MILENIO y Poresto
Septiembre 5 de 2007.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� El imperio de la Constituci�n

El reconocimiento presidencial sobre los �menguados salarios� de soldados y marinos fue el ejemplo m�s descarnado de c�mo los civiles han relegado a los militares a precarios niveles que les imped�a alcanzar una vida digna.


Cuando los gobiernos civiles sintieron amenazada su ambiciosa impunidad para hacer del pa�s lo que les viniera en gana, retiraron al Ej�rcito una de sus misiones m�s importantes: Mantener el imperio de la Constituci�n.
Fue Lu�s Echeverr�a quien en abril de 1971 expidi� un decreto que as� lo dispon�a, estableciendo que las Fuerzas Armadas �son instituciones permanentes, destinadas a defender la integridad, independencia y soberan�a de la naci�n; garantizar la seguridad interior; auxiliar a la poblaci�n civil y cooperar con las autoridades en caso de necesidades p�blicas y prestarles ayuda en obras sociales y en todas las que tendan al progreso del pa�s�, pero nada m�s.
En ese momento, ha quedado demostrado, los intereses de los militares y los civiles dejaron de ser comunes.
Tras el nefasto gobierno de Vicente Fox, especializado en violar la Constituci�n, el hoy presidente Felipe Calder�n parece dispuesto a enmendar los errores del pasado.
En la Ley Nacional de Seguridad Nacional se espec�fica entre sus acciones, �mantener el orden constitucional�, y para ello declara que el Estado Mexicano ha depositado en las Fuerzas Armadas dicha responsabilidad.
Esto se entiende cuando asegura que al asumir la presidencia, �encontr� una delicada situaci�n en materia de seguridad p�blica�, situaci�n en la que la pretensi�n de la delincuencia �era y es secuestrar el futuro de M�xico�, imponiendo su propia ley para dominar a los ciudadanos y paralizar al gobierno.
Pero esta pretensi�n no es s�lo de la delincuencia, sino de aquellos grupos radicales que medran en el Congreso y que hoy se vanaglorian de haber acabado con la tradici�n, esgrimiendo su acci�n como el gran triunfo de la izquierda anacr�nica.
Felipe Calder�n sabe tambi�n, pues as� lo descubri� al asumir la presidencia, que los intereses de militares y civiles no son comunes y, aunque era impostergable una acci�n firme para devolverle a la sociedad su estabilidad emocional, confi� m�s en los primeros que en los segundos.
Cuando en el patio central de Palacio Nacional, en su sui g�neris informe a la naci�n el presidente Calder�n reconoci� el �valor y patriotismo�, su �lealtad y servicio a la naci�n�, se dej� escuchar un nutrido y prologado aplauso al que, inclusive, correspondieron los secretarios de la Defensa Nacional, general Guillermo Galv�n Galv�n y el de Marina, almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza.
La Procuradur�a General de la Rep�blica y la Secretar�a de Seguridad P�blica federal, con el apoyo de las fuerzas armadas, han hecho su parte para recuperar para el Estado �su poder indelegable e irrenunciable�.
El reconocimiento presidencial sobre los �menguados salarios� de soldados y marinos fue el ejemplo m�s descarnado de c�mo los civiles han relegado a los militares a precarios niveles que les imped�a alcanzar una vida digna.
Este distanciamiento en los intereses nacionales entra�a un grave obst�culo al desarrollo armonioso y urgente que reclama la sociedad. Si bien las diferencias entre los diversos partidos pol�ticos son necesarias para el mejoramiento de nuestro sistema democr�tico, el nivel de la discusi�n es de tal manera superficial, que nada aporta a las complicadas tareas nacionales.
De la misma forma afectan los errores cometidos por los funcionarios p�blicos en la mayor�a de sus �reas de competencia, dejando a la vista la misma intenci�n de los pasados gobiernos para hacer de este pa�s lo que les venga en gana.
Si bien los intereses de militares y civiles difieren radicalmente, las fuerzas armadas saben cu�les son sus misiones legales, pues las ilegales han estado siempre fuera de su agenda, a pesar de que haya quien opine lo contrario.
Mantener la unidad, integridad, estabilidad y permanencia del Estado, as� como sus instituciones; proteger al pa�s frente a las amenazas y riesgos actuales; preservar la soberan�a e independencia nacional y la defensa del territorio; s�lo se lograr� si se mantiene el imperio de la Constituci�n.
Con decreto o sin decreto, las fuerzas armadas lo hacen y lo har�n.

De imaginaria

El secretario de Gobernaci�n, Francisco Ram�rez Acu�a sigue corriendo por la libre y ahora se da el lujo de imponer una nueva y muy personal interpretaci�n de los colores de la bandera nacional. �Los colores que la conforman representan originalmente la Independencia. El verde, la religi�n, el blanco y el rojo, la unidad de los mexicanos�. Seguramente el secretario Ram�rez Acu�a estaba pensando en la bandera trigarante del Imperio de Iturbide que ostentaba en el centro esta leyenda: �Religi�n, Independencia, Uni�n�. Cada quien su bandera.
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