Por
Gabriel Jaime Vélez Cuartas
Las palabras están íntimamente ligadas a las cosas y en las cosas reside la palabra. Dios, el hombre y las cosas viven en la palabra y por la palabra es que sabemos de ellas. No hay nada mas importante que la palabra, porque la palabra me hace presente todo lo que vivo y me hace llegar hasta el otro.
La palabra no es un medio, la palabra es la esencia, el espíritu mismo en donde la cosas viven.
En la edad media las cosas tenían signaturas, porque Dios había puesto en ellas signos para que las distinguiéramos y pudiéramos encontrarlas en el Universo. Pero Dios le dio al hombre la posibilidad más bella de todas, el nombrar y no por bella sino por acción creadora. La palabra termina la obra creadora de Dios. La palabra es Redención y no sólo vacío estético que deja las cosas innombrables.
Las palabras no son conceptos, porque los conceptos no nombran, ni me hacen presentes a Juan, a mi guitarra a mi hermana, a mi madre, al árbol debajo del cual me senté. Solo al nombrarlas en la palabra, estas cosas y personas se hacen actuales para mi y las vivo, no las describo o las experimento, las vivo actuales y me tocan y me transforman.
Por eso Dios existe, porque sin Dios es imposible que exista la palabra y la palabra me transforme, pero no por ser la palabra, sino porque me sirve para nombrar al otro, al otro que tengo a mi lado y que me hace salir de mi mismo y vivir la vida tal y como me la presenta.
Gabriel
Un cable va de Colombia a México, algo de vos llega hasta mí. La palabra dice y difunde, crea y recrea. Me alegra tu hallazgo, nada más preciado para mí. Tal vez sólo vos sepás lo difícil que es escribir para mí, cada vez soy más silencio, cada vez hablo menos y siento más. la rutina es un animal feroz que se esconde detrás de la piel más dócil, no te dejes seducir, ya conozco su dulce pero insípido beso.
Juan
Al principio de todo no había tiempo, no había espacio, no habían flores, no habían amantes, ni besos. Al principio de todo sólo estaba el principio, así no más.
Él rompió el silencio y lo primero que dijo fue luz y luego vio que era bueno y siguió con su labor bautismal y así llamó perros a los perros, flores a las flores, amantes a los amantes, muerte a la muerte, y a los hombres y mujeres no los llamó, sólo les dio viento para que de su propia boca pudieran salir los nombres y así culminar su labor y retirarse al infinito.
Cada vez que un hombre o una mujer nombran algo, es el viento de Dios el que sopla sobre las cosas y las saca del pasado en que fueron nombradas sólo para vivir la presencia del infinito en el instante justo y preciso del nuevo bautizo.
Desaparece el espacio, los caminantes en la calle se desvanecen, las sombras de los árboles desaparecen, la banca del lugar se hace imperceptible, no hay pájaros, ni tráfico, ni anchura, ni altura, no hay tiempo, ni cielo, ni día, ni noche.
Los ojos ya no son ojos, la piel ya no es piel, los labios ya no son objeto de deseo, el abrazo se hace fatuo.
En la mirada aparece el infinito y el amante se hace en eterna inclinación hacia su mirada. Movimiento sin retorno, inclinación que no pide nada a cambio y que en recompensa, si cabe la palabra, es la visión profunda del infinito en su amada. Círculo completo que va y vuelve del uno al otro en la infinitud de su obra.
Una vez vi al sol, incandescente, a su paso dejaba el rastro dibujando cada flor, cada hoja, cada araña, cada libélula.
De pronto sentí que comprendía el Universo, todo se hizo fácil y pude llamar flor a la flor, hoja a la hoja, araña a la araña y libélula a la libélula.
El instante se hizo infinito y cada cosa en el Universo cobró sentido profundo, existencial. No agarré a la flor, a la hoja, a la araña a la libélula, pero cada uno de ellos quedó en mí porque los viví y en ellos también pude vivir el infinito. Fui uno en ellos y ellos, uno en mi.
Magia, hoy es difícil entender que la magia pueda existir, si no es como truco o ilusión. “Lo pequeño es bello” diría Schumaher, y en lo pequeño reside la magia.
La magia está en el infinito que cabe en lo pequeño, en lo casi invisible. Lo infinito que transforma y mueve de lo propio a lo otro en el encuentro.
La magia es transformación, alquimia de lo natural en otro natural y el poder de esa transformación, está en el cambio que va más allá del propio control que pueda ejercer sobre las cosas, porque en la infinitud somos pequeños y desde la pequeñez sobrecogedora ante el infinito, no queda más que inclinación y reverencia. Inclinación y reverencia que se convierten en obra transformadora de lo propio.
Lo pequeño es lo otro, en lo otro reside lo infinito y no queda más remedio que buscarlo en el encuentro, pues allí reside el único sentido posible de existencia. No búsqueda, no premeditación, sólo encuentro gratuito y desprevenido.
Sólo si reposo, la mariposa se posará en mi y yo gozaré de su presencia en la profunda inclinación hacia la huella que le ha dejado el infinito.
Cada lenguaje se comunica a sí mismo en sí mismo; es, en el sentido más estricto el médium de la comunicación. Lo medial refleja la inmediatez de toda comunicación espiritual y constituye el problema base de la teoría del lenguaje. Si esta inmediatez nos parece mágica, el problema fundacional del lenguaje sería entonces su magia. La palabra magia nos refiere, en lo que respecta al lenguaje, a otra, a saber, la infinitud. Está condicionada por la inmediatez. En efecto, dado que nada se comunica por medio del lenguaje, resulta imposible limitarlo o medirlo desde afuera. Por ello cada lenguaje alberga en su interior a su infinitud inconmensurable y única. El borde está marcado por su entidad lingüística y no por sus contenidos verbales (Benjamín, 61).
En Benjamín el
lenguaje sólo es posible en la medida en que haga presente a las cosas, las
revele y precisamente el conocimiento se da en esa revelación. Cuando nombro
las cosas, cuando les doy su nombre propio. Pero el conocimiento no es
conceptualizar y abstraer las cosas como en el pensamiento occidental, sino
hacerlas presentes. Si algo se hace presente, puedo conocerlo, pero no es
precisamente conocer la cosa en sí, sino revelar a través del nombre la
presencia de la creación divina en ella a través de su signo. La comunicación
ya está asumida al hablar de presencia. Sólo me puedo comunicar y las cosas se
pueden comunicar, en la medida en que existan en el presente, que sean
inmediatas y no mediatizadas por conceptos y abstracciones.
La teoría
hipodérmica.
La
postura sostenida por dicho modelo se puede sintetizar con la afirmación de que
‘cada miembro del público de masas es personal y directamente atacada por el
mensaje’ (Wright, 1975, 79). (Wolf, 22)
El
sistema de acción que distingue el comportamiento humano debe ser descompuesto,
por la ciencia sicológica, en unidades comprensibles, diferenciables y
observables. En la compleja relación de un organismo y ambiente, el elemento
crucial está representado por el estímulo: éste comprende los objetos y las
condiciones externas al sujeto, que producen una respuesta. ‘Estímulo y respuesta
parecen ser las unidades naturales en cuyos términos puede ser descrito el
comportamiento’ (Lund, 1933, 28). La unidad
estímulo/respuesta expresa por tanto los elementos de toda forma de
comportamiento. (Wolf, 28)
La superación y la inversión de la teoría hipodérmica
tuvo lugar a través de tres directrices distintas pero en muchos aspectos
tangenciales y superpuestas: la primera y la segunda basadas en trabajos
empíricos de tipo psicológico-experimental y de tipo sociológico; la tercera
directriz representada por la aproximación funcional a la temática global de
los mass media, en sintonía con la afirmación a nivel
sociológico general del estructural-funcionalismo.
La primera tendencia estudia los fenómenos psicológicos
individuales que constituyen la relación comunicativa; la segunda explicita los
factores de mediación entre individuo y medio de comunicación; la tercera
elabora hipótesis sobre las relaciones entre individuo, sociedad y mass media.
(Wolf, 35)
La corriente empírico
experimental o de la persuasión.
La
teoría de los media resultante de los estudios psicológicos experimentales
consiste sobre todo en la revisión del proceso comunicativo entendido como una
relación mecanicista e inmediata entre estímulo y respuesta: evidencia (por
primera vez en la investigación mediológica) la
complejidad de los elementos que entran en juego en la relación entre emisor,
mensaje y destinatario. Ya no se trata de una visión global sobre todo el
universo de los media, sino que se tiende a estudiar por un lado la eficacia
óptima de persuasión y por otro a explicar el fracaso de los intentos de
persuasión. De hecho existe una oscilación entre la idea de que es posible
obtener efectos importantes siempre que los mensajes estén estructurados
adecuadamente y la evidencia de que, frecuentemente, los efectos perseguidos no
han sido alcanzados. (Wolf, 36)
Los estudios
empíricos sobre el terreno o de los efectos limitados.
La
perspectiva que caracteriza el comienzo de la investigación sociológica
empírica sobre las comunicaciones de masas afecta globalmente a todos los media
desde el punto de vista de su capacidad de influencia sobre el público: en el
mismo interrogante general se halla ya presente la atención a la capacidad diferenciada
de cada uno de los métodos para ejercer influencias específicas. (Wolf, 50)
La
teoría funcionalista de los media representa básicamente una visión global de
los medios de comunicación de masas en su conjunto: es cierto que sus
articulaciones internas establecen diferencias entre géneros y medios
específicos, pero la observación más significativa es la que tiende a
explicitar las funciones desarrolladas por el sistema de las comunicaciones de
masas. Este es el punto de mayor diferencia respecto a las teorías precedentes:
la pregunta de fondo ya no es sobre los efectos sino sobre las funciones
desempeñadas por las comunicaciones de masas. (Wolf, 68)
Algunas funciones de los medios que se plantean desde la teoría de los usos y las gratificaciones:
El
tercer trabajo que anticipa la hipótesis de los usos y las gratificaciones es
el análisis de Lasswell (1948) sobre las tres
funciones principales desarrolladas por la comunicación de masas: a)
proporcionar informaciones; b) proporcionar interpretaciones que hagan
significativas y coherentes las informaciones; c) expresar los valores
simbólicos y culturales propios de la identidad y continuidad social. A estas
funciones fundamentales Wright (1960) añade una
cuarta, la de entretener al espectador, proporcionándole un medio evadirse de
la ansiedad y de los problemas de la vida social. (Wolf, 80-81)
El
hombre está en manos de una sociedad que le manipula a su antojo: ‘él
consumidor no es soberano, como la industria cultural desearía hacer creer, no
es su sujeto sino su objeto’ (Adorno, 1967, 6). (Wolf, 95)
Se centra en el estudio de la cultura de masas y la relación entre consumidor y objeto de consumo. Ya el dilema cualidades o carencias al referirse a cultura de masas no es la preocupación central para describir el fenómeno de los mensajes producidos por los media.
La perspectiva de los cultural studies.
Se desliga de otras corrientes y propone un enfoque en el que los media son una institución social más que entra a competir en producción de símbolos y sentidos con las otras instituciones sociales.
La teoría matemática de la información es básicamente una teoría sobre la transmisión óptima de los mensajes: el esquema del sistema general de comunicación propuesto por Shannon es el siguiente: Fuente de información- mensaje- transmisor- señal- fuente de ruido -señal recibida –receptor – mensaje - destinatario.
Su
diferencia más importante con el esquema anterior es que ahora la linealidad de
la transmisión va unida al funcionamiento de los factores semánticos,
introducidos mediante el concepto de código. Es decir, se pasa de la acepción
de comunicación como transferencia de información a la de transformación de un
sistema en otro. El código garantiza la posibilidad de dicha transformación.
(Wolf, 138)
Respecto al precedente, el modelo semiótico textual representa un instrumento más adecuado para interpretar problemas específicos de la comunicación de masas. En particular, a diferencia de antes, ahora se subraya que hablar de un mensaje que llega, formulado sobre la base de un determinado código, y que es descodificado sobre la base de los códigos de los destinatarios, constituye una simplificación terminológica que puede inducir a error. En efecto, la situación es la siguiente: a) los destinatarios no reciben mensajes particulares reconocibles, sino conjuntos textuales; b) los destinatarios no comparan los mensajes con códigos reconocibles como tales, sino con conjuntos de prácticas textuales, depositadas (en el interior o en la base de las cuales es posible sin duda reconocer sistemas gramaticales de reglas, pero sólo a un ulterior nivel de abstracción metalingüística); c) los destinatarios no reciben nunca un único mensaje: reciben muchos, tanto en sentido sincrónico como en sentido diacrónico (Eco-Fabbri, 1978, 570). (Wolf, 142)
Escuela de Palo
Alto
Tomando
conceptos y modelos de la gestión sistémica, pero también de la lingüística y
la lógica, los investigadores de la Escuela de Palo Alto intentan dar cuenta de
una situación global de interacción y no sólo estudiar algunas variables
tomadas aisladamente. Así, se basan en tres hipótesis. La esencia de la
comunicación reside en procesos de relación e interacción (los elementos
cuentan menos que las relaciones que se instauran entre los elementos. Todo
comportamiento humano tiene un valor comunicativo (las relaciones, que se
corresponden y se implican mutuamente, pueden enfocarse como un vasto sistema
de comunicación); observando la sucesión de los mensajes reubicados en el
contexto horizontal (la secuencia de los mensajes sucesivos) y en el contexto
vertical (la relación entre los elementos y el sistema), es posible extraer una
lógica de la comunicación. Por último, los trastornos psíquicos reflejan
perturbaciones de la comunicación entre el individuo portador del síntoma y sus
allegados. (Mattelart, 48)
Desde pequeños nos
han enseñado a ordenar las cosas por su semejanza. Conceptualizo, categorizo y
ordeno: los bloques de menor a mayor, las piezas de la lotería que se
identifican unas con otras, los pedazos del rompecabezas en su unidad.
Concepto racional,
categorías ordenadoras del mundo. Todo aquello que no encaja dentro del marco
categórico es excluido y de esa forma puedo separar lo útil y no útil al
propósito constructivo.
Nuestra estructura
racional occidental está diseñada para buscar siempre lo idéntico a nuestras
categorías de pensamiento para que puedan ser introducidas dentro de un orden y
de esa forma alcanzar una argumentación válida al mundo social.
En sociedad
buscamos nuestros pares y desde allí constituimos nuestro mundo. Sólo los
idénticos caben dentro de nuestro proyecto, identidad que ella misma es una
categoría de organización para unir lo real bajo la abstracción.
Las cosas, las
personas se hacen conceptos y categorías que nos permiten realizar nuestros
propios proyectos de vida en tanto son idénticos y ordenables dentro de mis
categorías racionales.
Todo y todos
devienen objeto, objeto en tanto cosa que he aprehendido y la he vuelto parte
de mi en tanto la entiendo como unidad: así tenemos perro que puede ser
cualquier perro y no el perro de mi vecino, ciudadano que puede ser cualquier
individuo y no Juan que tiene ciertas ideas políticas, vándalo que puede ser
cualquier ser humano con cierta estética y no aquel que robó, todos ellos
incluidos dentro de conceptos que representan al mundo y hacen de mi mundo un
horizonte de sentido racional. En otras palabras economía conceptual, signos
que facilitan mi relación con el entorno para poderlo controlar.
La economía conceptual,
los signos, son llamados lenguaje. El lenguaje entendido de esta forma es medio
que permite entrar en contacto con otros seres habilitados también para
simbolizar y de esa forma comenzar la negociación de horizontes conceptuales.
El lenguaje posibilita
la comunicación desde esta perspectiva, pues se hace medio entre racionalidades
que intentan organizar el mundo y ponerse de acuerdo en un horizonte común que
permite la convivencia.
La comunicación se
hace instrumento mediador entre los sujetos sociales y finalmente permite la
intersubjetividad conceptual dirigida a objetos abstractos que constituyen los
acuerdos básicos a los que se ha llegado en la negociación de identidades.
La comunicación
instrumental es llevada al plano de lo teórico y finalmente, desde una
racionalidad positiva, permite que se le moldee a los intereses del proyecto
moderno, intentando entre todos los seres sociales, llegar a acuerdos de cómo
debe ser su mundo para que en él haya progreso.
El lenguaje como
medio y la comunicación como instrumento se han constituido desde las
abstracciones realizadas por los sujetos del mundo social. La comunicación se
ha desplazado del encuentro con el otro, al concepto propio que intenta el
control del mundo, de su mundo, intentando convencer a ese otro con los
argumentos que describen el horizonte conceptual sin escuchar su propia
esencia. Yo y mi mundo organizado son lo importante y sólo si el otro entra
dentro de esta organización existe, si no, más le vale convencerme de entrar en
el suyo.
Aparecen las
teorías modernas de la comunicación desde la principal preocupación por dar
orden a todo el entorno social desde los criterios básicos de progreso y razón.
El loco triste ama la vida pero es autista y sólo logra conversar con su bosque de flores del que es el rey. Sus súbditos le rinden pleitesía y lo decoran con sus pétalos de todos los colores y sus perfumes iluminados disparan bombas de olor lujuriante. El loco triste está en el paraíso pero es autista. ¿Cuándo podrá volver a encontrar la vida que se va a medida? Sabe que va por el buen camino. Ya la tierra lunar desapareció para dejar el espacio a todas las flores de la creación mental. ¿Cuánto tiempo más va esperar sin poder hablar, cantar o reír? Ya suprimió el invierno y el otoño de su calendario cervical.[1]
Habla de manera
argumentada.
Hay que deshacerse
de la ilusión autista. El autista loco está embebido en un mundo sin
relaciones. Su ilusión son las relaciones atadas con un débil lazo construido
por su imaginación racional. Imagina un mundo armónico relevante a su propio
mundo.
El círculo de
imágenes sólo puede ser roto por el encuentro. Los signos dejan de significar,
los símbolos de simbolizar, las representaciones de representar, el lenguaje
mediador deja de funcionar. Se ha entrado a un mundo nuevo, el mundo del otro.
Lo idéntico ha desaparecido y lo único que puede aparecer es el rostro
iluminado por la infinitud.
El habla aquí sólo
nombra y milagrosamente se descubre la escucha, pues su rostro no me deja otra
posibilidad más que la de escuchar. Inclinación profunda ante la mudez del
desconocimiento anterior, hacia el otro. El otro, absolutamente otro sólo puedo
conocerlo en el encuentro, antes truncado por todos los objetos amontonados en
mi conciencia que tapaban la visibilidad.
La escucha hecha
círculo les lleva a nombrar las cosas en su lenguaje originario. Cada cosa en
el mundo tiene su nombre y esa es la que habla de su realidad. El nombre
compartido es el punto común de diálogo y la comunicación por fin sella el
círculo del encuentro.
Nombra cosas y
busca encuentros. Información, datos, conocimiento, son herramientas útiles,
pero sabe que su labor no es hablar con argumentos, sino escuchar, nombrar e
inclinarse hacia el otro. Búsqueda infinita de interlocutores en la
construcción del día a día nombrando y articulando respuestas.
Su labor es
deshacer la ilusión autista.
Benjamín, Walter.
Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Madrid: Taurus,
1991.
Buber, Martín. Yo y
Tú. Madrid: Caparrós, 1995
Levinas, Emmanuel. La Huella del Otro. México: Taurus, 2000
--------------------------. Fuera del Sujeto. Madrid: Caparrós, 1997
Mate, Reyes.
Memoria de occidente: actualidad de pensadores judíos olvidados. Barcelona: Anthropos, 1997.
Mattelart, Armand y Michelle. Historia de las Teorías de la Comunicación. Caps. 1, 3 y 7 México: Mc Graw Hill, 1997.
Rosenzweig, Franz. El libro del sentido común sano y enfermo. Madrid: Caparrós, 1994.
-------------------------.
La estrella de la redención. Salamanca: Sígueme, 1997.
WOLF, Mauro. La investigación de la comunicación de masas. cap. 1. Barcelona: Piados, 1987.
[1] BANCO DE LA REPUBLICA. En torno a la figura. Cuatro décadas de pintura francesa. Santa Fe de Bogotá: Panamericana. 1997. p. 68. Texto que acompaña la pintura “El autista en el bosque de flores” de Robert Combas.