- La Doctrina como fundamento.
La doctrina social de la Iglesia se fundamenta en el amor de Dios por cada uno de sus hijos. Este amor ha sido revelado por Jesucristo quien, además, nos ha instado a que nos amemos, unos a otros, como Él mismo nos amó. Es por tanto fundamental que todos los postulados y postulantes a estos magníficos proyectos filantrópicos y todos los hombres de Buena Voluntad, entiendan esta doctrina y la pongan en práctica a fin de construir una nueva civilización.
Como nos indicaba SS Juan Pablo II, "las permanentes circunstancias que padece el mundo contemporáneo y las deplorables condiciones de subdesarrollo en que se encuentran aún demasiados países" demuestran "la permanente actualidad de la doctrina social de la Iglesia" y la necesidad de "partir desde una perspectiva justa"
Esta perspectiva se centra en la igualdad de las personas y en la verdad del hombre que proclama y promueve la auténtica dignidad y la natural vocación social de la persona.
La enseñanza social de la Iglesia ofrece orientaciones para la promoción de los derechos humanos, para la tutela de la familia, para el desarrollo de instituciones políticas auténticamente democráticas y participativas, para una economía al servicio del hombre, para un nuevo orden internacional que garantice la justicia y la paz y para una actitud responsable hacia la creación.
"Sólo hombres nuevos pueden hacer nuevas todas las cosas". (SS. Juan Pablo II)
El compromiso social de los cristianos y de todos aquellos hombres de bien sólo se puede nutrir y ser coherente, tenaz y valeroso desde una profunda espiritualidad, es decir, desde una vida de íntima unión con Jesús de Nazareth.
En este mundo increíblemente desigual, donde millones de personas viven en la más absoluta pobreza, donde cada minuto muere un niño de hambre, se presenta como imperioso el surgimiento de un nuevo orden. Un orden integrado por hombres y mujeres que, sin importar su raza o condición, se pongan al servicio de los más necesitados.
El hombre nuevo que todos nosotros, postulados y postulantes, estamos llamados a encarnar tiene un modelo, sobremanera conocido pero aun así infravalorado y en algunos casos olvidado: Jesús de Nazareth.
Es el mismo Cristo quien nos urge a socorrer y asistir a los que nos necesitan. No sólo aquellos que tienen necesidades materiales sino también a los que sufren carencias espirituales.
- Fundamentos y aplicación:
Será fundamental para el buen desarrollo de los programas filantrópicos que cada responsable oriente los mismos en consonancia con esta doctrina.
Para ello deberemos tener siempre presentes cinco conceptos fundamentales:
- Dignidad e Igualdad.
Toda persona tiene dignidad dada por Dios.
Debemos ver en los hombres y mujeres, en toda persona, la imagen viva del mismo Dios ya que Cristo, por medio de la encarnación, se ha unido a cada hombre dándonos una dignidad incomparable e inalienable.
Todas las personas tienen la misma dignidad, sea hombre o mujer, saludable o enfermo. Tal como indica el Génesis, Dios creó la persona humana a imagen suya y la colocó en el centro de la creación. Por ello debemos ver en todos los seres humanos la imagen viva de Dios y proceder en consecuencia.
- Sociedad justa.
Sólo puede haber una sociedad justa cuando se basa en el respeto a la dignidad trascendente de la persona humana. Los estados tienen una injerencia directa en la consecución de dicha sociedad y no debemos olvidar que cada uno de nosotros deberemos trabajar para que estos alcancen esa meta.
-El estado tiene la responsabilidad de salvaguardar el bien común pero los individuos también son responsables de ayudar a que se desarrolle, según las posibilidades de cada uno.
-El estado también se encarga de reconciliar los bienes particulares de los grupos e individuos con el bien común general. Ésta es una delicada tarea y en un sistema democrático las autoridades deben ser cuidadosas a la hora de interpretar el bien común no sólo según los deseos de la mayoría, sino también respetando el bien de las minorías.
La única sociedad perfecta es la humanidad entera, cuya vocación es darse continuamente. "Ningún país puede, separado de los otros, atender como es debido a su provecho y alcanzar de manera completa su perfeccionamiento" (Pacem in terris, núm. 131)
- Utilización de los bienes.
Dios ha destinado la tierra y sus bienes en beneficio de todos. Esto significa que cada persona debería tener acceso al nivel de bienestar necesario para su pleno desarrollo. Este principio tiene que ser puesto en práctica según los diferentes contextos sociales y culturales y no significa que todo está a disposición de todos. El derecho de uso de los bienes de la tierra es necesario que se ejercite de una forma equitativa y ordenada, según un específico orden jurídico. Este principio tampoco excluye el derecho a la propiedad privada. No obstante, es importante no perder de vista el hecho de que la propiedad sólo es un medio, no un fin en sí misma.
Es importante recordar que: "el principio del destino universal de los bienes es una invitación a desarrollar una visión económica inspirada por valores morales que permitan a las personas no perder de vista el origen o propósito de estos bienes, de manera que se logre un mundo de justicia y solidaridad, en el que la creación de riqueza pueda tener una función positiva" (#174).
- Solidaridad.
Por medio del ejercicio de la solidaridad cada persona hace un compromiso por llevar a cabo el bien común y servir a los demás. La solidaridad, por lo tanto, significa la voluntad de darnos por el bien de nuestros prójimos. Esta solidaridad no es solo filantropía. Nuestro prójimo no es sólo alguien con derechos sino que se convierte en la imagen viva de Dios Padre.
La solidaridad es tanto un principio de la vida social como una virtud moral que cada postulado y postulante debe desarrollar.
- La opción preferencial por los pobres.
Dicha opción, destino y meta principal de nuestro accionar, se ha de ejercitar por medio de la caridad cristiana, caridad inspirada en la pobreza de Jesús y su atención al pobre.
- III. Conclusión
Al pensar en el enorme desafío al que hemos sido convocados no deja de resonar en mi corazón las antiguas palabras del profeta, "antes que te formaras dentro del vientre de tu madre, antes que tú nacieras yo ya te conocía y te consagré para ser mi profeta" (cf. Jr 1,4-12). Todos y cada uno de nosotros hemos sido llamados por Dios para preparar Su camino, para salvar a Su pueblo que hoy sufre en un mundo que le es indiferente. Hemos sido llamados para socorrer al hermano necesitado para construir una Nueva Civilización, una sociedad justa y solidaria donde ya no haya hambre ni muerte innecesaria.
La Doctrina Social de la Iglesia no es otra cosa que el Evangelio dicho con otras palabras. Por ello insto a todos a vivir ese Evangelio.
Invito a que cada responsable de proyecto y cada uno de nosotros actuemos en consonancia con las palabras de nuestro Señor y Maestro: "en verdad os digo que todo lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (cf. Mt 25,40)
S.E. Ministro - Mayor Prioral
Sir Prof. D. Gabriel LOPEZ SANTAMARIA.
