MILENIO y Poresto
Mayo 16 de 2007.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� Las trampas de la disciplina

La obediencia es condici�n inobjetable en el mando militar y siempre se espera que los soldados cumplan cabalmente con las �rdenes recibidas. Sin embargo, la obediencia consustancial al mando y el cumplimiento de las �rdenes por parte de los soldados, infiere un alto nivel de confianza en pol�ticos que garanticen un liderazgo real.


M�s all� del recuento diario de los cr�menes cometidos por la delincuencia organizada en todo el pa�s y las lacrimantes reclamaciones de quienes no quieren ver la descarnada y peligrosa realidad en que se vive, los militares acusan hoy m�s que nunca los efectos del desconocimiento civil sobre asuntos de defensa y la notoria ausencia de un liderazgo pol�tico que los gu�e en los asuntos de mayor relevancia para ellos.
Desde los primeros d�as del gobierno, los apresurados e improvisados operativos ordenados por el presidente Felipe Calder�n demostraron de inmediato la incapacidad de los civiles para identificar las amenazas que los llevaron a emplear la fuerza militar.
As�, el gobierno qued� pronto atrapado en su absurda campa�a medi�tica de la cual no s�lo no ha podido salir, sino que ha hecho del miedo un instrumento pol�tico, adem�s de caer en decisiones igualmente apresuradas y fuera de todo sentido, como el declarar �h�roes� a unos y dejar de lado a otros ca�dos en este revuelto combate al narcotr�fico y la delincuencia.
Por ejemplo, y s�lo para citar un caso, la muerte del marinero Contramaestre en un ataque en Ixtapa, Guerrero, no alcanz� en la mente presidencial la condici�n de �h�roe�. Esto sin contar a otros militares muertos o heridos, polic�as, investigadores y funcionarios de la Procuradur�a General de la Rep�blica ejecutados en similares condiciones.
Pero el s�bado 12, tres d�as despu�s del ataque, la Secretar�a de la Defensa Nacional public� en este diario la siguiente esquela:
�El personal de Generales, Jefes, Oficiales y Tropa del Ej�rcito y Fuerza A�rea Mexicanos, lamenta profundamente el fallecimiento del Marinero C.G. Contramaestre FRANCISCO JAVIER SANCHEZ NAVA, quien perdiera la vida en el cumplimiento del deber, el pasado 9 de Mayo de 2007. A sus familiares, amigos y compa�eros de Armas, les externamos nuestro m�s sentido p�same por tan irreparable p�rdida, reiter�ndoles el apoyo y solidaridad de las Fuerzas Armadas�.
Y es que el Ej�rcito lo que menos quiere es seguir sumando �h�roes� en sus filas, por m�s que los civiles piensan diferente. Esto se entiende cuando el Secretario de Gobernaci�n, Francisco Javier Ram�rez Acu�a insiste en declarar que habr� m�s p�rdidas humanas.
La obediencia es condici�n inobjetable en el mando militar y siempre se espera que los soldados cumplan cabalmente con las �rdenes recibidas.
Sin embargo, la obediencia consustancial al mando y el cumplimiento de las �rdenes por parte de los soldados, infiere un alto nivel de confianza en pol�ticos que garanticen un liderazgo real.
La pol�tica militar, seg�n es estudia en al Escuela Superior de Guerra, �es la parte de la pol�tica general que se encarga de crear y preparar las fuerzas armadas que la pol�tica general necesita, para garantizar la seguridad nacional y para apoyar su acci�n en el exterior. En otros t�rminos, la pol�tica militar tiene por objeto poner en forma militarmente al Estado; crear el �til armado que �ste necesita para realizar su tarea, a pesar de las oposiciones internas o externas que requieran la aplicaci�n de la fuerza�.
De ah� el decreto presidencial para crear el �Cuerpo de Fuerzas de Apoyo Federal� que, bajo el mando directo de Felipe Calder�n intentar� la �restauraci�n del orden p�blico, as� como para enfrentar al crimen organizado o los actos ejecutados contra la seguridad de la naci�n�.
El general Galv�n Galv�n, al signar igualmente este decreto, responde cabalmente a la condici�n de obediencia que debe seguir el mando militar, por m�s que este tipo de fuerzas existen en el Ej�rcito desde hace m�s de diez a�os.
Sin embargo, al depender el uso de este Cuerpo de la �solicitud expresa, fundada y motivada de las autoridades civiles�, volver� a surgir el desconocimiento que tienen estos de los asuntos de defensa, para caer nuevamente en un tipo de lucha callejera que ha lesionado la imagen del Ej�rcito, una de las instituciones con mayor aceptaci�n en la sociedad mexicana.
La disciplina tiene sus trampas, y si esta orden presidencial no sirve en buena medida para quitarle presi�n al Ej�rcito como instituci�n, la necesaria confianza de los militares en los l�deres civiles se alejar� como elemento indispensable no s�lo para ganar esta lucha contra el crimen, sino para recuperar la buena marcha del pa�s.
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