PARA UN MATRIMONIO FELIZ

SALVADOR GOMEZ

 

El autor dedica estas reflexiones a las parejas que en el camino hacia la felicidad les toca vivir momentos en los que creen que han llegado al final. Contiene su experiencia personal y pastoral, se encuentran pistas concretas como por dónde empezar, para los que quieran aceptar el plan de Dios, cambio de actitud, el cambio empieza dentro de nosotros, consejos prácticos y juntos para la gloria de Dios, una nueva ruta que pueda conducir a un matrimonio feliz. El éxito de la vida no consiste en rechazar las circunstancias que nos toca vivir, sino en la manera como la vivimos. Todos los matrimonios tenemos las dificultades normales de la vida como presiones económicas, políticas sociales, morales, etc. Pero mientras que  otras logran salir tomados de la mano de Dios cantando, alabando  bendiciendo al autor de la vida y del amor.


 

CONTENIDO

PRIMERA PARTE

INTRODUCCIÓN

1.      Usted no vive con él

2.      ¿Por dónde empezar?

3.      Para los que quieren aceptar el plan de Dios

4.      Cambio de actitud

5.      Los cambios empiezan dentro de nosotros

6.      Jesús convirtió el agua en vino

7.      Llenen las tinajas de agua

 

SEGUNDA PARTE

EXIGENCIAS PARA UN MATRIMONIO FELIZ

1.      Un camino que conduce a la felicidad

2.      Todo lo que vale cuesta

3.      Exigencias pera un matrimonio feliz

4.      Para el hombre

4.1.   La cabeza ama su cuerpo

4.2.   La cabeza cuida al cuerpo

4.3.   La cabeza gobierna al cuerpo

5.      Para la mujer

5.1.   Débora o devora

5.2.   Raquel supo motivar a Jacob

5.3.   El peor error que puedes cometer

6.      Conclusión

 

TERCERA PARTE

CONSEJOS PRÁCTICOS

1.      Casa-dos

2.      Un altar para Dios

3.      Necesidades económicas y recursos

3.1.   Cuando el hombre trabaja remunerado

3.2.   Cuando los dos trabajan remunerado

4.      La sexualidad

4.1.   Principios básicos

4.2.   Antes, durante y después

4.3.   Posiciones

4.4.   Fantasías sexuales

5.      Versatilidad

6.      Los derechos

7.      Trato amable

8.      Estar  y estar atentos

9.      Saber pelear

9.1.   Para no llegar al pleito

9.2.   Para pelear y salir con menos heridas

10.  El final

 

CUARTA PARTE

JUNTOS PARA LA GLORIA DE DIOS

1.      Sirviendo juntos al Señor

2.      ¿Por dónde empezar?

3.      Dios no se deja ganar en generosidad

4.      Las cosas y el tiempo

 


PRIMERA PARTE

 

INTRODUCCIÓN

 

1. USTED NO VIVE CON ÉL

 

A mi esposa con frecuencia muchas personas le dicen: "Dichosa usted, el esposo que tiene", a lo que ella contesta: "Usted no vive con él".

Todos los matrimonios tenemos las dificultades normales de la vida, la diferencia es que no todos logran superarlas.

Está pasando hoy lo mismo que pasó en el Antiguo Testamento con el pueblo de Israel.

Los israelitas pasaron en medio del mar sin mojarse, los egipcios se lanzaron en  su persecución, caminaron toda la noche y al día siguiente, el pueblo de Israel salió al otro lado, cantando y alabando a Dios. Los egipcios, en cambio, se quedaron ahogados en las aguas del mar (cf. Ex 14, 15-31).

Podemos preguntarnos: ¿Estaban pasando por el mismo mar o por mares diferentes? La respuesta es clara: Por el mismo mar. ¿Por qué, entonces, unos salen cantando y alabando a Dios y otros mueren?

Porque el éxito en la vida no consiste en las circunstancias que nos toca vivir, sino en la manera como las vivimos. Los matrimonios estamos viviendo esta misma experiencia. Nos toca atravesar el mar de problemas y dificultades que nos presenta la vida. Todos vivimos bajo las mismas presiones económicas, políticas, sociales, morales, etc. Pero unas parejas se ahogan en desesperación, mientras que otras se toman de la mano y logran con la ayuda de Dios salir al otro lado cantando, alabando y bendiciendo al autor de la vida y del amor.

Quiero dedicar estas reflexiones a las parejas que en el camino hacia la felicidad les toca vivir momentos en los que creen que han llegado al final.

Querido hermano(a): espero que tu experiencia de matrimonio sea dichosa y encuentres en las siguientes meditaciones sólo la confianza de las ideas que tú tienes. Si por el contrario estas frente a la dolorosa realidad de no poder continuar caminando unidos hasta el fin, lee con atención y no dejes que el cansancio te detenga, pues en las siguientes páginas encontrarás pistas concretas que te señalarán una nueva ruta que pueda conducirte a UN MATRIMONIO FELIZ.

Estas páginas contienen el resumen de mi experiencia personal y pastoral. No intento realizar exégesis bíblica ni estudios de teología moral.

Lo que me ha animado a compartir las presentes reflexiones es haber constatado que con ideas tan sencillas como éstas, muchas parejas se han tomado de la mano para emprender juntos lo que falta de camino.

Pienso en las parejas que con buena voluntad se esfuerzan por ser felices. Para ellos es mi oración y el amor con el que escribo.

Espero que no te toque leer solo. Pero si eres el único que se esfuerza, si logras pasar el momento difícil, serás doblemente feliz. Y si a pesar de todo, tienen que sufrir el fracaso, sabrás que hiciste lo que debías hacer y esto te dará, en la medida que sea posible, la paz contigo mismo y frente a los que te vieron luchar hasta el fin.


2. ¿POR DÓNDE EMPEZAR?

 

Debemos empezar por aceptar libre, voluntaria y humildemente la ayuda que Dios quiere brindarnos.

Cuántas veces llenos de orgullo y de autosuficiencia hemos luchado solos y rechazamos la ayuda que se nos podría brindar, ocultamos nuestra realidad pues nos avergüenza que otros se enteren. Nos engañamos creyendo que lo que nos está sucediendo es un mal momento que pronto pasará, pero en realidad las cosas empeoran cada día.

¿Hasta cuándo vas a esperar? ¿Hasta dónde quieres llegar?

Dos hombres iban en un automóvil y atropellaron a una persona. Por no aceptar la responsabilidad del accidente no quisieron detenerse y continuaron la marcha. Pocos metros adelante tuvieron que parar, pues advirtieron que el cuerpo se había trabado en el vehículo y lo venía arrastrando. Si se hubieran detenido antes, hubieran llevado un herido al hospital, pero al detenerse después, necesitaron recoger los pedazos de un cadáver.

Dios te conceda la gracia de reflexionar y detenerte hoy. Que el Señor te de la fortaleza de enfrentar tu realidad y hacer los cambios necesarios para mejorar el camino de tu vida. Recuerda que si no te detienes hoy, tendrás que hacerlo mañana y quizá sea para recoger el cadáver de tu vida, de tu matrimonio y de tus hijos, destrozados por tu falta de humildad para reconocer que necesitas ayuda.

Dios tiene un plan maravilloso para tu vida y puedes aceptarlo libremente, pues Él no se impone, sólo propone y respeta la libertad del hombre.

Un día Jesús se acercó a un hombre que llevaba 38 años de estar enfermo y le preguntó: “Quieres curarte?”: Jn 5, 2-6. ¡Qué pregunta! Con 38 años de estar sufriendo, esa pregunta era aparentemente innecesaria, pero Jesús la hace porque aunque tiene poder para sanar a ese hombre, no lo quiere hacer sin su consentimiento.

“El Dios que te creó sin pedirte permiso, no te salva si no le das permiso” (San Agustín)

Tú puedes escoger entre aceptar el plan de Dios para ayudarte o continuar hundiéndote en tu propio dolor e impotencia.


3. PARA LOS QUE QUIERAN ACEPTAR EL PLAN DE DIOS

 

San José, el esposo de la Virgen María, es un ejemplo para los esposos que están dispuestos a cambiar sus planes para aceptar el plan de Dios respecto a sus matrimonios. El evangelio nos dice:

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.

Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.

Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer: Mt 1, 18-24.

José estaba planeando ‘ABANDONAR EN SECRETO’. Desafortunadamente es el plan más común ante la incomprensión y los problemas matrimoniales.

Plan que para nosotros va desde la ausencia física y el abandono total hasta continuar viviendo bajo el mismo techo, pero ya ausentes.

Dios que es amor y no quiere ver destruido el amor entres sus hijos, interviene en la vida de José de la manera más sencilla y natural: ‘UN SUEÑO’.

Le propone otro plan: Regresar y sin temores aceptar a su esposa. ¡Qué admirable docilidad de José! ¡Duerme con un plan personal y despierta con el plan de Dios!

Cuantas veces nos cuesta abandonar nuestra postura; esperamos argumentos convincentes, mejores razones, y sucesos dramáticos. Querido hermano(a), que el  silencio de tu mente pueda escuchar la voz de Dios que dice:

‘NO TEMAS EMPEZAR DE NUEVO,

NO NECESITAS CAMBIAR DE PAREJA,

SÓLO NECESITAS CAMBIAR DE ACTITUD’.


4. CAMBIO DE ACTITUD

 

Un hombre oraba diciendo: “Señor, cámbiame a mi mujer”. La esposa que escuchaba esa oración decía humildemente: “Si, Señor, transfórmame”. El esposo interrumpe diciendo: “No, digo que me la cambies por otra”.

Muchas personas sienten más fácil cambiar de pareja que de actitud. El evangelio nos recuerda que:

Jesús vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: << Rabí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?>>

Respondió Jesús: <<Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día<<: Jn 9. 1-4ª.

El ciego a la orilla del camino representa nuestra dolorosa situación de fracaso; al lado del ciego un grupo pregunta: ¿Por qué? ¿Quién tiene la culpa? ¿Quién pecó? Pero Jesús no entra en el juego de buscar culpable, sino que inicia el proceso de buscar soluciones. Ellos preguntan: ¿Por qué está ciego? Jesús contesta: “Para que se manifieste en él la obra de Dios. Tenemos que trabajar…”

Este es el cambio de actitud: no pierdas tiempo buscando culpables, pues el que busca culpables ya aceptó el fracaso.

Cuantas veces hemos dicho o escuchado:

-Fracasamos porque nos casamos por compromiso.

-Nuestro matrimonio se ha destruido por tus vicios.

-No podemos continuar después de lo que has hecho.

-Tarde he comprendido que no te amo como eres, pues no he podido olvidar tu pasado.

-Hubiéramos sido felices, si no fuera porque…

En todos estos razonamientos los PORQUE pueden ser muchos pero lo grave es que se está aceptando el fracaso y sólo se busca un culpable. Jesús nos quiere trabajando por buscar la solución. Lo que urge no es preguntar: ¿quién le cerró los ojos al ciego? Sino ¿quién se los puede abrir?

Jesús tomó barro en sus manos y se lo puso en los ojos al ciego. Este gesto, trae a la memoria el relato de la creación y  muestra el inmenso amor de Dios que está dispuesto a empezar de nuevo su trabajo en nosotros, como en el primer día.

¿Esta es nuestra actitud? ¿Estamos dispuestos a trabajar para crear de nuevo nuestra felicidad?


5. LOS CAMBIOS EMPIEZAN DENTRO DE NOSOTROS

 

Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la curta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.

Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: <<Es un fantasma>>, y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: <Ánimo!, que  soy yo; no temáis.>> Pedro le respondió: << Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.>> <<¡Ven!>>, le dijo.

Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, grito: <Señor, sálvame!>> Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: <<Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?>> Subieron a la barca y amainó el viento: Mt 14, 22-32.

¿Cuántas veces hemos sentido que nuestra vida está a punto de hundirse? La tormenta es tan grande que nos parece imposible sobrevivir. ¿Qué pidió Pedro? ¿Cuál fue su oración? El no dijo: “Señor, que se calme la tormenta”. Tampoco pidió: “Señor, sácanos de aquí”. Su oración fue: “Señor, manda que yo camine sobre el agua”.

Esta debe ser nuestra oración:

Señor: no te pido que quites la tormenta o resuelvas mis problemas, no te pido que cambies las circunstancias en que me toca vivir; sólo te pido que me des la gracia de caminar por encima de ellas sin hundirme en el desaliento o la autocompasión, para no ahogarme en el fracaso y el dolor. Ayúdame a no quitar mis ojos de ti, para recordar siempre que todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

 

SI HAS CAMBIADO TU ACTITUD,

SI ESTÁS DISPUESTO A CAMINAR

POR ENCIMA DEL AGUA

¡ESTÁS A PUNDO DE VER UN MILAGRO!


6. JESÚS CONVIRTIÓ EL AGUA EN VINO

 

Escuché a alguien que decía: “Cuando éramos novios la quería comer a besos, ahora después de tres años de casado, me arrepiento, ¡por qué no me la comí!”

Esto parece una broma pero es una realidad. Cuan pronto se acaba la paciencia, la comprensión, la tolerancia, peor aún, se muere la ilusión con la que los jóvenes novios decidieron casarse.

Es urgente que Jesús realice en nosotros el milagro que realizó en las Bodas de Caná. Allá convirtió el agua en vino, ahora convertirá nuestras lágrimas en sonrisas, la indiferencia en ternura y nuestra frialdad en amor.

¿Cómo será posible este milagro? Veamos cómo ocurrió el primero para prepararnos al nuestro.

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.

Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: <<No tienen vino.>> Jesús le responde: <<¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.>>

Dice su madre a los sirvientes: <<Haced lo que él os diga.>> Había allí seis tinajas de piedra, puestas para as purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una.

Les dice Jesús: <<Llenad las tinajas de agua.>> Y las llenaron hasta arriba. <<Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.>> Ellos lo llevaron.

Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: <<Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora”: Jn 2,1-10.

En primer lugar vemos que en la lista de los invitados están María y Jesús. Qué sabia decisión de esta joven pareja.

Es una verdadera lástima que cada vez son más los jóvenes que prefieren vivir su amor en unión libre o realizando matrimonios como un requisito social, pero sin la profunda intención de poner su amor humano bajo el amparo y protección de Dios.

Esto es básico, pues en Jesús está la fuente misma del amor y la Virgen María acudiendo a Él, nos muestra cuál es el camino.

Son muchas las personas que al ver su matrimonio en crisis buscan las más diversas soluciones que van desde la profesionalidad de un psicólogo, consejero y orientador familiar hasta el intento desesperado de encontrar soluciones en el espiritismo, la brujería, la pulsera balance, etc.

Tú puedes perder todo el tiempo que quieras y buscar en todos los métodos que puedas, pero la Virgen María te propone el camino más corto: Hagan lo que él les mande.

Aquí se inicia una etapa diferente, termina la senda para el curioso y empieza el camino para el discípulo.

Tú tiene la libertad de escoger los principios en los que deseas basar tu vida, pero cuando tomas libre y conscientemente a Jesús como tu Señor y maestro el trabajo que te espera es de obedecer su Palabra.

<<Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mi>>: Jn 14, 6.

<<Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida>>: Jn 8, 12.

Le respondió Simón Pedro: <<Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios<<: Jn 6, 68-69.

Haz una pausa, suspende la lectura, cierra este libro y abre tu corazón, dobla tus rodillas donde te sea posible, cierra los ojos y ora con la mucha o poca fe que creas tener. Comienza repitiendo estas palabras o algunas parecidas:

 

JESÚS, MI SEÑOR Y REDENTOR,

ME ARREPIENTO DE TODOS LOS PECADOS

QUE HE COMETIDO HASTA HOY.

ME PESA DE CORAZÓN PORQUE CON ELLOS

OFENDÍ A UN DIOS TAN BUENO.

CONFIÓ EN QUE POR TU SABIDURÍA INFINITA

SABES QUE HE FALLADO MÁS POR DEBILIDAD

O IGNORANCIA, QUE POR MALDAD.

HOY QUIERO PONER EN TUS MANOS EL

CONTROL DE MI VIDA.

ILUMÍNAME PARA VER CLARAMENTE EL

CAMINO Y DAME LA FUERZA PARA

CAMINARLO SEGURO.

AMÉN.


7. LLENEN LAS TINAJAS DE AGUA

 

Jesús no viene a aparecer vino en las tinajas vacías. El no anula al hombre; supone su colaboración.

No fue fácil para los de aquella boda llenar seis tinajas de 50 a 70 litros de capacidad cada una. Jesús no quiso ahorrarles ese esfuerzo; lo pidió, los esperó, los bendijo y lo complementó.

Desde ese día quedo marcado el camino. Cada pareja que ve interrumpida su fiesta porque se ha acabado el vino del amor, la comprensión, las ilusiones, la alegría, debe llenar las tinajas vacías con el agua de su buena voluntad, de su confianza, generosidad y entrega; para tomar luego del mejor de los vinos, el vino que se toma después de haber aceptado al otro como es, después de haber puesto nuestra esperanza en Dios y de haber superado el desaliento.

SEÑOR JESÚS, TE INVITAMOS A NUESTRA BODA.

QUE LÁSTIMA QUE LO HAGAMOS CUANDO EL VINO SE ESTÁ TERMINANDO O CUANDO YA NOS ESTAMOS TIRANDO LAS TINAJAS, PERO TE NECESITAMOS HOY MÁS QUE NUNCA Y CONFIAMOS EN TU AMOR INFINITO QUE TE MANTIENEN DEL LADO NO DEL QUE MÁS TE MERECE, SINO DEL QUE MÁS TE NECESITA.

QUEREMOS PONER EN TUS MANOS LO POCO QUE NOS QUEDA DE ESPERANZA, LAS ÚLTIMAS GOTAS DE FE QUE AÚN TENEMOS, LOS MUCHOS DESEOS DE QUE LAS COSAS CAMBIEN, EN UNA PALABRA: EL AGUA DE NUESTRA VOLUNTAD.

SÉ QUE ES MÁS FÁCIL LLENAR ENTRE DOS LAS TINAJAS VACÍAS; PERO TE PIDO QUE MIENTRAS EL OTRO SE DECIDE, COMIENCE A PONER LO QUE ESTÁ DE MI PARTE.

QUIERO PERDONAR TANTAS OFENSAS Y PEDIR PERDÓN POR LO QUE HE OFENDIDO, QUEIRO DEJAR ATRÁS TANTAS MENTIRAS Y CON TU GRACIA LLEGAR A OLVIDAR O AL MENOS RECORDAR SIN DOLOR ESE PASADO QUE AMENAZA CON LLENAR DE OSCURIDAD NUESTRAS VIDAS.

HÁZ, SEÑOR, QUE PODAMOS TOMAR LOS DOS LA INICIATIVA Y SUPERANDO FRACASOS Y RENCORES TENGAMOS UNA MENTE SANAN Y CREATIVA PARA PODER TOMAR VINOS MEJORES. AMÉN.


SEGUNDA PARTE

 

EXIGENCIA PARA UN

MATRIMONIO FELIZ

 

1. UN CAMINO QUE CONDUCE A LA FELICIDAD

 

La mayor parte de los matrimonios que no son felices es porque no conocen el camino para lograrlo. Pero aun conociéndolo, no tienen el valor de caminarlo.

Es natural que un recién casado diga: “Me casé para ser feliz”, y este deseo, aunque sea una legítima aspiración, no es un buen punto de partida para llegar a la felicidad. Sabemos que estamos en el camino correcto cuando somos capaces de decir: “Me casé para hacer feliz a la persona que amo y al verla feliz encuentro mi propia felicidad”.

Los que se casan para ser felices, fracasan. Los que se casan para hacer feliz al otro, llegan a ser verdaderamente felices. El fracaso más grande en la vida no consiste en no recibir lo que queremos, sino en no estar compartiendo lo que tenemos.

San Pablo nos recuerda un principio que es válido para toda la vida cristiana y que en el matrimonio tienen una aplicación especial:

<<Mayor felicidad hay en dar que en recibir>>: Hch 20, 35.

Es una lástima que tan tarde nos demos cuenta que hemos sido poco generosos. La Biblia nos presenta el ejemplo de un matrimonio que fracasó porque no supo dar.

Un hombre llamado Ananías, de acuerdo con su mujer Safira, vendió una propiedad, y se quedó con una parte del precio, sabiéndolo también su mujer; la otra parte la trajo y la puso a los pies de los apóstoles. Pedro le dijo: <<Ananías, ¿cómo es que Satanás llenó tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del campo? ¿Es que mientras lo tenías no era tuyo, y una vez vendido no podías disponer del precio? ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios.>>

Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y un gran temor se apoderó de cuantos lo oyeron. Se levantaron los jóvenes, le amortajaron y le llevaron a enterrar. Unas tres horas más tarde entró su mujer que ignoraba lo que había pasado. Pedro le preguntó: <<Dime, ¿habéis vendido en tanto el campo?>> Ella respondió: <<Sí, en eso.>>

Y Pedro le replicó: <<¿Cómo os habéis puesto de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, aquí a la puerta están los pies de los que han enterrado a tu marido; ellos te llevarán a ti>> Al instante ella cayó a sus pies y expiró. Entrando los jóvenes, la hallaron muerta, y la llevaron a enterrar junto a su marido: Hch 5, 1-10.

El pecado de esta pareja no fue haber dado una parte de lo que tenían, su error fue asegurar que esa parte, era todo lo que poseían, todo lo que podían dar. Sus tumbas son un monumento a la falta de generosidad y los jóvenes que los enterraron comprendieron (como deben hacerlo las jóvenes parejas) que debemos enterrar la actitud mediocre de dar un 50%, para crear una nueva actitud de entrega al 100%. Los besos que no se dan, se pierden. Las palabras de amor que no se dicen, se olvidad y las sonrisas que no compartimos, se marchitan.

El matrimonio no es una sociedad de 50%. Debemos estar dispuestos a poner todo lo que está de nuestra parte.

Pensarás: ¿Yo qué recibo? Ésa no es tu preocupación, esa es la TAREA DEL OTRO.

El apóstol San Pablo, con palabras inspiradas dice de esta manera:

El casado se preocupa de cómo agradar a su mujer… La casada se preocupa de cómo agradar a su marido: 1Cor 7, 33-34.

Que noble preocupación es la que debemos tener en el matrimonio. Agradar al otro.

Tengo en mi mano una argolla con el nombre de mi esposa “María Elena” y seguramente en su mano estará una con el nombre de “Salvador”. Me pongo a pensar…

¿Por qué no tengo una argolla con mi nombre y ella con el suyo? Porque el matrimonio es un ponernos en las manos del otro y esa argolla es un grito que en silencio me dice: “Cuídame, mi felicidad está en tu mano”.

Cuando veo a una mujer que no se siente valorada, amada, realizada o respetada, no es ella la que ha fracasado, ha fracasado el hombre en cuyas manos ella puso su confianza y la esperanza de ser feliz. Cuando un hombre está insatisfecho y se ve reducido a productor de dinero, poco valorado, no se puede decir que ha fracasado, el fracaso es de la mujer que prometió amarlo y respetarlo hasta el fin.

Sufrimos cuando estamos más preocupados de que nos agraden o insatisfechos por que no lo hace. Y nos sentimos felices cuando nos preocupamos de agradar al otro, pues estamos cumpliendo nuestro compromiso de amar. ¡Qué tremenda responsabilidad tenemos los casados! En nuestras manos está que el otro se sienta:

 

USADO DE UNA MANERA EGOÍSTA

O

VALORADO, AMADO Y RESPETADO.


2. TODO LO QUE VALE CUESTA

 

Todos quisiéramos tener matrimonios llenos de amor y paz pero ¿estamos dispuestos a pagar el precio?

Si uno desea ser médico, maestro, mecánico, etc., sabe de antemano que debe pagar por una escolaridad y entrenamiento. Sólo después de un aprendizaje y muchos sacrificios puede coronar su carrera y empezar a adquirir la experiencia que con el paso del tiempo, si continúa su dedicación, llegará a tener muchos éxitos.

¿Y en el matrimonio qué? ¿Se puede ser feliz sin más?

Mi abuelo bajaba cada semana al pueblo para realizar compras que luego repartía entre los vecinos que le hacían encargos. Un día un niño se le acercó para decirle: “Don Chon, me trae un pito”. Al oír esto, los demás niños empezaron a decir: “A mi también”, “yo quiero uno”, “yo quiero dos…” El abuelo caminaba sin decir palabra. De repente se acercó un niño con unas monedas y poniéndolas en su mano le dijo: Don Chon, aquí le doy este dinero, me trae un pito”. El abuelo respondió: “Tú si vas a pitar, hijo”.

¿Estás dispuesto a pagar el precio para tener un matrimonio feliz? Tú si vas a pitar. La paz y la felicidad tienen un precio.

Jesús se acerca a un endemoniado, y ante la orden dada por el Señor los espíritus malos contestaron:

<<Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.>> Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara –unos dos mil- se arrojo al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porquerons huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor: Mc 5, 12-15.

El cambio de aquel hombre fue notorio. Antes estaba herido, desnudo y vagabundo por los montes; ahora “sentado, descansado, vestido con dignidad y en sano juicio”.

¿Cuál fue el precio? Tuvieron que ahogarse 2000 cerdos. A la gente del pueblo, sobre todo a los dueños de los animales, pareció que Jesús no había calculado muy bien el costo, por eso le pidieron que se retirara de ese lugar.

¿Por qué Jesús permitió eso? ¿No podía liberar al hombre sin que se ahogara ni un cerdo? ¡Claro que podía! Pero Él quiso mostrarnos anticipadamente lo que después nos confirmó en la cruz, para salvar al hombre es necesario pagar un rescate.

En la balanza de Jesús pesó más el hombre que los dos mil cerdos que tuvieron que ahogarse. ¿Cómo está tu balanza?

Si ponemos a un lado la felicidad de tu matrimonio y al otro tus vicios, infidelidades, odios, celos rencores, orgullo, etc., ¿hacia dónde se inclina? ¿Estás dispuesto a dejar que se ahogue? Recuerda que no puedes tener las dos cosas al mismo tiempo. ¡Algo tienen que ahogarse! Posiblemente pi8enses que es muy duro y radical, pero tener un matrimonio estable y feliz es algo tan valioso, que sólo los que se atreven a pagar el precio pueden disfrutarlo.

Si estas dispuesto a pagar el precio y quieres saber cuál es, continúa leyendo.

‘TODO LO QUE VALE CUESTA’.

‘EL QUE QUIERA CELESTE, QUE LE CUESTE’.

LA QUE QUIERA SER BELLA QUE MIRE LA ESTRELLA’.

‘EL QUE QUIERA PESCAR, QUE SE MOJE’.

‘EL QUE QUIERA UN MATRIMONIO FELIZ SIGA LEYENDO Y PONGA EN PRÁCTICA LO QUE LEE’.


3. EXIGENCIAS PARA UN MATRIMONIO FELIZ

 

Ya en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel sabía que el matrimonio era algo sagrado que se debía cuidar. Para ello tenía leyes específicas y muy estrictas.

Si un hombre comete adulterios con la mujer de su prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera: Lv 20, 10.

La fidelidad y estabilidad del matrimonio eran considerados más valiosos que la vida misma. La ley era entonces: fidelidad o muerte. De esta manera no duraban mucho las discusiones entre parejas que ya no se amaban. Eso sí, había muchas viudas y viudos.

Jesús dice:

<<No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento<<: Mt 5, 17.

De manera que a la ley de la muerte no sólo le da su pleno  significado, sino que la extiende para todos los que desean ser sus discípulos. Jesús nos dice:

<<Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ese la salvará>>: Lc 9, 23-24.

Tomar la cruz quiere decir estar dispuestos a morir para ser fieles a Cristo. Y esta es la nueva formulación de la Ley: “Muerte para ser fieles”.

Un poco más difícil que en el Antiguo Testamento, porque aquí es morir cada día, y más aún, un morir voluntariamente al orgullo, las pasiones, los malos deseos y todo orgullo que impida que la vida de Cristo esté en nosotros. Todo esto ha de hacerse voluntariamente, según el modelo de Jesús.

<<Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre>>: Jn 10, 17-18.

Cuando tratamos de aplicar esta ley de “dar la vida voluntariamente” en el matrimonio, entonces se sacan conclusiones muy concretas.

Querido hermano(a): Si has llegado leyendo hasta aquí, es que realmente estás interesado. Dios bendice tu interés, pero pide al Señor que te dé la gracia especial para leer, meditar y sobre todo practicar lo que a continuación está escrito.

En el capítulo siguiente estudiaremos las exigencias más importantes que la Palabra de Dios pide al hombre y a la mujer que desean tener un matrimonio feliz. Deberíamos hablar a los dos al mismo tiempo, pero por cuestiones prácticas se hará por separado. Solemos decir: Las damas primero, es cuestión de caballeros. Pero en el orden de Dios no es así. Le hablaremos primero a los hombres, ya que Dios se presenta siempre como “el Dios de Abraham, Isaac y Jacob” Ex 3,6.

Un Dios interesado en hacer alianza con los varones, pues en su plan el varón es el líder, cabeza y responsable de guiar no sólo su vida, sino la de toda su familia.

 

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