Capítulo 10
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ablo llegó
a Corinto en noviembre del año 51. Seis años más tarde, viviendo en Efeso, les
escribió una carta.
Usted tiene que contestarse esta pregunta: En esos seis años, desde la fundación de la iglesia, hasta la primera carta de Pablo, ¿tenía ancianos la iglesia de Corinto?
Recuerden que Pablo no escribió una carta a ninguna otra iglesia por un período de seis años, no obstante gran cantidad de cosas tienen que haber ocurrido durante esos años.
Pablo ha partido de Corinto, después vivido con la iglesia por dieciocho meses. De allí fue a Jerusalén. Desde Jerusalén regresó a su casa en Antioquia de Siria. Fue durante su estancia en Antioquia cuando Pablo se puso a preparar el viaje más extenso que jamás había hecho. Después de un año de preparación para este viaje, Pablo dejó Antioquia y se dirigió a un nuevo territorio: Éfeso en el Asia Menor.
Pablo llegó a Éfeso durante el verano del año 54. Estuvo tres años en Éfeso. En Junio del año 57, unos seis años después de la fundación de la iglesia en Corinto, recibió muy malas noticias de Corinto. Estas noticias fueron las que provocaron a Pablo a escribir la primera y segunda epístola a los corintios.
Tomarían varias páginas para que pudiéramos hacer una lista de los problemas que tenía la iglesia de Corinto. Dicho en otras palabras, la iglesia de Corinto estaba a punto de dividirse. Pablo tenía la genuina certeza de que la iglesia podía dividirse. De igual forma, Pablo tenía miedo de ser rechazado por la iglesia. Cuando Pablo se sienta a escribir esta carta, conocida por 1 Corintios, lo hace con el temor de que su carta destruiría literalmente a la iglesia y terminaría su relación con él. (En 2 Corintios Pablo les dice a los hermanos y hermanas de Corinto cuán grande era el miedo que tenía de que aquellas cosas hubieran ocurrido. Ver el capítulo 2)
Si en algún momento existió una iglesia en el siglo primero que se encontró en medio del desastre, esta fue la iglesia de Corinto. Si, en algún momento de la iglesia del primer siglo hubo la necesidad de tener ancianos, estaremos de acuerdo que esta fue la iglesia de Corinto.
La gente se emborrachaba en la Cena del Señor, cuando otros no tenían nada que comer. Había incesto y, lo que era peor, nadie hacía nada por corregirlo. La iglesia estaba dividida en tres o cuatro partes: Los de Pedro, los de Apolo, los de Pablo y los que no querían saber nada de la situación. Además de todo eso, las reuniones eran salvajes y completamente fuera de control. Con toda seguridad era tiempo de tener ancianos.
Ahora, leamos 1 Corintios. ¿Puede encontrar alguna referencia a los ancianos?
Cualquier cuerpo de creyentes, reuniéndose fuera del estilo tradicional de la iglesia institucionalizada, con ancianos, si llegara a encontrarse ante una situación como esta, encontraríamos a los ancianos “ancianeando” a diestro y sinistro. Sin embargo, en toda esta carta, no existe el más mínimo indicio de Pablo hablando a alguien en particular, excepto a quien iba dirigida: los hermanos y las hermanas. De principio a fin la carta está dirigida a la iglesia y solamente a la iglesia entera. Este era el mundo cristiano que él conocía y en el que vivía. En la mente de Pablo no existía nadie más a quién dirigirse.
Para alguno de nosotros, en el día de hoy, es difícil entender cómo Pablo no llamaba a alguien que ocupara algún tipo de liderazgo en la iglesia, con objeto de poner orden... o al menos para sacarla del caos.
No hay indicación de que había ancianos en Corinto. No hay forma de hacerles ver los problemas, sino a la iglesia entera. Hay trabajando un elemento muy importante, uno que simplemente no existe en el día de hoy. (Con objeto de dirigirme más directamente al tema de la imperante necesidad de retornar a la práctica del plantador de iglesias itinerante, uno de estos días espero publicar un libro llamado “El hombre más necesitado y menos deseado”.)
Una vez más, consideremos la presencia del plantador de iglesias itinerante. Parece que estamos decididos a no regresar a él. Estos hombres fueron los que ayudaron a solucionar los problemas en Corinto. No los ancianos, sino los plantadores de iglesias viajeros. En primer lugar los hermanos y hermanas en persona y en segundo lugar el hermano que escribió la carta a Corinto. La solución recae solamente en ellos. De hecho, excepto los hermanos y hermanas, solamente tres hombres tomaron parte en la solución del problema. Uno fue Timoteo, otro fue Tito y otro fue Pablo. Los tres plantadores de iglesias itinerantes.
Regresamos al mismo hecho inconmovible. Este hecho no cambiara ni se alterará. El plantador de iglesias y la iglesia están inseparablemente unidos. Si quitamos el trabajo que realiza el plantador de iglesias itinerante, no local, de la iglesia del siglo primero, desaparece el anciano.
El verdadero anciano solamente puede existir con la existencia del plantador de iglesias itinerante. Y los problemas de la iglesia se resuelven, en primer lugar por el pueblo de Dios y en segundo por el plantador de iglesias.
¿No es de extrañar que por diecisiete siglos, hemos estado muy ocupados en centrarnos en los ancianos? Y no obstante, en ese mismo período de tiempo – y por supuesto menos ahora, con nuestra forma de pensar – ni siquiera hemos escuchado lo más mínimo acerca del papel del los plantadores de iglesias.
¿Por qué?
Si usted lee de nuevo la carta verá que Pablo de Tarso – el hombre responsable por la existencia de esa iglesia y también un hombre, no local, de la iglesia – tomó plena responsabilidad por todo lo que pasaba en Corinto. Él se colocó en medio del desorden y comenzó a resolver los problemas. Nunca se dirigió a algún líder local; serían, la iglesia y Pablo quienes resolverían esos problemas.
Aquellos de ustedes que enseñan un fuerte liderazgo de los ancianos, ¿podrán explicarnos por qué no hay referencia alguna a los ancianos en I o II de Corintios? Si en algún momento su doctrina sobre los ancianos debería estar al frente y ser el centro en su eclesiología, debería ser en este caso. ¿Por qué también, hombres enamorados de emplear ancianos, salen corriendo ante el plantador de iglesias foráneo, como si el solo pensamiento de tenerlos pudiera trae sobre ellos la peste?
¿Cuántas son las referencias que existen en el Nuevo Testamento acerca de los ancianos? Diecisiete. ¿Cuántas son las referencias acerca de los plantadores de iglesias? ¡cerca de mil!
Escapemos de aquellos hombres que conocen la Biblia lo suficiente como para pintar el planeta con la doctrina del anciano, en tanto que a la vez nunca mencionan la posibilidad que en verdad necesitamos de un plantador de iglesias, mucho más, que lo que necesitamos a un anciano.
La carta de
Pablo a Corintio fue bien recibida. Pronto abandonó Éfeso para ir a Corinto.
Durante su estancia allí, nuestro hermano Pablo escribió otra carta – su carta
más importante. Esa carta puede enseñarnos bastante acerca de los ancianos. El
nombre de la carta es...