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¿Existen otros que hayan hecho un mejor trabajo
que los americanos?

Los grandes eventos del cristianismo, en los últimos 100 años, no han ocurrido en el Oeste. América no tiene nada que ver con las más grandes expresiones de la fe cristiana que han surgido en el siglo pasado.

Las tres más grandes expresiones de la obra de Dios en los últimos 100 años, surgieron de las manos de hombres no blancos en tierras de hombres no blancos. Tres hombres han dejado para ti, el no americano, un testimonio de que puede hacerse mejor. Los tres hombres vienen del lejano Este: los trabajos de Bakht Singh en la India, Prem Pradham en Nepal y Watchman Nee en China. Todos se dedicaron a levantar iglesias y todas ellas se han mantenido y crecido en una relación tan alta como ninguna misión, iglesia u organización para-eclesiástica occidental jamás llegó a soñar.

En los tres casos la obra estaba mucho más centrada en Cristo y en la iglesia que cualquier occidental hubiera podido comprender.  Las tres obras fueron únicas y prevalecientes. Todas marcaron una increíble relación de auto-sustento y crecimiento, pero la relación de Prem Pradham fue algo sensacional. (La obra de Pakht Singh en la India le siguió muy de cerca). Las tres fueron obras que guardaron sus frutos.

La obra en la India, fue indígena. En Nepal, indígena y orgánico. Indígena en expresión y único en su cultura, de acuerdo a la cultura de Nepal.

Pero aquí está la vergüenza para aquellos de nosotros americanos. Si la obra de esos dos hombres, Pradham y Singh, hubiera ocurrido en América, y si ellos hubieran sido de origen “anglo”, su influencia hubiera tenido proporciones incalculables. Si hubieran sido americanos, su obra hubiera tenido una proyección mundial. Millares, quizá millones de hombres y mujeres se hubieran sentado a los pies de esos obreros. Pero no eran americanos. No eran blancos. Y su obra no era ni siquiera occidental. Por tanto, ningún americano se tomó la oportunidad de aprender de ellos.

Pero eso no es todo.

La mayor parte de los misioneros occidentales, americanos e ingleses, odiaban a esos hombres, odiaban a sus colaboradores nativos que trabajaban a su lado y también odiaban sus iglesias. La mayoría los miraba con desdén, o como sin identidad. Esos hombres eran, a menudo, atacados y considerados como villanos. Algunos hicieron todo lo posible para destruír a ellos y a su obra.

¿Por qué?

Porque su obra era indígena y nativa.

¡Esto nos aterroriza!

¿Por qué?

¡Yo no lo sé! Quizá se debe a que aquellos hombres ni sus obras cometieron el peor de los pecados: no dependían del dinero americano. Ni por un minuto. Esto no solamente atemorizaba a los misioneros, sino que les aterrorizaba a todos. El no depender del dinero occidental significa que los occidentales no pueden controlar. Como tampoco pueden controlar a los conversos. Y lo que es peor, si la obra es orgánica, entonces, esa nativa expresión de la iglesia será suficiente para extraer de las iglesias americanas aquellos creyentes que, debido a su forma orgánica, les va más y se adapta a la cultura local. ¡Esto nos aterroriza! ¿Por qué? Porque ataca a nuestra base de poder, nuestra base monetaria, nuestra base numérica. Cuando uno sigue a un obrero nativo, nadie en América obtiene crédito alguno. Y cuando esto ocurre, perdemos dinero.

En segundo lugar, los nativos se dan perfecta cuenta cuando es levantada una iglesia para ellos, que está de acuerdo con ellos. Al encontrarla, salen de sus iglesias americanizadas y regresan a “casa”. Esto ocurrió en la China y en la India. Muchos de los nativos abandonaban las iglesias americanas. Los misioneros se enfadaban muchísimo cuando esto ocurría. Cuando debería haber ocurrido. Como misioneros, debería ser nuestra meta dejar lo inorgánico por lo orgánico. No debería haber sido esto gasolina para avivar el fuego de la ira.

Cualquiera podría haber visto las obvias diferencias en esas, diametralmente opuestas, expresiones de la fe cristiana. Los nativos gozaban; ¡Los misioneros atacaban!

En efecto, la experiencia local del cuerpo de Cristo pone a temblar a la mentalidad imperialista de los misioneros ingleses y americanos incluyendo las organizaciones para-eclesiásticas.  Estamos siendo atacados por una obra nativa totalmente lejana a nuestra influencia.  ¡Pero somos aún más mortificados si además esta obra es exitosa! ¡Y nos volvemos locos de remate si encima, esta obra, es bella!

Estas dos obras, pobres en cuanto a dinero, con reuniones llenas con gente pobre, podían e incluso llegaban a sobresalir por sobre cualquier cosa que se haya tratado hacer en el Oeste o ¡en América!

Estas obras, estaban totalmente alejadas de los bancos y púlpitos occidentales, escuelas bíblicas occidentales y la mentalidad del pastor occidental.

Pero quiero regresar a el tema de la vergüenza. No estábamos interesados de aprender de aquellos hombres. Aquí es donde reside la forma de pensar del cristiano americano:

¡Nadie vino a aprender de cualquiera de esos dos hombres!

Tengamos presente que miles de jóvenes se encuentran en el día de hoy en seminarios y escuelas bíblicas por todo el territorio americano y por el mundo angloparlante. Cada semana grupos de cristianos se reúnen en seminarios, conferencias, retiros y grupos de trabajo en un afán de acercarse más a Cristo. Vienen procedentes de todas partes del mundo de habla inglesa, para sentarse a los pies de unos pocos pastores que han llevado a cabo su trabajo con éxito.  Pero, a pesar de todo, las dos mejores obras del cristianismo, llevadas a cabo en todo el mundo, en los últimos 100 años, han pasado sin casi apenas ser notadas por el mundo cristiano.

¿Lo pones en duda? ¡Trata de buscar el trabajo de esos dos hombres en cualquier libro escrito sobre la historia de las misiones! ¡Trata de buscar sus historias! Nee probablemente recibirá dos frases. Pradham, quizá una frase, quizá ninguna. Singh, ¡ni siquiera es conocido por el cristianismo occidental!

Pero eso no es todo.

En tanto que cientos de miles de occidentales se sientan a los pies de los ministros occidentales, ninguno de los occidentales han ido a sentarse a los pies de Bakht Singh. (Algunos le visitaron por unos días, pero ninguno se quedó por tres años).

Ni un solo occidental se ha sentando, jamás, a los pies de Prem Pradham. Ninguno. Y no obstante, él debe ser la persona más destacada en la historia de la iglesia, en los últimos mil años.

¿Por qué fueron pasados por alto? Porque esos hombres no eran occidentales, su piel no era blanca, sus maneras de operar eran diferentes, su cultura extraña, sus iglesias orgánicas... por tanto, totalmente fuera de la expresión occidental. Además, ¿quién quisiera acercarse a un hombre que había sido difamado por los misioneros?

¡Nosotros somos americanos! Ellos son indios, nosotros americanos. Ellos son nepaleses nosotros americanos.

Querido nativo. Escúchame:

Nosotros los americanos no estamos interesados en el cristianismo indígena.

 Nosotros los americanos no estamos interesados en una clase diferente de iglesia en su país que sea, indígena, autónoma, autosuficiente y única. Solamente entendemos una cosa. Nosotros te traemos un cristianismo americano y una iglesia americana. ¡No tienes opciones! Lucharemos contra ti con todo nuestro poder, influencia y dinero si acaso se te ocurre levantar una iglesia cristiana que sea orgánica y nativa.

En este planeta, a ningún maestro que enseñe a misioneros se le ha ocurrido sugerir que los jóvenes en América, estudiantes para misioneros, vayan a visitar esas obras en India y Nepal. Ningún directorio de una misión u organización para-eclesiástica, fue jamás a estudiar la forma de trabajar de esos hombres o ir a aprender de sus vidas y experiencias.

Muchos de nosotros elegimos atacar a esos hombres con dientes y uñas.

¿Por qué?

Porque estamos ciegos. ¡Y occidentales! Pero sobre todos, estamos ciegos hacia la ekklesia, la vida de la iglesia, la comunidad del creyente. Nosotros no podemos concebir lo indígena. Nunca hemos escuchado sobre lo orgánico; ni siquiera sabemos lo que esta palabra significa. Nosotros los americanos no sabemos nada de la vida de la iglesia; nosotros solamente entendemos la “iglesia” en la forma que se nos fue dada desde los tiempos de la Reforma... un evento que tienen una duración de una hora a la semana todos los domingos. Eso es todo.

Lo que es peor de todo, no podemos ver nuestro complejo de superioridad. Nuestra actitud es tan natural como el aire en nuestros pulmones. Ni siquiera nos damos cuenta que lo tenemos. Nunca cambiaremos.

También conocemos muy poco sobre la cruz.

Pero también, nosotros los americanos, jamás nos hemos sentado en una reunión de creyentes que conforman un cuerpo orgánico de creyentes. Ni en tu país ni en el nuestro. En toda nuestra historia, nosotros los americanos jamás hemos visto una cultura que se parezca en lo orgánico e indígena a la expresión americana de la iglesia. Nos preguntamos que ocurriría si la viéramos.

¿Entienden lo que estoy diciendo? Los americanos nunca hemos visto una expresión americana orgánica de la vida de la iglesia, ¡en toda nuestra vida!

Hay probablemente menos expresión nativa de una, orgánica e indígena, iglesia en América que en cualquier nación de la tierra donde cristianos se reúnan.

Nosotros necesitamos lo mismo que ustedes necesitan. Lo que ustedes no tienen es exactamente lo que nosotros no tenemos.

Dudo mucho que la mayor parte de los cristianos americanos, en nuestro país, viajen 160 kilómetros para ir a visitar una expresión orgánica de ekklesia. Si tan interesados estuviéramos, probablemente iríamos a una sola reunión. Lo más probable sería que despreciáramos lo que habíamos visto. Al menos, no lo veríamos tan importante para nuestras vidas, el evangelismo, las misiones o nuestra propia desesperada necesidad de ver la verdadera vida de la iglesia.

Ahora ya tienen una visión acerca de lo que pasa por las mentes occidentales de los Anglo-Americanos-Imperialistas colonos de la fe Cristiana. Esta es una franca mirada a nuestro completo desdén y falta de interés por entender otras culturas, en favor de lo indígena y el trabajo de un “extranjero” en vuestra tierra.

Nosotros no tenemos una iglesia orgánica; como tampoco la tienen ustedes. Nosotros necesitamos una, al igual que ustedes.  Esto nos sitúa en el mismo terreno. ¿Puede existir en su país una iglesia indígena, orgánica y nativa? ¿Quién se atreverá a comenzarla? ¿Cómo se hace?

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