Editorial de ¡Ni un paso atrás! Programa del 22-08-02
Trelew en Avellaneda
¿Qué tienen que ver los 16 compañeros fusilados en Trelew hace 30 años y los piqueteros asesinados el 26 de junio en la estación de tren de Avellaneda? ¿Adónde se juntan sus sueños, sus luchas, sus muertes en combate, sus rebeldías?
Si por la derecha en el poder fuera, a los piqueteros muertos hace dos meses y a los compañeros de las organizaciones revolucionarias masacrados en agosto del ’72 los iguala “el uso de la violencia” entre comillas. “Foquistas”, “violentos”, “terroristas”, les dirían el poder y sus secuaces socialdemócratas, para trazar un paralelo falluto entre ellos. Unos con fusiles en el monte y otros con gomeras en la ruta; aquellos en la clandestinidad de la organización armada y éstos con pañuelos cubriéndoles el rostro.
Sin embargo, ese discurso demonizador, virgen de palabras como sentencia de juez federal, es mentiroso. Y perverso. Presenta como “aventureros locos” a los compañeros y no como militantes revolucionarios consecuentes con una concepción - y una lucha - política determinada. Pretende enterrar su ejemplo en el callejón sin salida de medir sus luchas a través de la condena a ciertos métodos por ellos empleados. O peor, condenan a esos compañeros – que eran la representación más elocuente y clara de una generación entera de revolucionarios - y a sus métodos de acción, según el resultado cuantitativo obtenido con sus luchas. Hacen así: cuentan cuántos muertos tuvo el pueblo en la pelea revolucionaria y concluyen que siempre será mejor “la democracia”, “la paz” y “las elecciones”. Sin embargo, la lucha por cambiar la vida no da n!
unca un resultado definitivo porque jamás los pueblos renuncian a su liberación.
Es decir, la relación entre ambas masacres la debe hacer el pueblo junto a sus referentes de lucha, y ninguno más. El análisis de la historia de la causa popular es una cuestión de clase y no puede ser pasto para que coma la derecha reaccionaria. Reivindicar la gesta de los que se fugaron de la cárcel de Rawson no para gozar de una libertad individual sino para volver a la lucha, y a los piqueteros que día a día enfrentan en la calle al poder y a su práctica de hambre y limosna, debe ser una tarea permanente, cotidiana, de los que siguen combatiendo de diferentes maneras, en ámbitos distintos, al mismo enemigo capitalista y burgués.
...Nadie debe hacerse ilusiones
de que puede conquistar una sociedad más justa
sin luchar por ello.. CHE!
Cintia. BSAS