| MILENIO
Junio 7 de 2006. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � En defensa de la naci�n En el primer c�rculo del poder militar se asegura que el Ej�rcito no saldr� jam�s a �golpear a la gente�, pero otro ser�a el tratamiento para quien la instigue y la lleve a violentar el orden. Conforme se acerca la fecha en la que supuestamente 71 millones de mexicanos acudir�n a las urnas para decidir sobre su futuro, el ambiente pol�tico se contamina todos los d�as dejando en el �nimo de la sociedad el pernicioso fantasma de la violencia. Los tres candidatos con posibilidades reales de alcanzar el poder se han manejado con soberbia torpeza y, salvo lo que haya ocurrido ayer en el segundo debate, dif�cilmente podr�n convencer a la sociedad de que el proceso electoral tendr� un final feliz. Cada uno de ellos, con diferentes matices, opt� por la estrategia del miedo y peor a�n, por tomar al pa�s como un bot�n de guerra, sin importar los verdaderos riesgos que significa pasar sobre las instituciones. La mayor�a de los sectores que conforman los polos de poder en toda sociedad, apenas si dibujan su preocupaci�n por lo que pudiera ocurrir, en caso de que los perdedores el 2 de julio no acaten la voluntad popular y lancen a las calles a sus mercenarios. Pero ninguno de ellos, ni la reprobable injerencia del propio presidente Vicente Fox en el proceso electoral, tiene derecho a lesionar el orden constitucional y menos atentar contra la paz social. El alto mando militar ha sostenido de siempre que nadie debe pisotear las instituciones nacionales so pena de que el pa�s se nos deshaga en las manos. En diferentes ocasiones, el general Gerardo Clemente Ricardo Vega Garc�a, secretario de la Defensa Nacional, ha llamado a la conciliaci�n porque s�lo as� el pa�s podr� seguir avanzando en paz. �De cara al futuro, entenderemos lo que es nuestra naci�n: �no la perdamos! Urgente es conciliar. El Ej�rcito en esta tarea es y ser� el primero en decir: �Presente!� Pero nadie nunca ha hecho suyo este llamado. El Ej�rcito �sabe todo lo que pasa en el pa�s� y por ello sus sentencias tienen fundamento. Saben igualmente que, sin apartarse un mil�metro de su reiterada lealtad, disciplina e institucionalidad, el pernicioso discurso de los pol�ticos sobre estallidos violentos lo podr�a colocar en situaciones de grave coyuntura. De acuerdo con la legislaci�n militar, el t�rmino Disturbio Civil, �es aplicable a todos los tipos de desorden y emergencias civiles que ocurran en territorio nacional y que generan violencia, como resultado de protestas por diversos motivos, desacuerdos pol�ticos, conflictos econ�micos o sociales, que producen alteraciones en el orden p�blico, desorganizando los procesos normales del gobierno y que ponen en peligro la integridad f�sica y la propiedad de la misma poblaci�n�. Y entre las causas que originan un disturbio, seg�n los manuales militares, est�n las Pol�ticas, es decir, �pugna entre dos partidos pol�ticos, comicios electorales y toma de posesi�n de autoridades�. Sin embargo, en el primer c�rculo del poder militar se asegura que el Ej�rcito no saldr� jam�s a �golpear a la gente�, pero otro ser�a el tratamiento para quien la instigue y la lleve a violentar el orden. Esto, una vez m�s, porque nadie tiene derecho a tomar el pa�s como un bot�n de guerra y exponerlo al caos o a una regresi�n de su incipiente democracia, cualquiera que sea su cargo o ambici�n pol�tica. Apenas el pasado 19 de febrero, el general Vega Garc�a hab�a se�alado que �el Ej�rcito trabaja con �nimo y esfuerzo para coadyuvar al ensanchamiento del camino por donde transitar� la naci�n en la mitad del siglo XXI� su cabal decisi�n es participar con el pueblo, superando los retos que nos motivan a unirnos a la voluntad colectiva, redoblando esfuerzos que fortalezcan el esp�ritu militar�. De esta manera se justifica el mensaje del alto mando militar, pues no se trata de otra cosa que defender la naci�n de las ambiciones mesi�nicas de unos, las dogm�ticas de otros y las anacr�nicas de los m�s. El Ej�rcito tiene la fuerza de las armas que el pueblo le ha confiado �para la defensa del pa�s, m�s no el poder pol�tico, nunca, el poder pol�tico�. Nadie puede poner en duda que las fuerzas armadas seguir�n siendo leales a las instituciones. Pero el alto mando militar sostiene sin ambages que �el sentido com�n y la misma Constituci�n marcan el desempe�o de misiones complicadas en beneficio del pa�s, no podemos por tanto, usar el disimulo y no podemos participar en un esquema de lejan�a�. Su misi�n es clara, legal y necesaria: defender a la naci�n. |