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Imagen de cinerama en La Conquista del
Oeste (1962) |
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Imagen comprimida de
cinemascope en
La túnica sagrada (1953) |
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Cantando bajo la lluvia (1952)
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Imagen de
Crimen perfecto (1954)
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1952 Cinerama y cinemascope: llegan las macropantallas
La
crisis financiera que, desde comienzos de los años cincuenta, vive la
industria cinematográfica, fuerza a los grandes estudios de
Hollywood a la
búsqueda de innovaciones tecnológicas para poder competir con la
televisión. Así surgió el cinerama,
un sistema que, recogiendo la herencia de la
polyvisión empleada
por Abel Gance
en su Napoleón,
situaba tres películas de forma contigua para ampliar horizontalmente
el campo de visión de la pantalla hasta un ángulo próximo a los 150
grados. El sistema se presenta en 1952 con un documental filmado ex
profeso y titulado “Esto es Cinerama”,
pero hasta 1962 no se estrena la primera película de ficción rodada en
este formato: La conquista del Oeste.
Después aparecieron el Todd-AO
de Michael Todd
(un sistema de pantalla ancha de 70 mm, que Fred Zinnemann utilizaría
por vez primera en Oklahoma, 1955),
el vistavisión
de la Paramount
y, sobre todo, el cinemascope.
Partiendo de un objetivo anamórfico inventado por el francés
Henri Chrétien, que
permitía comprimir las imágenes al firmarlas, la
Fox desarrolló un
sistema para descomprimirlas al proyectarlas en una pantalla
panorámica, primero en formato 2.66:1 (frente al tradicional 1.33:1) y
luego, con la adición de la banda sonora magnética, en formato 2.35:1.
El cinemascope
fue presentado en sociedad con las imágenes de
La túnica sagrada (1953),
de Henry Koster
y fue adoptado rápidamente por la industria, de
modo que, tan sólo cuatro años después, el 80% de los cines de Estados
Unidos podían proyectar ya en el nuevo formato.
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Imagen
de La túnica sagrada (1953)
la primera película en cinemascope |
1952 La consagración del musical
moderno
Responsable
en buena parte, desde su cargo como productor ejecutivo en la
Metro, de la
evolución experimentada por la comedia musical a partir de los años
cincuenta, el productor Arthur Freed
encarga a Stanley Donen
y Gene Kelly
la dirección de Un día en Nueva York
(1949), construida sobre un libreto de
Betty Comden
y Adolph Green.
Nace así un título pionero del musical moderno, punto de arranque de
la fase adulta del género y expresión madura de una forma narrativa
que no necesita ya el pretexto de los escenarios para integrar la
música y la coreografía, sin solución de continuidad, en el desarrollo
de la acción y de los estados de ánimo de los personajes. En la misma
línea aparece después Cantando bajo la
lluvia (1952) de Gene Kelly y Stanley
Donen, uno de los títulos más sobresalientes del género y ejemplo
máximo de su renovación en este periodo, cuyo gran éxito de público
supone la consolidación definitiva de una tendencia a la que luego
incorporarán títulos como Melodías de Broadway 1955 (1953) de Vicente
Minnelli, Brigadoon (1954) de Vicente Minnelli, Mi hermana Elena
(1955) de Richard Quine o Siempre hace buen tiempo de Gene Kelly y
Stanley Donen.
1952 El cine en tres
dimensiones
Además
de las innovaciones en los superformatos de pantalla
(cinerama, Todd-AO. cinemascope),
los años cincuenta ven resucitar también un sistema de cine en
tres dimensiones (3-D)
que, heredero sofisticado de la fotografía
estereoscópica de los hermanos Lumiére,
había ensayado ya la Metro
en los años treinta y que Norling
presentó en la Exposición Universal de
1940. El procedimiento consistía en
superponer en la pantalla dos imágenes que respetaban el punto de
vista, y la distancia, del ojo humano y hacer que por medio de unas
gafas, que seleccionaban una impresión fotográfica para cada ojo, se
restituyese la imagen tridimensional. El sistema se presenta en
público en 1952 con la proyección de
Bwana, diablo de la selva (1952), de
Arch Oboler,
y goza de una relativa aceptación popular durante un par de años.
Habrá que esperar, sin embargo, a la aparición de
Crimen perfecto (1954)
de Alfred Hitchcock,
para encontrar una utilización creativa y narrativamente productiva
del invento antes de que la novedad de éste se disiparase y de que la
fatiga ocular provocada por la utilización de las gafas, unida al alto
coste de éstas, acabasen por sumir definitivamente el
3-D en el olvido.
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3-D, que requería que el
espectador usara unas gafas bicolores para crear la sensación
tridimensional. |
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Carl Theodor Dreyer |
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1954 “Ordet”: la referencia del cine religioso
Tras
haber rodado una de las obras maestras del cine mudo en los albores
del sonoro La pasión de Juana de Arco
(1927), el cineasta danés
Carl Theodor Dreyer
dirige en los años siguientes tres títulos más y, después de un largo
paréntesis, da a luz, en 1954, una de las películas más bellas y
lúcidas de la historia del cine: Ordet
(1954) (La palabra). Adaptación de la
obra del pastor Kaj Munk,
un miembro de la Resistencia asesinado por los nazis, su historia
transcurre en un rincón de Dinamarca en torno a los años treinta, se
adentra en lo más hondo del fundamentalismo religioso y desemboca en
la representación de una resurrección. Drama humano sobre los
conflictos entre la vida y la fe, Ordet
expresa con la serenidad propia de la
madurez el estilo más característico de
Dreyer (ascetismo visual, elaboración
minuciosa de los encuadres, austeridad y precisión de los movimientos
de cámara...) y es un título que, tras obtener el
León de Oro en la Mostra de Venecia,
se convirtió en una obra de referencia para la corriente más
consciente del cine religioso de inspiración protestante (desde
lngmar Bergman a
Lars von Trier;
véase Rompiendo las olas (1996),
pero también para el jansenista católico
Robert Bres son, cuyo estilo comparte con
el de Dreyer
la dimensión de la trascendencia.
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Imagen de
La
Palabra (Ordet ) (1954) |
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Portada de la revista Film
Culture |
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1955 Los ‘nuevos cines’introducen la modernidad
Instalado
en Nueva York desde 1947, Jonas Mekas
(un poeta lituano superviviente de los
campos de concentración nazis) funda en enero de 1955 la revista
Film Culture.
Desde las páginas de esta publicación, y también desde su columna
del Village Voice (titulada ‘Movie
Journal’).
Mekas sentó con
un estrecho grupo de colaboradores los principios del llamado
“New American Cinema"
cuyo manifiesto fundacional (“No
queremos películas falsas, pulidas; preferimos películas toscas,
pero vivas…”) se publica en septiembre
de 1960 como ir de un cine independiente opuesto a la producción
comercial de Hollywood.
El germen inicial de este movimiento (al que pueden adscribirse
trabajos de Kenneth Anger, Robert
Frank, Morris Engel, el propio
Jonas Mekas.,
John Cassavetes
primerizo de Shadows (1959) (Sombras)
(más tarde, también de Andy Warhol
o Emile de
Antonio) precede pues, a la eclosión
del free cinema
británico
(Londres, febrero de 1956; con la publicación posterior del
manifiesto de los Angry Young Mem
en 1958), de la
Nouvelle vague (1959),
del nuevo cine alemán (Manifiesto de
Oberhausen en febrero de 1962) o del
nuevo cinema brasileño (se presentan
Vidas secas (1963), de
Nelson Pereira Dos Santos,
y Dios y el diablo en la tierra del Sol
(1964) de
Glauber Rocha. El
new american cinema
ofrece, entre todos ellos, el impulso de mayor potencia
vanguardista, el desafío más radical frente al lenguaje del cine
dominante y la propuesta que expresa un mayor grado de ruptura con
el sistema de producción de la industria.
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Primer video-tape (1952) |
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Centauros del desierto (1956)
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1956 El soporte magnético: la revolución del vídeo
La
empresa americana Ampex Corporation,
que había fabricado en 1952 el primer
video-tape recorder
(grabador de vídeo),
comienza a producir en serie estos aparatos: cámaras capaces de grabar
la imagen sobre un soporte de cinta magnética
(video-tape). Es el
suceso de mayor trascendencia en la historia moderna del audiovisual,
ya que la nueva tecnología revoluciona (por su manejo fácil,
individual, incontrolable por la censura del Estado y potencialmente
democratizador) los sistemas anteriores para la grabación y
reproducción de imágenes. En 1967 Sony
fabrica la primera cámara portátil y, al año siguiente,
Ampex produce el
primer grabador de vídeo en color,
comercializado después por Sony
a gran escala a partir de 1972. En 1978, la empresa japonesa
JVC comercializa el
sistema VHS
que, con el tiempo, llegará a controlar la totalidad del mercado, ya
que consigue desplazar al Betamax
y se impone como el estándar generalizado para el uso doméstico del
vídeo.
1956 El ‘western’ alcanza su cumbre”Centauros del desierto”
Prefinido
por André Bazin
como el encuentro entre una mitología y un medio de expresión, el
western
alcanza su madurez como género
mientras abandona, poco a poco, los optimistas relatos épicos propios
de años anteriores para plantearse nuevos retos. Surge así esta obra
fertilizadora que lleva dentro una narración telúrica, alimentada a la
vez por el mito y por la historia, por las raíces germinales de una
rica tradición cultural y por la mirada enriquecedora de uno de los
más grandes artistas del siglo XX: John
Ford. La historia obsesiva de un
derrotado soldado sudista, empeñado durante años en rescatar a su
sobrina de los indios, se convierte en una implacable y lúcida
disección del héroe americano: un relato de misteriosa pureza y
complejidad inagotable que es, al mismo tiempo, una radiografía
estremecedora del lado oscuro del mito fundador de la nación
estadounidense. Centauros del desierto
(1956) de
John Ford supone una conquista mayor del
western, una
cumbre indiscutible para el cine de su autor y, adicionalmente, una
sorprendente, precursora irrupción de la modernidad en el seno del
clasicismo. |

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Imagen de Senderos de gloria(1957)
protagonizada por
Kirk
Douglas |
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1957 “Senderos de gloria” y el cine antimilitarista
En
medio de un contexto histórico dominado todavía por la herencia del
macartismo, por la realidad contemporánea de la guerra fría y por la
contienda bélica de Corea, la aparición de
Paths of Giory (1957) (Senderos de gloria)
supone un aldabonazo de gran repercusión. La historia narrada por
Stanley Kubrick,
centrada en la ejecución
“ejemplarizadora” de tres soldados
franceses, acusados de cobardía por no cumplir las atroces órdenes de
sus superiores durante la Primera Guerra Mundial (basada en un
episodio real, novelado por el excombatiente canadiense
Humphrey Cobb),
acabó siendo prohibida en Bélgica, Suiza y Francia (país donde no se
estrenó hasta 1975), mientras que en España fue preciso esperar hasta
1986 para que llegara a las pantallas. El mismo año apareció también
Adiós a las armas (1957)
de Charles Vidor,
pero la radicalidad y la lucidez crítica de
Kubrick para
diseccionar la mentalidad y el sistema militar hacen de
Paths of Giory una obra imprescindible,
un título precursor en la historia del compromiso antimilitarista y
antibélico del cine.
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Imagen impactante del cine
antibélico en Senderos de Gloria (1954 |
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El niño Antoine Doinel,
protagonista de Los 400 golpes (1959), rodada por Truffaut |
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1959
Eclosión de la “nouvelle vague”
El
Festival de Cannes
presenta Hiroshima
mon amour (1959), de
Alain Resnais, y
Los 400 golpes (1959)
con la que FrançoisTruffaut
gana el premio al mejor director. Dos meses después,
Claude Chabrol gana
el Oso de Oro en Berlín
con Los primos (1959)
y, al año siguiente.
Jean-Luc Godard
recibe en este mismo certamen el Oso de
Plata con Al
fina! de la escapada 1960,
película-manifiesto de cuantas rupturas formales y narrativas vienen a
instaurar la etapa de la modernidad cinematográfica. Era la puesta de
largo de la “nouvelle vague”,
término acuñado por Françoise Giroud
en L’Express (octubre de 1957)
y que dará nombre a un grupo de cineastas
(incluidos Eric Rohmer
y Jacques Rivette)
mayoritariamente amamantados en las páginas de
Cahiers du Cinéma.
Sus trabajos (con ciertas raíces en el manifiesto de
Alexandre Astruc
sobre la cámara -stylo;
París, 1948) se inscriben en la necesidad que tenía el lenguaje
cinematográfico de romper con los cánones del clasicismo. Nace así un
movimiento de naturaleza antirretórica, antiestelar y antiespectáculo,
impulsado por la política proteccionista de
André Malraux y que
viene a prolongar las búsquedas literarias del
“nouveau roman”
(Robe-Grillet Duras),
las dudas propias del existencialismo
(Sartre) y las inquietudes del teatro de
Genet.
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