El presente trabajo está basado en la
comunidad yanomami y el momento histórico es el actual.
Yanomamis: estado Amazonas, Venezuela
Población total: 20000
Asentamientos importantes en:
Venezuela y Brasil
Religión: Chamanismo, Cristianismo
Los yanomami (también llamados yanomamö), son una etnia indígena americana dividida en
cuatro grandes grupos: sanumá, yanomam,
tanomano y yanam.
Hablan lenguas diferentes pero se
entienden entre ellos. Se denominan también la nación yanomami.
El nombre correcto de
este grupo indígena es el de yanomamo (plural: yanomamos). La razón por la que en muchos idiomas se
conocen como yanomami o yanomamis se debe a que fueron los misioneros
salesianos de origen italiano los que se encargaron de las misiones católicas
en la región de los yanomamos y en italiano el plural
de yanomamo es yanomami. Corrobora este nombre el
hecho de que el padre Cocco, misionero italiano que
pasó muchos años viviendo entre los yanomamos, los
señalaba con este nombre y no con el plural en italiano. Los Yanomamis son uno
de los últimos tribus primitivos en nuestra planeta.
La población es de 20.000 personas. 12.000 viven en el sur oeste de Venezuela y
casi 8.000 en brasil.
En Venezuela vive la
mayor parte de los indígenas en el parque nacional Parima Tapirapeco.
Es el parque más grande de Venezuela, con 34.000 km².
Algunos Indígenas salieron del parque y viven ahora más cerca de comunidades de
los criollos o de los misioneros.
En la inmensa y verde
extensión del Estado Amazonas, la población aborigen es bastante numerosa. La
mayoría aún conserva sus costumbres ancestrales, como ritos religiosos y
dialectos autóctonos. Pese a todo se pueden observar poblaciones que ya se han
ambientado a la civilización, el lenguaje, la religión, el vestido y al uso de
implementos modernos. En algunos casos han introducido el uso de pequeños
equipos de sonido para suprimir el uso de sus antiguos pitos, tambores e
instrumentos de percusión empleados en sus danzas. La escopeta desplazó sus
arcos, flechas, cerbatanas y lanzas y los motores fuera de borda sus
tradicionales canaletes (remos).
La mayoría de la
población indígena se está formando una idea nueva del concepto de vida. La
intromisión del ente civilizado ha derivado en un radical cambio de costumbres.
Las misiones evangélicas asentadas en todo el territorio ha
extendido sus tentáculos y le ha dado un cariz distinto a la vida en las
comunidades. Todas estas misiones son integradas en su totalidad por
norteamericanos que operan en la zona con el nombre de “Misión Nuevas Tribus”.
Sus integrantes han sabido imponer una especia de vasallaje, dictando normas e
introduciendo variantes en el sentido religioso, moral y social y en su afán de
atraer, supuestamente a estas gentes a la sombra del evangelio, han radicado la
esencia de sus rituales y el indígena, poco a poco pero efectivamente, se ha
dejado influenciar tanto, que hasta ha aprendido a temerles y acepta estas
reformas en su medio de vida sin casi imponer objeciones.
Los Yanomamis poseen una
gran ventaja sobre la gente civilizada: el factor tiempo. Tienen tiempo para
charlar, para reír, para pensar en su mundo espiritual, hasta para el ocio. No
tienen que trabajar todo el día para conseguir todo lo necesario para su vida.
Es el sistema de vida propio del hombre natural ajustado a un clima benévolo
que les regala tiempo de sobra. Par la caza diaria puede ir un solo hombre que
regresa con la presa para su familia. Pero también pueden salir pequeños grupos
de cazadores. La mujer va sola a buscar la leña. Pero para trabajar en el
platanal va el hombre con su mujer. En cambio, la recolección de frutos es
realizada en grupos. Otros trabajos lo hacen en comunidad. Los techos
definitivos, por ejemplo, no los podrán construir solos, pues ello requiere la
colaboración de casi todos los hombres, labor que tarda aproximadamente un mes.
Etnografía: Los
Yanomami presentan una especial importancia etnográfica por el hecho de ser un
pueblo indígena que ha logrado vivir en armonía con su ambiente, que respetan
la naturaleza, que no producen basura, que no contaminan y que son
autosuficientes. Forman parte de los últimos reductos humanos que continúan
viviendo según los dictados de los pueblos prealfabetizados. Actualmente el
occidental que mejor los conoce y defiende, el etnógrafo “Chagnon”,
sitúa los yanomamö al borde de la destrucción. Esto
es debido a los fenómenos clásicos de la invasión colonial: conversión
religiosa, asimilación de roles inferiores respecto a una cultura superior y
despoblación por las enfermedades que los colonizadores llevaron consigo. Al no
poder combatir con eficacia ninguno de estos factores,
su estilo de vida tradicional puede verse irremediablemente afectado en menos
de una década, si no se toman las medidas necesarias.
Alrededor de 20.000
individuos que integran los yanomami viven desperdigados por la selva tropical,
en aldeas separadas por muchos kilómetros de tierra deshabitada. Alrededor del
70 por ciento de esta población ocupa el sur de Venezuela, mientras el resto se
distribuye por zonas adyacentes a Brasil, en concreto en una zona que comprende
parte del estado de Roraima y del Amazonas.
Vivienda: En
las aldeas pequeñas viven entre 40 y 50 personas mientras que en las grandes
pueden llegar hasta las trescientas. Sus aldeas -shabono-se construyen en círculo
y son completamente abiertas. Sus viviendas tienen forma cónica y viven en
grupos de familias. La situación de las cabañas puede variar y en numerosas
ocasiones, en lugar de formar un círculo, forman una hilera. Las familias
comparten con las otras familias de la comunidad los productos obtenidos de la
caza, la pesca o la cosecha (dentro de cada shabono conviven varias familias
como una comunidad). Cuando se reúnen alrededor de la hoguera que esta en el
centro del shabono, comen, conversan, fabrican su utillaje, explican sus
historias, mitos, leyendas y enseñan a los niños sus tradiciones.
Subsistencia: Los
Yanomamis se desplazan continuamente, es decir, son nómadas. Estos
desplazamientos están motivados por el corto periodo de la productividad de sus
cultivos. Cultivan en sus huertos la mayoría de alimentos: plátano, ñame,
batata y malanga. Un cultivo dura dos o tres años. Cuando la tierra se agota,
el poblado crea una nueva plantación en otro lugar. También recolectan productos silvestres y comen ranas. Practican
la caza todo el año, individualmente o en grupos, y utilizan el arco y la
flecha. La pesca se practica con menos frecuencia y para pescar utilizan la
flecha y el timbó, que es una especie de planta que zarandean en el agua para
atontar a los peces. Al basar su economía en principios básicos de autoconsumo
(elaboración de sus propias pertenencias: cestas, garrotes, arcos y flechas),
rompen los conceptos económicos de casi todo Occidente.
Rasgos materiales: Actualmente siguen utilizando motivos “decorativos” ancestrales en sus
cuerpos, los cuales se estampan con ciertos pigmentos naturales. Utilizan un
veneno mortal llamado curare, que untan esparcido en la punta de las flechas.
En cuanto a su vestimenta, debido a las condiciones climáticas, su vestimenta
es muy sencilla. Se visten con fines ornamentales más que protectores; un
hombre bien vestido no lleva nada más que unas cuantas cuerdas de algodón en
muñecas, tobillos y cintura, y el prepucio sujeto a la cuerda de esta última. La
vestimenta de las mujeres es igualmente escueta. Generalmente, se pintan el
cuerpo con muchos colores, principalmente rojo y negro además se ponen
collares, plumas en la cabeza y atadas a los brazos y pendientes.
Los Yanomamis no usan
vestidos. Los cordeles con que se ciñen los brazos , como también los que ciñen
las piernas y los que llevan alrededor de la cintura y finalmente el cordel que
los hombres usan alrededor de las caderas y del cual atan el pene sosteniéndolo
hacia arriba, no corresponden a vestidos propiamente sino que tienen orígenes
mágicos.
Tanto los hombres como
las mujeres acostumbran hacerse una tonsura en la parte superior de la cabeza.
Para hacerla usan tiritas de la corteza de un bambú. Este rapado que se hace
está comprobado que es autóctono entre estas tribus y no una copia de los
frailes. Se pintan con onoto (bixa orellana), todo el cuerpo con dibujos geométricos o partes
del cuerpo con áreas coloradas. Los hombres se adornan con plumas colocadas en
los lóbulos de las orejas y plumas grandes en el brazo. A los cintillos de los
brazos añaden pieles de animales cazados. Para ocasiones especiales suelen
cubrirse el pelo con plumones blancos de gavilán que adhieren con la vasta
pegajosa de árboles gomeros dando la impresión de tener un gorro que les cubre
todo el cráneo.
Las mujeres en cambio
buscan adornos provenientes del reino vegetal tales como fibras y hojas las que
usan como aretes. Las mujeres que han conocido hombre usan los adornos de
fibras y las jóvenes que aun no han mantenido relaciones sexuales las usan de
hojas verdes o secas. Usan también palitos que atraviesan por los lóbulos de
las orejas y al rededor de los labios.
Sistema social:
La vida social se organiza en torno a los principios tribales tradicionales:
relaciones de parentesco, descendencia de los antepasados, intercambios
matrimoniales entre familiares o grupos con un parentesco común y la autoridad
transitoria de jefes distinguidos, que intentan mantener el orden en la aldea y
son responsables de establecer las relaciones de la comunidad con otras aldeas.
El liderazgo suele estar vinculado al parentesco y los vínculos matrimoniales:
los hombres grandes o líderes, proceden de las familias más numerosas de las
aldeas. Según su ingenio, sabiduría y carisma pueden convertirse en autócratas,
aunque la mayoría de los jefes se limitan a actuar como superiores ante sus
iguales. No están exentos de limpiar los huertos, recolectar, cosechar, plantar
y cazar.
Han sido clasificados
como preagricultores nómadas, son cazadores y
recolectores de frutos silvestres, seminómadas con una agricultura incipiente.
Aunque viajan, durante meses tienen un establecimiento fijo desde donde
emprenden sus cacerías y recolectas de frutos. Sin embargo, el sustento diario
lo tienen asegurado con el cultivo del plátano. Antes de mudarse a una nueva
localidad, previamente siembran un platanal y solo se trasladan a este nuevo
lugar cuando este fruto se halla maduro y cosechable.
Viven en equilibrio con la naturaleza de la que forman parte, no reinan ni
imprimen su sello en ella; no la dominan, pero adaptados al medio conviven en
armonía. Es por eso quizás por lo que han podido sobrevivir sin una evolución
similar a la alcanzada por otros grupos de la humanidad.
En estas selvas no
peligran sus habitantes, si no las destrozan. Ni los vientos han podido llevar
a esas regiones distantes las plagas que afectan a los bosques en territorios
civilizados. No hay exceso de frío ni de calor. Nunca falta el agua, nunca hay
sed, nunca hay inundaciones en las selvas onduladas en donde ellos habitan. No
hay catástrofes.
La ubicación preferida de
los Yanomamis son las colinas selváticas, donde tienen mejor clima, poca plaga
y no hay paludismo. Evitan los grandes ríos y las pocas tierras inundables. Tampoco viven en la cima de montañas o
serranías altas. Hace más de 30 años, ha habido cambios en la ubicación de sus
poblados debido al acercamiento de la civilización a la cual no queda otro
camino que avanzar gradualmente en estas regiones por vía fluvial. Las buenas
condiciones físicas de los Yanomamis los hacen aptos para la vida en su
ambiente selvático. Son sumamente fuertes y sanos y además poseen gracia
natural en sus movimientos y el dominio perfecto de los músculos. Tienen todos
los sentidos muy despiertos y el del tacto en todo el cuerpo, es mucho más
sensible que en el hombre civilizado que por lo general lo tiene principalmente
desarrollado en las manos.
Corren con gran ligereza,
trepan a los árboles hasta grandes alturas y pasan ágilmente de rama a rama
para colectar las frutas. Si no pueden subir a un árbol porque el tronco es
demasiado grueso construyen enramadas hasta alcanzar el lugar deseado.
Para recoger los racimos
de la palma Pijiguao cuyo tronco está cubierto de
espinas, han ideado unos triángulos elaborados con ramas y bejucos, los cuales
van elevando alternadamente hasta llegar a los racimos sin que los hieran las
espinas. Llama la atención que la musculatura de sus extremidades superiores es
mucho más desarrollada en relación con la de las extremidades inferiores, miembros
que parecen frágiles a primera vista. Las piernas son delgadas, sin embargo
corren de manera muy diferente a la del hombre civilizado. Con una perfecta
coordinación de movimientos rinden mucho más.
Ellos soportan el peso
sobre el borde exterior del pie con las piernas cambadas y los pies hacia
dentro. Tienen el pie delgado en la parte del talón y ancho donde nacen los
dedos que tienen muy separados. La separación entre el dedo gordo y el
inmediato llega a ser hasta de centímetros. Con estos dos dedos pueden asir
cosas. Además pueden amoldar el pie al trepar o caminar sobre troncos, ramas o
piedras. Parecen agarrarse con los pies como si fuesen manos. La dentadura es
sana y fuerte. Sus dientes son anchos y parejos. Los usan como cuchillos y con
ellos pueden cortar bejucos con gran facilidad. Les duran sanos toda la vida. Su
estatura oscila entre 1.50 y
Un grupo familiar suele
ser poco numeroso. A lo sumo tienen otro niño cuando el mayor llega a los tres
años. La madre lo amamanta y el niño duerme sobre el abdomen materno. Durante
el día lo carga sobre el cuadril sujeto por una banda de corteza. En caso de
morir el niño antes de los 3 años, la madre casi inmediatamente concibe otro.
El padre no es menos cariñoso que la madre y alterna en el cuidado del niño. El
comportamiento afectivo entre los cónyuges es muy notable. Lo que no significa
que el hombre no llegue a pegarle fuertemente con un palo. En caso de
infidelidad, a veces resultan severamente maltratadas. Queda excluido todo
trato familiar entre la suegra y el yerno mientras que la relación entre madre
e hija nunca se rompe.
Durante la primera
menstruación de la hija, la madre se recluye con ella en un recinto formado de mamparos de hojas, preparado para esta ocasión. Temen que
los espíritus malos puedan causar daños sobre todo a las jóvenes durante la
menarquía. Es corriente que una niña de 9 años ya cuelgue un chinchorro en el
triángulo del futuro esposo, previamente elegido por los padres aunque sin
perder ella el contacto con su madre. A pesar de su corta edad la niña recoge
la leña y prepara la comida con lo que él le proporciona.
Los Yanomamis denominan
su poblado "Teca", que significa "hueco" y verdaderamente
es un hueco en la selva. Los techos individuales pueden guardar una distancia
entre si bien de un metro o de varios metros. Pero pueden también estar unidos.
En el centro se forma un patio central al cual ellos llaman “Shabono”. Este término
es el más común para denominar este tipo de vivienda la cual es muy apropiada
para la vida selvática y su materia prima está al alcance de la mano.
Para la construcción de
viviendas definitivas es preciso tumbar los árboles. Para esto, aun hoy día encienden
una serie de fuegos bajos alrededor del pie del tronco para quemarlo sin llama
viva, proceso lento pero seguro para derribarlo. Aunque actualmente casi no hay
tribus que no poseen hachas y machetes adquiridos de fuera. La vivienda
consiste en techos de una sola vertiente a veces de 45° de inclinación cuyo
borde superior puede alcanzar entre los 5 y los
El diámetro del shabono
dependerá del número de sus habitantes. Existen viviendas con una población de 50,
60 y hasta un máximo de 150 individuos y con patios de
El fogón está siempre al
lado del chinchorro, así que estando el indígena acostado o sentado, sin
cambiar su postura puede alimentar el fuego empujando los leños hacia el centro
del fogón y del mismo modo puede coger la carne asada. Se puede calcular el
número de familias que integran un shabono por el número de fogones existentes.
Cada grupo familiar cocina su propia comida en su propio fogón. A pesar de que
todos los hombres de la familia salen juntos a cazar y cosechar, el producto de
la caza y la pesca es repartido en partes iguales según el número de familias.
Alimentación: Los
Yanomamis ingieren proteínas en abundancia pues cazan dantas, chiguires, cunaguaros etc. Comen todas las aves menos las
águilas, comen también culebras, gusanos, lagartos arañas e insectos tales como
hormigas y sus larvas. La variedad en frutos silvestres que comen crudos o
cocidos supera significativamente la variedad de nuestros mercados.
El fruto apreciado por
los Yanomamis es el de la palma Pijiguao. Esta palma
es autóctona de
Cada palma produce al año
unos
En los primeros contactos
con los Yanomamis en el presente siglo, se observó que tienen ollas de barro
cocido, coniformes y muy rústicas que para cocinar la comida colocan en el
centro de los leños del fogón. Los plátanos y las frutas las envuelven en hojas
y las colocan sobre las brazas. La carne es asada junto a la llama del fogón y
tiene que estar bien cocida. Si está algo cruda o si muestra algo de sangre la
detestan y no la comen. Sienten temor supersticioso por la sangre.
Las calabazas enteras
sirven para guardar el agua potable, las partidas en dos mitades sirven para
guardar cualquier otra cosa. Hojas de platanillos y palmas sirven para envolver
frutas y nueces cuando las recolectan. Por supuesto, la selva les ofrece el
material para elaboras sus cestas y alimentar el fogón. Tejen cestas grandes y
redondas para cargar la leña o cualquier otra cosa. Cazan con arcos y flechas
de
Religiosidad: El
mundo espiritual de los Yanomamis está lleno de legiones de espíritus buenos y
malos que deambulan por todas partes. Creen en la existencia de otra vida en el
más allá. Para no quedar mal tienen que tomar ciertas precauciones para esa
vida futura. Allá arriba hay un gran Shabono para todos. Allí habrá abundante
cacería y frutos opulentos. Allí no nacen niños. Quizás la palabra “alma” es la
más adecuada expresión para lo que forma parte de un ser Yanomami, aunque se
separe cuando menos temporalmente del cuerpo durante la vida. Lo más cercano a
nuestro modo de pensar es el concepto del alma de
Noneshi es “la sombra del hombre”, es además
el alma sin la que no se puede vivir y que solamente puede ser vista muy a lo
lejos. Cuando un enfermo esta grave, el Noneshi se
va. Si se les pregunta a donde? ellos contestan
"andan por la selva sin camino". Los parientes y los amigos se
levantan entonces de sus chinchorros y con hojas de palmas en la mano se
inclinan desde el centro del shabono tratando de aprehender el Noneshi atrayéndolo con el movimiento de las hojas de palma
en dirección al lecho del enfermo Luego salen hacia la selva y si no logran que
regrese el Noneshi el enfermo muere. Entonces el Noneshi también sube al cielo como alma de
Para ellos una fotografía
es “Noneshi” ya que un alma de reflejo siempre vive
alejada del cuero humano. (Por eso a ellos no les gusta que le tomen
fotografías), son capaces de arrancarle a cualquiera la cámara de las manos y
romperlas.
Cuando un guerrero ha
matado a otro, carga una culpa que tiene que expirar, se mantiene en ayuno en
su chinchorro y se somete a una serie de otras prohibiciones. Al matar a un
águila tiene que guardar las mismas normas y también esta muerte le pesa mucho
en el pecho pues para ellos, en el águila vive su otro yo.
Cuando un Yanomami muere
sus pertenencias que provienen de la selva, tales como el chinchorro de
bejucos, los aretes, calabazas, etc. son quemados. No se pronuncia más el
nombre del muerto pero lo lloran durante meses y las mujeres de la familia se
pintan las mejillas de negro. Sus huesos son calcinados. Luego los trituran
golpeándolos con dos palos en un envase de madera. Una vez pulverizadas las
cenizas del muerto son guardadas en una calabaza que es tapada herméticamente
con cera de abejas silvestres. Meses más tarde, preparan un carato de plátano
con estas cenizas y en una ceremonia solemne es tomada por todos.
Este carato lo hacen triturando
plátanos maduros mezclados con agua en unos envases de corteza y lo toman
crudo.
Guerra: Son al
mismo tiempo pacificadores y valientes guerreros. La pacificación pasa a menudo
por la amenaza o el uso de la fuerza, de ahí que la mayoría de los jefes tengan
fama de waiteri o fieros. Viven también de la guerra
porque para los yanomamis la guerra forma parte de sus vidas. Durante los
combates suelen herirse allí y es raro ver una cabeza que no presente varias
cicatrices.
Escritura: Los
Yanomamis no tienen ningún tipo de escritura. No graban dibujos en piedras o
madera. Sus tradiciones y leyendas pasan de generación en generación por medio
de cantos antiguos. No cantan por placer. Cantan mensajes, cantan ritualmente.
Los cantos de los brujos son cosa indispensable en su oficio no conocen ningún
instrumento musical. Les falta el sentido de los números. Mientras la
numeración llega en pueblos primitivos a 7, la de los Yanomamis llega a 3.
Cuentan uno, dos y mucho. Las misiones tratan de enseñarles las tablas de sumar
y restar hasta 10. Todos aprenden a repetir los números, solo algunos varones
llegan a calcular cantidades.
Propiedad: Tienen
un sentido muy claro de propiedad. Los plátanos sembrados por un Yanomami son
cosechados por él y su mujer y nadie se atreve a coger las matas sembradas por
otro. Si lo hace, la pelea es dura.
Los trueques son individuales, Por
ejemplo si uno de ellos hace con un forastero el trueque de un objeto que no es
de su propiedad el verdadero dueño, al darse cuenta, forma un escándalo y
reclama de inmediato el objeto. En ocasiones le pide el forastero la devolución
del objeto.
Infografía
http://es.wikipedia.org/wiki/Yanomami
http://www.backpacker-tours.com/es/yanomami.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Yanomami
http://www.morellajimenez.com.do/yanomamis14.htm
http://www.edumedia.org.ve/indigenas/indi9.asp