| MILENIO y Poresto
Junio 28 de 2006. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � El Ej�rcito ante las elecciones Existe la instrucci�n de motivar a los efectivos militares a votar con estricta independencia de criterio. Para algunos analistas militares, esta instrucci�n se traducir� en un voto dividido: tropa y oficiales ir�n con el PRD; Jefes por el PAN, y, generales entre el PRI y el PAN. Cuando finalmente dentro de unas horas se cierren las campa�as pol�tico-electorales, la sociedad mexicana habr� quedado sumida en la incertidumbre producto de un proceso jam�s visto en el pasado reciente. El estercolero en que se convirti� la arena pol�tica provoc� que el electorado est� m�s preocupado por lo que pueda pasar el tres de julio y no por el resultado que arrojen los comicios el d�a anterior. A pesar del �pacto de civilidad� que firmaron cuatro de los cinco candidatos presidenciales, el fantasma de la violencia sigue campeando a sus anchas, sobre todo porque el perredista L�pez Obrador insiste en manipular la teor�a del �fraude� en su contra. Analistas de reconocida presencia aseguran que �habr� turbulencias pero el avi�n aterrizar�. Ojala as� sea. Pero un avi�n tambi�n aterriza cuando se estrella. Las autoridades electorales han trabajado con toda rectitud y dif�cilmente se podr� acusarlas de ineficientes o tapaderas de un fraude. Su papel asegura igualmente que no habr� sistema que ahora se caiga. Pero la reticencia de algunos candidatos respecto a los resultados deja abierta la puerta a ese fantasma de la violencia que, entre otras cosas, pudiera provocar que muchos mexicanos se queden el pr�ximo domingo en sus casas sin votar. Y como todo puede ser posible, las instancias encargadas de custodiar el orden y asegurar la paz social, est�n listas desde hace tiempo para impedir cualquier mala eventualidad. En todos los procesos electorales, ya para estas fechas el alto mando militar ha ordenado el acuartelamiento total de sus efectivos (s�lo se les permitir� salir a votar) y, aunque no se revela p�blicamente, est� dispuesto ya un dispositivo de car�cter nacional. Existe la instrucci�n de motivar a los efectivos militares a votar con estricta independencia de criterio. Para algunos analistas militares, esta instrucci�n se traducir� en un voto dividido: tropa y oficiales ir�n con el PRD; jefes por el PAN, y, generales entre el PRI y el PAN. Habr� que recordar que desde la administraci�n del presidente Carlos Salinas, los soldados dejaron de patrullar las calles de las ciudades, como se ven�a haciendo desde hace muchos a�os. Cuando el PRI era el partido aplanadora, durante las campa�as electorales se organizaba un desayuno en cada Zona Militar en apoyo al candidato priista, quien asist�a cumplidamente a cada uno de ellos. Pero el Ej�rcito juzg� en un momento dado conveniente un acercamiento con la oposici�n, lo que abri� la puerta de las instalaciones militares y los altos mandos a otros candidatos presidenciales, l�deres de partidos pol�ticos, empresarios, industriales, comerciantes, directores de peri�dicos y cadenas televisoras para explicarles el sentir de las fuerzas armadas sobre todo el proceso electoral. Estas medidas consolidaron el papel apol�tico y apartidista del Ej�rcito hasta nuestros d�as. En la actualidad la secrec�a militar se llev� al extremo y poco se sabe si el alto mando militar ha seguido esa pol�tica de apertura. Pero m�s all� de esto, el Ej�rcito, respondiendo a las misiones constitucionales que tiene asignadas, est� listo para salvaguardar el orden p�blico. Qued� dicho en este espacio que el alto mando militar asegura que los soldados no saldr�n a la calle a �golpear gente�, pero no permitir� que nadie, sea quien sea, invite o incite a la violencia. En este caso, el tratamiento ser�a otro. Sin embargo, no se trata �nicamente de estar alertas sobre lo que pudiera ocasionar un partido pol�tico que no acepte su derrota, como se infiere en algunos de ellos. Las elecciones, por m�s que el vocero presidencial diga que no hay �focos rojos�, se ver�n indefectiblemente enturbiadas por el magisterio rebelde en Oaxaca, la subliminal amenaza de grupos guerrilleros, y, desde luego la sangrienta presencia de los c�rteles de la droga que si bien no est� interesada en la pol�tica, significan un grave resorte a la inestabilidad social. Es mucho lo que est� en juego, pero m�s que nada, las instituciones nacionales a las que nadie tiene derecho a pisotear. Nadie, ni como candidato, ni como presidente. |