MILENIO
Marzo 29 de 2006.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� Cuesti�n de tiempo

La advertencia presidencial sobre una posible reacci�n violenta del narco ante sus �extraditables� es una invitaci�n a la paranoia nacional.

Conforme se agota el tiempo del actual gobierno, el presidente Vicente Fox va dejando para el que venga una de las m�s graves y grandes tareas que ni el suyo ni los anteriores han podido coronar: narcotr�fico.
El esfuerzo se ha hecho. Negarlo ser�a no solamente absurdo sino injusto para todos aquellos que han perdido la vida en esa lucha diaria para combatir el negocio que m�s dinero y sangre produce en el mundo.
Porque adem�s de aquellos polic�as y soldados que han ca�do abatidos por los gatilleros de los c�rteles en esa guerra sin fin, ah� est� una larga lista de ejecuciones, tanto de elementos polic�acos como de los propios narcotraficantes, sobre todo en la frontera norte del pa�s.
Una vez m�s, el esfuerzo se ha hecho. Sin embargo, nada parece suficiente para siquiera acotar la operatividad de las grandes organizaciones criminales.
Baste decir, por ejemplo, que de los 101 batallones de infanter�a con que cuenta el Ej�rcito, la mitad de ellos, unos 30 mil efectivos, dan la batalla diaria en todos los rincones del pa�s donde, como lo ha se�alado el procurador Daniel Cabeza de Vaca, se ha encimado el narcotr�fico.
El dato m�s reciente: del 2 de enero del presente a�o a la fecha, el Ej�rcito ha asegurado y destruido 189 toneladas de marihuana, adem�s de los decomisos de diversos enervantes realizados por la PGR, la Agencia Federal de Investigaciones y la Polic�a Federal Preventiva.
Sin negar que el estado mexicano sea mucho m�s que la delincuencia, como lo pregona el gobierno, �sta avanza con pasos de gigante.
El narcomenudeo es el ejemplo m�s acabado de que a pesar de los m�ltiples decomisos, la droga sigue llegando hasta los mercados de consumo en barrios y colonias populares.
En este esfuerzo, es preciso reconocer tambi�n que un buen n�mero de capos han sido detenidos, principalmente por el Ej�rcito, muchos de los cuales est�n ya se�alados para ser extraditados a Estados Unidos, seg�n el presidente Fox.
Sin embargo, el anuncio presidencial de la posible extradici�n, pues los procesos legales para ello est�n en sus primeras etapas, fue lamentablemente acompa�ado por la percepci�n de que �esto provocar� una reacci�n violenta y criminal de parte de ellos�.
Hace algunas semanas, en una brillante deducci�n, el vocero presidencial hab�a dicho que es de esperarse que en esta lucha sigan muriendo elementos de las corporaciones federales.
Ambas percepciones habr�n de calar hondo en el �nimo de la sociedad, cautiva ya de la irrefrenable ola de violencia y v�ctima de la delincuencia en todos sus niveles.
Apenas hab�a pronunciado tal advertencia, cuando en Nuevo Laredo aparec�an seis ejecutados, sin contar los que se registraron en fechas inmediatas posteriores en otras ciudades.
Quiz� por ello el jefe del gobierno del Distrito Federal se adelant� a pedirle al federal que informara plenamente de lo que se podr�a esperar de esa �reacci�n violenta�.
Hist�ricamente, la l�gica de los c�rteles de la droga no registra tales reacciones a la detenci�n de sus l�deres, por el simple hecho de que sus estructuras lo tienen previsto. Es decir, tan pronto cae uno, de inmediato surgen otros que ocupan su lugar sin necesidad de violencia o venganza.
Dejar as� en el aire tal advertencia, amen de convertirse en una invitaci�n a la paranoia nacional, abre muchas puertas a la especulaci�n. Tal pareciera que con ello se busca de antemano una justificaci�n y un culpable en caso de que se dieran acontecimientos sangrientos no deseables en la arena pol�tico-electoral.
Resulta prematuro, por decir lo menos, el anunciar la extradici�n de criminales, no s�lo porque el proceso apenas comienza, sino porque resulta contraproducente alterar la precaria estabilidad emocional de la sociedad.
Es ya ocioso decir que la lucha contra el narcotr�fico no se ganar� con anuncios espectaculares, sobre todo cuando se reconoce en estos que si esta batalla no se gana en este sexenio, al que s�lo le quedan ocho meses, se ganar� en el siguiente.
�S�lo es cuesti�n de tiempo�. Esperemos, pues.
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