MILENIO y Poresto
Octubre 4 de 2006.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� La hora final

El error es de tal magnitud que se olvida que la represi�n la busca quien quiere ser reprimido. Y en Oaxaca los populares del pueblo quieren ser reprimidos, quieren enfrentarse heroicamente a los soldados.

Bien se sabe que no hay mal que dure cien a�os ni enfermo que lo resista. El pa�s no ha logrado recuperarse de la enfermiza intolerancia y desacato a la ley surgida primero por el resultado del proceso electoral y agravado despu�s por el cada d�a m�s confuso e insoluble conflicto oaxaque�o.
De hecho los maestros de la secci�n sindical 22 quedaron rebasados por la llamada Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, que se apoder� de una �causa� prendida con alfileres pero sustentada ya en barricadas y bombas Molotov.
La negociaci�n que ha intentado el secretario de Gobernaci�n, Carlos Abascal, lleg� al grado de quedar etiquetada en esperanzas divinas, tras aseverar ante los legisladores que �en nombre de Dios no haremos absolutamente ninguna represi�n�.
As� estar� su capacidad de convencimiento, la cual tendr� hoy su �ltima oportunidad con la anunciada reuni�n a la que pretende sentar a los appistas, ex gobernadores oaxaque�os, legisladores y representantes del sector empresarial.
Pero invocaciones divinas aparte, la �represi�n�, incluso sem�nticamente, est� fuera de toda agenda y, desde luego, de la del Ej�rcito, al que una vez m�s se manosea sin recato alguno dejando en el �nimo de la sociedad la idea de que los soldados son el instrumento represor ideal cuando los pol�ticos fallan.
Nada m�s alejado de la realidad. Sin embargo, en Oaxaca se preparan para la guerra, una guerra que a todas luces quisieran tener en su territorio. Lamentablemente la presencia de helic�pteros de la Armada en el espacio a�reo oaxaque�o, ha servido para alimentar en los appistas la convicci�n de que el Ej�rcito entrar� a sangre y fuego.
Pero una cosa es la Marina y otra el Ej�rcito. Es necesaria esta diferenciaci�n. Es tal la confusi�n, que el propio Abascal se atreve a decir que �l no orden� los sobrevuelos, en una actitud en la que traslapa todas las instancias. Pero el Almirante Peyrot, secretario de Marina, ya con su hijo sentado en una curul panista, puede prestarse a eso y m�s.
El error es de tal magnitud que se olvida que la represi�n la busca quien quiere ser reprimido. Y en Oaxaca los populares del pueblo quieren ser reprimidos, quieren enfrentarse heroicamente a los soldados.
Porque es m�s f�cil y redituable la victimizaci�n que el cumplimiento de la ley. Pero el s�ndrome actual es ese: ahora los que violan la ley son los que dictan las leyes, sus leyes, a un gobierno que de siempre rindi� la plaza ante las amenazas de los radicales que afilan machetes, bloquean las ciudades y atentan gravemente contra el orden p�blico.
Log�stica y operativamente, el Ej�rcito no tendr�a el menor problema para intervenir y poner fin al desorden y a la anarqu�a. Pero ha quedado claro que el aparato militar no est� para resolver los errores de los pol�ticos, y el de Oaxaca es un problema pol�tico, no militar.
Todo ello, a pesar de que la Constituci�n y la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n avalan su intervenci�n en caso de graves conflictos que pongan en riesgo la estabilidad social, siempre y cuando las autoridades civiles, tras declararse incompetentes para resolverlos, as� lo soliciten.
El Ej�rcito, subordinado al poder civil, tiene en el presidente de la rep�blica a su comandante supremo. Es decir, no act�a por iniciativa propia, sino, llegado el caso, por �rdenes escritas del presidente-comandante.
Tampoco tiene necesidad de movilizar tropas indiscriminadamente o para amedrentar, como es el caso de Oaxaca, a quienes han roto con el orden establecido.
La VIII Regi�n Militar con sede en Ixcotel, Oaxaca, cuenta los efectivos suficientes para cumplir sus misiones, principalmente las de ayuda a la poblaci�n civil en casos de desastres y para el combate al narcotr�fico. Los oaxaque�os lo saben y mucho tienen que agradecer a los soldados cuando su vida y su patrimonio se han visto amenazados.
A pesar de los errores del gobierno estatal y del federal, el Ej�rcito no entrar� a sangre y fuego en Oaxaca, y mucho menos para salvar cabezas incompetentes.
Oaxaca no podr� seguir en el caos por m�s tiempo. Las palabras est�n desgastadas y nadie quiere pagar el precio que representa poner fin al conflicto, so pena de perder la oportunidad de perpetuarse en sus cargos en el pr�ximo gobierno.
La sociedad mexicana demanda orden para seguir trabajando. Esta demanda es mucho mayor que la de cualquier grupo faccioso.
La hora final ha llegado. El orden regresar� a Oaxaca, de una manera o de otra.
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