| MILENIO
Junio 27 de 2007. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � El remedio y el trapito Ning�n ej�rcito puede ira la guerra con el enemigo al lado, en todo caso, m�s vale solo que mal acompa�ado. Especializado en descubrir el hilo negro y el agua tibia, el Secretario de Seguridad P�blica federal, Genaro Garc�a Luna destituy� de un plumazo a todos los mandos de la Polic�a Federal Preventiva (PFP) y de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) �la otrora Polic�a Judicial Federal-, en un intento por acabar con la corrupci�n imperante en esas corporaciones a su mando. Nada menos que 284 elementos, entre ellos 34 mandos principales de las 32 entidades federativas fueron separados de sus cargos, no tanto por �corruptos�, como lo dijo Garc�a Luna, sino cumpliendo con la instrucci�n presidencial de aplicar �estrictos controles de confianza a la polic�a federal, para garantizar su eficiencia�. Esto ocurre despu�s de seis meses de fallidos operativos en todo el pa�s, m�s de mil ejecuciones con cargo al narcotr�fico, decenas de polic�as y soldados muertos y una enorme cantidad de recursos tirados a la basura. De siempre ha sido claro que el embate y dominio de los c�rteles de la droga y las bandas del crimen organizado contaban, no s�lo con la complicidad corrupta de miles de polic�as en todo el pa�s, sin con la impunidad que infiere la infiltraci�n de sus redes en los tres niveles de gobierno. El propio Procurador General de la Rep�blica, Eduardo Medina Mora reconoci� p�blicamente hace unos d�as que M�xico no contaba con cuerpos polic�acos confiables, bien adiestrados y bien equipados. Una encuesta realizada por Fuerzas Armadas en su portal cibern�tico, que preguntaba a 500 militares y civiles ��Qu� se debe hacer de continuar las ejecuciones a manos de la delincuencia organizada?�, el 61 por ciento se pronunci� por �depurar los cuerpos polic�acos�; 24% por �implantar toque de queda en las ciudades con mayor incidencia delictiva�; y, 16% por �aumentar los efectivos militares�. Esta �ltima respuesta refleja la convicci�n del Ej�rcito respecto a que su participaci�n en la lucha contra el narcotr�fico, sobretodo, estaba resultando in�til y muy costosa ante la compleja red de corrupci�n polic�aca y los intereses pol�ticos que prevalecen sobre la efectividad. La andanada de cr�ticas que dejaron caer sobre el Ej�rcito diversos sectores de la pol�tica, que no de la sociedad, lo hab�an colocado como el malo de la pel�cula. Los partidos pol�ticos tomaron el tema como instrumento de campa�a, algunos pidiendo que los soldados regresaran a sus cuarteles, otros que fueran colocados ante el pared�n y los m�s clamando que el pa�s se encaminaba a la militarizaci�n. Algunos gobernadores, seg�n soplaba el viento, apoyaban la presencia militar, y, otros, como el joven del Estado de M�xico, Enrique Pe�a Nieto, se revolvieron para decir que no era conveniente ni el �nico recurso. Y qu� decir del dictador �porque dicta- Andr�s Manuel L�pez Obrador, azuzando a los veracruzanos para que recarguen sus bater�as contra el Ej�rcito por el caso de la mujer muerta en Zongolica, supuestamente a manos de soldados. As�, el Ej�rcito fue cayendo en el descr�dito maquinado por los pol�ticos corruptos y adoradores de la impunidad, en tanto que las polic�as segu�an medrando a ciencia y paciencia de sus jefes. No se necesita mucho para concluir que la remoci�n de estos 284 elementos de la PFP y la AFI no obedece estrictamente a una acci�n purificadora unilateral ni a la aplicaci�n de estrictos controles de confianza a la polic�a federal. Ning�n ej�rcito puede ira la guerra con el enemigo al lado, en todo caso, m�s vale solo que mal acompa�ado. Porque en tanto Garc�a Luna se pone a hacer ex�menes a los nuevos elementos y en su caso, la Procuradur�a General de la Rep�blica investigue los antecedentes de los despedidos, alguien tiene que seguir dando la batalla. Y ese alguien no es otro m�s que el Ej�rcito, le pese a quien le pese. Porque de no ser as�, el narcotr�fico una vez m�s, estar� de fiesta. Una vez m�s, porque ya tuvieron una cuando en los primeros d�as de su gobierno, el entonces presidente Vicente Fox anunci� el retiro del Ej�rcito de la lucha contra el narcotr�fico, y planeaba dejarla en manos de los cuerpos polic�acos, con nuevos nombres y con nueva vestimenta, pero con los mismos vicios, las mismas ambiciones y los mismos contactos con el inframundo de las drogas. Pronto habr�a de recular en sus intenciones, aunque no hizo realmente nada para abatir el mal. La medida anunciada por Garc�a Luna luce apenas como un manido remedio y un desgastado trapito. Porque mandar a la calle a 284 individuos, de m�s de 400 mil que hay en los tres niveles de gobierno, sin tocar las cabezas de quienes los mandan, es quitar un pedacito de costra de una herida purulenta que habr� que raspar hasta que se llegue a la carne nueva. S�, por algo hab�a que empezar. Pero sigue sin aparecer el plan, la gran idea para alcanzar el objetivo principal: la seguridad de la naci�n. |