LA IGLESIA EN ROMA

Pablo ahora abandona Macedonia y visita Corinto. Visita a esta problemática iglesia donde se queda por tres meses en el invierno del año 57. Desde Corinto, escribe una carta a la iglesia en Roma que él transplantó en el tiempo que estuvo en Éfeso.

La carta a los Romanos está considerada como el escrito más grande de Pablo. Todo lo que es importante para la fe cristiana, se encuentra en esa carta. Es su obra maestra.

Ahora hermanos, escúchenme con atención. La iglesia en Roma tiene seis años. Esta es la sexta carta que escribe Pablo. Quiero que miren esta carta a los Romanos. Les quiero decir por qué él escribió esa carta.

Pablo se está haciendo viejo y hay nuevos conversos en la iglesia de Roma. Pablo no ha estado nunca en Roma. Él envió a gente que conocía Roma. La iglesia fue transplantada. Pero el nunca había estado en Roma. Él escribió esta carta para dar a los nuevos conversos una explicación  compresiva de la fe cristiana.  En esta iglesia había judíos y gentiles. Tenían problemas los unos con los otros. Pablo había oído de ello. Algunos creían que solamente se podían comer los alimentos puros. Los gentiles decían que se podía comer cualquier tipo de alimentos. Los judíos cristianos creían que se debían de guardar algunos días y mantenerlos santos. Los gentiles creían que todos los días eran iguales.

Hay un conflicto interno. Están luchando, hermanos. Los judíos cristianos y los gentiles cristianos no se están llevando bien.

Así Pablo escribe, “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos”. Pablo en ningún momento menciona, en esta carta, a pastores, ancianos o supervisores. Está escrita a la iglesia y solamente a la iglesia. Y es el más importante documento que explica la fe cristiana.

Pero esto no es todo. En el último capítulo, el 16, saluda a la gente de la iglesia. Saluda a 26 individuos y a cuatro familias. Menciona varias cosas sobre ellos. ¡En ningún momento menciona ancianos, supervisores ni pastores!

Siguiendo su estilo, la carta está escrita a la iglesia. Y cuando se enfrenta a los problemas, en los capítulos 13 – 15, él escribe a la iglesia y a ella se dirige. Les dice que se amonesten los unos a los otros. En otras palabras, “Este es su problema, iglesia. Resuélvanlo”.

LAS IGLESIAS EN COLOSAS Y ÉFESO

Pablo visita Jerusalén. Casi le matan. Es puesto en prisión en Cesárea.  Luego es llevado a Roma como prisionero. En Roma, Pablo se encuentra en arresto domiciliario. Escribirá sus más profundas cartas desde prisión. La primera es Colosenses.

Vayamos a Colosenses. ¿Puede alguien en la habitación decirme quién comenzó la iglesia en Colosas? No fue Pablo. Fue Epafras. Él era un hombre que Pablo trajo al Señor. Epafras regresó a su ciudad natal en Colosas y levantó una iglesia. Esta iglesia tiene ahora unos seis años. Están teniendo problemas. Los judíos cristianos le han dado a los colosenses un falso evangelio. Epafras visita a Pablo en Roma. Aquí tenemos a un apóstol joven visitando a otro viejo.

Epafras le dice a Pablo, “Visitantes han llegado a la iglesia en Colosas con un falso evangelio”. Recordemos que Pablo nunca ha estado en esta iglesia. Así Pablo comienza a gritarle a Epafras diciéndole, “Claro, nombraste a los ancianos equivocados, esto no debía haber sucedido. Los ancianos están supuestos a prevenir que estas cosas sucedan. Déjame que yo me encargue yo les voy a escribir a esos ancianos”. Y así comienza la carta Colosenses 1:1 “Pablo un apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los ancianos”.

¡No! ¡No dice eso! ¡Es a los santos! ¡A los fieles hermanos! La carta está dirigida a los hermanos y a las hermanas. Y Pablo habla a la iglesia de principio a fin. Él ministra a la iglesia porque este es un problema de la iglesia. No hay mención a los ancianos. No hay mención a los supervisores. No menciona a los pastores. ¡Hermanos, consideren esto! 

Al mismo tiempo Pablo tiene su más profundo deseo de presentar el evangelio del eterno propósito de Dios a todos los santos del Asia Menor: a Éfeso, de igual forma a todos los cristianos de la región, hace esto en la carta a los Efesios. Es esta la corona del ministerio de Pablo.

Efesios 1:1 dice, “Pablo, un apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los ancianos de Éfeso” ¿Es eso lo que dice? ¡Por supuesto que no! La carta está dirigida a los hermanos y hermanas. Y finalmente, en el capítulo cuatro, finalmente, Pablo dice la palabra “pastores”. En todas sus cartas anteriores a esta, nunca mencionó la palabra “pastores”

Chocantemente, todo lo que dice acerca de ellos, en el capítulo 4, es que los pastores y maestros están allí para ayudar a formar a los santos. ¿Formar a los santos para hacer qué? Ministrarse unos a otros. Hacerse cargo de sus propios problemas. A ser la iglesia. Y esos pastores ¡no se enseñoreaban del pueblo de Dios! Están entre el rebaño, no sobre el rebaño. Son algo así como hermanos mayores. Y Pablo nunca les escribe una carta a ellos cuando la iglesia está en crisis. ¡Nunca!

Entonces, Pablo dice a la iglesia de Éfeso en 5:21 “Sujetados los unos á los otros en el temor de Dios.” ¿Por qué? Porque la autoridad de Dios está en el cuerpo. La autoridad se le es dada a Jesucristo y la iglesia es Cristo en forma corporativa. La autoridad descansa en la iglesia. Tenemos que someternos los unos a los otros.

PABLO DIRIGIÉNDOSE A LOS ANCIANOS DE ÉFESO

Pero hermanos, hay un pequeño punto que he dejado a un lado. Quisiera regresar. Regresemos a cuando Pablo levantó la iglesia en Éfeso. La erigió en tres años. Fueron unos tres años muy intensos. En la escuela de Tirano, él ministró a Cristo todos los días por dos de aquellos años, desde las once de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Al mismo tiempo estaba entrenando obreros a quienes él enviaría, más tarde, por todo el Asia Menor a plantar iglesias. Él los entrenó en Éfeso. Fueron esos hombres los que trajeron el evangelio por todo el Asia Menor. Ustedes conocen los nombres de algunas de esas iglesias. Se mencionan en el libro de la Apocalipsis en los capítulos 2 y 3. Fueron plantadas durante el viaje de Pablo al Éfeso, durante los años 52 al 55.

Bien, veamos ahora. Cuando Pablo abandona Éfeso, camino de Jerusalén, él y los hombres que con él estaban – los cuales había entrenado para la obra – se encontraron con los ancianos de Éfeso. Lo que Pablo le dijo a esos ancianos es algo que cada hermano en esta habitación necesita escuchar con sus oídos físicos y con sus oídos espirituales.

Les voy a leer del libro de los Hechos:

Hechos 20

17 Y enviando desde Mileto á Efeso, hizo llamar á los ancianos de la iglesia.

Así pues, había ancianos en Éfeso. Cuando Pablo escribe a los efesios unos cinco años más tarde, había ancianos presentes en la iglesia. Pero Pablo nunca se dirige a ellos. A ninguno. ¿No es interesante?

Ahora nos encontramos en Mileto. Y Pablo habla a todos esos ancianos. Es el año 57.

Más adelante les dice:

Hechos 20

28  Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre.   

La palabra obispos significa supervisores, y les está diciendo, que ellos, hombres mayores hechos supervisores por el Espíritu Santo, en el rebaño, entre el rebaño, no sobre el rebaño. ¡Entre el rebaño! ¿Entre el rebaño para qué? Para apacentar la iglesia de Dios. No para controlar el rebaño, sino para cuidarlo. Para servirlo. Los ancianos son supervisores, no señores.

La palabra supervisor significa que mira por el bien de los santos, no por sus propios intereses personales. No obstante, porque los supervisores, se preocupan por los santos, son llamados pastores también. Y esto es una metáfora no un título.

Todos los hermanos y hermanas se ocupan unos de otros. Todos se ocupan unos de otros. Pero los pastores son mayores, más sabios que tienen más experiencia. Son ejemplos para todos. Déjenme ponerlo de otra forma. Cada hermano y hermana tiene que hacer lo que el pastor-anciano hace. Puesto que los ancianos son ejemplos para todos.

Ahora, hermanos, siéntense firmes. Prepárense. Se va a poner un poco pesado, hermanos. Veamos Hechos 20:33 quiero que lean muy detenidamente y despacio del 33 al 35.

Hechos 20

33  La plata, ó el oro, ó el vestido de nadie he codiciado.

34  Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y á los que están conmigo, estas manos me han servido.

35  En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar á los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir.

Ahora, hermanos, veamos la situación. Pablo, un apóstol enviado por Dios, se toma tres años levantando la iglesia en Éfeso. Antes de abandonarla, él reconoce a los hermanos mayores, los ancianos. Él les dice, “Encárguense del pueblo de Dios por cualquier problema” No les dice, “Enseñoréense de ellos, contrólenlos” tampoco les dijo “Ustedes son sus líderes, ellos tienen que obedecerles”. No, no les dijo eso. Después de dos a tres años, se vuelve a encontrar con ellos en Mileto.

Y ahora les dice, “Hermanos, el Espíritu Santo les ha dado el don de encargarse del pueblo de Dios. Ellos son el rebaño de Dios, no vuestro rebaño. Es el rebaño de Dios que fue adquirido con Su propia sangre. Hermanos, cuando estuve entre vosotros, trabajé con mis propias manos. Yo pagué por mis propias necesidades, también pagué por las necesidades de los que entrené. Les he dado un ejemplo. Ancianos, pastores de Éfeso, recuerden mi ejemplo. Que yo no tomé nada del pueblo de Dios. ¡Les dí! ¡No tomé nada de ellos! Sigan mi ejemplo”. Y esto es lo que un anciano es, hermanos. ¡Él da! ¡Él no recibe! Hermanos, piensen sobre esto. Solamente esto les pido, piensen sobre esto.

LA IGLESIA EN FILIPOS

Ahora Pablo se encuentra en Roma y está listo para escribir la última epístola a la última iglesia. Él es un viejo. Le quedan pocos años de vida. Tiene noticias que la iglesia que plantó en Filipos está teniendo problemas. La iglesia tiene 10 años. Hay ancianos. Han crecido con el tiempo.

Permítanme decirles los problemas que tienen. Las hermanas en la iglesia no hacen más que pelear. Hay desacuerdos. No se están llevando bien. Están listos a matarse unos a otros. ¿Alguna vez han visto esto? Yo sí lo he visto.

Han regresado los judaizantes. Les están diciendo que han de circuncidarse y seguir la ley de Moisés. Pero no sólo eso están diciendo. De igual forma les dicen “Estamos bajo la gracia, así  pues, podemos pecar. No hay nada malo en ello. Comamos hasta hartarnos. Vivamos por la carne.

Hermanos, la iglesia está en serios problemas. Así pues, Pablo escribe su última carta a esta asamblea. Veamos como la dirige.

Filipenses 1

1         PABLO y Timoteo, siervos de Jesucristo, á todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos,...

Oh, a propósito, en esta carta también se la dirige a...  los obispos y diáconos.

Pablo simplemente está diciendo, “Esta carta es, primero para la iglesia y luego para ustedes, ancianos” Y luego se pone a decirle a los ancianos que este problema es problema de ellos. ¿Es eso lo que hizo, hermanos? ¡No! ¡y mil veces no! ¡La carta está escrita a la iglesia! Él no se dirige o menciona a los supervisores ni una vez más. Él solamente, después de haber saludado a la iglesia, les da un cumplido “Hola”. Luego no los vuelve a mencionar más.

PABLO Y TIMOTEO

Ahora nos encontramos en el año 62. Pablo es dejado en libertad de la prisión. La iglesia de Éfeso está siendo infiltrada por falsos maestros. Y parece ser que la iglesia no lo está manejando muy bien. Como tampoco parece que los ancianos, los hombres mayores de la iglesia, están lidiando con esas falsas enseñanzas que, algunos de los santos más jóvenes, están aceptando con facilidad.

La iglesia de Éfeso tiene unos diez años. Pablo ya había reconocido ancianos en ella. Nos encontramos con ellos en Hechos 20. Pero diez años más tarde Pablo escribe a su colaborador, Timoteo – un joven apóstol. Pablo dice algo interesante a Timoteo en la 1 Timoteo 3:1 “Si hay algún hombre en la iglesia que quiere  ser supervisor, él desea un buen trabajo”.

En la frase griega de este pasaje, no hay palabra alguna que quiera decir “oficio” o “puesto de trabajo”. De hecho en el Nuevo Testamento nunca un anciano es llamado a desempeñar un cargo. (Las traducciones que utilizan la palabra como un cargo, no reflejan al original.  Ver el libro ¿Quién es tu cobertura?). El supervisar es una función, no es un cargo.

Pablo escribe, “Si hay un hermano que desea supervisar, desea algo bueno”. Y ahora Pablo hace algo interesante. Le da a Timoteo algunas de las características de un supervisor, es decir, un anciano.

Ahora, esto es lo que tienen que pensar: Uno, ya hay ancianos en Éfeso. Dos, Timoteo ha estado viajando con Pablo  por alrededor de 12 años. Timoteo debería saber lo que es un anciano. ¿Por qué, entonces, Pablo dice a Timoteo las características que un anciano debe tener? Él debería de saberlas. Estas son preguntas importantes.

Voy a llegar a dos conclusiones. La primera es que un anciano no es un cargo. Como tampoco es una función estática. No existe esa cosa de que “una vez anciano, por siempre anciano”.

Segunda, Pablo escribió esta carta a Timoteo. En ella, él le dio las características que ha de tener un anciano. Timoteo debería haberlas sabido ya. De hecho Timoteo debería de saber bastante acerca de los ancianos. Hermanos, reconocer a los ancianos, no era algo tan importante en la iglesia del siglo primero. A Timoteo se le había instruido acerca de ello. Quizá no fue escrito para él sino que quizá fue escrito en beneficio de la iglesia. De cualquier manera, indica que el pueblo de Dios no era muy conocedor de lo que era un anciano. No era algo que estaba definido ni estructurado.

Recuerden que Éfeso, en este momento, es una iglesia de unos 10 años. Timoteo ha estado trabajando con Pablo todo este tiempo y, no obstante, Pablo le tiene que decir “Estas son las características del anciano”.

Pablo era conocedor que la iglesia sufría con las falsas enseñanzas recibidas por los visitantes. Aparentemente los ancianos que allí había no habían estado el suficiente tiempo “ancianeando” debidamente. O puede ser que no estaban capacitados para ello. Quizá se estaban enseñoreando del pueblo de Dios. 1 Timoteo 5:19-22 puede indicar esto.

Pero aquí hay un punto. Se le tenía que decir a Timoteo lo que era un anciano. Tanto si fue en su beneficio o en beneficio de la iglesia. En consecuencia, el anciano, o lo que este es, no era algo que fuera tan importante de considerar. Esto es consistente el tono de todas las cartas de Pablo, tal como hemos visto.

Luego, más adelante en la carta, en 1 Timoteo 5:17, Pablo menciona algo interesante. Ahora hermanos, ¿recuerdan cuando Pablo estaba con los ancianos de Éfeso en Mileto y les dijo, “Yo he trabajado con mis propias manos. No he tomado nada de la iglesia. Sigan mi ejemplo. Jesucristo dijo que era mejor dar que recibir. Así pues ustedes ancianos, den y no reciban? ¿Recuerdan aquella parte? Hermanos, Pablo no se está contradiciendo aquí.

Pablo está diciendo a Timoteo. “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra”. La palabra gobernar, pobremente traducida, es la griega proistemi. Significa guardar o tener cuidado de algo. No significa gobernar. No quiere decir controlar. Significa guardar y proteger. Pablo escribe, “los ancianos que guardan bien y toma mucho tiempo en ministrar, deben ser dados doble honor”.

Ahora, escúchenme bien hermanos. Pablo dijo a las iglesias, “Honraos los unos a los otros” (ver Romanos 14). Todos los hermanos y hermanas se honrarán los unos a los otros. Él también le dijo a la iglesia en Éfeso, someteos los unos a los otros. Los cristianos se han de honrar los unos a los otros y someterse los unos a los otros.

Pero los hermanos que sirven más, esos que dan más de sus vidas, ellos son merecedores de doble honor. Pablo le está diciendo a Timoteo, “Asegúrate de que los santos aprecian a esos hermanos, quienes trabajan arduamente por el bienestar de la iglesia. Especialmente aquellos que ministran tanto en las asambleas. No a todos los que llevan a cabo el ministerio en las reuniones. ¡No! Sino aquellos que enseñan más que otros. Esos son merecedores de mayor respeto”

Pablo continúa y establece un punto diciendo: “¿Recuerdan la Escritura que dice que el buey es merecedor de su alimento? El buey que trabaja es merecedor del alimento. Y también el empleado que trabaja es digno de ser pagado.”

Ahora, síganme hermanos. Un buey que trabaja es merecedor del alimento. Un obrero que trabaja es merecedor de un salario, o ser pagado monetariamente por el trabajo realizado. De igual forma, el anciano que sirve bien, que dan sus vidas a las ovejas, no son merecedores ni de alimento ni de dinero, sino de mucho más respeto. Doble honor.

¡Pablo no dijo que eran dignos de un salario! ¡No dijo que eran merecedores de comer gratuitamente! Él dijo que eran merecedores de doble honor. La palabra griega por salario monetario (misthos y opsinion), no son utilizados aquí. La palabra utilizada es time, y significa respeto. Significa honor. Esto está confirmado en 1 Timoteo 5:19, donde Pablo dice que los ancianos no pueden ser deshonrados aceptando la acusación de solamente una persona. Una acusación contra un anciano, debido a que tiene que ser honrado, ha de ser hecha por dos o tres testigos ¿Por qué? Porque es digno de doble honor. ¡No un salario¡ Sino doble honor.

Recuerden, fue a los ancianos en Éfeso, esos mismos hombres, a los que, cinco años antes, Pablo les dijo: “He trabajado con mis manos. No he tomado nada de la iglesia. Solamente he dado a la iglesia. ¡Sigan mi ejemplo!

PABLO Y TITO

  Continuará...  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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