MILENIO
Julio 12 de 2006.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� Perder la naci�n

Ahora se ratifica el hecho de que nadie prest� atenci�n al llamado militar. La conciliaci�n se borr� de la agenda nacional para dar paso al encon� y el desprecio a la legalidad, las instituciones y la voluntad popular.


Cuando el alto mando militar advirti� de la urgencia de conciliar para no perder la naci�n, seguramente estaban sobre su escritorio los an�lisis del Estado Mayor que avizoraban un futuro pol�tico convulso.
Fue en febrero de 2004 �y lo habr�a de reiterar posteriormente- que el general Gerardo Clemente Ricardo Vega Garc�a, secretario de la Defensa Nacional, dijo que �de cara al futuro, entenderemos lo que es nuestra naci�n: no la perdamos, urgente es conciliar. El Ej�rcito en esta tarea es y ser� el primero en decir �Presente!�
Qued� dicho tambi�n en esa ocasi�n que el Ej�rcito tiene la fuerza de las armas para la defensa del pa�s, �m�s no el poder pol�tico, nunca, el poder pol�tico�.
Pero al mismo tiempo, record� a todos los mexicanos que en sus misiones constitucionales hay dos tareas vitales: defender la integridad, la independencia y la soberan�a de la naci�n; y, garantizar la seguridad interior.
Ahora se ratifica el hecho de que nadie prest� atenci�n al llamado militar. La conciliaci�n se borr� de la agenda nacional para dar paso al encon� y al desprecio a la legalidad, las instituciones y la voluntad popular.
El proceso electoral que vivi� el pa�s el pasado 2 de julio marc� sin duda un hito en la historia pol�tica, por muchas razones: el reforzamiento del aparato electoral cuyos trabajos quedaron siempre a la vista de todos los mexicanos; la copiosa afluencia de votantes en las urnas; y, desde luego, el apretado resultado de la expresi�n popular.
Pero hay otras razones, por desgracia negativas. Tan pronto se dio a conocer el resultado oficial que arroj� el conteo preliminar y despu�s el conteo distrital que daba ganador al candidato panista Felipe Calder�n Hinojosa, el perredista Andr�s Manuel L�pez Obrador y sus operadores dieron la espalda a acuerdos aceptados y firmados, incluso el famoso �Pacto de Civilidad�, para lanzarse a las calles a reclamar que todo fue un fraude y que les hab�an arrebatado el triunfo a la mala.
No hay sistema perfecto, eso es cierto y pudieron registrarse mil y una anomal�as, pero por m�s imperfecciones que se hubieran dado, los caminos que hoy se transitan no responden de ninguna manera a los cauces de la ley.
Por otra parte, nadie puede negar los derechos que cada ciudadano tiene para expresar sus inconformidades o denunciar acciones de la autoridad en su contra y que atentan precisamente contra esos derechos.
Es as� que Andr�s Manuel L�pez Obrador haya presentado ya una serie de impugnaciones ante el Tribunal Federal Electoral, precisamente porque sostiene que ha sido v�ctima de un fraude may�sculo.
Hasta ah�, todo est� dentro de la ley y ser� en sus cauces donde se de el fallo inapelable sobre el triunfador de las elecciones y se le declare presidente electo de todos los mexicanos.
Lo que no responde a la civilidad y la ley, lo que niega todo tipo de conciliaci�n y puede originar, como lo se�al� el alto mando militar, que se pierda la naci�n, es la actitud belicosa y levantisca de quien se considera el ��nico� hombre capaz de dirigir los destinos del pa�s. Algo as� como �despu�s de mi, el diluvio�.
Las arengas a la resistencia civil, que no otra cosa hizo L�pez Obrador el s�bado pasado en el z�calo con su multitudinaria �asamblea informativa�, su llamado a una marcha nacional para hoy y una nueva concentraci�n en el z�calo para el pr�ximo domingo, van m�s all� de la normalidad democr�tica.
Sin duda millones de mexicanos votaron en conciencia, en emoci�n o en provecho por el perredista y por eso lo apoyan en sus movilizaciones callejeras.
Pero tambi�n se ha echado a cuestas el �apoyo� de grupos guerrilleros, que as� lo declararon incluso antes de las elecciones, y ahora por el otro iluminado, el encapuchado de la selva chiapaneca, quien a pesar a haberlo descalificado en el pasado, hoy se asegura que L�pez Obrador gan�.
Sin embargo, los dos caminos que ha tomado L�pez Obrador tienen un final:
El Tribunal Federal Electoral dar� la �ltima palabra y tendr� que aceptarla, por m�s que la percepci�n p�blica afirma lo contrario
El de la resistencia civil, las movilizaciones callejeras, las marchas carreteras y los m�tines belicosos, tienen tambi�n un final: la aplicaci�n de la ley, que no otra cosa es la misi�n de garantizar la seguridad interior.
No pasar� mucho tiempo para que L�pez Obrador ande como Marcos arrastrando penosamente su capucha por todo el pa�s.
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