| MILENIO y PORESTO
Febrero 28 de 2008. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola Batallas ganadas, batallas perdidas En este mes de febrero se llevaron a cabo fechas muy significativas para los soldados. Lamentablemente no pude esta presente en ninguna, pero si se ahora que el secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galv�n Galv�n se ha comprometido a mejorar las condiciones de los centros de salud militares. Para quienes tenemos el privilegio y la grande responsabilidad social de contar con una tribuna p�blica como la de Milenio diario, debemos siempre ofrecer el mayor respeto a quienes nos distinguen con su tiempo y su preferencia. Atr�s deben quedar los avatares personales y m�s a�n, las diferencias ideol�gicas que quiz� no importen al lector. Sin embargo, Cuando la vida lo coloca a uno en medio de batallas, unas que se ganan y otras que se pierden, al t�rmino de la refriega hay que revisar el campo y agradecer con el alma a aquellos que lo ayudaron a ganar, que le brindaron su apoyo incondicional y desinteresado, su solidaridad y comprensi�n. Pero en esta revisi�n, tambi�n hay que reconocer que las batallas perdidas dejan a la vista la solidaridad de tanta gente, tanto como la que dec�a Le�n Felipe �hab�a que pedirla per�n�. Hoy, despu�s de una larga ausencia, quiero suplicar a mi director Carlos Mar�n que permita violar esas leyes de responsabilidad y respeto par agradecer a tanta gente que estuvo a mi lado en mis batallas ganadas y perdidas. Cuando uno pretender este tipo de manifestaciones, generalmente comete errores y olvidos, pero a riesgo de ello, voy adelante: el pasado 18 diciembre sufr� un severo infarto al miocardio y cuya primera y pronta intervenci�n del general M.C.C, (retirado) Jos� Antonio Piza, fue posible que llegar� con vida al Hospital Centro Militar. Despu�s, gracias a mi general secretario Guillermo Galv�n Galv�n, uno de los mejores equipos de cirujanos cardiotor�xicos, dirigidos por Jorge Fagoaga, me pusieron de nuevo en la lista de los vivos. Sin embargo, no pude ganar todas las batallas. Ante otra emergencia, mis hijos llevaron a mi esposa a otro hospital, donde falleci� sin yo saberlo. Ahora lo �nico que s� es lo que dijo Amado Nervo al perder a su amada Ana Cecilia: �Ha de sobrarme la mitad del lecho y ha de faltarme la mitad del alma�. En tanto afuera, mis compa�eros de p�ginas tuvieron expresiones que mucho valor: Gracias Carlos Mar�n, tus palabras y acciones tienen un valor incuantificable; gracias Mario Men�ndez, director de la cadena de peri�dicos del Sureste Poresto, gracias Ciro G�mez Leyva, gracias Carlos Ferreyra: cu�ntas balas nos pasaron cerca y aqu� seguimos. Gracias por estar aqu�. Y m�s y m�s amigos civiles y militares. Todos lealales, todos sinceros. Gracias don Antonio, su fortaleza que de tanto me ha servido. Gracias a mi general Garc�a Ochoa. Gracias Roberto, tus visitas en el lecho del dolor conformar m�s all� del dicho popular. Y ser�a muy larga la lista Pero tengo que seguir porque hay tanta gente an�nima y sin embargo su presencia hace que el Hospital Centro Militar funcione a pesar de carencias inherentes a todo el sistema de salud nacional. Soldados afanadores, a quien el cargo los viene muy bien, pues hay que verlos como se afanan para que esa enorme maquinaria contin�e trabajando; cocineros, camilleros, t�cnicos en todas las especialidades, oftalm�logos, obstetras, en fintada clase de m�dicos cirujanos e internistas. Pecado capital ser�a si olvidara a las enfermeras. �Qu� ser�an los m�dicos sin las enfermeras? Ellas y s�lo ellas saben de las miserias del dolor humano y ah� est�n con su floreciente juventud cumpliendo con un deber al que pocos responden. En este mes de febrero se llevaron a cabo fechas muy significativas para los soldados. Lamentablemente no pude esta presente en ninguna, pero si se ahora que el secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galv�n Galv�n se ha comprometido a mejorar las condiciones de los centros de salud militares. Yo lo creo firmemente en lo personal, porque si como alguna vez me lo dijo mi padre, el viejo Coronel Juan Ibarrola Mart�nez: �El Ej�rcito es el coraz�n del pueblo�, el pueblo no puede tener un coraz�n enfermo. |