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SI DEUS NOBISCUM QUIS CONTRA NOS
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24 de Agosto de 2009 (a.D.)
Lectura y Reflexión: «San Juan María Bautista Vianney, el Santo Cura de Ars»
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Orden de Caballería de Notre Dame de Sion y del Santo Espíritu Santa María en Jerusalén
(HOL 070 - HOL 071)
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Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 24 de Agosto de 2009 a.D.
Día de San Bartolomé
San Juan María Bautista Vianney, Santo Cura de Ars
«Santo Patrono de los Sacerdotes Cristianos»
I
TE AMO, OH MI DIOS
†
Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora Final
aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén.†
San Juan María Bautista Vianney
II
En él se ha cumplido lo que dijo San Pablo:
«Dios ha escogido lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir a los grandes.»
III
Juan María Bautista nace en el seno de una familia campesina en Dardilly, el 8 de mayo de 1786, al noroeste de Lyon, Francia. Siendo el tercero de seis hermanos.
Durante su infancia estalla la Revolución Francesa persiguiendo ferozmente a la religión católica, y a toda su grey cruelmente. Frente a tales circunstancias el niño y su familia asistían a misa a escondidas, ya que la revolución había impuesto la pena de muerte para aquellos que practicasen el culto en público.
Su primera comunión la toma a los 13 años, celebrada por la noche y ocultados en un pajar, donde los campesinos arribaban con forraje simulando que iban a alimentar al ganado, siendo su verdadero objetivo asistir a misa.
IV
Después de una breve estadía en la escuela comunal, Juan María decide a los 18 años ser cura, luego de sobrellevar la resistencia paterna, inicia sus estudios con el párroco de Ecully, el Padre Balley.
Juan María era un joven de mente rustica y mucho le costaba avanzar en los estudios, es así que su maestro lo envía en peregrinación y meditación al Santuario de San Juan Francisco Régis en La Louvesc.
Ese mismo año en 1806, es dispensado del servicio militar en su calidad de aspirante al sacerdocio. No obstante, frente a la necesidad que Napoleón Bonaparte tenía de jóvenes reclutas, es convocado en 1809 con otros seminaristas. Juan María se alista el 26 de octubre en el cuartel de Lyon con destino al ejército de España, vía Roanne.
El 6 de enero de 1810, Juan María deserta, y con la falsa identidad de Jerónimo Vincent, se oculta en los bosques del Forez, en los alrededores de Noes.
Liberado de un servicio indeseado por él, y de su situación irregular por el enrolamiento anticipado de su hermano menor, Juan María regresa en octubre de 1810 a la casa del párroco Balley. Donde luego de profundizar filosofía y otras asignaturas, siempre con mucho esfuerzo de su parte y paciencia de parte de su maestro, recibe la tonsura el 28 de mayo de 1810.
V
Finalmente llega al Seminario Menor de Verriéres a los 26 años de edad, para cursar filosofía en francés, teniendo como compañero de cursada al siempre amado y recordado San Marcelino Champagnat, que fuera fundador de los Hermanos Marianistas.
A los 29 años fue ordenado sacerdote y enviado al pueblo de Ars.
VI
Una vez instalado, podemos decir que su ministerio se constituyó en dos dimensiones, la primera consagrada a sus feligreses, recorriendo casa por casa ocupándose y orientándolos en el recto camino espiritual y convivencial, atendía paternalmente a los niños y a los enfermos, sin dejar de ampliar y embellecer la iglesia. El desarrollo de esta imparable actividad la desarrolló en el marco de la más austera vida penitencial, intensa y profunda oración, ejercitando la caridad hasta quedar sin nada material, en beneficio de los desposeídos del pueblo.
Hasta aquí, en líneas generales su actividad no excede el proceder de tantos buenos sacerdotes rurales, no obstante, el santo cura, era envidiado y en muchas oportunidades calumniado por algunos integrantes de la misma comunidad, como así también por sacerdotes de otros lugares no lejanos a Ars.
VII
Paulatina y naturalmente se fue dando la segunda dimensión, cuando los ocupantes del pequeño pueblo comenzaron a decir que «Ars, ya no era el mismo».
A pesar de lo difícil que se le hacía, el santo cura, auxiliaba en otros pueblos a los párrocos del lugar desde el púlpito donde se dirigía con firmeza y autoridad cristiana y fundamentalmente desde el confesionario, encaminando espiritualmente los más variados problemas de conciencia.
Tan así fue que, infinidad de personas se comenzaron a trasladar a Ars. En su comienzo esto que ya se perfilaba como fenómeno, estaba limitado a las diócesis de Lyon y Belley. Pero para sorpresa fundamentalmente del santo Cura la auto convocatoria masiva fue en aumento a punto tal de que su bien ganado prestigio llegó a toda Francia, desbordando sus fronteras para extenderse por toda Europa.
En definitiva ese pobre sacerdote de mente rustica y campesina, que tanto esfuerzo le había llevado toda su instrucción, postergado por las autoridades diocesanas quizás a uno de los más insignificante pueblito, se había convertido en consejero espiritual de encumbrados prelados, posicionados militares y una inmensa multitud de peregrinos, desde los más pobres y enfermos hasta los más acaudalados.
Por la Gracia de Dios e intermedio del Santo Cura de Ars, los portentos se multiplicaron y la humilde parroquia, se convertía en contexto de curaciones y conversiones maravillosas.
El Santo Cura, fundó la Casa de la Providencia, de profundo arraigo social, y es aquí donde no debemos dejar de recordar, seguramente el milagro mejor documentado, siendo éste la multiplicación de la masa para hacer pan, salvando así y más de una vez la grave situación en que se encontraban las acogidas en la Casa.
VIII
En el marco de un infatigable trabajo, el 29 de Julio de 1859 sus fuerzas físicas flaquearon, no obstante como era su costumbre ingresó a la iglesia a la una de la madrugada entregándose a la oración, ese mismo día ya no pudo sostener tantas horas de confesionario matutino, como así también fue su último sermón.
Yéndose santamente junto al Dios Padre el 4 de Agosto de 1859 a las dos de la madrugada.
IX
El 8 de Enero de 1905, S.S. el Papa Pío X, beatificó al Cura de Ars.
Y en la fiesta de Pentecostés, Mayo 31 de 1925, en presencia de una gran multitud, S.S. el Papa Pío XI pronunció la solemne sentencia: «Nosotros declaramos a Juan María Bautista Vianney santo y que sea inscripto en el catálogo de los santos». Proclamándolo «Patrono de los Párrocos y Pastores de Alma».
Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars.
X
LA ORACIÓN SEGÚN EL SANTO CURA DE ARS
Hermosa obligación del hombre: orar y amar.
Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.
El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.
La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable.
En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.
Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.
Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.
En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.
Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto.
Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en eI agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no está dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros.
Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: «Sólo dos palabras, para deshacerme de ti … » Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.
(Juan Maria Vianney, Cura de Ars)
Paz y Labor.
Firma
por el Sagrado Círculo de Melquisedec y
por la Sacra e Imperial Orden Mística y Militar de Caballería de la Prieurè de Sion:
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Su Exc.ª Rvdm.ª e Ilm.ª, S.M.R. Dr. Mons. D. NICOLÁS GUARAGNO
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46to Soberano Gran Profeta Imperial de Sión y Gran Capellán Magistral, Adveniente, del Sagrado Círculo de Melquisedec y Egregio Consultor General del Sacro Trono Imperial Virrey Imperial para Occidente Magfco. Dr. Imperial en Ciencias Sagradas Gran Mariscal General de Campo al Servicio de San Santiago Apóstol de la
Sacra e Imperial Orden Mística y Militar de Caballería de la Prieurè de Sion
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