SEGUNDA PARTE

BUSCANDO LA SOLUCIÓN

 

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La “Revolución” Americana de la Iglesia

El pastor desciende de su automóvil en el estacionamiento de su iglesia. Mira hacia lo alto contemplando el enorme edificio.  Ve la sala de juego de bolos, el equipo de baloncesto, el campamento de vacaciones de verano, el edificio de clases dominicales, la sala de cuna operando cinco días a la semana, las oficinas administrativas con sus empleados, etc.

Es un punto geográfico de un grupo de gente que se reúne... una vez por semana. El pastor ha logrado apartar de este edificio un pequeño lugar de reunión donde se juntan por dos horas una vez a la semana, denominado iglesia.

(Una mega-iglesia o súper-iglesia, puede llegar a tener un centro comercial, piscina, gimnasio, etc. pero todo esto, incluyendo el desarrollo habitacional, nunca será la vida de la iglesia. Y al contrario de las para-iglesias, están todas hundidas en concreto en un solo lugar. A pesar de todo el pastor solamente, en 20 acres de terreno,  ha aventurado dos horas a la semana para el reino de Dios. Lo que él hace en esta parcela es solamente una sombra de lo que las para-iglesias llevan a cabo.) 

Sí, hay unas cuantas personas que vienen a este edificio los miércoles en la tarde y hasta un número menor que sirve en una docena de comités. Pero para la mayoría de la gente en América, “iglesia” solamente significa Domingo en la mañana a las 11.

Generalmente hablando, el concepto americano de la iglesia no va más lejos de eso. “Iglesia” es un punto geográfico. Te metes en tu automóvil y te diriges a él, estás por una hora y regresas. Iglesia es solamente edificios – edificios que no se mueven. La iglesia tiene una dirección postal, un estacionamiento y un número telefónico contestado por la secretaria de la iglesia. La iglesia, en este concepto, es tan poco importante que solamente toma una hora a la semana de la vida de un cristiano. No es extraño que alguien haya inventado las organizaciones para-eclesiásticas. En la iglesia del primer siglo, la vida de un cristiano, de un calendario de 365 días, las veinticuatro horas del día eran todas iguales.

Todo lo que la iglesia es, para nosotros los americanos, equivale a de 10 a 12 horas del domingo. Aquello que derribará las puertas del infierno se encuentra en un pequeño pedazo de tierra, un estacionamiento para los automóviles y una o dos horas a la semana donde todos nosotros, excepto uno, ¡se sientan en silencio! Esa hora, querido extranjero, es quizá la hora más aburrida conocida por la humanidad.

La iglesia de hoy está literalmente anclada en un pequeño lugar, sostenida por ladrillo y cemento y tú vas a ella. Ella no viene a ti.

La iglesia es tan poco importante como si algo hubiera llegado y se hubiera hecho cargo de los otros seis días. Nadie se da cuenta y a nadie le importa.

Pero veamos una de las más grandes invenciones americanas: las organizaciones para-eclesiásticas.

Estas organizaciones están abiertas seis días a la semana y veinticuatro horas diarias. Son increíbles. Todos participan. A pesar de que tienen edificios, pueden venir hacia ti.

Las organizaciones para-eclesiásticas, insuperables para tales como los aburridos “Servicios dominicales”, son móviles, tienen teatros, obras, conciertos, orquestas, videos, discos, estudios de grabación, entrenamiento dinámico, canciones que te pueden robar el corazón, banquetes con personajes cuyos discursos harán de sus sacos lacrimales monumentales cataratas, barcos, aviones, bandas, magos, mimos, conciertos de rock, compañías de música, editoriales, emisoras de radio por todo el mundo y programas televisivos. Y un ejército de jóvenes que ahorran todo el año para poder, cada verano, desparramarse por todo el mundo. Estas organizaciones se han hecho cargo de las 167 horas restantes de la semana y que no han sido reclamadas por la iglesia en los últimos 1,700 años.

En estos momentos, las organizaciones para-eclesiásticas dominan el horizonte cristiano. Tienen una visión que captura la imaginación de cualquiera. Desafían a lo mejor del corazón humano: reuniones de oración que rivalizan con los de allá arriba, satélites espaciales que siguen al mundo, viajes a lugares tan bellos y remotos como Micronesia o las estepas y iceberg de Groenlandia. Tienen revistas, cartas de oración y una sala de correos para solicitar dinero que es tan larga como el hangar de un aeropuerto.

En el día de hoy existen multitud de esas organizaciones, que alcanzan a todos los grupos de personas imaginables, desde los militares hasta las modelos de la moda.

Son esas organizaciones tan flexibles que son las primeras en aparecen en un nuevo territorio. Entran en él con bombo y platillos. Son elásticas, adaptables  y muy móviles. Su entrada es proclamada por todos lados – pero especialmente a los patrocinadores – con tal fanfarria, que llenaría de envidia a Madison Ave., y al cirgo de P.T. Barnum.

Son muchas cosas ¡son todas las cosas! ¡Están en todas partes! ¡Alcanzan a todo el mundo! Solo es una cosa que no son. ¡Ellos no son la iglesia! Esas organizaciones tienen algo que mostrarnos. Nos dan una idea de lo que la iglesia – ecclesia – podría y debería ser, en dinamismo, movilidad y adaptabilidad y en lo que es un alcance hacia todas las estructuras de la sociedad. Esas organizaciones son una imagen distorsionada de lo que la ecclesia podría haber sido si los reformistas la hubieran reformado un poco más de lo que lo hicieron.

¿El lado oscuro de esas organizaciones? Un inconcebible desgaste de sus miembros. Se queman en su trabajo de una manera increíble. Su tiempo de duración en la organización es de poco o nada. Y, sobre todo, un costo de mantenimiento que haría de los políticos de Washington D.C. unos ahorrativos conservadores.

A todo esto tenemos que agregar que las organizaciones para-eclesiásticas no arrojan nueva luz a la iglesia.

Pero con todo eso, la fe cristiana sería muy aburrido sin ellas. Son excitantes. Totalmente fuera de la Escritura y un pobre sustituto de la vida de la iglesia, pero aún lo mejor de todo lo que existe.

Otro lado oscuro: Nunca te opongas a alguno de sus miembros. La iglesia tradicional no es nada comparada con la furia de una organización para-eclesiástica si algo se pone o interfiere en su camino. Ellos te perseguirán hasta la destrucción.

Estas dos cosas, la muerte o el estado moribundo de la iglesia tradicional y las explosivas organizaciones para-eclesiásticas son las dos cosas que nosotros, los americanos, podemos ofrecerte. Nuestras misiones os traerán una o dos extremadamente aburridas reuniones, llamadas “iglesia”. Las organizaciones os traerán actividades excitantes. Todo en el estilo americano.

Hoy la iglesia tradicional trabajando en conjunto con las organizaciones para-eclesiásticas llenan las 168 horas semanales. Si la iglesia tradicional se combina con estas organizaciones ¿podrán ser tan maravillosas como la iglesia orgánica? ¿Pueden acaso ellas remplazar al cuerpo biológico de Cristo?

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