| MILENIO y Poresto
Mayo 9 de 2007. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � Seguridad a la carta El Ej�rcito se ha visto obligado a usar su fuerza letal para combatir a un enemigo poderoso y dispuesto a mantener su hegemon�a en el negocio m�s redituable y sangriento del mundo. Los �ltimos acontecimientos ocurridos en Michoac�n no dejan ya lugar a dudas de que las acciones violentas de la delincuencia organizada han rebasado ya el �mbito de la seguridad p�blica, para afectar la seguridad interior y por ende a las instituciones nacionales. De ah� que el Ej�rcito se ha visto obligado a usar su fuerza letal para combatir a un enemigo poderoso y dispuesto a mantener su hegemon�a en el negocio m�s redituable y sangriento del mundo. La etiqueta usada en el discurso oficial desde hace muchos a�os, de que el narcotr�fico es un asunto de seguridad nacional, no s�lo ha cobrado inusitada vigencia, sino que ha puesto a prueba al Estado en este rubro. La seguridad de la naci�n y la estructuraci�n de pol�ticas adecuadas se han convertido desde hace tiempo en una tarea primordial del gobierno, aunque una tarea inacabada principalmente por la confusi�n permanente en cuanto la concepci�n de seguridad nacional, seguridad p�blica, seguridad interior, seguridad exterior, etc. El tema de la Seguridad, adem�s, se ha politizado o bien ha sido trastocado por cada gobierno de acuerdo a su visi�n de Estado y los requerimientos que juzgan como indispensables para el establecimiento de una pol�tica respectiva. Cada gobierno, esgrimiendo la �Raz�n de Estado�, replantea el tema de la seguridad en relaci�n directa al sistema democr�tico que pretende impulsar. Generalmente se aducen el fortalecimiento de la democracia, el federalismo y las relaciones internacionales. As�, la Seguridad Nacional, por ejemplo, est� sujeta a la interpretaci�n pol�tica y operacional de cada estado, de cada sociedad ante situaciones particulares. Por ello la Seguridad Nacional puede significar cosas distintas para individuos y momentos diferentes, dependiendo de lo que se crea se debe proteger y del tipo de una amenaza espec�fica. Contrario a lo que ocurre en la mayor�a de los pa�ses, en M�xico persiste a�n la percepci�n de que la Seguridad Nacional compete exclusivamente a las Fuerzas Armadas, que en todo caso, han respondido siempre a toda encrucijada gubernamental y la han hecho propia por �raz�n de Estado�. Sin embargo, el uso del Ej�rcito, tradicional e hist�ricamente comprometido en la lucha contra el narcotr�fico, ha llevado al gobierno actual a la l�nea de su �ltima defensa, con la agravante de que si falla en su encomienda o se diversifica su fuerza en el combate callejero, como ha venido ocurriendo en Michoac�n, sus objetivos torales podr�an quedar trastocados, sino es que nulificados. Adem�s, el Ej�rcito ha vuelto a quedar atrapado en el debate pol�tico que cuestiona su participaci�n en labores de seguridad p�blica, debate ahora alimentado por alcaldes perredistas en Michoac�n, quienes acusan de abusos por parte de los soldados sobre la poblaci�n e, inclusive, de una virtual suspensi�n de garant�as individuales. Por ello, en este contexto, es indispensable que el gobierno explique a profundidad lo que est� ocurriendo. El ataque a una partida militar en Car�cuaro, en la que murieron cinco militares, elevados por orden presidencial a la categor�a de �h�roes�, no ha quedado del todo esclarecido. De igual forma, el enfrentamiento en Apatzing�n debe explicarse cabalmente en cuanto al origen de los presuntos narcotraficantes muertos. Porque esto no termina aqu�. Lamentablemente se cumplir�n las sentencias presidenciales de que esta lucha durar� muchos a�os y que habr�n de perderse muchas vidas. Por ello la sociedad debe estar plenamente informada para que, entre otras cosas, esta situaci�n no sea aprovechada pol�ticamente para defenestrar al Ej�rcito y al gobierno en su conjunto. Ya se asoma al campo de la especulaci�n el hecho de que sea Michoac�n, el estado donde naci� el presidente Felipe Calder�n el que acuse los inusitados ataques al Ej�rcito, donde los maestros tienen cerradas las escuelas y donde el perredismo dominante fustiga a frente abierto. Uno de los puntos sensibles de la seguridad es la identificaci�n de riesgos, lo cual responde a la interpretaci�n unilateral que cada gobierno y cada instituci�n da a la Seguridad, aduciendo cada uno razones de Estado para hacerlo. En tanto la seguridad en general siga siendo objeto de un �estilo personal de gobernar�, la �raz�n de Estado� puede convertirse m�s en un obst�culo, cuando no en un perjuicio para la sociedad, y m�s, una amenaza al Estado de Derecho. Por lo dem�s, lo que menos necesita el pa�s es que su territorio se vuelva una f�brica inagotable de �h�roes�. |