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Llegada a España
del 
Cine Mudo

La llegada del CINE a España, fué dificil para los tecnicos, ya por medios ,    ; o por las dificultades de la vida pólitica y pobreza en cultura.  

 

 

 

Llegada del cine a España y Cine Mudo

 Fue el 14 de Mayo de 1896 cuando un experto en óptica llamado Boulade, enviado por los hermanos Lumière, llegó a Madrid para realizar las primeras demostraciones de lo que ofrecía el cinematógrafo. A lo largo de ese año, numerosos técnicos franceses recorrieron las principales ciudades españolas (Barcelona, Valencia, Bilbao, Zaragoza, etc.). Sin embargo, a diferencia de otros países europeos, España no se encuentra social ni moralmente preparada para aceptar y desarrollar una técnica tan moderna venida desde el extranjero. Un país en el que el 50% de la población era analfabeta (en consecuencia, España carecía de personal preparado para el manejo de estas nuevas máquinas, así como de centros de formación adecuados), y en el que la población campesina suponía el 68% del total, no estaba preparado para ello

  Además, las ciudades importantes, que era donde se pretendía dar más impulso a la industria del cine, no contenían más que a un porcentaje muy bajo de la población.
Además, como consecuencia de la mala situación del país, y de una generalizada falta de interés de la sociedad burguesa, la falta de inversión supone un factor decisivo en la evolución de la industria cinematográfica española, ya que la producción de largometrajes suponía en la época, igual que ahora, un desembolso muy fuerte.

 Por todas estas razones, desde el año de llegada del cinematógrafo a España hasta 1906, se puede decir que el cine español es prácticamente inexistente. Sí que se conservan algunos cortometrajes y rodajes de escenas típicas, tales como Baile de Labradores o Llegada de un tren de Teruel a Segorbe, pero fueron rodadas por técnicos y directores extranjeros, en su mayoría franceses.
Existe sin embargo, una excepción digna de mencionar por tratarse del pionero del cine español: Fructuoso Gelabert.

Fructuoso Gelabert

 Su primera producción fue probablemente Riña en un café, y fue casi con seguridad la primera película realizada en España con argumento. En los primeros años del siglo veinte comenzaron a surgir tímidamente algunas productoras cinematográficas, como Diorama (1902), que se dedicó sobre todo, además de a la producción de películas, a la fabricación y venta de artículos cinematográficos. También en está época salió Films Barcelona, en 1906. Para esta última, Gelabert trabajó durante algunos años, dejando películas como Corazón de madre, o Amor que mata, ambas de 1908.
 Todas estas productoras, al igual que Gelabert y prácticamente todos aquellos que en la época estaban interesados en el cine, se encontraban en Cataluña, si bien es cierto que también la zona valenciana gozaba de la presencia de hombres como Ángel García Cardona y Antonio Cuesta Gómez, que dieron lugar a la productora Cuesta y García Cardona.
Como ya se ha comentado antes, uno de los mayores problemas a los que se enfrentaban estas nuevas productoras era la escasez de fondos. La fuerte competencia que suponían algunas grandes compañías extranjeras hizo que la inmensa mayoría de las producciones de esta época no sean películas, sino más bien documentales, o rodajes de escenas cotidianas al más puro estilo de las primeras filmaciones llevadas a cabo en España por técnicos y directores franceses.

 Sin embargo, la fuerte aceptación que consiguió el cine en la ciudad condal no tuvo lugar en otras zonas de España. Tal es el caso de Madrid, donde actividades como los toros o la zarzuela estaban fuertemente asentadas. Allí, como en todas las ciudades, las primeras proyecciones habían sido realizadas en barracones o plazas públicas. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en Barcelona, la cada vez más poderosa burguesía madrileña asoció el cine a la clase obrera. De esa forma, la inversión en cinematógrafos fue casi inexistente, y las pocas salas que lograban sobrevivir lo hacían gracias a otro tipo de actividades, como zarzuelas, espectáculos humorísticos, etc.

 Es lógico que, dado que casi la totalidad del cine español estaba concentrado en Barcelona y Valencia, fuesen estas dos ciudades las que proporcionasen los mayores avances técnicos. De hecho, hombres como Segundo Chomón o Salvador Ropero tuvieron mucho interés por el color y el sonido respectivamente. El primero, después de trabajar muchos años en París, decidió abrir un taller de coloreado en Barcelona, llegando a alcanzar una fama internacional, y recibiendo encargos de los grandes productores franceses. Por su parte, Salvador Ropero inventó, en 1910, el cine fono, pero nunca llegó a tener éxito, ya que resultaba demasiado incomodo, después  entraría el director José Buchs con películas La mesonera del Tormes y El Fantasma del castillo (ambas en 1915)  El regalo de Reyes en 1919.

Segundo Chomón

José Buchs


El período de inestabilidad sociopolítica de los últimos años de la Restauración, entre 1919 y 1923, afecta también a la industria cinematográfica. De hecho, la producción de esta época supone menos de la mitad de la llevada a cabo durante los cinco años anteriores, entre 1914 y 1919. Además, cobró especial fuerza en estos años en Barcelona una campaña en contra del cine que llevaban tiempo promulgando las ramas más conservadoras de la Iglesia española. El más duro golpe que esto supuso para la producción catalana fue la pérdida del apoyo de la burguesía barcelonesa, y la imposición de una ley de censura en el año 1913, que llegó a su punto más duro a finales de esa década (se sabe que un fiscal del Tribunal Supremo se refirió al cine, en 1916, como una escuela del crimen).

 Todo ello hizo que la producción cinematográfica tendiese a reducirse en cantidad y que se trasladara a otras ciudades de la península. Así, numerosos técnicos barceloneses viajaron desde Barcelona y Valencia (donde también se había dejado sentir la crisis fuertemente) a Madrid, donde la industria cinematográfica resurgió. Teniendo en cuenta la anteriormente mencionada opinión de los burgueses madrileños sobre el cine, resulta extraño comprender cómo consiguió triunfar. Sin embargo, hay que valorar la entrada de películas extranjeras de mucha mayor calidad técnica que las españolas. Poco a poco, el hábito de acudir al cinematógrafo fue ganando reputación, hasta el punto en que quedaron en Madrid muy pocas salas que se dedicasen tan solo al teatro o la zarzuela. Este abrumador éxito de las producciones extranjeras (en su mayoría de EEUU) creó una tendencia en Madrid a rodar películas con un estilo americano. De todas formas, los medios y las tecnologías estadounidenses eran totalmente inalcanzables para la España de Primo de Rivera (por ejemplo, Estados Unidos estaba realizando superproducciones como la primera versión de Ben-Hur, que costó en el momento cuatro millones de dólares), con lo que la crítica se mostraba reacia a aceptar las producciones del país. Las consecuencias de esto fueron claras: las dificultades para conseguir sacar una película al mercado con éxito eran tan grandes que la producción sufrió durante estos años un descenso importante.
Fue algo más adelante, ya en los últimos momentos de la dictadura de Primo, cuando, mientras que en Barcelona los documentales habían llegado a su momento de mayor éxito, surge en Madrid una necesidad de crear cine de calidad. Dada la ya comentada falta de medios económicos y técnicos, y coincidiendo con la época modernista en otros campos artísticos, nace en España el cine experimental. Así, en 1928, Luis Buñuel, fundó, con su amigo Ernesto Giménez Caballero, el primer cine-club del país, al que rápidamente seguirán otros alrededor de la península.

Luis Buñuel

 Esto logró dar algo más de fuerza y de moral a los productores y directores, de forma que comenzaron a salir al mercado filmes con un estilo totalmente distinto a todo cuanto se había visto hasta el momento. Comenzaron a tener gran importancia en el cine, y sobre todo en hombres como Buñuel los movimientos modernistas de primeros de siglo, que se vieron reflejados en las pantallas. Filmes como Un mozo andaluz o Sexto sentido revolucionaron tanto el mercado nacional como el internacional. Se trataba, , del cine de denuncia social y el aquelarre goyesco. Ante estas imágenes y nuevas tendencias cinematográficas que tan fuertemente impactaban en la sociedad, el gobierno español tomó la decisión de prohibir ciertas películas, lo cual dejó a los espectadores españoles sin ver tan grandes obras como el documental sobre la localidad de Las Hurdes, Tierra sin pan.

Imagen de Un mozo andaluz

 

 

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