| MILENIO y Poresto
Marzo 14 de 2007. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � El general Riviello �Yo no deseo que se defienda al Ej�rcito, el Ej�rcito no necesita que lo defiendan; que se defienda la verdad porque la verdad es la que nos interesa a todos�. �Cu�nto se lamenta uno que el tiempo se haya pasado, cu�nto me hubiera gustado, como a todos ustedes, estar al frente de su secci�n, de su compa��a y marchar por los caminos tan dif�ciles que ahora a los soldados les ha tocado recorrer�. Quien as� habl� a los generales que en 1994 se encontraban ya en retiro, fue el general Antonio Riviello Baz�n, secretario de la Defensa Nacional (1988-1994) y que ahora, postrado en una cama de hospital, recuper�ndose satisfactoriamente del padecimiento que lo aqueja, motiva a recoger las lecciones siempre vigentes para el presente y futuro del Ej�rcito Mexicano. Muchos fueron los episodios dif�ciles que le tocaron durante su gesti�n, pero sin duda el conflicto en Chiapas provocado por el �Ej�rcito Zapatista de Liberaci�n Nacional�, fue el m�s intenso. En sus mensajes a la tropa, as� como en sus constantes visitas a las unidades y reuniones con los comandantes, Riviello Baz�n siempre estuvo convencido de que a�n pendientes de todas las acciones de tipo pol�tico que se lleven a cabo, �en la primera oportunidad que haya, volveremos a actuar con toda la fuerza de que somos capaces�. En ese 1994, el general Riviello advert�a ya que el pa�s experimentaba �cambios pol�ticos, inestabilidad social, incremento del narcotr�fico y escenarios futuros inciertos que algunos medios recomunicaci�n por irresponsabilidad o desconocimiento deforman y exageran�. Y m�s: �Yo no deseo que se defienda al Ej�rcito, el Ej�rcito no necesita que lo defiendan; que se defienda la verdad porque la verdad es la que nos interesa a todos�. Por ello, no dud� en se�alar con firmeza que �nadie puede justificar que se use la violencia y se tomen las armas para reclamar soluciones. No se debe pretender glorificar a quienes recurrieron a la violencia, pues si la confrontaci�n se acercase a quienes la exaltan, lo primero que har�n ser� solicitar a la autoridad su protecci�n y abrigo�. Hoy el pa�s enfrenta el recrudecimiento de los cambios pol�ticos, inestabilidad social y, lo m�s grave, incremento del narcotr�fico que anuncian un futuro incierto. Es ocioso, aunque necesario, insistir que lo que est� en juego es el futuro de la naci�n. Y si el actual secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galv�n Galv�n dijo recientemente que �las fuerzas armadas robustecen al Congreso de la Uni�n, a la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n y al poder judicial en su conjunto, hacen s�lida a la sociedad y a sus esmeros y fortalecen al Poder Ejecutivo�, el general Riviello Baz�n apuntaba: �En las grandes tareas nacionales, a las fuerzas armadas mexicanas, les corresponden funciones estrechamente ligadas al desarrollo del pa�s, las cuales tienen frecuentemente gran impacto social. La presencia del Ej�rcito en la din�mica de la vida c�vica y democr�tica nacionales, es garant�a de tranquilidad y paz p�blica, lejos de ser presencia intimidatoria o autoritaria�. Sin embargo, este robustecimiento y presencia inherentes a la praxis militar, s�lo son posibles cuando existe una gran confianza entre quien ordena y quien ejecuta. La cruzada emprendida por el presidente Felipe Calder�n para abatir el narcotr�fico y sus da�os colaterales se ha visto detenida por las discrepancias interinstitucionales provocadas por quienes pretenden alzarse con el m�rito que, por lo dem�s, no se ve por ning�n lado. La tarea, desde luego, no es f�cil, sobre todo cuando las m�s elementales estad�sticas basadas en lo que cada gobierno dice que ha destruido, demuestran que ya se habr�a acabado varias veces con la superficie de la rep�blica. El visible rechazo de las instancias de seguridad civiles hacia la participaci�n del Ej�rcito en esta cruzada demuestra que no existe esa confianza entre quien ordena y quien ejecuta. En este contexto es igualmente valioso recordar las palabras del general Riviello Baz�n en aquel 1994: �Hay quienes quisieran distanciarnos del pueblo: imposible, somos uno y lo mismo. Basta ver el rostro, la piel, el pensamiento y el coraz�n de cada soldado para ver que somos pueblo, que somos M�xico, igual que el resto de la patria�. S�, el Ej�rcito no necesita que lo defiendan, pero requiere tener siempre presente la experiencia de quienes lo han comandado y comandan. Quiz� por ello, un general ahora ya en retiro y que ocup� una importante comisi�n en la gesti�n del general Riviello, record�: �La lealtad, figura y temple de Riviello Baz�n se agigantan. No le fall� a M�xico, no le fall� a su Ej�rcito, no manch� el uniforme militar, ni la confianza y lealtad que le otorgamos�. Hay, como en todo, militares que no reconozcan los m�ritos del general Riviello, al grado de llegar a la murmuraci�n y a la calumnia. Sus amigos y compa�eros de armas le deseamos una pronta recuperaci�n. |