| MILENIO y Poresto
Octubre 31 de 2007. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola + Los costos de la lealtad �Los soldados somos leales a la instituci�n presidencial, no al hombre que la ocupa cada seis a�os�. Hace tiempo le pregunt� a un ameritado general de Divisi�n, entonces en activo y actualmente retirado del servicio de las armas, porqu� el Ej�rcito refrendaba recurrentemente su lealtad al presidente de la rep�blica, como su Comandante Supremo, a pesar de que muchos de ellos, tras dejar el cargo, demostraban que no fueron merecedores a tal consideraci�n. M�s en una pl�tica que una entrevista, le dije que entre la lealtad y la complicidad corr�a una l�nea demasiado delgada que pod�a romperse con cualquier golpe de viento. Sin esconder su incomodidad, el militar me contest� tajante: �Los soldados somos leales a la instituci�n presidencial, no al hombre que la ocupa cada seis a�os�. Adem�s de las facultades que le otorga la Constituci�n ��Disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente, o sea del Ej�rcito terrestre, de la Marina de Guerra y de la Fuerza A�rea, para la seguridad interior y defensa exterior de la Federaci�n�-, la Ley Org�nica del Ej�rcito y Fuerza A�rea Mexicanos, dispone en su cap�tulo II, art�culo 11, que �el Mando Supremo del Ej�rcito y Fuerza A�rea Mexicanos, corresponde al Presidente de la Rep�blica, quien lo ejercer� por s� o a trav�s del Secretario de la Defensa Nacional; para el efecto; durante su mandato se le denominar� Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas�. En el articulado legal, no queda resquicio alguno para que los militares falten al compromiso de subordinaci�n y obediencia al presidente de la rep�blica, por m�s que en diferentes ocasiones no dejan de se�alar claramente de que se trata de una �lealtad institucional� y m�s, �una lealtad que no admite intereses de grupo�. La figura del comandante en cualquier nivel es de alto valor para el soldado. Un comandante es el gu�a y el ejemplo de la unidad, al tiempo que �un militar sin disciplina no es un militar; un superior sin ascendiente no es un superior�. Un verdadero comandante y m�s en el supremo grado, debe tener don de mando, preservar la dignidad de los soldados, mantener el equilibrio entre las metas y las necesidades, lograr satisfactoriamente su misi�n, y lo dicho, ser gu�a y ejemplo de la unidad. La historia de la conducta de los presidentes como comandantes supremos de las fuerzas armadas es pat�tica: Lu�s Echeverr�a, a�n como candidato, agravi� a los soldados cuando en Morelia pidi� un minuto de silencio para los estudiantes muertos en la noche del 2 de octubre de 1968. Carlos Salinas no lo hizo mejor al ordenarle al Ej�rcito un alto el fuego unilateral y obligarlo a replegarse en Chiapas. Ernesto Zedillo no midi� jam�s las consecuencias de sus actos en relaci�n con las fuerzas armadas. El reconocer oficialmente al Ej�rcito Zapatista de Liberaci�n Nacional, no s�lo signific� una violaci�n a la Constituci�n, sino que agravi� severamente al Ej�rcito. Pero Vicente Fox super� con su desconocimiento y frivolidad cualquier expectativa. No s�lo oblig� al Ej�rcito a replegarse de sus posiciones en Chiapas, permiti� la marcha Zapatista a la ciudad de M�xico y llam� en un supremo dislate �Ej�rcito Federal� al Ej�rcito Mexicano. Y desde el primer d�a de su mando mostr� lo que le importaba la solemnidad del ceremonial militar, por ejemplo. Cuando por primera vez lleg� al Heroico Colegio Militar, lo hizo a bordo de un veh�culo acompa�ado de los Secretarios de la Defensa Nacional y de Marina. Pero a�n no se borra aquella imagen del veh�culo que les preced�a y en el que viajaba la entonces vocera Marta Sahag�n, acompa�ada por el subsecretario de la Defensa Nacional. Ser leales es ser legales, dicen los soldados, y lo menos que pueden esperar de su comandante supremo es que sea legal. Ha quedado dicho en recientes ocasiones que el Ej�rcito, �con la ley en la mano�, est� a las �rdenes del presidente, esa ley que varios mandatarios no se han detenido en violar. Hoy Vicente Fox est� sumido en una tormenta de ilegalidades que mantienen azorada a la opini�n p�blica. M�s all� de sus escenas buf�nicas en los medios extranjeros, sus acusaciones contra el senador Manlio Fabio Beltrones, de quien dijo existe un gordo expediente de narcotr�fico en los archivos de la DEA, deber� llevarlo a explicaciones satisfactorias ante el propio Congreso de la Uni�n, so pena de verse sometido a un juicio pol�tico o judicial. Tiene raz�n el general arriba citado cuando me dijo que los soldados son leales a la instituci�n, no al hombre. Porque de ser lo contrario, ser�a un bald�n para el instituto armado haber sido leales a un hombre de estos arranques. Un expresidente no s�lo conserva una pensi�n vitalicia, sino que de la misma forma cuenta con una guardia militar para �l y su familia. Es aqu� donde la l�nea de la lealtad y la complicidad se hace m�s delgada. Quiz� por ello el presidente Felipe Calder�n ha retomado la prudencia en su relaci�n con el Ej�rcito y dejado atr�s el uniformarse a medias o decretar �h�roes� al vapor, para darle a las fuerzas armadas el papel que les corresponde, no s�lo por ley, sino porque se lo han ganado con sudor y sangre. |