Estamos en el año 64. El pueblo de Dios está siendo perseguidos por Nerón el emperador Romano, quien persigue a los cristianos en Roma. Los está matando. La mayor parte de los que son mencionados en Romanos 16 (lean sus nombres) fueron torturados. Fueron quemados vivos. Fueron matados pro Nerón. Esto fue lo que ocurrió, hermanos.
Durante el tiempo de esta persecución, Pablo escribe a Tito, otro hermano que trabajó con él. Otro hermano a quien entrenó. Pablo, y quizá también Tito, plantaron varias iglesias en la isla de Creta. Años más tarde las cosas se estaban derrumbando. Así pues, Pablo escribió a Tito diciéndole, “ve a Creta. Las cosas están mal por allí. Están siendo perseguidos. Hay falsas enseñanzas que están siendo aceptadas”
Recuerden que hay persecución de cristianos en Roma. Pablo escribe a Tito y le dice, “Las iglesias se están descomponiendo. Ve allá, ahora es tiempo de reconocer a los ancianos, hombres fieles que han ayudado en la crisis.” Y luego dice “Reconoce a esos hombres, aquellos que ya están sirviendo. Reconócelos. Reconócelos en cada una de las iglesias”.
Hermanos, Pablo no dijo que reconocieran a los ancianos en todas las iglesias del mundo. El capítulo 1 de Tito ha sido utilizado para justificar esta práctica. ¡No! Él dijo que se reconocieran los ancianos en cada una de las iglesias de la isla de Creta. Ese es el contexto. Y entonces hace lo mismo que hizo con Timoteo: le da las características del verdadero supervisor.
¿Por qué esas características? Para que aquellos hombres no se enseñoreasen del pueblo de Dios. Tenían que ser aceptados. Para que no controlaran la iglesia. Que el reconocimiento público no les diera el poder de controlar la iglesia y hacerse cargo de todo el ministerio. Pero en tiempos de crisis, los hermanos pondrían sus ojos sobre ellos. Este era el trabajo que Tito tenía que llevar a cabo.
De nuevo, las características de un anciano no eran muy bien conocidas. Tito viajó por bastante tiempo con Pablo y le tenía que haber dicho cuales eran estas características. Ancianos, supervisores, etc. no se les daba el grado de atención que se les da en el día de hoy.
Finalmente, Pablo escribe esta última carta antes de su muerte, 2 Timoteo. No hay mención alguna sobre ancianos ni pastores. Le dice a Timoteo, “Eres un obrero. Se fiel a tu trabajo” Timoteo era un plantador de iglesias. Era un obrero itinerante. Trabajó de la misma forma que Pablo lo hizo, ayudando a las iglesias y luego abandonándolas. Esto era lo que él hacía. Pablo le alentaba en esta carta a continuar fielmente con este tipo de trabajo.
Muere Pedro. Las iglesias de Galacia y Asia Menor que Pablo plantó, están sufriendo. Han sido perseguidas. Pedro, el apóstol, está en Roma. Pedro sabe que Pablo está muerto. Ahora estas iglesias necesitan del cuidado de un obrero externo. Pedro sabe que están sufriendo y les escribe una carta para alentarles en su sufrimiento. Galacia, Bitinia, Asia Menor, etc. son territorio de Pablo. Este es el mundo de los gentiles. Estas iglesias están constituidas, principalmente por gentiles, no por judíos. Pero Pablo está muerto.
Con la ayuda de Silvano, que estaba con Pedro en Roma, Pedro escribe una carta a los cristianos en el Asia Menor y en Galacia. Se la conoce con el nombre de 1 Pedro. Vamos a verla.
Comienza diciendo, “PEDRO, apóstol de Jesucristo, á los extranjeros” y lista los lugares donde residen. Escribe a los cristianos que residen en Asia Menor y Galacia. Notemos: él no le escribe a los ancianos. Al igual que Pablo, Pedro escribe a las iglesias. Y todo lo que él dice es para las iglesias. Hasta que llega al último capítulo. ¿Entienden el significado de esto? Primero a la iglesia y luego, después de esto, Pedro quiere decir algo a los ancianos.
Hermanos, escuchen esto con los oídos del espíritu. Pedro sabe que la iglesia está teniendo momentos difíciles. Están sufriendo. Hay una tendencia en el hombre, en nuestra naturaleza humana, de controlar al pueblo de Dios, cuando las cosas no están marchando bien en ellos. En nuestro deseo de protegerlos, surge la tendencia de controlarlos. Pedro sabía eso. Pedro también sabía que Pablo estaba muerto. Así pues quiso decir algo a los hermanos.
1 Pedro 5
1 RUEGO á
los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo
de las afliciciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha
de ser revelada:
Notemos que dice entre
vosotros, no sobre vosotros. ¡Los ancianos están entre la iglesia, no sobre la
iglesia! Y continúa incluyéndose entre ellos.
1 Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto;
De nuevo les repite “entre vosotros” no “bajo vosotros”. ¿Entienden bien? La iglesia se encuentra entre los ancianos, no bajo los ancianos. Continúa diciendo que la cuiden sin enseñorearse de ella. Vosotros hermanos mayores, vosotros que sabéis más. Les pido que se preocupen de sus hermanos y hermanas más pequeños. Eso es lo que Pedro está diciendo. “no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto”.
2
Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino
siendo dechados de la grey.
No enseñoreándose de ella
sino siendo un ejemplo para ella. Luego les dice a los hermanos y hermanas, más
jóvenes,
5 Igualmente, mancebos, sed sujetos á los ancianos; y todos sumisos unos á otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes.
Que parafraseando quiere
decir más o menos: “Vosotros los jóvenes, someted vuestro corazón, escuchen y
ponderen lo que los ancianos tienen que decir. No porque tengan autoridad sobre
vosotros. No porque tengan el derecho ni la autoridad para controlarles, sino
porque son mayores que vosotros en su vida espiritual”
Y al cerrar el verso 5 les
dice que todos se sujeten unos a otros en humildad. Estas palabras son
el eco de las de Pablo en Efesios 5.
Ahora hermanos,
escúchenme. Esto es muy importante. Pedro tiene miedo que en estos momentos de
crisis los ancianos comiencen a enseñorearse, a tomar control, o ejercer
autoridad (exousioa) sobre la iglesia. Así pues les dice, “No se enseñoreen
sobre el rebaño” Esta palabra, “enseñorearse” es la misma, en griego, que la
que Jesucristo utilizó en el mensaje de apertura que les leí cuando les dije: “Los
gentiles se enseñorean (katakurieuo) a los que están bajo ellos. Los
gentiles tienen jerarquía. En autoridad, están unos sobre otros. Pero no ha de ser así entre vosotros. Pedro
repite la palabra que utilizó el Señor. “¡No se enseñoreen de ellos!” “¡No se pongan en autoridad sobre el pueblo
de Dios!”
Ahora, hermanos, ninguno
de nosotros piensa que nos enseñoreamos del pueblo de Dios. Pero déjenme
decirles algo: si su gente tiene miedo de ustedes, ¡ustedes se están
enseñoreando de ellos! Sus motivos podrán ser buenos. Pero si su pueblo se
siente controlado por ustedes, ¡ustedes se están enseñoreando de ellos!
Hermanos, si su gente siente que ellos tienen que obtener su permiso para tomar
decisiones en sus vidas privadas, ¡entonces se están enseñoreando de ellos! Porque,
hermanos, están poniendo miedo en sus corazones. Les están haciendo sentirse
controlados. Les están diciendo lo que pueden y no pueden hacer en sus vidas
privadas... como votar, asistir o no asistir a reuniones... por tanto, ustedes
hermanos, ¡se están enseñoreando de ellos! Y si eso no significa enseñorearse
sobre el pueblo de Dios, entonces, ¡¡¡díganme entonces que significa
enseñorearse del pueblo de Dios!!!
Los servidores de Dios,
nosotros en esta habitación, estamos llamados a dejar libre al pueblo de Dios.
Este es nuestro ministerio. Ustedes podrán visitar cualquiera de las iglesias
en las que yo trabajo. Descubrirán que no tienen miedo de mí. Yo no les digo
donde debe ir o no ir. Yo no les dijo lo que pueden o no pueden hacer. Les dejo
libres para estar bajo Jesucristo quien es el único Señor. Y hermanos, me
respetan. Y si les pido que hagan algo, no lo hago dándoles una orden. Nunca
les ordeno hacer algo. Yo, como Pablo, les ruego, les pido. Y ellos escuchan lo
que tengo que decir. Pero, hermanos, no los controlo. Ellos no tienen miedo de
mí. Consideren esto, hermanos.
Ahora, voy a terminar
esto rápidamente para completarlo. Pedro escribe otra carta, 2 Pedro. Trata
sobre las herejías existentes en las iglesias del mundo de los gentiles. Los eruditos piensan que esta carta fue
dirigida a las mismas iglesias que la primera carta fue escrita. Ahora, a pesar
de las herejías que están infiltrando a las iglesias, Pedro nunca menciona a
los ancianos. Él les predice la venida de falsos maestros y profetas. Pero
nunca menciona a los ancianos o líderes como un antídoto. De nuevo, él
solamente escribe a la iglesia.
Ahora llegamos a las cartas de Juan, escritas
por el apóstol Juan. En su día, comenzaban a llegar a la iglesia peligrosas
doctrinas. Algunas de ellas enseñaban que Jesucristo no había venido en la
carne. Juan escribe tres cartas. La primera es a todos los santos. Algunos han
venido con la doctrina que niegan la venida de Cristo en la carne. Juan
presenta a Cristo en su simplicidad. Él es luz, El es amor, El es vida. Juan
nunca menciona a los líderes en sus cartas puesto que la iglesia estaba
liderada por la iglesia.
En la segunda carta, el
escribe a una señora, la mujer preciosa, Juan está escribiendo a la iglesia. Él
ha visto a la iglesia como una niña, una mujer, una novia, igual que Pablo.
En su tercera carta,
tenemos un problema. Juan escribe a los santos de Éfeso. Están teniendo
problemas. Juan envía obreros a visitar las iglesias. Su propio pueblo. Apóstoles
más jóvenes que Juan. Los envía a Éfeso. Pero hay algunos en la iglesia que no
los quiere recibir.
Juan les dice, “Hay un
hermano en la iglesia que le gusta tener preeminencia, él se cree que Dios le
ha llamado para controlar al Pueblo de Dios. Él no se cree que los está
controlando. Él se cree que los está cuidando. Pero no, se está enseñoreando
sobre ellos. No me quiere recibir y no recibe a los hombres que le he enviado.
Y prohíbe a la iglesia recibirlos.”
Hermanos, ¡esto no lo
hemos aprendido de Jesucristo!
Judas escribió su carta
en el momento en que los creyentes estaban cayendo presa de herejías. El mayor problema de Judas era
por que los cristianos mantuvieran la pureza de su fe original en Jesucristo.
De igual forma, es interesante considerar que Judas, en medio de los problemas
causados por las herejías, tampoco menciona a pastores ni ancianos.
El libro de Hebreos,
probablemente escrito por Bernabé, no podemos estar seguros. Los cristianos de
la iglesia a la que está escribiendo, en su mayoría, son judíos. Y muchos de
ellos están siendo perseguidos. Así pues están regresando a sus raíces judías.
Algunos tienen un pié en la iglesia y el otro en la sinagoga. Muchos están
pensando en abandonar la fe cristiana debido a la creciente presión.
Es una carta muy larga.
Creo que tiene 13 capítulos. Y Bernabé (o el que la escribió) no menciona a los
ancianos. Habla a la iglesia de principio a fin. Al llegar al final del último
capítulo dice “a propósito, saludad a los ancianos. Denles saludos míos.”
También al final dice, “Hermanos y hermanas, no os olvidéis de aquellos que
trabajan entre vosotros. Los que os enseñaron la fe. Imitadlos.” Está
claramente hablando de los apóstoles.
Si continúan leyendo hay
solamente un verso, después de haber escrito todas esas cosas a la iglesia hay
solamente una línea. Ha escrito 13 capítulos sin mencionar a los ancianos. Al
final del capítulo 13 hay una línea que dice: “Hermanos y hermanas, obedeced a
aquellos que pastorean ente vosotros, que os cuidan, par que su trabajo no sea
difícil”.
Pero hermanos, escúchenme
bien. La palabra “obedecer” es una palabra interesante. Verifiquen esto cuando
lleguen a casa, pero es verdad. Esa palabra en la lengua griega no es la misma
generalmente utilizada para decir “obedeced al rey”. No es esa la palabra. La
palabra regular para obedecer es “hupakuo”. Es utilizada en tales
contextos como “obedeced al rey – obedeced al juez – obedeced a Dios”. Esa no
es la palabra que se utiliza aquí. En su lugar se utiliza la palabra griega “peitho”.
Significa algo así como “dejaros persuadir por”.
Déjense ganar por, persuadir por, los ancianos. Tiene un cierto sabor. Como
cuando los hermanos mayores hablan en la asamblea, o cuando los hermanos se
reúnen para tomar decisiones y los mayores, los que sirven más, dicen algo,
escuchen atentamente lo que tienen que decir. Aprecien lo que dicen.
¿Por qué? Porque son los
que más sirven. Son mayores y más sabios. No porque se llevan la mayor parte.
No porque tienen una posición. O porque tienen autoridad. Sino porque son los
que más sirven y tienen una más madura vida espiritual.
No está diciendo
“Obedézcanlos incondicionalmente”. ¡No! Solamente, de igual manera que Pablo y
justamente igual que Pedro, Santiago escribe: “A las iglesias”. Por toda la
carta, Santiago escribe a las iglesias que están esparcidas por todo Judea.
Escribe a las doce tribus, los judíos, que se reunían en las iglesias. Todo lo
que dice va para los hermanos y hermanas.
Al final, en los últimos
capítulos, dice, “A propósito, cuando haya enfermos que no puedan asistir a las
reuniones, que los hermanos mayores, los ancianos, les visiten y oren por
ellos”. Eso es todo lo que dice de los ancianos. No les pide que detengan el
mundo ni les echen la culpa si no lo hacen.
Lo único que dice es que la iglesia les pida que oren cuando los santos
estén enfermos. Eso es todo.
Finalmente llegamos a la
isla de Patmos y el libro de la Apocalipsis. Este libro no dice nada sobre los
ancianos excepto que hay veinticuatro en los cielos, y nadie sabe quienes son.
Hermanos, mi punto es:
nosotros hemos heredado una forma muy particular de autoridad. Hemos heredado
una forma de pensar acerca del liderazgo, que o procede de Jesucristo – que
tampoco viene del Nuevo Testamento. ¡Proviene del mundo romano! Y lo hemos
bautizado, lo hemos hecho cristiano y lo hemos promovido. ¡Pero no es de Dios!
Y hermanos, cuando ustedes marchen de aquí hoy, ustedes se hacen responsables.
Ahora ustedes saben, puesto que han oído.
Tenemos que ser los libertadores del pueblo de Dios y no sus señores. Y
aquí está el punto importante, hermanos: Muchos de ustedes, en esta habitación,
no se ven como señores, pero si su pueblo les ve de esa manera, entonces lo
son.
Con
estas palabras, Frank se sentó en su silla y dijo: “gracias hermanos”. La
habitación, por unos momentos, quedó en silencio con los hombres pegados a sus
sillas. Uno de los pastores, entonces, se levantó e hizo despejar la sala en preparación
para el almuerzo. Este almuerzo fue seguido por una sesión de preguntas y
respuestas, de unas tres horas de duración, sobre el mensaje dado por Frank. La
podrá leer en “Hablando con los ancianos II”