LECTURA: ADVOCACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN
CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES
20 DE JUNIO DE 2008
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 20 de Junio de 2008 A.D
Día de la Advocación de Nuestra Señora de la Consolación
Día de Nuestra Señora de la Consolación.
La devoción a Nuestra Señora de la Consolata se inicia en Turín, Italia, en los
primeros siglos del cristianismo.
Cuenta la tradición que fue San Eusebio desterrado a Palestina por el emperador
Constancio, quien a su regreso a Turín en el año 354, le obsequió a su amigo San Máximo,
una imagen de la Virgen María que, también cuenta la historia, fue pintado por
San Lucas.
San Máximo ubicó el cuadro en una capilla, lindera de la Iglesia dedicada a
San Andrés. Desde ese instante el pueblo de Turín comenzó a venerar a la
Virgen María bajo el título de Consoladora que, traducido en dialecto local y
popular devino en Consolata.
Pérdida del Cuadro Benerado
La imagen de la Consolata fue dada en custodia por los Obispos de Turín a los
Padres Benedectinos en el año 840.
Más allá del esfuerzo de los custodios, acontecieron tres hechos que provocaron, primero el ocultamiento de la obra y luego produciendose la pérdida del cuadro hasta el año 1104.
Primer acontecimiento:
Los Padres Benedectinos debieron esconder la obra pictórica a raíz de la
persecución y destrucción sistemática de imágenes religiosas por los iconoclastas.
Segundo acontecimiento:
Más tarde una guerra termina destruyendo el templo de San Andrés y la Capilla
donde se ocultaba la obra, quedando esta sepultada por los escombros de la Capilla destruida.
Pasando así el cuadro al olvido. Pero no la devoción del pueblo por su Patrona.
Una Nueva Capilla
Siempre viva en el corazón de sus fieles, pasaron los años y el Rey Arduino, rey de
Italia, mandó construir una Capilla para la Patrona de Turín.
Esta construcción se llevó a cabo en reconocimiento y agradecimiento de una curación milagrosa y
respondiendo al pedido de la misma Virgen María hecha en una visión.
Tercer acontecimiento:
También esta Capilla fue destruida desaparciendo la imagen de la vista de sus fieles.
El ciego de Briançon
Corría el año 1104, cuando la Santísima Virgen por la Gracia del Espíritu Santo
se le apareció a un hombre ciego en Briançon, Francia.
El no vidente era Jean Ravais (o Ravache). A quien la Señora le prometió
devolverle la vista cuando llegara al lugar que Ella le indicaría, donde el pueblo
hallaría la imagen perdida.
El no vidente Jean Ravais emprendió un largo y por momentos penoso viaje llegando al fin a Turín.
"El lugar indicado por la Virgen era la torre de una Iglesia destruida".
El 20 de junio, Jean Ravais acompañado por la expectativa y devoción del pueblo de
Turín, con la presencia del Obispo y Sacerdotes, se comenzó las excavaciones, realizada por
voluntarios ansiosos de encontrar a la Madre.
La imagen perdida de la Virgen de la Consolata apareció debajo de las ruinas en
perfecto estado.
Como bien explicitan las crónicas de la época, fue el mismo Obispo quien la sacó de entre los escombros y la expuso a la vista de todo el pueblo allí congregado, exclamado:
"¡Ruega por nosotros, Virgen Consoladora!"
A lo que la gente respondió: "Intercede por tu pueblo".
En ese instante al atardecer del 20 de Junio de 1104, en presencia de autoridades y del pueblo,
el ciego Jean Ravais recobró la vista.
Desde aquel día, el 20 de junio se celebra el día de la Virgen Consolata.
Paulatinamente el pueblo turinés le construyó a su Patrona un santuario maravilloso,
lleno de devoción y de arte que a lo largo de siglos reunió a sus hijos, y sigue reuniéndolos,
para encontrar consuelo, fuerza y respuesta en los momentos de mayor dolor y necesidad.
Como así también agradecer las infinitas gracias concedida por la Patrona de los Turinenses,
como de todos los hombres y mujeres que le entreguen su corazón.
Oración a Nuestra Señora de la Consolata
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OH Madre querida:
Sé tú el consuelo único y perenne de la Iglesia a la que amas y proteges.
Consuela a las comunidades cristianas en su cotidiano peregrinar de la fe.
Consuela a los llevan en sus vidas, profundas heridas por dramáticas situaciones de opresión,
violencia, marginación.
Consuela a todos los que sienten en el corazón una ardiente necesidad de amar y ser amados.
Consuela a los jóvenes inmersos en el torbellino de falsas opciones que los asfixian y sofocan,
desorientándolos y desanimándolos.
Consuela a todos los que entregan sus vidas para salvaguardar los ideales de la vida.
OH Madre Consolata:
Que tu presencia consoladora nos anime a dar testimonio fecundo de nuestra fe para que podamos
defender, con coraje y verdad, la dignidad de cada ser humano, en la justicia, en la paz y el
amor.
Ayúdanos en la construcción de una sociedad fraterna, donde prevalezcan los frutos del Reino de
tu Hijo Jesús.
Amén.
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Que el Poder de la Fe esté con todos ustedes.
FIRMA POR LA PRIEURÈ DE SION