Ministerio de Educación Superior

Universidad Yacambú

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Finanzas Públicas

T2

Justificación de la intervención del Sector público en la Economía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Realizado por:

Gustavo, Jaime

CI N° 11.962.050

 

 

 

 

Barquisimeto, Junio 2008.

Introducción

La justificación o no de la intervención del sector público en la economía ha sido tema de interés para el debate desde tiempos inmemoriales. Todo gobierno, una vez constituido, de una forma u otra ha utilizado su poder para regular, influir, orientar, canalizar, desviar y hasta seducir a la economía. De hecho, se cuenta que un asesor de Bill Clinton, ex Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en la década pasada, mantenía sobre su escritorio un cartel que solo decía la frase: “¡Es la Economía, estúpido!”. De forma tal, que no olvidara nunca la importancia de esta ciencia para cualquier gobierno.

Parece incuestionable que la Economía y los hechos económicos adquieren cada vez un papel más relevante en nuestras vidas. La disciplina económica, a la vez que permite comprender la conducta de los mercados y la justificación y las posibilidades de intervención del sector público, permite acercarnos a lo más cotidiano de nuestras vidas. Los principios económicos orientan muchas de las decisiones que marcan el destino de una sociedad y también contribuyen a explicar esas otras que conforman la actividad diaria de las personas. Basta con estar atento a las noticias de prensa, radio y televisión para darnos cuenta de la importancia que la Economía tiene en nuestros días.

Existe un consenso nacional sobre la necesidad urgente de promover un crecimiento económico sostenido y sustentable, generador de empleo y de bienestar social. Sin embargo, mientras existen coincidencias sustanciales referentes a la reforma política de Estado en el camino hacia la democracia, en materia de política económica hay visiones encontradas y quizá una de ellas, tal vez la más importante, concierne al papel del sector público (Estado) en la economía.

De allí la importancia de esta investigación, que una vez realizada la lectura recomendada, se propone analizar la justificación de la intervención del sector público en la economía, desde un punto de vista objetivo e imparcial.

 

 

 

 

 

Análisis

            Se considera pertinente comenzar este análisis con la siguiente frase extraída del  Informe del Banco Mundial (1991), sobre el Desarrollo Mundial, titulado “La tarea acuciante del desarrollo”, en la cual se expresa que:

 

La intervención del sector público no es de por sí una medida indeseable. Por el contrario, muchos tipos de intervención son esenciales para que las economías cristalicen todas sus posibilidades. En una lista abreviada de intervenciones indispensables se incluirían el mantenimiento del orden público, el suministro de bienes públicos, la inversión en capital humano, la construcción y reparación de las obras de infraestructura y la protección del medio ambiente. En todas estas esferas (y cabría sostener que en otras) los mercados son “deficientes”, por lo que es preciso que el Estado intervenga.

 

Haciendo un poco de historia, aunque en la época moderna los gobiernos han mostrado interés en intervenir sobre el proceso económico; la intervención del Estado en el sistema económico se ha dado prácticamente desde la aparición de cuanta organización social, máxime de éste. Ya en la antigua Grecia, los Imperios Romano y Bizantino tenían un Estado interventor, lo mismo en la Edad Media, etc., En un principio simples motivos políticos y militares llevaron a los gobiernos a participar en la producción (fábricas de armas por ejemplo) e intentar controlar las actividades comerciales.

La época mercantilista se caracterizó precisamente por el excesivo intervencionismo estatal, denunciado posteriormente por los economistas clásicos. La economía clásica y los fisiócratas pugnaron por el laissez faire que implica la nula intervención del Estado en los asuntos económicos, salvados los aspectos necesarios para la subsistencias de la sociedad, como era para asegurar la paz exterior e interior y la garantía de la propiedad.

A pesar de la propuesta de los clásicos, el Estado tuvo que intervenir en varios aspectos de la economía en el siglo XIX. Debido al impacto de la industrialización, los gobiernos (el inglés en primer lugar) tuvieran que intervenir para paliar las pésimas condiciones de trabajo de la clase obrera; la factory reform inglesa de la década de 1830 y 1840 limitó el empleo de los niños y las horas de trabajo diario y reguló el empleo de las mujeres, al tiempo que nombró inspectores de fábricas; la ley de salud pública de 1848 estableció normas que permitían la intervención del estado en este campo.

Con el surgimiento del estado de Bienestar, la intervención estatal se amplió considerablemente al campo de los seguros sociales y a la intervención en el mercado de trabajo. Pero fue a partir de la depresión de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial cuando la intervención estatal se amplió de forma importante. El intervensionismo en las épocas de guerra y de depresión económicas amplió las funciones del Estado y aumentó el gasto público y aunque tras la vuelta a la paz cierno algunos gastos, nunca retornaban a su nivel previo.

En el periodo de entre guerras surgieron los controles del comercio exterior y las intervenciones en los mercados de divisas. En ese mismo periodo se difundió la teoría keynesiana que proponía la intervención del Estado en la economía, a través de la política fiscal y la política monetaria, para evitar la crisis de desempleo. Por último, en el periodo posbélico se difundió la participación activa en pos del desarrollo económico.

La provisión por el Estado de servicios y bienes públicos tiene una larga historia, sin embargo, es solamente después de la Segunda Guerra Mundial cuando se generaliza en Europa la convicción de que es el Estado el sujeto económico que debe impulsar el crecimiento económico. De este modo, durante los años sesenta y setentas se generó un protagonismo creciente del Estado en las actividades industriales de los principales países europeos, surgieron así las primeras manifestaciones de las "economías mixtas de mercado" que suponían que más del 16.5 % del PIB (Producto Interno Bruto) era generado por el Estado en la Europa de los setentas.

El Estado, como representante oficial de la sociedad capitalista, tiene que hacerse cargo del mando de la producción, pero básicamente de la administración de la industria y de todas las ramas de la producción para que esta ya no perteneciera a unos u otros individuos en competencia, sino por el contrario, estas ramas de la producción pasarían a manos de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad. Engels, advertía una tendencia hacia la rectoría del Estado sobre la economía nacional, como algo inevitable, una transición obligada hacia una forma de capitalismo de Estado.

La presencia económica y social de un aparato burocrático, fuerte, centralizado y social es un elemento constitutivo básico en la modernización capitalista, cuyas políticas estatales han afectado los mecanismos, modalidades y tasas de acumulación de capital, y los mecanismos de distribución de los frutos del progreso técnico contenido en la industria.

 

Causas de la intervención estatal.

A lo largo del proceso de consolidación del capitalismo, ocurrió una transición compleja y con cambios profundos: la universalización del intercambio mercantil de mercancías, tierra, trabajo y capital; la formación y organización de estos mercados necesitaban de un fuerte apuntalamiento normativo para funcionar en forma adecuada. Es así como surge la organización estatal como el centro de gravedad de la remodelación de las nuevas relaciones entre las clases y los grupos sociales.

Organización y comportamiento del mercado: el mercado es una suma de racionalidades individuales no preocupadas por enfrentar los problemas de conjunto y de largo plazo del sistema. Desde la perspectiva del sistema es importante la rentabilidad, pero sobre todo crear las condiciones que la estabilicen a través de la construcción de infraestructura básica y de la producción de bienes públicos; de ahí la necesidad del Estado. El mercado no deja de tener su carácter atomizado en la toma de decisiones, menos aún en cuando las estructuras oligopólicas son dominantes y sus decisiones no garantizan una estrategia adecuada a las necesidades de la industrialización. En estas condiciones, se requiere de una instancia dotada de capacidad para organizar como un "actor colectivo" el sistema de relaciones económicas.

Distribución de los frutos del progreso técnico: en este aspecto la necesidad del Estado es significativa si consideramos la tendencia inherente a la concentración social y territorial de la riqueza. Los mecanismos por si solos acentúan la desigualdad y por ello requieren de intervenciones normativas que contrarresten esas tendencias que pueden hacer peligrar la continuidad del desarrollo.

 

Objetivos de la de la intervención estatal

La intervención del Estado puede ser orientativa, en el sentido que incentiva a la economía privada, para que ésta realice determinadas acciones. La acción del sector público sobre la economía puede tomar la forma de regulación de los distintos procesos económicos, mediante la actividad legislativa conforme el marco institucional dentro del que se desarrolla la producción, el comercio y las finanzas o mediante la manipulación y control de las variables económicas significativas que guían la iniciativa privada, a través de la política fiscal, monetaria o comercial. Así mismo, la intervención estatal puede realizarse a través de la intervención directa del sector público en la actividad económica.

A lo largo la historia moderna el papel del Estado ha sido de diversas maneras:

Se desarrollaba el papel del Estado como gerente social de la igualdad de oportunidades, creando la estructura económica de una sociedad de bienestar que proporciona educación, sanidad y protección, mediante la generación de los subsidios y pensiones a todos los ciudadanos.

El Estado interviene en la economía para corregir situaciones de crisis originadas por la expansión de la gran industria en el siglo XIX.

Así como ha jugado diversos papeles, también ha tenido diversos objetivos, algunos de estos han sido:

La intervención del Estado tiene como finalidad aumentar el gasto público e incrementar los impuestos en una cantidad igual, es decir; sin crear un déficit público, sin aumentar la deuda pública y al mismo tiempo, generando un efecto positivo sobre el producto y el empleo. En una situación de elevado desempleo, la política económica es capaz de reactivar la producción y el empleo manteniendo finanzas públicas "sanas".

Fortalecimiento del Estado mediante las nacionalizaciones y expropiaciones de empresas; lo cual dio comienzo a la formación del sector público en los sectores claves de la economía.

El Estado debe poner orden en la economía, reorientar las políticas y adoptar medidas para reactivar las economías, salvaguardando el interés y la seguridad nacional.

El Estado crea formas institucionales que no se reducen a garantizar la maximización de la rentabilidad o a evitar la violencia en el enfrentamiento de los intereses contrarios en el seno de la sociedad, sino que reconoce la mayor complejidad social y la necesidad de establecer causes institucionales para disminuir el potencial desorganizador del desarrollo.

El Estado debe ser agente de cambio social y transformación económica. Para ello requiere de un aparato burocrático que funcione fluidamente.

A través de la empresa pública, el Estado se vuelve en sí mismo un agente de la acumulación de capital, protagonista directo en la producción, distribución y financiamiento.

El objetivo primordial de la intervención estatal se basa en el apoyo a las inversiones privadas y a la creación de infraestructura asumiendo los riesgos y promoviendo nuevas áreas de inversión.

Propiciar la participación de los diversos grupos sociales en el desarrollo, mediante la elaboración de la política económica en la cual se relacionen aspectos políticos y económicos, ya que dicha política se enfrenta permanentemente a la necesidad de regular un sistema que atienda a la inestabilidad económica, social y política. La política económica es el resultado de conflictos entre grupos y clases que tienden a consolidar, crear o disolver equilibrios político-sociales en el campo económico. Los objetivos de la política económica deben expresar los intereses substantivos de los grupos dominantes, pero también deben considerar los intereses de los grupos dominados para garantizar consenso y justificación.

Institucionalizar los procesos de política económica aprobando: objetivos, aplicando instrumentos, organizando instituciones, evaluando las acciones aplicadas, y estableciendo compromisos entre diferentes grupos sociales para procurar el equilibrio.

 

Justificación de la intervención del sector público en la economía

Coincidiendo con el aparente deterioro del escenario económico de referencia, al que no son ajenas ni la actual fase recesiva de la economía mundial ni las más recientes perturbaciones monetarias y financieras, ha vuelto a suscitarse el debate —en cualquier caso, recurrente— sobre la idoneidad y oportunidad de las formas presentes de intervención pública en la economía. El ámbito y la intensidad de la actuación del sector público en los procesos económicos son concebidos, si no de modo radicalmente opuesto, sí con una amplia gama de matices por los diversos analistas.

Detrás de los posicionamientos sobre el nivel adecuado de gasto público, sobre la estructura conveniente de los ingresos públicos, sobre el papel de la empresa pública o sobre el grado de regulación de una economía, se adivina el influjo de las proposiciones relativas al papel económico del sector público derivadas de distintos paradigmas de análisis económico.

En la práctica generalidad de los supuestos, los procesos de obtención de las proposiciones relativas al papel del sector público en una economía de mercado, se caracterizan por la presencia de dos notas metodológicas: 1. La marcada tendencia a explicar la intervención económica del sector público como si fuera consecuencia de algún desajuste económico previo (en sus acepciones posibles de «fallos de mercado», «crisis endémicas» o «desequilibrio»). 2. El intento de justificar, desde un marco teórico de referencia, la necesidad e inevitabilidad de la actividad económica efectivamente desarrollada por el sector público.

Una vez que se identifican las imperfecciones del mercado se reconoce el papel que puede jugar el Estado para buscar el alcance de la eficiencia y también de la equidad. Se reconoce entonces que el Estado puede intervenir por dos razones principales, según el tipo de fallos de que se trata: en primer lugar, la intervención se justifica por razones de eficiencia, de manera que mediante varios mecanismos el Estado puede complementar o incluso suplir a los mercados para obtener los resultados que se tendrían bajo competencia perfecta. Entre los casos más importantes se encuentran: la provisión de bienes públicos, los cuales no son demandados ni ofrecidos a través del mercado; la corrección de externalidades o internalización de efectos externos, por medio de mecanismos como los impuestos, los subsidios, las multas o normas específicas como la prohibición de fumar en ciertos lugares o la emisión de gases; la regulación sobre monopolios, mediante leyes de competencia, el control de poder del mercado o la fijación de precios; la producción de actividades bajo monopolio natural, y la generación de información para facilitar el desarrollo de los mercados.

En segundo lugar, el Estado puede intervenir por razones de equidad o justicia social, así que se interviene en la economía buscando que los resultados que se alcancen a través del mercado sean más justos y tengan en cuenta a las personas más desfavorecidas, además de considerar ciertas fallas que presenta la racionalidad individual al ser sustituida o complementada por una racionalidad colectiva. Los principales ejemplos sobre este tipo de intervención se tienen en las políticas distributivas, mediante impuestos y subsidios, por las cuales el Estado busca luchar contra la pobreza y la desigualdad, así que se proveen bienes y servicios asociados al bienestar, como la salud y la educación; además, el Estado provee bienes preferentes o meritorios, de modo que interviene sobre la racionalidad individual mediante la obligación o inducción al consumo de ciertos bienes que generan bienestar (como la educación o el cinturón de seguridad) y la prohibición de otros que pueden ser perjudiciales (como las drogas o la pornografía).

Para comprender el papel que el Estado desempeña en la economía, se debe diferenciar entre una aproximación positiva acerca de la definición del Estado o el sector público, esto es, lo que hace el Estado ("¿Qué o quién es el Estado?", como lo plantea Stiglitz), y una aproximación normativa que se refiere a lo que debe hacer el Estado desde el punto de vista de la teoría económica. A partir de las funciones del Estado, es importante precisar la manera como se combinan el sector público y el privado y reconocer la participación de ambos en la provisión y la producción de bienes y servicios.

 

LAS FALLAS DE MERCADO COMO JUSTIFICACIÓN DE LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO

La economía es eficiente en el sentido de Pareto únicamente en determinadas condiciones. Hay seis circunstancias o condiciones en las que el mercado no es eficiente en el sentido de Pareto. Se denominan fallos de mercado y sirven para justificar la intervención del Estado:

 

1) Fallo De La Competencia (Monopolios)

Para que funcione la mano invisible, ha de haber competencia. En algunas industrias (automóviles) existen relativamente pocas empresas que dominan una gran parte del mercado, lo que indica la ausencia de una fuerte competencia. Sin embargo, la mera presencia de unas pocas empresas no implica necesariamente que éstas no actúen competitivamente. Si hay un gran número de empresas que pudieran entrar en el mercado, es posible que las ya existentes no puedan actuar de forma monopólica, ya que tan pronto como intenten obtener beneficios monopolísticos cabe la posibilidad de que entren otras empresas en el mercado y presionen a la baja sobre el precio de venta.

Cuando los costes de producción son elevados, es posible que el mercado en cuestión sea pequeño desde el punto de vista geográfico. Si sólo existe una empresa en una determinada área, la competencia puede ser nula (o escasa).

La segunda dificultad para saber si un mercado es competitivo la constituye el problema de definir el mercado. Ej.: papel de estraza como sustitutivo cercano del celofán.

Algunos monopolios son creados por el Estado. Ej.: sistema de patentes.

Existen barreras a la entrada de nuevas empresas debidas a los rendimientos crecientes de escala. Son casos en los que los costes de producción (por unidad de producción) disminuyen conforme aumentan el volumen de producción. Ej.: instalación de un gran generador eléctrico en una región que uno por cada barrio. En las industrias en las que hay rendimientos crecientes en escala, las nuevas empresas que tengan una baja producción se enfrentarán a unos costes mucho más altos que las empresas ya consolidadas que tengan una elevada producción.

Cuando una empresa ha logrado una posición de monopolio debido a la existencia de rendimientos crecientes de escala, se trata de un monopolio natural. Son las circunstancias las que determinan si un mercado es o no un monopolio natural.

Un ejemplo de un Monopolio gestionados directamente por el Estado: el correo.

Fijación monopolística de los precios y pérdida de bienestar ocasionada por el monopolio.

En determinadas circunstancias puede ser más eficiente que exista una sola empresa. Los monopolios (sean naturales o no), sino se regulan, restringen la producción para elevar el precio. El monopolista cuando aumenta sus ventas, sabe que debe bajar el precio.

 

2- BIENES PÚBLICOS

Existen bienes que, no son suministrados por el mercado, y si lo son; la cantidad en que son suministrados es insuficiente. Ej.: defensa nacional (a gran escala), boyas luminosas como ayuda a la navegación (menor escala). Se denominan bienes públicos puros. Con dos propiedades básicas:

1) no cuesta nada que otra persona más disfrute de sus ventajas. Formalmente, el hecho de que un individuo adicional disfrute del bien tiene un coste marginal nulo. Ej.: es lo mismo defender a un país de un millón de personas que de un millón y una persona.

2) en general es difícil o imposible impedir que se disfrute del bien público. Ej.: al evitar el ataque de un país,  no es posible excluir a alguna persona de los beneficios.

El hecho de que los mercados privados no suministren bienes públicos o suministren pocos, justifica muchas de las actividades del Estado.

 

3- EXTERNALIDADES

Existen muchos casos en los que los actos de una persona o de una empresa afectan a otras personas o empresas:

1) Externalidades negativas: en los que una empresa impone un coste a otras pero no las compensa. Ej.: planta química que vierte sustancias a un río cercano impone un coste a los usuarios del agua situados río abajo, quienes es posible que tengan que pagar una cuantiosa suma de dinero para purificarla y poder consumirla.

2) Externalidades positivas: en los que una empresa genera un beneficio a otras, pero no recibe ninguna retribución a cambio. Ej.: plantar un jardín delante de una casa y que los vecinos se beneficien de él al poder contemplarlo.

 

4- MERCADOS INCOMPLETOS

Los bienes y los servicios públicos puros no son los únicos que los mercados suministran inadecuadamente. Siempre que los mercados privados no suministran un bien o un servicio, aún cuando el costo de suministrarlo sea inferior a lo que los consumidores están dispuestos a pagar, existe una falla de mercado. Se habla en este caso de mercados incompletos, que dan lugar a la intervención del Estado. Un mercado completo suministra todos los bienes y servicios cuyo costo de suministro fuera inferior al precio que los individuos están dispuestos a pagar. Ejemplo: de mercados incompletos: 1) mercados de seguros: seguros contra las inundaciones, incendios, etc.; 2) mercados de capitales: préstamos hipotecarios a pequeñas y medianas empresas.

 

MERCADOS COMPLEMENTARIOS

Problemas relacionados con la ausencia de mercados complementarios. Ej.: productor de café y productor de azúcar. Sería ideal que las dos empresas pudieran unirse para seguir produciendo, ya que actuando por separado ninguna de los dos podría servir al interés público, pero sí actuando conjuntamente. Para tal finalidad, existen muchos casos en los que es necesaria una coordinación a gran escala, para lo cual quizá sea precisa una cierta planificación estatal.

EXCEPCIÓN: puede haber poderosas razones por las que los productores privados no suministran un determinado bien o servicio. Ej.: puede que los costes de transacción sean muy elevados.

 

5- FALLAS EN LA INFORMACIÓN

Algunas actividades del Estado se justifican porque los consumidores tienen una información incompleta y por la convicción de que el mercado suministra por sí solo demasiada poca información. Ej.: los gobiernos suelen exigir que los prestamistas informen  a los prestatarios del verdadero tipo de interés de sus préstamos.

Sus enemigos sostiene que son innecesarias (ya que el mercado competitivo ofrece incentivos a las empresas para que revelen la información pertinente), irrelevantes (ya que los consumidores prestan poca atención a la información que la ley obliga a las empresas a revelar) y costosas tanto para el Estado, que debe velar por su cumplimiento, como para las empresas, que deben cumplirlas.

Sus defensores alegan que, aunque es difícil aplicarlas eficazmente, son útiles.

La intervención del Estado para remediar esta falla de mercado: la información es, en muchos aspectos, un bien público; ya que suministrar información a una persona más no supone reducir la cantidad que tienen otras. La eficiencia requiere que se difunda gratuitamente, o que sólo se cobre el costo real de trasmitirla. El mercado privado a menudo suministra una información insuficiente, lo mismo que suministra una cantidad inadecuada de otros bienes públicos. Ej.: servicio de meteorología.

 

6- EL DESEMPLEO (PARO), LA INFLACIÓN Y EL DESEQUILIBRIO

Tal vez el síntoma más admitido de las fallas de mercado sea el elevado índice de desempleo que ha acosado  a las economías capitalistas en los últimos doscientos años, aún cuando hayan sido mucho más moderas a partir de la Segunda Guerra Mundial.

            El hecho de que haya una falla de mercado, como que los mercados no sean capaces de generar pleno empleo, no significa que tenga que intervenir el Estado. Hay que poder demostrar, además, que existen medidas mediante las cuales el Estado puede mejorar e funcionamiento de la economía.

            Las fallas de mercado analizadas, no son mutuamente excluyentes entre si.

 

LA REDISTRIBUCIÓN Y LOS BIENES PREFERENTES: DOS NUEVAS JUSTIFICACIONES DE LA INTERVENCIÓN ESTATAL

 

Las seis causas de fallas de mercado impiden que la economía sea eficiente si no interviene el Estado. Incluso aunque lo fuera, hay otros dos argumentos que justifican la intervención del Estado:

1) la distribución de la renta. El hecho de que la economía sea eficiente en el sentido de Pareto, no nos dice nada sobre la distribución de la renta, ya que los mercados competitivos pueden generar una distribución de la renta muy desigual y dejar a algunas personas unos recursos insuficientes para vivir. Una de las actividades más importantes del Estado es redistribuir la renta.

2) el temor de que el individuo pueda no actuar en aras de su propio interés.  Evaluar el bienestar de cada individuo de acuerdo con sus propias percepciones (como ocurre con el principio de la eficiencia en el sentido de Pareto) es un criterio inadecuado para juzgar el bienestar, ya que los consumidores pueden tomar decisiones “malas”, aún cuando posean una información completa. Ej.: cigarrillo, cinturones de seguridad.

Hay quienes creen que el Estado debe intervenir en estos casos en los que parece que los consumidores no hacen lo que más les conviene (paternalismo), y que el tipo de intervención necesaria no debe limitarse a suministrar únicamente información. Los bienes que el Estado obliga a consumir (cinturones de seguridad), se denominan bienes preferentes.

DOS MANERAS DE ENFOCAR EL PAPEL DEL ESTADO

El análisis de las actividades del sector público tiene dos aspectos:

1) el enfoque normativo que se ocupa de lo que el estado debería hacer, y

2) el enfoque positivo, que se ocupa de describir y explicar tanto lo que se hace realmente como sus consecuencias.

 

ENFOQUE NORMATIVO DEL ESTADO

Los teoremas fundamentales de la economía del bienestar son útiles porque definen claramente el papel del Estado. Si no hubiera fallas en el mercado ni bienes preferentes, lo único que debería hacer el Estado es ocuparse de la distribución de la renta. Ya que el sistema de empresa privada garantiza que los recursos se utilizarán eficientemente.

Pero cuando hay fallas en el mercado y el Estado necesariamente debe intervenir, hay que tener en cuenta dos observaciones:

1) hay que demostrar que existe, al menos en principio, una forma de intervenir en el mercado que mejora el bienestar de todo el mundo, sin empeorar el de ninguna persona.

2) demostrar que en el intento de remediar una falla de mercado, no es probable que el propio proceso político y la estructura burocrática de una sociedad democrática interfieran en la mejora propuesta en el sentido de Pareto.

El hecho de que puedan existir medidas gubernamentales que generen mejoras en el sentido de Pareto no implica necesariamente que la intervención del Estado sea deseable. También es preciso considerar las consecuencias de dicha intervención, en la forma que es probable que adopte ésta, dada la naturaleza del proceso político.

El análisis del papel del sector público basado sobre los fallos del mercado es en gran parte un enfoque normativo. Proporciona unos fundamentos para identificar las situaciones en las que debería intervenir el estado, matizados por la consideración de los posibles fallos de tal intervención.

 

ENFOQUE POSITIVO DEL ESTADO

Algunos economistas creen que la economía no debe centrar su atención en el análisis normativo sino en el positivo, describiendo las consecuencias de los programas públicos y la naturaleza de los procesos políticos. Qué importancia tiene las afirmaciones sobre lo que debe hacer el gobierno. Lo mismo que es posible describir el equilibrio del mercado sin referirse a la forma en que “deben” asignarse los recursos, también es posible describir un equilibrio político sin referirse a lo que debe hacer el gobierno. Los resultados dependen de las reglas del proceso político, de los incentivos que tengan las diferentes personas que participen en él, etc. Si se comprende plenamente la naturaleza de la administración pública, también se entenderá plenamente lo que haga el gobierno. Sobra cualquier intento de analizar lo que deba hacer. Postura extrema: ya que los análisis que realizan los economistas sobre el papel que debe desempeñar el Estado constituyen una parte importante del proceso político en las democracias modernas.

 

ENFOQUES Y TEORÍAS QUE VERSAN SOBRE LA INTERVENCIÓN DEL SECTOR PÚBLICO EN LA ECONOMÍA

 

En la teoría económica, el surgimiento y consolidación del Estado de Bienestar se explica a través del sistema keynesiano. Keynes inicia su análisis a partir de la constatación de que el desequilibrio del sistema, en época de crisis, no puede ser superado por los mecanismos autorreguladores del mercado. Por tanto la situación de un pleno uso de los factores productivos es virtualmente imposible. En las economías de mercado disminuyen los estímulos de inversión y la propensión al consumo, con lo que se determina una reducción de la demanda global y, por ende, se origina la falta de oportunidades con respecto a la utilización plena de los factores productivos.

La intervención económica estatal, para los autores marxistas, es una consecuencia directa de las limitaciones y debilidades del modo de producción capitalista. El Estado sería utilizado por la clase dominante para provocar contratendencias en un sistema económico abocado a la autodestrucción. Si las leyes objetivas que el materialismo histórico encuentra en el seno del capitalismo —nucleadas en torno a la caída tendencial de la tasa de beneficio— determinan la necesaria finitud de éste, el sector público vendría a ser el instrumento utilizado por la burguesía para eludir o retardar este destino histórico.

Como reflejan Holloway y Picciotto, el «desarrollo del Estado sólo puede ser entendido en el contexto del análisis de la crisis capitalista, y particularmente de la movilización de las contratendencias a la tendencia a caer de la tasa de beneficio». Es esta tendencia el grave desajuste económico que da paso a la intervención pública.

Los keynesianos adoptan una actitud metodológica semejante. Keynes defenderá, en su «Teoría General», una permanente y amplia intervención del sector público en la economía, pero sólo después de constatar analíticamente que «los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para procurar la ocupación plena y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos».

La probabilidad cierta de un equilibrio macroeconómico a niveles inferiores al de pleno empleo de los recursos productivos, con su correspondiente tasa de desempleo, constituye el principal desajuste económico que requiere la intervención pública. Dado que esta situación de pleno empleo sería inalcanzable de forma automática, se deberán establecer exógenamente métodos de gestión de la demanda efectiva.

En este sentido, el propio Keynes confiesa que defiende una amplia intervención pública en la economía como forma idónea de eludir los riesgos e insatisfacciones inherentes a un sistema de mercado. Como hemos comprobado con este somero repaso a los planteamientos analíticos de las principales escuelas de pensamiento económico respecto al fenómeno de la intervención pública, la norma habitual es la interpretación de las iniciativas públicas como respuestas automáticas a las demandas de unos procesos económicos amenazados por su propia lógica interna. En otras palabras, el sector público es presentado, en general, como un epifenómeno económico, cuyas iniciativas le son reconocidas, tácitamente, en virtud de una cláusula residual.

Identificábamos el intento de justificar el carácter necesario de las actuaciones económicas públicas constatadas como la segunda nota metodológica común a los procesos de obtención de las proposiciones relativas al papel del sector público en una economía de mercado. De esta manera, se suelen presentar como consecuencias «naturales» de la concepción de la intervención pública derivada de un marco teórico de referencia cuantas funciones o iniciativas económicas desempeñe el sector público en un escenario determinado.

Conclusiones

 

Una vez cumplidos los objetivos de la investigación, se presentan a continuación las siguientes conclusiones:

La constante presencia estatal en la economía no se reduce sólo al aspecto legal, a las condiciones generales que permiten el libre intercambio, sino que también contempla acciones de acumulación, distributivas e inclusive productivas, ya sea por una presencia directa del Estado como productor o través de un arsenal de instrumentos, procedimientos, normas y políticas que regulan y ordenan la actividad individual.

Al Estado se ha intentado caracterizarlo mediante rasgos tales como la monopolización del poder, de la coacción física y como una instancia de administración centralizada y racionalizada, que actúa dentro de un ámbito territorial definido. Sin embargo en éstos intentos de exclusión o disminución de la importancia de la economía estatal no se puede ocultar el papel evidente que el Estado juega en la economía.

El Estado organiza las condiciones bajo las cuales los ciudadanos, en su calidad de personas privadas efectúan intercambios dando sustento al proceso productivo destinado a la satisfacción de las necesidades sociales. El Estado desarrolla y garantiza el derecho privado, el mecanismo del dinero, la infraestructura, etc.; proporciona las premisas existenciales de un proceso económico guiado únicamente por el lucro individual, pero que

Entre las razones que justifican la intervención del sector público en la economía se encuentran: la gran complejidad técnica y necesidad de recursos humanos altamente cualificados limita el acceso de las pymes a los recursos necesarios para generar innovación; b) existen alternativas más rentables para los financiadores privados dado que la innovación es una actividad de riesgo; c) el conocimiento generado no es protegible de modo absoluto (lo competidores pueden aprovecharse de las creaciones propias) lo que desincentiva la innovación.

 

 

Infografía

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