Título: Oda A Mi Muerte
Autor: Prox
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Ya hace tiempo que se fueron todos, y debe de ser bastante porque comienzo a ver hojas que han caído del arbol que me dará sombra. En realidad el concepto tiempo ya no aplica para mí, o por lo menos he dejado de registrarlo. Las hojas que me van cubriendo ya no me dejan ver las ramas del árbol, ni lo poco de cielo que se asoma entre ellas. Ya no hay ni rastros de luz pero puedo ver y sentir todo. Puedo sentir miles de pequeñas patitas recorriéndome divertidas y felices ante lo que encuentran. comienzo a deslizarme por tuneles muy pequeños mientras escucho a las raíces crecer. Raíces que de tanto crecer tocan mis manos y se convierten en mis guías hacia el inicio de un viaje ascendente. Sigo escuchándolas como se desarrollan mientras recorro desde las mas pequeñas y débiles hasta las mas fuertes y robustas, mientras observo a la tierra ser feliz por su comunión con el árbol. Es entonces cuando llego al tronco tan grande y lleno de tantas historias contadas a traves de sus anillos, tus anillos. El árbol, la tierra: mis hermanos.
Por fin puedo ponerme de pie mientras intento llegar a la parte mas alta, levantando mis manos y estirándome lo mas que puedo. Quizás me estiro demasiado o quizás comienzo a caminar entre todas las venas que te recorren llenas de jugo de vida y de las cuales siento susurros platicándome esas historias que has oído, visto y sentido. Historias que también te ha contado el viento a tí. La tierra, el árbol, el viento: mis hermanos.
La cálida corriente de tu líquido de vida me lleva hacia tus ramas. Divisiones tuyas que me mutilan, que me permiten recorrerte por completo y me dejan llegar hasta la punta de cada una de tus ramas. Ya no existo en un solo punto sino en todos aquellos lugares que tu forma me haya permitido, demostrándome lo triste y aburrido que un ser centralizado y de una sola forma puede llegar a ser. Me uno a las gotas que se mantienen resbalando a traves de tus hojas, gotas de una lluvia que pudo haber caido ayer o quizas hace muchos años, el agua de vida en su eterno ciclo de ida y vuelta. La tierra, el árbol, el viento, el agua: mis hermanos.
Un viento repentino sacude el árbol. Todas las gotas se dispersan explosivamente por el espacio que surca ávidamente el aire. Aire que busca de manera divertida volver a estrellarse con cualquier superficie y por un pequeño, muy pequeño momento atraversarla y ser parte de ella, para despues ser escupido de nuevo, regresándolo a su actividad traviesa y buscadora. Eterno juguetón eres, el viento. El agua se vuelve demasiado pesada para mí ahora, soy mas ligero que ella, ráfagas me llevan mas arriba y me dispersan más, me separan más. Consigo llegar hasta donde estan esos enormes bombones de agua, si supiera en donde estan mis dientes quizás no resistiría la tentacion de morderlos, sin embargo ya no detecto mi cuerpo. Solo sé que siento. Siento que en todas mis ahora multiples partes, soy atraido de nuevo hacia la tierra, como pequeñas partículas que son llamadas por cientos de millones de imanes. Imanes que nosotros llamamos mente y corazón. La tierra, el árbol, el viento, el agua, los seres vivos: mis hermanos
Por un misero momento estoy en cada uno de todos ellos. Veo lo que ellos ven, escucho lo que ellos escuchan, siento lo que ellos sienten y percibo lo que ellos perciben. Soy parte de ellos y puedo por fin entenderme y entenderlos a todos. En ese instante ellos saben de mí y les cuento mi historia mientras yo conozco la suya y de esa forma nos unimos formando el verdadero todo que somos. Todos sabemos lo que todos saben. Todos somos lo que todos son, solo por un misero y sumamente efímero momento. Me voy perdiendo lentamente al ser parte íntegra de quien he tocado. Me disuelvo en el jugo de su esencia. Si supiera donde estan mis ojos los cerraría para despues, lentamente, poco a poco, morir.