Los puntos principales son, vigilar y guardar, prevenir y preparar.

Regresaremos a este pasaje más tarde para encontrar algo bastante chocante – algo que es increíblemente pasado por alto.

Unos años más tarde de este incidente, estos mismos ancianos fueron traídos ante los hermanos y hermanas y públicamente reprendidos por el mal uso dado a su cargo. ¡Esos mismos hombres! (Adivine el autor de la reprimenda)

En otro libro escrito por Pablo de Tarso, él se refirió a esos mismos ancianos. Los encontrarán en I Timoteo. Más tarde cuando lleguemos a ese libro, lo exploraremos más profundamente. Así pues, recuerden esta dramática escena.

Más tarde Pablo, el plantador de iglesias itinerante, hablará a Timoteo, el plantador de iglesias itinerante, acerca de los ancianos de Éfeso. Las palabras de Pablo a Timoteo va a hacer volar por los aires sus ideas acerca de los ancianos.

Antes de hacer un caso muy fuerte sobre el enseñoramiento de los hombres llamados ancianos, una doctrina sacada de ese pasaje, por favor, lea ahora el contexto del pasaje entero.

Pablo, en un pasaje de 1 Corintios, señalando al enorme problema en que se encontraban, se refiere a él como madre y como padre.

Recordarán que tanto la maternidad como la paternidad son atributos que nos recuerdan a Cristo. Acuérdense de Él antes de hacer anciano a nadie. ¿Cuántos de aquellos que han llevado el título de anciano han maltratado a sus hijos igual que lo han hecho con el pueblo de Dios? Muchos de los llamados padres y madres no maltratan, al menos en la forma que lo hacen los llamados ancianos.

Si usted es llamado anciano y trata a sus hijos en la misma forma que trata al pueblo de Dios, no debe sorprenderle si sus hijos – y la iglesia –  se rebelan contra usted.

Le estoy oyendo decir, “Sí, yo tengo compasión y sí, yo me preocupo; pero usted no se da cuenta de los problemas con que aquí nos encontramos”. No puedo por menos que decirle: “usted arregle su vida, o váyase”

Probablemente usted vea el oficio de anciano de esa manera o, por otro lado, lo vea como un oficio de total y completa servidumbre. De todas las personas en la iglesia que luchan por ejercer la autoridad en la iglesia, el que menos debe hacerlo, es el anciano.

“Ah, pero yo no soy un anciano, yo soy el pastor; y estas cosas, algunas veces, hay que hacerlas”.

Pastor, considere esto: Hay sacerdotes en la iglesia Católica. La práctica de su sacerdocio creció dentro de las practicas sacerdotales de los paganos. Esas misma prácticas se diluyeron hacia el Protestantismo. El pastor Protestante es una revisión o reforma del sacerdote Católico. La médula clerical continúa existiendo hasta en el Cristianismo evangélico. Hay muy poca diferencia entre sacerdote y pastor. Ambos son clérigos. No son hombres comunes, son algo especial. Desa­fortunadamente, en la mayor parte de los casos, los ancianos de hoy no son más que los nietos de la familia clerical.

Poniéndolo de una forma más fácil, Lutero creó el concepto pastoral de hoy día. No existe en el Nuevo Testamento. No se puede encontrar en la historia.

A través de toda la historia de la iglesia, muchos creyentes se han salido de sus prácticas más tradicionales. Desgraciadamente, durante los últimos 175 años, la mayor parte de los que se han salido anhelando encontrar la expresión primitiva de la iglesia, se han encontrado – o fueron enseñados – una fuerte y envolvente “ancianidad”, una ancianidad especialmente como fue concebida en un principio por John Darby.

Señores, si ustedes han sido recipientes de este tipo especial de “ancianidad”, ustedes son clérigos. Podrá ser un clero múltiple, pero seguirá siendo clero.

Si en algún momento vamos a romper con el clericalismo entonces los ancianos han de ser hombres que están en contra del liderazgo.

Los ancianos son el último recurso a utilizar ante una eminente crisis. En un mundo perfecto, ni los ancianos actúan.

¿Quién, entonces, actúa en una verdaderamente seria situación? ¡Ese trabajo pertenece a alguien de afuera! ¡Es el trabajo del obrero itinerante!

Este hecho – estarán contentos en saber – es una de las ideas más rechazadas que jamás se le han presentado a la mente cristiana.

No obstante, ustedes tienen un Nuevo Testamento. Empiecen leyendo en el libro de los Hechos, capítulo primero y sigan adelante. Encuentren una crisis en una iglesia, en cualquier lugar, y lo verán resuelto por un plantador de iglesias. No los pastores, no los ancianos, sino el obrero foráneo quien fue el responsable por la fundación de la iglesia que ahora está en crisis.

Para medir en qué momento los ancianos tienen que actuar, la situación tiene que ser peor que la de la iglesia en Tesalónica, peor que en las crisis en las iglesias de Galacia y hasta mucho peor que la crisis en la iglesia de Corintio. ¿Por qué? Porque en ninguno de esos casos los ancianos fueron llamados. Fue el plantador de iglesias y solamente el plantador de iglesias el que tomó la acción.

Una vez más, te ves obligado a regresar a la inevitable ecuación, los ancianos son la unión inseparable de la iglesia con el plantador de iglesias itinerante. Las mayores crisis y disciplina del pueblo de Dios, están en sus manos. Los problemas locales que amenazan la vida de la iglesia son inseparables del foráneo, plantador de iglesias itinerante. ¿Otro tipo de problemas? Tienen que ser solucionados por los hermanos y hermanas de la iglesia. ¿Es eso posible? Naturalmente que sí... si hay un período de tiempo desde que nace la iglesia, un período de tiempo en el que no hay líderes designados, cuando el liderazgo crece naturalmente en las manos de los hermanos y las hermanas.

(Este período es importantísimo. La razón es que durante este tiempo, cuando no hay líderes designados, algún tipo de líder o liderazgo aparecerá. Algunos serán verdaderamente ancianos y otros tratarán de llegar a ser el Generalísimo. El plantador de iglesias observa y nota la diferencia)

En lugar de conducir, los hombres que eran obreros en el siglo primero, alentaban a otros a hacerlo.

*    *    *

Hemos llegado ahora al fin de los ancianos tal como son mencionados en el libro de los Hechos.

Miren de nuevo el escenario. ¿Quién está en él?

En primer lugar vemos al pueblo de Dios y luego al plantador de iglesias. Más tarde, en algunas iglesias, van a ver ancianos. Pero en ocho de las nueve cartas escritas por Pablo no hay mención alguna a los ancianos o el papel de los ancianos. En todos los casos en que hay una referencia a los ancianos y no hay excepciones, los ancianos están irrevocablemente unidos a un viajero itinerante. Sin ese hombre forastero, extranjero, foráneo, el anciano nunca podrá tener una razón de existir.

Al final de Hechos 28, al finalizar la historia, esta nos sitúa en el año 61 – pero bastantes cosas ocurrieron después de esa fecha. Por ejemplo, Pablo escribió siete libros más. Muchas cosas ocurrieron después de esa fecha, más allá del año 61.

Veamos ahora las próximas dos cartas... y su escenario. Mantén una firme mirada en el anciano de hoy.

Bueno, continuemos con la historia.

 

 

 

 

 

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