FLOR DE UN DÍA

Estas son algunas notas interesantes sobre el creador del Nuevo Periodismo, Truman Capote, que aparecen en la revista Proceso, la víspera del estreno en México de la película biográfica del famoso periodista y autor de "A sangre fría".

La resurrección de Truman Capote
Sanjuana Martínez

Philip Seymour Hoffman, quien ya se llevó el Globo de Oro en Londres por interpretar al autor de A sangre fría, va por el Oscar al Mejor Actor en la cinta Capote, que se estrena en México el 10 del actual. En medio de cintas de carácter biográfico que seducen al Hollywood de hoy, la personificación de este escritor se perfila memorable.

SAN FRANCISCO, CAL.- "No ha habido nadie como yo, y no va a haber nadie como yo, cuando me vaya", dijo Truman Capote antes de morir. Sin embargo, en el año 2006, durante dos horas, el actor Philip Seymour Hoffman es Capote en la película que aspira al Oscar y que será estrenada en México esta semana.

En la cinta, titulada precisamente Capote, le devuelve la vida al creador del "nuevo periodismo" en un retrato fascinante.

Aclamado por la crítica, Seymour-Capote hace honor a la elocuente afirmación del autor de Desayuno en Tiffany's:

"Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio."

Al filme, con cuatro nominaciones al Oscar, le antecede una larga lista de premios y un súbito resurgimiento literario.

La ópera prima del director Bennett Miller, basada en la biografía de Gerald Clarke (Ediciones B), no cuenta la vida de Capote, más bien se centra en los entresijos que rodearon la escritura y publicación de su novela A sangre fría, basada en el asesinato de la familia Clutter en Garden City, Kansas, un suceso que dio origen a la primera novela de "no-ficción", un nuevo género en la literatura del siglo XX.

Seymour, asiduo actor secundario de Hollywood, no sólo retrata con magistral precisión al personaje, se mete en su piel, hace suyos los gestos afeminados, su voz chillona, luce su vestuario, adopta su complexión, peinado, manías, miserias y bondades.

El resultado es contundente: durante 110 minutos el espectador cree estar viendo a Capote. La película se convirtió en la favorita de la categoría de mejor actor con esta memorable interpretación. Seymour Hoffman (Nueva York, 1967) ganó los premios de las dos asociaciones de Críticos de Cine y ahora le llueven las ofertas. Luego de la favorita a los Oscar Brokeback Mountain, con ocho nominaciones, el filme sigue obteniendo grandes recaudaciones.

"Mi película quita la mascara a Capote y muestra lo que había detrás de esa persona. No se queda en lo superficial, al contrario, indaga y muestra complejidades, universos y diversos personajes", dijo el director Bennett Miller.

Éste muestra el tormento que sufre Capote al sostener la relación con los asesinos Richard Hickock y Perry Smith. Ofrece, además, el dilema moral del periodista que utiliza sin reparo, de manera frívola y narcisista, a los delincuentes para su beneficio propio:

"Rodar Capote ha sido muy doloroso y me ha llevado mucho trabajo. No se puede decir que tenga una excepcional facilidad para hacer buen cine porque se me ha dado bien mi primera película", reconoce el director.

Capote ofrece además un retrato suculento del mundo periodístico: su instinto y maestría en el género de la entrevista y la crónica. El autor estadunidense invierte cinco años de su vida para realizar su más importante obra y la película muestra ese complejo proceso, con sus luces y sombras.

El escritor viola una de las reglas básicas del periodismo: no involucrarse personalmente con el entrevistado. La relación manipuladora entre Capote y los asesinos de los cuatro miembros de la familia Clutter se estrecha conforme la historia avanza, particularmente con Perry Smith, con quien mantiene, desde la cárcel, un intenso intercambio de ideas y sentimientos.

Capote parte de una pregunta: ¿Qué fue lo que provocó que estos dos hombres sin antecedentes criminales mataran a sangre fría a una familia entera? El espectador se da cuenta de que la línea que separa a un criminal de cualquier otro ser humano es infinitamente débil.

El idilio Perry-Capote es tan profundo que el director Douglas McGrath rueda actualmente la película ¿Have you heard?, en la que cuenta el presunto trasfondo amoroso que unió al escritor y al asesino.

Ese vínculo afectivo, casual o premeditado, fue devastador para Capote, quien después de su gran éxito narrativo no fue capaz de escribir ninguna novela más.

"Boom" literario

La película está basada en la biografía de Gerald Clarke, amigo personal de Capote, quien invirtió más de 13 años en entrevistas con el autor de Música para camaleones; las conversaciones postreras las sostuvo unas semanas antes de que el escritor muriera en 1984, en Los Ángeles.

El éxito del filme ha provocado que la película A sangre fría, dirigida por Richard Brooks en 1967, vuelva a estar de moda en los videoclubes de Estados Unidos. Anteriormente la famosa obra de Capote fue también llevada a la televisión por Jonathan Kaplan.

Capote inicia cuando el carismático escritor recorta una noticia publicada en una pequeña columna de The New York Times: el asesinato -sin motivo aparente- de cuatro miembros de una familia. El olfato noticioso de quien ya combinaba el periodismo y la novela, hizo posible de que esa simple noticia, minimizada en la parte final de la página, diera origen a la "no-ficción" con la simbiosis de ambos géneros.

Capote no duda en acudir lo antes posible al lugar de los hechos. Quiere descubrir qué hay más allá de la noticia y pretende explicar los móviles y las razones del crimen. El guionista Dan Futterman se centra en los tormentos internos de los personajes.

Como buen entrevistador, Capote se gana la confianza de sus interlocutores gracias a un aparente intercambio de información personal. Él cuenta algunas de sus intimidades para lograr lo mismo de la persona que tiene enfrente.

Seymour Hoffman hace gala histriónica de las poses amaneradas del escritor, como cuando levanta el dedo índice para beber o fumar. Capote era el centro de atención en toda reunión social y el actor logra sintetizar el espíritu desmedido de ego, coquetería, perversidad, sofisma, elegancia y frivolidad del personaje.

"Yo era consciente de que para la historia era muy importante que hablara como él, pero no solo me prepare la voz, sino el cuerpo -confiesa Seymour Hoffman en una entrevista concedida a El Mundo durante el Festival de Berlín-. En la película salgo con 17 kilos menos de los que tengo ahora y debía retratar su extrema elegancia. Aprendí a mover los brazos como lo hacía él: en forma suave, cool. Tenía que crear una persona elegante y con estilo, luego el vestuario hizo el resto."

El actor también muestra la cara del otro Capote, el espejo íntimo y desgarrador de un creador que es capaz de llegar al despropósito en su relación con los asesinos para culminar su objetivo y la caída directa hacia el abismo de la depresión, luego de dejarlos en el abandono tras obtener la ayuda necesaria.

El género biográfico parece gustar mucho en el Hollywood de hoy, y Capote compite con Joaquín Phoenix interpretando al legendario cantante estadunidense Johnny Cash, mientras David Strathaim encarna al periodista Edward Murrow, quien combatió la siniestra era del senador republicano McCarthy y su "caza de brujas".

Más allá de los premios, Capote, nacido en Nueva Orleans el 30 de septiembre de 1924, resucita literariamente, pero en la portada de su biografía ya no aparece su foto, sino la imagen de Seymour Hoffman que le personifica. Aprovechando el éxito cinematográfico, la editorial hispana Anagrama lanzó hace unos días Crucero de verano, un libro considerado como el último secreto literario del escritor.

Es una novela que éste no quiso publicar en vida y fue encontrada en el sótano de su viejo apartamento de Broo-klyn Hights. El hallazgo consiste en cuatro cuadernos escolares y 72 notas complementarias.

Los escritos salieron a subasta pública el año pasado, y la Public Library de Nueva York decidió comprarlos.

La editorial Lumen, por su cuenta, editó hace un par de semanas Un placer fugaz, que contiene las cartas que Capote envió a sus más queridos amigos, incluida una misiva enviada a Perry Smith:

"Capote escribía a sus amigos, sin reservas, inhibiciones ni formalismo", dijo su biógrafo Clarke.

Algunos de sus libros se han reeditado. Su primera novela, Otras voces, otros ámbitos (1948) versa sobre la búsqueda de identidad de un joven estadunidense; luego llegarían: Un árbol de noche y otros cuentos (1949), El arpa de hierba (1951), Se oyen las musas (1956) y Desayuno en Tiffany's (1958), esa última también llevada al cine. El escritor tiene, además, una serie de textos magistrales en el célebre libro Música para camaleones (1980).

La carta

Truman Capote envió a Perry Smith la siguiente carta el 15 de diciembre de 1963, incluida en el nuevo volumen de Lumen:

Querido Perry:

Ayer por la noche me desperté de repente, pensando: Perry dice que no sabe nada sobre mí, nada a ciencia cierta. Me quedé levantado y dándole vueltas, y me di cuenta de que, en algún sentido, era verdad. No conoces ni siquiera los acontecimientos superficiales de mi vida, que guarda unas cuantas similaridades con la tuya. Fui hijo único, y muy bajito para mi edad: siempre fui el más bajo de la clase. Cuando tenía tres años, mi madre y mi padre se divorciaron. Mi padre (que se ha vuelto a casar en cinco ocasiones) era un viajante de comercio, y pasé gran parte de la infancia recorriendo el sur a su lado. No era malo conmigo, pero nunca me gustó, ni entonces ni ahora. (Nunca lo veo, vive en Nueva Orleans). Mi madre, que sólo tenía dieciséis años cuando me dio a luz, era muy guapa. Se casó con un hombre moderadamente rico, un cubano, y después de cumplir yo diez años fui a vivir con ellos (casi siempre en Nueva York). Por desgracia, mi madre, que sufrió varios abortos y de ello resultaron problemas mentales, se volvió alcohólica y convirtió mi vida en una pesadilla. Acabó suicidándose (somníferos). Dejé la escuela a los dieciséis y desde entonces me he mantenido yo solo: entonces encontré trabajo en una revista (había empezado a escribir a muy temprana edad). Siempre fui una persona precoz, tanto intelectualmente como artísticamente, pero inmaduro a nivel emocional. Y, desde luego, he tenido problemas emocionales, casi siempre por la "pregunta" que tú también me hiciste la última visita y que te contesté sinceramente (y no es que la respuesta no fuera obvia).

Éste es un currículo muy resumido, pero no estoy habituado a hacer este tipo de confidencias. En cualquier caso, no me importa contártelo.

Siempre.

Truman. l

 

 

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