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Lo mejor de las organizaciones para-eclesiásticas

¿Puedo decirte, organización para-eclesiástica, algo maravilloso que en verdad tienes? Y tú, querido no americano, escucha, pues hay algo muy importante para aprender aquí.

Tú, la organización para-eclesiástica tienes algo maravilloso, pero, ¡ni siquiera tienes la menor idea que lo posees! De hecho, puede ser lo más maravilloso y poderoso que en ti albergas. Puede ser perfectamente uno de los mejores motores que dan dinamismo y magnetismo a tu organización.

¿Te aventurarías a decirme cuál es esta fuerza tan poderosa? Permíteme avisarte, a pesar de todo, no puedes llamarla a voluntad, no puedes controlarla, no la puedes fabricar ni embotellar. Como el viento, viene y se va, totalmente alejado de tu influencia.

Tu estás perfectamente convencido de lo aburrido de las iglesias, pero tu organización para-eclesiástica es excitante. De hecho lo es tanto, que tu mayor problema es el desgaste por agotamiento debido a tanta agitación. Pero en medio de todo tienes el oro. La pura magia de Dios. Esta es:

De vez en cuando los jóvenes en tu organización accidentalmente alcanzan a tocar la vida de la iglesia. Esos breves momentos son los más electrizantes que atraen a las más memorables experiencias de sus vidas. Tu organización se lleva el crédito de esos maravillosos momentos. Tú lo atribuyes a una “carga de poder” o a tu escuela de entrenamiento, o a tu evangelismo, o al hecho de que “todos están en la Palabra”. No es nada de eso. Siempre ocurre fuera del formalismo, va y viene a placer. En realidad, es algo divino.

¿Qué fenómeno es este? No es más que la expresión de la vida de la iglesia llevada a cabo fuera de su hábitat natural. Esta se expresa en el dormitorio, en la playa, en cualquier lugar, pero siempre fuera de tu estructura y tu manual.

Si tratas de capturarlo o embotellarlo... quizá puedas hacerlo... pero mañana tú mismo la matarás. Tu sistema organizacional, tu visión, impulsivo arrastre a evangelizar, aplastará la vida de la iglesia y la matará, en la medida que esta surge en medio de tu propia organización. La matarás con reglas, programas de mando y todas esas cosas que haces.

Esos muchachos, dentro de una generación, si acaso recuerdan que fueron misioneros por seis meses, ni siquiera se acordarán del nombre de tu organización. No obstante recordarán vívidamente ese momento dorado cuando fueron tocados por la vida de la iglesia.

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