14
Colonizadores hasta el final
Los americanos dirigen la obra que nosotros comenzamos en tu país. Pero lo que es más interesante es que nunca dejaremos que tú la dirijas.
Si, estas son palabras muy fuertes. ¿Es posible que sean ciertas? Y si lo son, ¡que es lo que hay en nosotros que hace que controlemos todo lo que hacemos en tu país?
Es una enfermedad que afecta a todos los países. Lo único es que nosotros somos más francos y se nos ve más cuando lidiamos con el asunto. No podemos hacernos cargo de aceptar nuestro fin en un proceso. Es, para nosotros, muy difícil aceptar que muy poco de nuestras vidas está bajo nuestros control directo. Por esto es que agarramos cualquier control que podemos obtener con objeto de sentirnos seguros con nosotros mismos, aparte de Dios. El dirigir cómo vosotros tenéis que adorar a Dios es una manera en la que nos decimos que estamos en control de nuestro mundo y de nuestras vidas.
Nunca dejaremos de sentaros en un edificio llamado iglesia... que tiene sillas bien alineadas... mirando hacia delante, hacia el púlpito del que os habla.
Todas las directrices se manejan “de arriba hacia abajo”. Es decir, nosotros dirigimos. Nada puede venir desde abajo... arriba. Estamos determinados, venga lo que venga y pase lo que pase, a que vosotros asistiréis a un servicio eclesiástico al estilo americano.
De cualquier manera, estamos convencidos de que es lo mejor para todos vosotros. Cualquier cosa que sea cristiana, al estilo de U.S.A., es lo mejor para vosotros. Créeme. Puesto que los americanos somos superiores a ti, es lógico pensar que nuestro cristianismo es superior a cualquier cosa que puedas tener o se te pueda ocurrir.
¿Entregaremos la obra del Señor llevada a cabo en tu país, a vosotros? O lo que es la iglesia ¿te la entregaremos? ¡No!
Hay una excepción.
Podremos entregarte una iglesia a ti, y tu estarás en control... pero esto nunca podrá ocurrir antes de que estemos total y plenamente convencidos que te hemos americanizado. Hasta que no podamos ver la diferencia entre tú y nosotros... hasta que no promuevas nuestra doctrina denominacional (o nuestra visión para-eclesiástica y forma de operación). Hasta ese momento, nunca podrás encontrarte en una posición de liderazgo.
Si no estás americanizado, nunca podrás ser promovido al liderazgo. Y – americanizado o no – nunca podrás llegar a la parte alta del escalafón donde se toman las decisiones. El poder nunca será vuestro. Vive por mil años pero nunca llegarás a tener control del dinero. Ni ayer, ni hoy ni nunca. El control del dinero estará siempre en las manos de un americano.
Como los americanos ven un mundo perdido, vemos la necesidad de nosotros. Este mundo necesita americanos en la misma medida que necesita al cristianismo; por tanto, solamente pensamos en entrenar americanos y no obreros indígenas. Podemos pensar en términos de una escuela bíblica en Bosnia. Sí, una escuela bíblica para entrenar nativos. Pero seremos nosotros dando las clases y dirigiendo la escuela. Cada año gastamos millones de dólares entrenando a cristianos americanos... para ir a tu tierra. Gastamos centavos en entrenar a los nativos.
No importa que nunca hayas tenido un choque cultural por vivir en tu país. No importa que sepas hablar tu lengua nativa (hasta sin acento). No importa que tú y solamente tú puedas verdaderamente entender tu cultura y a tu gente. No importa que tú puedas hacer el mismo trabajo cristiano que nosotros hacemos y por tanto mejor y hasta hacerlo hasta el noventa y cinco por ciento más barato. No importa que tu no tengas que abandonar tu país cada tres años para evitarte que sufras una depresión por estar lejos de tu país.
Nosotros solamente entrenamos americanos y enviamos americanos.
Cuesta $60.000 dólares al año mantener a un matrimonio americano en el “campo Misionero”. No importa que pudieras llevar a cabo lo mismo Por $2.000 o quizá $1.000. No somos capaces de pensar en esos términos. Esa idea nunca cruzaría por nuestras mentes. ¡Se necesita a un americano para hacer este tipo de trabajo! El mundo ha de ser evangelizado por americanos. Solamente americanos (bueno, y unos cuantos ingleses).
Nota. Si estás
leyendo este libro cincuenta años después de ser impreso, seguro te preguntarás
cuanto eran $60.000 dólares, cuando el libro fue escrito. La inflación hace que
las estadísticas monetarias no tengan valor alguno en unos cuantos años. Hay
dos maneras de saber su valor en el día presente. Una: Averigua el salario
medio por año y lo multiplicas por dos. La otra: Como el oro nunca cambia de
precio – la moneda sí; el oro no – averigua cuanto cuestan 200 onzas de oro.
Ese será el costo promedio de mantener a un misionero en terreno por un año.
Ahora, cuando escribo estas líneas, el precio de una onza de oro está alrededor
de los $300 dólares.
Y regresando a nuestro tema te preguntarás, ¿por qué no me dejan hacerlo a mí? Simplemente porque no eres americano.
Nosotros los americanos somos una gente cálida y amigable. Te damos lo que tenemos. En el nombre de Cristo somos capaces de dar nuestra vida por vosotros. Regresaremos a casa a recaudar dinero para ayudaros. Pero tenemos poca profundidad, inmaduros espiritualmente, ciegos... ciegos a vuestra cultura, ciegos a vuestras formas de vida y ciegos a la revelación – y lo revelado por – Jesucristo.
Estamos en tu tierra para darte a Cristo ¡sí! Pero también te damos nuestras doctrinas especializadas además de Él. Si no lo hacemos, nadie en los Estados Unidos nos daría el dinero que necesitamos para ser misioneros. Nuestras doctrinas son lo que nos dan lo que necesitamos para llegar a tu país. Nuestras doctrinas especializadas son nuestra única fuente de dinero. Te daremos a Cristo, pero siempre agregaremos, además del Evangelio, nuestras doctrinas denominacionales.
Somos superiores a ti y por eso siempre estaremos en control del negocio. Ayer, hoy y por siempre.
Lo peor de todo, nosotros los misioneros americanos, utilizando la forma de trabajo americana, nunca permitiremos el nacimiento en tu país, de una iglesia orgánica e indígena. Somos incapaces de hacerlo, puesto que nunca oímos de ella y por supuesto nunca la hemos visto. Por tanto, lo único que nos queda es americanizarte a ti.
De esta manera permanecemos americanos. Tú cambias. Nosotros no hacemos el menor movimiento para cambiar. Nosotros continuamos siendo americanos en un 100 por 100.
Somos iguales a aquel legendario explorador inglés perdido en medio de la selva sud-americana. Cuando se encontró en medio entre medio de una tribu que no eran capaces de decirle donde estaban y como salir, se dio cuenta que allí se habría de quedar para siempre. Al darse cuenta de esta realidad, enseñó a los indios a hablar inglés en lugar de él mismo aprender su idioma. Esa es la clase de gente que somos. Y no vamos nunca a cambiar.
Vosotros podéis hacer la obra del Señor, en vuestro país, mucho mejor que lo podemos hacer nosotros. ¡Hacedla! En este proceso, por favor, quemen todos esos bancos donde, por años les han hecho sentarse. Y escapen de ese edificio que nosotros, en nuestra ceguera, llamamos iglesia. Luego ¡comiencen todo de nuevo!
Pero esta vez, hacedlo a la manera de Pablo. Los cristianos locales deben descubrir, por ellos mismos, una expresión de la vida de la iglesia orgánica en tu tierra. Nosotros los americanos e ingleses no somos orgánicos en tu tierra. ¿Por qué queréis seguirnos?
Básicamente esto es lo que somos los americanos: Somos turistas con un complejo de superioridad y una comisión dada por Dios (dada a todos los cristianos americanos): “ir por toda la tierra y salvad a los perdidos” y, en el proceso americanizaros a todos. Repito: Este planeta será evangelizado por americanos y les serán dadas iglesias americanas. Siempre les daremos edificios llamados iglesias, pastores y bancos para sentarse. Lo que es peor – nunca nos iremos a casa. Y como nunca nos iremos a casa, mi querido nativo, sal de esos edificios llamados iglesias, de nuestras dirigidas reuniones... y tú vete a tu casa. Comienza a reunirte con tus hermanos en tu propia casa.