| MILENIO y Poresto
Junio 20 de 2007. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � C�nicos de all� y de aqu� La pol�tica antidrogas de los Estados Unidos es �c�nica� debido a que s�lo ven el problema de sus fronteras hacia fuera, y no est�n atendiendo el problema de su consumo interno. �El abuso de las drogas no es nada nuevo para la sociedad estadounidense. Desde su creaci�n, los ciudadanos de Estados Unidos han consumido y abusado de las drogas, tanto legales como il�citas. Los primeros colonos europeos cambiaban alcohol por tabaco (y su derivado sumamente adictivo: la nicotina) con los indios que les daban la bienvenida. El consumo de coca�na comenz� en Estados Unidos a mediados de los a�os 1830 y se us� m�s prominentemente entre 1890 y 1915. Para la d�cada de los a�os 1930, el consumo de coca�na disminuy� hasta casi extinguirse y permaneci� en los m�rgenes del panorama estadounidense de las drogas por m�s de cuatro d�cadas, para despu�s aumentar masivamente�. La anterior afirmaci�n es parte de un muy completo estudio hist�rico de las tendencias del consumo de drogas en Estados Unidos publicado en 1995 por Joseph Spillane, investigador del Centro de Estudios de Criminolog�a de la Universidad de Florida. Cuatro a�os despu�s de aparecido el estudio, una encuesta nacional de casa en casa arroj� resultados alarmantes: 87.7 millones de estadounidenses hab�an consumido o consum�an drogas ilegales. Parad�jicamente, La Estrategia Nacional de 1984 para la Prevenci�n de la Toxicoman�a y el Contrabando de Drogas, sosten�a que �para 1995 Estados Unidos estar�a libre de drogas, gracias a la ayuda de interdicci�n de los militares�. S�lo estos datos bastar�an para avalar las recientes declaraciones del Procurador General de la Rep�blica, Eduardo Medina Mora, al se�alar que la pol�tica antidrogas de los Estados Unidos es �c�nica� debido a que s�lo ven el problema de sus fronteras hacia fuera, y no est�n atendiendo el problema de su consumo interno. �De los 350 mil millones de d�lares que la ONU estima como valor total del mercado de las drogas, 70 por ciento se genera y se queda en los lugares de consumo�, dijo Medina Mora al sostener que �evidentemente, si no se rompe la ecuaci�n de ese lado, entonces es muy dif�cil, y esos pa�ses tenden a ser, iba a decir tolerantes, pero yo creo que tenden a ser c�nicos con respecto al problema del consumo�. El cinismo del que habla Medina Mora se explica tambi�n por el hecho de que el 75 por ciento de la mariguana que se consume en Estados Unidos es producida ah� mismo. Pero tal pareciera que en aquel pa�s sigue privando la consigna lanzada en 1997 por el entonces presidente Jimmy Carter: �Las sanciones en contra de la posesi�n de una droga no deben ser m�s da�inas para un individuo que el uso de la droga en s�. De suyo inestables y llenas de desconfianza mutua, las relaciones entre M�xico y Estados Unidos se han deteriorado significativamente a ra�z de la explosiva violencia surgida en M�xico ante la cruzada calderonista contra el narcotr�fico. A pesar de las recurrentes reuniones de alto nivel que han tenido lugar entre los procuradores de ambos pa�ses, durante las cuales se insiste de igual manera en profundizar la cooperaci�n de manera m�s articulada y sistem�tica para lograr mayor efectividad en la lucha contra el narcotr�fico, poco se ha avanzado. Estados Unidos s�lo se siente satisfecho cuando M�xico extradita a l�deres del narcotr�fico para que puedan ser juzgados en su territorio. Durante la primera reuni�n de procuradores, el estadounidense Alberto Gonz�les indic� que en materia de extradiciones se ha mejorado la cooperaci�n de ambos pa�ses llegando a cifras sin precedentes, como que en 2006 hubo 63 entregas de pr�fugos de la justicia de M�xico a EU, por lo que refrend� su compromiso de mantener esta cooperaci�n. Pero el reconocimiento mutuo que de no trabajar de manera conjunta para combatir el crimen organizado los esfuerzos fracasar�n, poniendo en riesgo la seguridad de los ciudadanos de ambas naciones, sigue quedando en el discurso. El cinismo es latente, como lo es tambi�n en M�xico. Debido a que los resultados de la cruzada en la que ha participado activamente el Ej�rcito no son ni con mucho los deseables, son cada vez m�s las voces que claman porque los militares se retiren a sus cuarteles, con lo que, sin duda alguna, el narcotr�fico quedar�a nuevamente due�o de la situaci�n. Sin la participaci�n del Ej�rcito, a pesar de errores o dilaciones, esa mal llamada guerra se perder� irremediablemente. Si Estados Unidos hace poco por abatir el consumo de drogas en su territorio, M�xico no hace m�s por llegar al fondo del problema, perdi�ndose valioso tiempo en debates in�tiles, surgiendo nuevamente la pregunta: �Qui�nes est�n interesados en que el narcotr�fico siga due�o del territorio? La impunidad y la corrupci�n imperantes son sin�nimos del m�s aberrante cinismo. |