| MILENIO y Poresto
Septiembre 27 de 2006. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � Responsabilidad compartida Los antecedentes hist�ricos del narcotr�fico y la natural vecindad geogr�fica han dejado a M�xico como el malo de la pel�cula a los ojos del gobierno de Estados Unidos. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, la morfina proveniente del Sudeste asi�tico dejo de fluir hacia el mercado estadounidense, lo que produjo un d�ficit significativo en la provisi�n de esta droga para el alivio de los heridos en todos los frentes de batalla. En tanto que las mafias internacionales buscaron otras zonas de producci�n que no implicaran riesgos considerables, el gobierno norteamericano hacia lo propio para encontrar fuentes de abastecimiento para las necesidades m�dicas de sus soldados. Las caracter�sticas de clima, altitud, suelos, orograf�a y otros elementos geogr�ficos se�alaron a los estados mexicanos de Sonora, Sinaloa, Chihuahua y Durango como las regiones ideales para el cultivo de enervantes para la elaboraci�n de la preciada morfina. As� se abri� la puerta de lo que ahora representa la gran amenaza para la seguridad no s�lo de M�xico, sino de Estados Unidos. El narcotr�fico se convirti� en el negocio m�s redituable y sangriento del mundo y sus grandes consorcios se han apoderado de la estabilidad pol�tica, econ�mica y social de pa�ses que sufren en mayor medida su presencia. A partir de 1970, el gobierno mexicano orden� a todas sus instancias judiciales, y desde luego a las fuerzas armadas, intensificar la campa�a contra el narcotr�fico en los estados antes se�alados, a los que se fueron sumando Nayarit, Jalisco, Michoac�n, Colima, Zacatecas y Nuevo Le�n y de hecho, actualmente, todo el territorio nacional. La compleja zona fronteriza entre ambos pa�ses se convirti� en el escenario de las m�s brutales manifestaciones de violencia de los narcotraficantes, a pesar de los m�ltiples intentos gubernamentales para abatirlos. Sin embargo, los antecedentes hist�ricos del narcotr�fico y la natural vecindad geogr�fica han dejado a M�xico como el malo de la pel�cula a los ojos del gobierno de Estados Unidos. Quiz� por ello, incluso la diplomacia estadounidense toma parte activa en el problema, como es el caso del actual embajador Antonio Garza, quien advierte sin empacho al gobierno mexicano de que es urgente que pare la violencia que impera sobre todo en la zona fronteriza. As� como el Ej�rcito Mexicano participa activamente todos los d�as con una fuerza de 20 a 30 mil efectivos para combatir este flagelo, la Procuradur�a General de la Rep�blica hace su parte, hacia dentro y hacia fuera de la propia instituci�n. Quiz� por ello, m�s all� de las posturas medi�ticas de Washington, el embajador Garza reconoce dichos esfuerzos, como lo expres� en una carta personal enviada recientemente al Procurador General de la Rep�blica, Daniel Cabeza de Vaca. �Segu� con inter�s los comentarios que hizo sobre los recientes comunicados de prensa referentes a la violencia en la frontera y la gran cooperaci�n en materia de extradiciones�, dice el embajador. Reconoce que �dentro del margen de cooperaci�n en materia de procuraci�n de justicia existen diversos rubros que, entre otros, abarcan la seguridad p�blica, arrestos, detenciones, lavado de dinero, intercambio de informaci�n, extradiciones, etc., cada uno de ellos es importante�. Garza refiere que �de estos, algunos se prestan para trabajarlos ambos pa�ses de manera conjunta, algunos competen a los �mbitos estatal y federal de cada pa�s y otros son cuestiones de soberan�a. Las extradiciones son parte de un rubro en los que la cooperaci�n ha sido extraordinaria. Hay otros aspectos que es importante reforzar y nadie podr�a refutarlo�. Como tampoco nadie puede refutar, e incluso as� lo dice el embajador Garza al procurador Cabeza de Vaca, que �la violencia en la frontera es una responsabilidad compartida�, y confirma en su carta: �La lucha contra el crimen organizado y el narcotr�fico es una batalla que, por el beneficio de los pueblos de nuestras dos grandes naciones no podemos darnos el lujo de perder�. Pero si no queremos perder esta guerra, la responsabilidad debe ser, en efecto, compartida al cien por ciento. La violencia y las muertes que genera en la frontera son en n�meros, mayores a las bajas de cualquier conflicto actual. Las armas que tienen los carteles de las drogas provienen de Estados Unidos, tema del que poco se habla y menos se procura detener. Bastar�a este ejemplo para confirmar que en esta lucha que no podemos darnos el lujo de perder, la responsabilidad es quiz� mayor del otro lado de la frontera, esto sin olvidar que el m�s grande mercado de consumo de drogas est� en la mayor�a de las ciudades estadounidenses. |