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El Escándalo de Nepal
¿Qué pasó en Nepal? Esta es la historia de una pequeña nación, una nación tan pobre, tan remota y atrasada, tan primitiva como lo era el mundo en la época de Pablo.
No te imagines una tierra con carreteras para conectar las ciudades. Solamente hay senderos. Fuera de la capital, Katmandú, el analfabetismo es casi 100%. Abundan las enfermedades.
El evangelio de Jesucristo estaba fuera de la ley cuando la iglesia nació en Nepal.
Un día un hombre de Nepal fue salvado en la India. Él se llevó el evangelio de regreso a su tierra pagando un alto precio, él y todos los que creyeron. Su historia no tiene precedentes en el cristianismo.
Después de mucha persecución, Nepal pudo ser bendecida con una expresión de la iglesia, tan pura, tan intensa, como lo fue la iglesia del siglo primero. La historia de la iglesia indígena de Nepal no tiene igual en la historia de la iglesia cristiana. Nada de lo hecho en el nombre de Cristo fue tan orgánico a la tierra que las iglesias que crecieron en Nepal.
Si en los últimos 1700 años ha existido una iglesia “del Nuevo Testamento”, esa fue la iglesia de Nepal. Desafortunadamente para ellos, ellos no cumplían los estándares de la forma de pensar americanos. (Como, me temo, tampoco lo hubiera hecho Pablo).
¿De qué manera la fe cristiana llegó a Nepal? No fue desde el Oeste puesto que el evangelio llegó a Nepal treinta años antes que el gobierno permitiera la libertad religiosa. El evangelio llegó a Nepal por medio de un nativo. El trajo el evangelio a su pueblo ¡cuando la fe cristiana estaba fuera de la ley! La iglesia de Nepal comenzó sin la menor influencia del Oeste y totalmente ilegal.
Tomen nota de esto: Un nativo trajo el evangelio a Nepal. La iglesia que nace en Nepal lo hace ¡sin la menor influencia del mundo occidental! Este hecho, tan simple, probó ser más tarde la razón de su desmantelación.
La persecución por parte del gobierno de Nepal no detuvo a una iglesia indígena, orgánica, nativa con sus propias costumbres, cultura y prácticas. Pero lo que los paganos perseguidores no lograron, sí lo lograron los misioneros americanos. Los misioneros americanos y las organizaciones para-eclesiásticas destruyeron un gran número de iglesias indígenas en Nepal. No se puede tener una iglesia totalmente pura, no occidental, no americana, en este planeta... al menos no se puede tener sin ser recriminado.
Lo que ocurrió en Nepal cuando llegó la libertad religiosa fue totalmente predecible. Exactamente lo mismo está ocurriendo en Albania en estos momentos. Escuchen, Europa del Este, ¡esto también ha ocurrido en más de 100 naciones de esta tierra! Ha ocurrido en todos los lugares donde nosotros los americanos o ingleses hemos llevado el evangelio. Aquellos de ustedes que tienen su origen en la Europa del Este necesitan estar al tanto del lado oscuro de las misiones americanas, el evangelismo y las organizaciones para-eclesiásticas. ¡Tenemos nuestros caminos no éticos! (Por supuesto que todo eso lo hacemos en beneficio de ganar almas para Cristo!)
¿Qué ocurrió? Antes de la libertad religiosa en Nepal existían unas leyes muy duras contra la fe cristiana, no permitiendo entrar al país ni a un solo misionero. Y cuando estas leyes fueron cambiadas, nuestras organizaciones para-eclesiásticas, no denominacionales, evangelísticas, llegaron por cientos a Nepal. Llegamos a Nepal con la misma mentalidad, los mismos métodos que ahora estamos utilizando en Albania, Rumania, Rusia y el resto de los países de Europa del Este... en estos mismos momentos.
Solamente encontrarán diferencia en el grado de agresión debido a nuestro desdén por los caminos, métodos, formas, que no son igual a los nuestros, y nuestro ataque a las iglesias que no son de origen americano, en los diferentes países. La agresión fue mucho más visible en Nepal.
Miramos a una iglesia que no se parecía a nada que nosotros habíamos anteriormente visto y nos horrorizamos. En nuestros ojos, porque la iglesia no era occidental lo que vimos fue algo extraño e inferior.
Nosotros los americanos, no podemos concebir
un evangelio, ni una iglesia, ni un obrero que sea occidental o no esté
totalmente influenciado por el occidente.
Nosotros no podemos ver una iglesia que sea válida, de acuerdo a las Escrituras o verdadera si no tiene un parecido a lo que son nuestras iglesias. A nuestros ojos, por su propia naturaleza, tal evangelio deberá ser calificado como equivocado y no de acuerdo a las Escrituras. Y, si por alguna razón se convierte en algo exitoso, comenzaremos a llamarlo culto aunque sepamos y estemos conscientes de que no lo es.
¡Están advertidos! El contarles la historia de la iglesia de Nepal no nos va a cambiar a nosotros los americanos ni nuestra agresividad en tierras extranjeras. Podemos atacar y hasta aplastar a los obreros nativos que buscan llevar a cabo un trabajo orgánico en las tierras que hemos entrado.
Únanse a nosotros o serán atacados, es a menudo nuestra actitud hacia el trabajo nativo que no ha sido influenciado por el Occidente.
Nepal no es más que una ilustración de muchos casos similares. En una historia donde existe una obra nativa y un plantador de iglesias indígena. Es la historia de lo que ocurrió cuando su obra, y las iglesias que levantó, se interpusieron ante el huracán del evangelismo americano, ante las misiones americanas, ante los misioneros americanos y las organizaciones para-eclesiásticas americanas.
Mi esperanza es que cuando leas esta historia, esta pueda cambiarte. Es muy poco probable que nos cambie a nosotros, los americanos, inclusive después de haber leído la historia. Tenemos una típica manera de ponernos a un lado, ante nuestras peores conductas cuando nos lanzamos a evangelizar.
Hasta este momento en el que escribo estas palabras, la iglesia de Nepal está siendo sistemáticamente destruida por organizaciones para-eclesiásticas americanas, misiones y misioneros. Esto es cierto principalmente en las ciudades y pueblos fácilmente accesibles a los occidentales.
Cuando los misioneros occidentales llegaron a Nepal (1990), había unos 30.000 creyentes en ese país. La ekklesia era la más pura y fina que la historia moderna ha conocido. Era orgánica en su centro y en su expresión.
Este hermoso drama de treinta años tuvo su fin cuando los vientos huracanados del evangelismo arrasaron. Literalmente miles de misioneros de un mes, arribaron. Oficinas de media docena de organizaciones para-eclesiásticas se asentaron en la capital. El evangelismo americano arrasó Nepal. Las noticias de los fantásticos resultados corrieron por todo el mundo. Llovió el dinero.
Cuando nosotros, los americanos, vimos las iglesias locales, las encontramos totalmente erradas. La iglesia indígena de Nepal no evangelizaba al estilo americano.
Vimos al hombre, su obra, su pueblo, su iglesia... y vimos su fracaso.
Lo que aquel hombre solo hizo en Nepal, constituyó uno de los más grandes logros cristianos en toda la historia del cristianismo. En mi propia estimación, los creyentes nunca podrían haber estado mejor. La Palabra prevalecía. Nepal escuchaba el Evangelio. Y lo mejor de todo, la iglesia era plantada de villa en villa y los conversos que ganados por aquellas iglesias se mantenían y conservaban juntos. Juntos en el Cuerpo de Cristo. La evangelización de Nepal había avanzado a una velocidad constante. Habían logrado algo que nuestro prepotente evangelismo jamás había hecho. Los conversos eran responsabilizados. Mantenidos en iglesias. Al contrario que nuestras organizaciones para – eclesiásticas en que los conversos son mantenido por la iglesia, y además funcionaban en la ekklesia.
El ser ciegos ante una ekklesia orgánica, servir a un dios llamado “la evangelización del mundo en una generación” y estar saturados de con un evangelio no tiene nada que ver con la iglesia, no nos permite a nosotros, los americanos, darnos cuenta de ello. Si no somos capaces de ver nuestros métodos, nuestra forma de pensar y nuestro evangelismo, ¡solamente veremos el fracaso!
Quizá la más preciosa posesión de aquellos cristianos de Nepal, algo que nosotros los americanos desconocíamos totalmente, era el simple hecho de que el evangelio estaba inexorablemente unido a la vida de la iglesia. El suyo no era un concepto occidental de hombres corriendo por las ciudades predicando y ganando grandes cantidades de hombres para rápidamente continuar a la siguiente aldea, ciudad, nación o planeta.
Al principio este hermano este hermano había ido de aldea en aldea, predicaba el evangelio, reunía a los conversos y se quedaba con ellos un tiempo hasta que nacía la experiencia de la ekklesia. La iglesia se había convertido en el centro de sus mismas vidas de los cristianos de Nepal, ¡como tiene que ser!
De hecho, es de esta manera como debería de ser en América. Pero esto es algo que los evangélicos de occidente no pueden entender. Para nosotros “iglesia” es algo que tiene que ver con una hora el domingo en la mañana. Los cristianos de Nepal andaban años luz delante de los americanos con respecto a su entendimiento, experiencia y compromiso hacia la iglesia. La iglesia era su vida... para ellos ¡la iglesia era su forma de vida!
Quizá su mayor equivocación fue hacer las cosas al estilo de Pablo. Su centro era la iglesia, local, orgánica, indígena. Habían preservado la cultura de su tierra. Los nativos de Nepal, al llegar a las reuniones, no se sentían como si hubieran traspasado una puerta hacia el occidente.
Para los nativos de Nepal, la iglesia no tenía nada que ver con edificios ni bancos. Ni siquiera una choza. Para ellos la iglesia significaba gente. Y su ekklesia no era aburrida, se había convertido en su forma de vida.
No hay siquiera que decir que sus reuniones eran vivas, en las que todos participaban.
Una hermosa historia. La iglesia era la forma de vida, una civilización... una comunidad de Cristo en medio del mundo.
Nosotros, los americanos, miramos y no vimos, ni siquiera nos importó. No estábamos interesados. En primer lugar, estábamos interesados en nuestras organizaciones americanas. Cautivados por nuestro consumidor mandamiento de evangelizar al mundo. La ekklesia no estaba en nuestras mentes cuando arribamos masivamente. La ekklesia no ardía en ninguno de los corazones que llegaron de América. No tratamos de preservar la iglesia orgánica que allí existía. Nadie habló sobre ello. ¡Llegamos, miramos y robamos! Compramos los cristianos. (Lo hicimos en Nepal antes de la apertura, ahora con las puertas abiertas de par en par, lo hacemos masivamente).
No nos paramos a observar cómo destrozábamos esas iglesias, ni que estábamos erradicando la expresión nepalesa del cuerpo de Cristo.
Nuestra propia agenda y nuestros procedimientos, era todo lo que teníamos en nuestras mentes. Ni siquiera les echamos una ojeada a aquellas iglesias, como ekklesia. Las vimos solamente como un lugar donde lograr adeptos. Esa falta de respeto hacia todo un pueblo y toda una cultura no fue mas que una horrenda farsa.
Lo que teníamos que haber hecho era habernos sentado a los pies de aquellos cristianos de Nepal y el haber humildemente aprendido de ellos el vivir la vida de la ekklesia.
Se perdió la gran oportunidad de toda una vida. La muerte de la iglesia indígena y local, al menos en las grandes ciudades y pueblos, se hizo notar en otro país. La americanización del cristianismo continuaba su marcha.
La cuenta: Una más iglesia indígena destruida. Los cristianos de otra nación americanizados.
A aquellos amados americanos les importaba un bledo por la calidad de aquel pueblo ni su sufrimiento en Cristo que habían experimentado. Los americanos sólo sabían que aquellos cristianos nepaleses no hacían las cosas de acuerdo al sistema para – eclesiástico americano. La forma del misionero: “The american way”
Escuchen, Europa del Este, ustedes tienen una elección. Nepal no la tuvo.
Pero la historia continúa, al igual que la tragedia.