MILENIO y Poresto
Marzo 28 de 2007.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� �De parte de qui�n?

Felipe Calder�n se apret� a s� mismo un cintur�n de seguridad que le impedir� moverse con soltura, sobre todo durante sus giras al interior del pa�s, pues ahora sus guardianes ya desenfundan sus armas a la primera provocaci�n, impidiendo que la gente se le acerque.


En una declaraci�n carente de prudencia pol�tica, el presidente Felipe Calder�n dijo haber sido amenazado de muerte, junto con su familia, presuntamente por el narcotr�fico.
Dichas amenazas, ratific� posteriormente la propia Presidencia de la Rep�blica, fueron hechas a trav�s de correos electr�nicos y por medio de cartas que se le entregan al presidente durante sus giras.
La declaraci�n hecha a la agencia de noticias inglesa Reuters, por m�s que produjo el obvio respaldo al presidente por parte de legisladores de todos los partidos pol�ticos, mand� un mensaje de alarma a la sociedad, sacudida ya lo suficiente por la violencia colateral del narcotr�fico y los atentados a funcionarios polic�acos y generales del Ej�rcito y sus familias.
Se entiende que el presidente se haya convertido en el blanco de las amenazas por las acciones emprendidas por su gobierno para tratar de abatir la delincuencia organizada.
Sin embargo, las amenazas de tal �ndole pudieran tener otras paternidades, reales o simplemente perturbadoras.
No es forzada la referencia, pero ahora la Convenci�n Nacional Democr�tica que encabeza Andr�s Manuel L�pez Obrador se fij� como �tarea fundamental� la ca�da del gobierno de Felipe Calder�n, por ser un �agravio, social y pol�tico, un obst�culo para alcanzar nuestro objetivo�.
Ahora que las expresiones perredistas, sobre todo en boca del escandaloso vocero Gerardo Fern�ndez Noro�a, responden m�s bien al estilo bravuc�n y anacr�nico de su partido.
Pero ya se sabe que en pol�tica no hay coincidencias, s�lo tendencias.
Con los antecedentes de los mensajes dejados sobre los cuerpos de ejecutados en diversos estados de la rep�blica, las amenazas al presidente desde luego no podr�n ser desde�adas por los aparatos de seguridad, sobre todo cuando el lunes ratific� que "seguir� librando una guerra sin cuartel en contra del crimen organizado, a pesar de los costos, a pesar de los riesgos que conlleva". Sin embargo, el narcotr�fico no amenaza, eso ya lo deber�a saber el gobierno.
Por lo pronto, Felipe Calder�n se apret� a s� mismo un cintur�n de seguridad que le impedir� moverse con soltura, sobre todo durante sus giras al interior del pa�s, pues ahora sus guardianes ya desenfundan sus armas a la primera provocaci�n, impidiendo que la gente se le acerque.
Si con sus revelaciones a la prensa extranjera busca mayor apoyo del pueblo, s�lo lograr� aislarse de �l. Por ello quiz� ha dicho que la de la seguridad, �es una batalla que requiere la participaci�n ciudadana porque el gobierno no puede ganar la batalla solo, se requiere a la sociedad, se requiere a los ciudadanos�, tras reconocer que "la capacidad del Estado para enfrentar esta problem�tica se ha visto limitada�.
Estas amenazas -"no sabemos si sean ciertas o falsas, pero evidentemente eso no cambia nuestra decisi�n de cumplir con nuestro deber�-, no deber�n distraer a los investigadores sobre la autor�a de las mismas. Cualquiera que tenga una computadora y un correo electr�nico, lo puede hacer. Pero seguramente el Centro de Investigaci�n y Seguridad Nacional, CISEN, ya tendr� a un ej�rcito de t�cnicos escudri�ando los sitios cibern�ticos.
El Centro de Inteligencia Antinarc�ticos (CIAN) de la secretar�a de la Defensa Nacional, pudiera estar haciendo lo mismo.
En todo caso, habr� que preguntarse: �Por qu� lo amenazan? �Qui�n se beneficia con ello? y �Qui�n tiene el poder para consumarlas?
Las revelaciones presidenciales no hablan de cu�ndo ni d�nde se recibieron las amenazas, por lo que nada deber� dejarse al azar.
Nadie duda que los operativos que realiza el gobierno en pr�cticamente todo el pa�s hayan arrojado algunos resultados, y de ah� las supuestas amenazas, pero lejos est�n de haber da�ado las estructuras de los c�rteles y, de hecho, han disminuido su presencia al mismo tiempo que han aumentado las ejecuciones.
En este contexto, queda a�n en silencio el porqu� el Ej�rcito y la Marina ya no destacaron a las fuerzas de seguridad los diez mil efectivos que hab�a anunciado el presidente.
El decomiso de 205.6 millones de d�lares en efectivo, guardados y custodiados ahora por el Ej�rcito en su propio banco, fue espectacular. Pero ser�a ingenuo, por decir lo menos, que los due�os de ese dinero se hayan conformado con la p�rdida y se queden con los brazos cruzados.
Seguramente varios presidentes han recibido amenazas, pero un estadista las guarda para s�, pues hacerlas p�blicas s�lo lesiona la estabilidad emocional de la sociedad.
M�s coloquialmente, habr� que recordar el dicho ranchero: �el que es gavil�n, no chilla�.
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