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SI DEUS NOBISCUM QUIS CONTRA NOS


31 de Mayo de 2009 (a.D.)

Lectura y Reflexión: «Pentecostés»


Orden de Caballería de Notre Dame de Sion y del Santo Espíritu
Santa María en Jerusalén
(HOL 070 - HOL 071)

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 31 de Mayo de 2009 a.D.
Día de la Festividad de Pentecostés


Pentecostés



«La venida del Espíritu Santo»
(Ver «Pentecostés», del 11 de Mayo de 2008, a.D.)

I

«SI ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Defensor que permanecerá siempre con ustedes. Este es el Espíritu de Verdad.» …

«En adelante el Espíritu Santo Defensor, que el Padre les enviará en mi nombre, les va a enseñar todas las cosas y les va a recordar todas mis palabras.» …

«En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Defensor no vendrá a ustedes. Pero si me voy se lo mandaré. Cuando él venga, rebatirá las mentiras del mundo.» …

«Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora. Pero cuando Él venga, el Espíritu de la Verdad, los introducirá en la verdad total.» …

(Fragmentos del Evangelio de San Juan, capítulos 14, 15 y 16)

II

El término Pentecostés proviene del griego, significando el día quincuagésimo. Al término de los 50 días de la Pascua, el pueblo judío celebraba la fiesta de las siete semanas, esta conmemoración en un principio fue agrícola, pero con el paso del tiempo se convirtió en recuerdo de la Alianza del Sinaí.


III

En el comienzo del cristianismo, no se alababa esta celebración.
Las originarias menciones a su celebración son transmitidas por San Irineo, Orígenes y Tertuliano, entre fines del siglo II y comienzo del siglo III. Avanzado el siglo IV contamos con testimonios de que ya en los más importantes Templos de Roma, Milán y Constantinopla así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la quincuagésima pascual. La jerarquía de esta festividad se instaura en todo el mundo mucho después, tomando como fundamento el acontecimiento histórico de la venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles (Cf. Hch 2).


IV

El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad Ya que tomando en cuenta la existencia de un solo Dios, se hallan en Él tres personas diferentes: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en su Evangelio.
El Espíritu Santo cooperando con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta el final de esta. Sin embargo es en la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y admitido como persona, por el mismo Jesucristo describiéndolo a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona desigual, con un obrar propio y un carácter personal.


V

En el sínodo de Roma del año 382, el Papa Dámaso I trató los dones aplicando la profecía de Isaías a Nuestro Señor Jesucristo.

Se dijo: «Ante todo hay que tratar del Espíritu septiforme que descansa en Cristo.»

«Espíritu de sabiduría: Cristo virtud de Dios y sabiduría de Dios (1Co 1, 24)

«Espíritu de entendimiento: Te daré entendimiento y te instruiré en el camino por donde andarás (Sal 31, 8)

«Espíritu de consejo: Y se llamará su nombre Ángel del Gran Consejo (Is 9, 69 )

«Espíritu de fortaleza: Virtud o fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1Co 1, 24)

«Espíritu de ciencia: Por la eminencia de la ciencia de Cristo Jesús (Ef 3, 19)

«Espíritu de verdad: Yo soy el camino, la vida y la verdad (Jn 14, 6)

«Espíritu de temor (de Dios): El temor del Señor es principio de la sabiduría (Sal 110, 10)

(DS 83)

El Papa León XIII en la encíclica «Divinum Illud Munus» afirma, en su publicación del año 1897:

«El justo que vive de la vida de la gracia y que opera mediante las virtudes, como otras tantas facultades, tiene absoluta necesidad de los siete dones, que más comúnmente son llamados dones del Espíritu Santo. Mediante estos dones, el espíritu del hombre queda elevado y apto para obedecer con más facilidad y presteza a las inspiraciones e impulsos del Espíritu Santo. Igualmente, estos dones son de tal eficacia, que conducen al hombre al más alto grado de santidad; son tan excelentes, que permanecerán íntegramente en el cielo, aunque en grado más perfecto. Gracias a ellos es movida el alma y conducida a la consecución de las bienaventuranzas evangélicas, esas flores que ve abrirse la primavera como señales precursoras de la eterna beatitud.»

VI


Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador.

Amén.


Que el Poder del Espíritu Santo esté con todos Ustedes, por intercesión del Corazón Inmaculado de María Santísima.

Que así Sea.

Paz y Labor.


Firma
por el Sagrado Círculo de Melquisedec y
por la Sacra e Imperial Orden Mística y Militar de Caballería de la Prieurè de Sion:




†††
Su Exc.ª Rvdm.ª e Ilm.ª, S.M.R. Dr. Mons. D. NICOLÁS GUARAGNO
46to Soberano
Gran Profeta Imperial de Sión y Gran Capellán Magistral, Adveniente, del
Sagrado Círculo de Melquisedec y
Egregio Consultor General del Sacro Trono Imperial
Virrey Imperial para Occidente
Magfco. Dr. Imperial en Ciencias Sagradas
Gran Mariscal General de Campo al Servicio de San Santiago Apóstol de la
Sacra e Imperial Orden Mística y Militar de Caballería de la Prieurè de Sion


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